Masaccio: Adán y Eva expulsados del Paraíso.

martes, 10 de septiembre de 2019

CRÍTICA: KORN - THE NOTHING (2019)





El final del verano llega con otro de los lanzamientos más esperados del año por parte de una banda legendaria, Korn, cuyo The Nothing supone el treceavo trabajo dentro de su discografía en estudio.
La banda californiana lleva dando guerra desde principios de los noventa. Creadores de todo un nuevo género musical, el nu metal, y con una carrera que, a pesar de sus altibajos, no se puede calificar de conformista. La banda nunca ha perdido las ganas de publicar material nuevo, y tampoco han tenido miedo de explorar nuevos horizontes, a pesar de los estrechos límites que les marca su género. Así lo hicieron, por ejemplo, lanzándose hacia la electrónica en The Path of Totality (2011), reinventando sus grandes éxitos en MTV Unplugged (2007) o intentando recuperar su primigenia crudeza en III – Remember Who You Are (2010). Por supuesto no siempre les ha salido bien la jugada, pero hay que admirar y respetar esas ganas de seguir haciendo música e intentar que esta resulte interesante y novedosa, ya que bien podrían hacer como otras grandes bandas y dedicarse a vivir de las rentas y sacar un disco cada década...
Hay que ser justos con Korn, poco tienen ya que demostrar, y a estas alturas de la película tampoco les podemos exigir que vuelvan a inventar la rueda. A la hora de revisar su nuevo disco nos fijaremos en si está a la altura de la banda y si incluye buenos temas. ¿Será el caso? Veamos...
La intro con la que abren este nuevo trabajo, titulada The End Begins, ya nos deja bastante claro por donde irán los tiros. Con el sonido de la entrañable gaita de Jonathan Davis, junto a sus característicos lamentos marca de la casa, se nos da la bienvenida de forma conocida y familiar, dando a entender que estamos ante los Korn de siempre, lo que al fin y al cabo demandan la mayoría de sus seguidores.
La banda ha querido con The Nothing crear un disco directo, con poca experimentación e inventos, recogiendo toda la experiencia de sus trabajos anteriores para componer un puñado de buenas canciones. Y sin duda hay momentos notables en el disco, como por ejemplo You'll Never Find Me o The Darkness is Revealing, que cuentan con un sonido potente, directo y retorcido, que nos trae ciertos ecos de los lejanos Life is Peachy (1996) y Follow The Leader (1998), dos de sus discos clave. También alcanzan un muy buen nivel en Idiosyncrasy, con un potente riff cromático de guitarra y unas dinámicas deliciosas que lo convierten quizás en el mejor tema del disco. Finally Free por su parte es la sorpresa del álbum, con un claro coqueteo hacia sonidos de tipo jazz y chill. Sin duda horrorizará a algunos, pero personalmente me ha resultado un tema bastante interesante. Con Hard3r recuperan de nuevo la retorcida agresividad que tanto nos gusta, con guitarras y arreglos de voz inquietantes e inspirados y una producción asombrosa, otro tema muy destacable.
Por desgracia no todo el disco se encuentra al mismo nivel y el resto de temas, a pesar de tener algunos momentos puntuales destacables, pasan bastante desapercibidos. Es una lástima porque como decimos hay buenas ideas en ellos, pero se aprecian claros fallos de composición. En algunos temas intentan meter demasiadas ideas atropelladas en pocos minutos, lo que resulta aturdidor y les resta carácter. ¿Dónde quedó la directa sencillez de temas como Here to Stay o Blind? La banda debería ser consciente de que dentro de su estilo muchas veces menos es más, y querer dar tantos giros radicales en canciones de apenas tres minutos crea una sensación de deriva y saturación, y por tanto no terminan de atrapar al oyente. Otro fallo grave de composición es que, aún metiendo tantas ideas y partes distintas, lo hacen siguiendo un patrón bastante fijo y repetitivo (riff pesado de guitarra, giro a parte lenta y melódica, medio tiempo extraño, vuelta al riff etc etc...). Con esta constante lo que logran es hacer a los temas indistinguibles unos de otros y en su mayor parte olvidables. Y esto es una pena, porque hay muy buen material por ahí que cosido de otra forma ganaría muchos puntos.
En definitiva estamos ante un disco muy disfrutable, con toda la banda en plena forma y un sonido fabuloso. Por desgracia los fallos apuntados en el área compositiva lastran bastante un trabajo que podría haber destacado en lo alto de su discografía pero que acaba quedando a mitad de tabla. Una lástima. No obstante gustará a los fans, gana con las escuchas, no se hace pesado debido a su ajustada duración y lo recomendamos totalmente si tienes mono del peculiar sonido de la banda de Bakersfield.


Este texto se escribió originalmente para la web musical Diablorock:




lunes, 5 de agosto de 2019

CATALIZADOR ARTIFICIAL






Nada parecía distinto el día que se produjo el hallazgo. En lo alto el purpúreo cielo radioactivo y su constante agitación, condensándose y expandiéndose en caóticas formas, arrojando la fina lluvia de cristales al son de las descargas de corriente arqueadas que iluminaban como flashes el eclipsado horizonte. Abajo la desolación. Fría y perfecta. La quietud y sosiego provenientes de la ausencia de toda vida. Una armonía que solo era débilmente perturbada por las maniobras de las enormes máquinas de ingeniería y perforación, que realizaban su labor de manera impasible y constante. Allí, a una profundidad mayor que la de cualquier abismo conocido, aparecieron las formas, como escupidas con desdén por la roca constantemente violada. Los sensores se activaron inmediatamente ante la extraña presencia, exigiendo una inspección detallada del material. El modelo SC05 se aproximó a las coordenadas y recogió uno de los objetos. Su aspecto asemejaba la porosidad de las rocas, y sus niveles de radiación eran superiores a lo normal. A través de los sensores incorporados en su mecanismo pudo analizar de forma inmediata su composición: fosfato, carbonato de calcio, hidróxido de magnesio y sulfatos. Activó entonces sus sensores visuales para tener una referencia de la forma del objeto que cotejó en su amplia base de datos. Mediante complejos logaritmos su sistema operativo buscó respuestas. En este caso la hipótesis más inusual parecía ser la más certera. No mostró emoción alguna, ya que las emociones habían sido erradicadas muchas edades atrás y ya ni siquiera eran un débil rumor, pero fue consciente de manera inmediata, y a su vez la totalidad de la consciencia colectiva a la que estaba conectado, de las implicaciones del hallazgo. Los hacedores habían existido, y toda la fría perfección de un mundo que daba por supuesto estaba a punto de desmoronarse.



Texto (en inglés) publicado originalmente en la funda del disco Artificial Catalyst de Lars Huismann. Puedes comprar una copia del disco en el siguiente enlace:
https://metaphorrecords.bandcamp.com/album/artificial-catalyst


sábado, 8 de junio de 2019

CRÍTICA: POSSESSED - REVELATIONS OF OBLIVION (2019)





No hay duda que el metal extremo está viviendo unos grandes años. La escena, aún manteniendo su espíritu underground, está totalmente viva, tanto en nuevas e interesantes bandas como en veteranas formaciones de culto que regresan para reivindicar su legado, ya sea por medio de giras conmemorativas (Vomitory), o incluso atreviéndose a publicar material nuevo (Pestilence), consiguiendo lo más importante: ganar nuevos adeptos entre un público joven y fiel.
Los norteamericanos Possessed son un clarísimo ejemplo de banda de culto. Formados en San Francisco en 1983, en plena eclosión del movimiento thrash metal, nunca consiguieron la relevancia de otros compañeros de género y ciudad, pero su particular visión del estilo, plasmada en los clásicos Seven Churches (1985) y Beyond the Gates (1986), supuso toda una revelación para formaciones posteriores, no siendo pocas las voces que los coronan como una de las bandas fundadoras del estilo más adelante conocido como death metal. Tuvieron una carrera con bastantes altibajos y sin llegar nunca al gran público, hasta su disolución definitiva en el año 1989.
Su regreso se produjo en 2007, un regreso un tanto engañoso, ya que de la formación original solo permanecía su legendario cantante, Jeff Becerra, desgraciadamente postrado en silla de ruedas tras un disparo fatal sufrido durante un robo. Esta nueva etapa de la banda se había circunscrito únicamente a las actuaciones en directo. Hasta ahora, cuando el bueno de Jeff se ha decido por fin a componer y editar un nuevo disco, que supone el primer trabajo en estudio de la banda en nada menos que 33 años (para que luego nos quejemos de la tardanza compositiva de gente como Metallica o Rammstein).
Editar un disco tras tanto tiempo es sin duda un movimiento muy arriesgado, ya que es tremendamente difícil, por no decir imposible, satisfacer las altas expectativas, así como luchar contra la nostalgia de los fans que, sin duda, tienen sus dos anteriores obras en un pedestal, especialmente Seven Churchs, que está considerado unánimemente como uno de los mejores trabajos del género. No obstante se agradece que asuman el riesgo, reivindiquen su nueva encarnación y no se limiten a estirar el chicle y vivir únicamente de las rentas.
Entrando en harina podemos afirmar que estamos ante un disco bastante competente y disfrutable aunque, como era de esperar, se encuentra unos cuantos peldaños por debajo de Seven Churchs y Beyond the Gates. Tanto en producción como en composición Possessed han intentado darle un toque moderno a su nuevo disco, optando más por la frescura que por el refrito, algo bastante loable cuando está claro que la salida fácil hubiese sido tirar de nostalgia. Eso tampoco significa que hayan dado un giro de timón a su propuesta, para nada, seguimos ante unos trallazos de puro thrash/death directo, contundente y sin demasiadas complicaciones, pero que como apuntamos suena actual y no como un intento de recuperar el espíritu ochentero.
Jeff Becerra se encuentra en un gran estado de forma, algo esencial ya que sin duda su trabajo supone el pilar del álbum y el elemento que va a ser analizado con mayor profundidad por los fans. Afirmamos que su aportación no decepcionará a nadie, sacando de su garganta toda la fuerza y carácter que cabría esperar. Otro que está tremendo en su puesto es el batería Emilio Marquez, que ofrece un tremendo despliegue de energía y recursos para que no puedas parar de cabecear durante la totalidad del disco. La banda en general suena fuerte, profesional y firme, y da ni más ni menos que lo esperado: un puñado de temas agresivos y sin pretensiones enfocados a la pura descarga de adrenalina y violencia. Podemos destacar Shadowcult, Damned, Omen o No More Room in Hell, plagados de riffs, solos, fills de batería y todos los elementos exigibles a un trabajo de este tipo.
Como único punto negativo podríamos apuntar a la duración del álbum. Casi una hora de música, repartida en 12 temas, lo que implica que se puede hacer algo largo, más teniendo en cuenta que todos los temas siguen una dirección bastante definida y algo monótona. Opino que con dos o tres temas menos resultaría más directo y compacto, aunque por supuesto habrá seguidores que tras tan larguísima espera incluso hubieran querido un par de temas más.
En cualquier caso estamos ante un regreso bastante digno de una banda mítica, un trabajo respetuoso con su legado y que a la vez intenta sonar fresco. No revolucionará el género (ni lo pretende) pero resulta ideal para darle al play al máximo volumen y olvidarse de todo durante una horita.



Este texto se escribió originalmente para la web musical Diablorock: https://diablorock.com/2019/06/06/critica-possessed-revelations-of-oblivion-2019/

viernes, 24 de mayo de 2019

CRÓNICA SWR BARROSELAS METALFEST 2019





Por tercer año consecutivo nos tocó hacer acopio de rosarios, agua bendita y demás elementos religiosos de protección y preparar el petate para ponernos en marcha dirección Portugal, con la misión de sobrevivir a uno de los festivales más veteranos y salvajes de la península, el SWR Barroselas Metalfest, que este año celebraba su 22 edición.
Para quien no tenga referencias de este festival diremos que es una de una de las propuestas más auténticas y exclusivas que se pueden disfrutar dentro del campo del metal extremo, experimental y de vanguardia. Se trata de un festival pequeño y familiar, donde prima la comodidad en el recinto y el buen rollo entre los asistentes y sirve como inmejorable pistoletazo de salida a la temporada festivalera. Durante tres días el pequeño pueblo de Barroselas se transforma en centro neurálgico del paganismo, gracias a un cartel confeccionado con un gusto exquisito. Este siempre es uno de los puntos fuertes del festival, el cartel, donde predominan bandas de culto, otras en alza y propuestas extrañas difíciles de ver. Muchas veces se ha preguntado a la organización como, siendo un festival ya asentado y veterano, no prueba a apostar por nombres más mainstream para intentar dar un salto en popularidad. La respuesta por parte de los organizadores siempre ha sido la misma: «Eso no va a pasar», la intención siempre ha sido conservar su identidad y espíritu de festival pequeño y exclusivo. Personalmente aplaudo esta claridad de ideas e integridad, y que no tengan en mente meterse en la lucha encarnizada por conseguir la exclusividad más rimbombante que les proporcione visibilidad y visitas. Este festival va a lo suyo y consigue mantenerse tranquilo y solitario en su parcela, ganándose un publico fiel que sabe perfectamente lo que esperar y que repite año tras año. El gusto musical de la organización es intachable en su campo y, aunque al ver el cartel la mitad de los nombres ni te suenen, sabes perfectamente que vas a descubrir cosas y volver a casa con varios nombres en la libreta sobre los que indagar posteriormente, y ese es uno de los puntos clave de un festival de música, que abra los oídos a su público y les descubra nuevas experiencias. Puede echar para atrás en un primer momento una apuesta tan marcada por lo extremo y extraño, pero os aseguro que, una vez inmerso en la burbuja del festival, uno se mimetiza totalmente con el entorno, y no son pocos los que acaban sufriendo una revelación, volviendo cambiados a sus hogares y escuchando bandas que jamás imaginarían ya que antes no eran capaces de entenderlas.
El festival se celebra todos los años en un polideportivo a las afueras del pueblo de Barroselas, en el que se habilitan diversas carpas para las actuaciones. Al ser bajo techo se aseguran de protegerse de las posibles inclemencias del tiempo y, lo que es más importante, se crea la sensación de asistir a conciertos en sala, algo imprescindible para crear la atmósfera adecuada. Personalmente no concibo ver a bandas como Imperial Triumphant o Venenum bajo el sol y la claridad de la tarde. Por suerte en Barroselas siempre es de noche, una noche eterna que arropa y hermana a músicos y público. Por su parte la acampada se sitúa en una zona boscosa pegada al recinto, lo que hace que las distancias sean nulas, añadiendo así un extra de comodidad.
Como novedad este año hemos visto la desaparición de la moneda del festival. Las compras esta vez se realizaban cargando dinero en la pulsera oficial. Con este cambio sin duda se ahorra en medios y se apuesta por la comodidad, aunque según las manías de cada uno es mejor o peor de esta forma. Personalmente me resulta más difícil controlar el gasto con este sistema, especialmente al ir ya mamado. Vendría a ser como la diferencia de salir de fiesta con dinero en el bolsillo o tirar de tarjeta de crédito, todo un peligro para algunos. Las actuaciones se desarrollan en tres escenarios, uno gratuito y de libre acceso y otros dos solo accesibles a quienes tuvieran la pulsera. Evidentemente había que pasar un control a la entrada de estos escenarios, pero me sorprendió este año que también hubiese un control a la salida, algo que no ocurría en pasadas ediciones y que veo totalmente innecesario, debido a ello al salir de las actuaciones principales del día se vivió algún pequeño embotellamiento totalmente evitable. Pero como ya hemos dicho este festival no está en absoluto masificado (sin contar con cifras oficiales calculo que la asistencia rondaría en torno a dos mil personas por jornada), así que tampoco resultaba dramático esperar un par de minutos para salir, no obstante como digo lo veo innecesario y evitable.
Los horarios siempre se siguen de forma escrupulosa, y el final de la actuación en un escenario marcaba el inicio inmediato de otra descarga en otro escenario, planificados sin ningún solape, de esta forma quien quisiera podía ver todas las actuaciones del día perfectamente. Otro punto que siempre ha destacado en este festival ha sido el buen sonido en todos los escenarios. Por desgracia este año no ha sido así, y el sonido del escenario Dungeon resultó bastante irregular durante los tres días, creando una bola de sonido bastante poco definida en alguna de las propuestas más extremas, una lástima y un impedimento para disfrutar plenamente de las actuaciones.
Pasemos ya al repaso de los conciertos que pude ver. Lamentablemente mi integridad física y mental me imposibilitó ver a todas las bandas del cartel, no obstante os invitamos a que completéis esta crónica con vuestra experiencia del evento en la sección de comentarios.




DIA 1


Tras montar debidamente la que sería mi base de operaciones y aprovisionarme de comida y alcohol en el supermercado más cercano, me dirigí a la inauguración del escenario Dungeon con los brasileños Woslom, que practicando un thrash veloz de la vieja escuela consiguieron desperezar a los primeros asistentes, a pesar de contar con un sonido algo deficiente y emborronado, que como ya comentamos sería la tónica durante todo el festival en ese escenario.
Tras ellos se abrían las actuaciones en el escenario principal, bautizado con el nombre Abyss, a cargo de Analepsy. El sonido en este escenario era bastante más claro, y la banda portuguesa pudo descargar sin impedimentos su death brutal perfectamente ejecutado. No tuvieron piedad con el público y les arrojaron una buena ristra de temas caóticos y densos para que se hicieran una idea de lo que les esperaba los próximos días. El único punto negativo fueron los excesivos parones entre temas, que restaron dinamismo a una actuación por lo demás bastante correcta.
Morte Incandescente ocuparon su lugar seguidamente en el escenario Dungeon para darnos una ración de black metal clásico. El sonido desde el principio fue bastante deficiente, carente de contundencia y con una batería que se comía todo el espectro sonoro. Estos problemas se fueron solucionando ligeramente con el trascurrir de los temas, pero la sensación era que no terminaban de despegar. El trío portugués puso de su parte, pero desgraciadamente su actuación quedó totalmente deslucida por el sonido.
De vuelta al escenario grande para el inicio de los platos fuertes, y de que forma, con una actuación de notable alto por parte de los alemanes Venenum. Esta banda asienta los cimientos de su sonido en el black metal, pero casi inmediatamente te das cuenta de que son bastante más que eso. En su sonido apreciamos todo tipo de influencias: black, death, thrash, doom, psicodelia... por lo que los temas resultan dinámicos, sorprendentes e interesantes para el oyente. Los pasajes densos, psicodélicos y atmosféricos se mezclaban a la perfección con los arranques de violencia más extrema, creando unas dinámicas interesantes que hacían que no decayese la atención. El sonido, sin ser malo, tampoco fue espectacular. Al bajo le faltaba potencia y a las guitarras definición. Sin duda habrían ganado puntos con un mejor sonido que permitiese apreciar todos los detalles de su música. El concierto fue de menos a más, mejorando en sonido y creciendo en intensidad, y acabó por todo lo alto con un clímax totalmente hipnótico. Una muy buena banda, con buenos músicos y temas ambiciosos. Quizás se los veía algo desconectados del público que no era fan, pero ofrecieron sin duda uno de los mejores conciertos del día.
Otra agradable sorpresa nos llevamos también con los italianos Grime. El trío subió al escenario y descargó su sludge denso, monstruoso, pesado y ultra grave, sacado sin duda de las peores pesadillas, donde destacaba la voz totalmente agónica de su cantante, voz que parecía surgir del rincón más oscuro del pantano más inhóspito. A pesar de que su propuesta resultó algo repetitiva se consiguieron ganar al público, pasando a ser una de las sorpresas de la jornada.



A las diez de la noche hicieron su aparición los americanos Midnight, banda muy esperada a la vista de la reacción del público y la cantidad de gente que lucía sus camisetas. No defraudaron en absoluto con su show desenfadado y dinámico de black n' roll con toques punk. La banda estaba totalmente motivada, derrochando actitud, cercanía y carisma. El sonido acompañó, resultando compacto y lujurioso y haciendo que las primeras filas se desbocaran totalmente. Con la gente en estado de locura se marcaron un show muy destacable que sin duda dejó a los fans de la banda con una sonrisa de oreja a oreja.



Los siguientes en subirse al escenario grande fueron los también muy esperados The Black Dahlia Murder. La banda estadounidense no decepcionó en absoluto, saliendo a comerse el escenario desde el minuto uno, moviéndose y animando al personal y recibiendo, como era de esperar, alocados mosh y circle pit entre las primeras filas. El sonido fue notable, seguramente el mejor del día, con las guitarras quizás demasiado altas como única pega. Basaron el setlist en su último trabajo, Nightbringers, editado hace ya año y medio, pero también hubo espacio para clásicos como Unhallowed o What a Horrible Night to Have a Curse. Aunque toda la banda estuvo perfecta no puedo dejar de destacar a su solista, Brandon Ellis, que dio una lección impresionante de técnica y pulcritud. Un show de 12, sin descanso ni piedad y con una ejecución perfecta para el que fue seguramente el mejor concierto del día.



Tras la lección de tablas y técnica desplegada por The Black Dahlia Murder tocaba moverse de escenario para algo distinto y más desenfadado por parte de Skull Fist. Su propuesta se alejaba un poco de la tónica del festival con su mezcla de hard rock y NWOBHM, y sirvió perfectamente para cambiar un poco el chip y pasar un buen rato. El sonido al comienzo fue desastroso, la mezcla estaba totalmente descompensada y una de las guitarras directamente ni se oía, pero eso no amedrentó ni a la banda ni a sus fans que ya desde el primer tema, Ride the Beast, de clara influencia Crüe, se dejó llevar y disfruto de un show por lo demás bastante dinámico.
Otro esperado momento llegaba en el escenario grande con el mítico dúo Godflesh. Personalmente tenía muchas ganas de ver a esta banda de culto, que ha sido una gran influencia dentro del metal moderno, pero por desgracia tengo que admitir que presencié un show bastante decepcionante. La excesivamente austera puesta en escena, el sonido mediocre y la nula comunicación con la gente amuermaron a un público que ya acusaba el cansancio tras una dura jornada. Por supuesto hubo temazos como Post self o Like Rats, pero excepto algún ultra fan en las primeras filas la tónica general entre el público era el aburrimiento. Vale que las baterías fuesen programadas pero, ¿en serio tenía que ser el propio Justin, con su mac al lado del escenario, quien las disparase? ¿De verdad no tenían un pipa por ahí para hacer eso y evitar los incómodos parones entre temas? Detalles como este y la ya mencionada nula interacción con el público hicieron que aquello se asemejase más a un ensayo que a un concierto propiamente dicho. Como decimos una decepción y una lástima.



Por suerte el mal sabor de boca nos lo quitó, pasadas ya las tres de la mañana y en el escenario gratuito, el bueno de Sette Sujidade con su proyecto Scuru Fitchadu. Con su extraña mezcla de punk, electrónica y música tradicional africana, puso a bailar a toda la gente de la carpa mientras él y su compañera se movían alocados y realizaban danzas tribales. Originales y tremendamente vistosos, a ratos parecían ser una extraña versión lusa de Die Antwoord. Un muy buen show, enérgico y llamativo, en el que incluso tuvieron un momento para recordar al llorado Keith Flint, realizando una versión de Firestarter que, aunque regulera, resultó bastante emotiva. Inmejorable forma de acabar la jornada y alejarse rumbo al bar, o al bosque, según gustos del consumidor.






DIA 2

La tónica climatológica este año fue el buen tiempo, por lo que el día amaneció caluroso y despejado. Ideal para sumergirse de nuevo en la noche eterna de las carpas y torturarse con otra ración de metal extremo durante horas en el que fue, casi con total seguridad, el mejor día del festival.
La cosa empezó de forma prometedora en el escenario Dungeon con Vacivus. Los ingleses descargaron un show de death metal enérgico y solvente. El sonido en este escenario no mejoró respecto a la jornada anterior, y volvió a suponer un lastre a una actuación que intentaron suplir a base de derrochar energía su intimidante cantante y su estupendo batería. Comenzaron la actuación con retraso, lo que supuso el primer solape entre escenarios principales que recuerdo en los tres años que llevo acudiendo al festi. Y la banda con la que se solaparon durante el tramo final eran los portugueses Namek, que practicaban un grindcore abrasador. Tampoco tuvieron suerte con el sonido, pero aún así consiguieron desperezar ligeramente a un público que aún estaba algo convaleciente del día anterior. De vuelta a Dungeon para ver a Barshasketh, que descargaron un poco de black metal de la vieja escuela, directo y sin muchas complicaciones. Me resultaron algo planos y aburridos, aunque no se puede decir que lo hiciesen mal.
La cosa se empezó a animar de verdad con Demilich. La veterana banda de culto, con tendencia a separarse y volverse a juntar, se materializaba en Barroselas para arrojar su death metal técnico y enrevesado. Los músicos exudaba profesionalidad y tablas mientras ejecutaban a la perfección sus temas veloces y complejos casi sin esfuerzo y, aunque no eran los tipos más carismáticos y comunicativos del mundo, dieron toda una lección de saber hacer y saber estar. Como no podía ser de otra forma el setlist se basó en su clásico de culto y único larga duración editado, Nespithe (1993), pero también hubo espacio para alguna rareza en forma de vieja demo. En definitiva un concierto notable, con buen sonido y ejecución intachable.
Dopelord asaltaron seguidamente el escenario Dungeon con su doom hipnótico, denso y pesado, de temática ocultista y fumeta. Gozaron de muy buen sonido, algo novedoso y de agradecer en este escenario, y triunfaron ante un público totalmente receptivo a su propuesta. Y es que es difícil no caer rendido ante temas tan bien planteados como Children of Haze, con las estupendas armonías vocales que son capaces de crear al contar con dos cantantes en la banda, algo que les hace destacar entre otras bandas del estilo, o Preacher Electrick, con el grupo creando una atmósfera totalmente pantanosa, ideal para cabecear lento. Un buen show que dejó aturdidos y satisfechos a los presentes.
Y llegaba otro de los platos fuertes del festival de la mano de Benediction. Los veteranos death metaleros estaban celebrando sus treinta años de carrera y lo hicieron por todo lo alto, con un setlist demoledor basado en toda su discografía. El público abarrotó la carpa y se entregó en cuerpo y alma a la brutalidad desde el primer tema, mecidos por una banda en plena forma que sonó como una apisonadora, algo muy destacable al ser el primer concierto que daban este año. Y es que muy jodido tienes que estar para no dejarte contagiar de la energía de temas como They Must die Screaming, The Dreams you Dread o Jumping at Shadows. La banda sonó poderosa y sólida, con el vocalista Dave Hunt derrochando energía y carisma y disfrutando totalmente a pesar de haber anunciado su salida de la banda tras esta gira. Para los numerosos fans alocados que llenaron el escenario principal fue una ocasión inmejorable de despedir a Dave y de disfrutar de una banda clave dentro del death metal.



Y llegó el momento más esperado por el que escribe estas líneas. Llevo tiempo enamorado de los 
neoyorquinos Imperial Triumphant, una banda terrorífica que firmaron uno de los mejores discos del año pasado, y tenía muchas ganas de ver cómo se lo montaban en el que era su primer periplo europeo. Subieron al escenario en la oscuridad, con sus peculiares atuendos y mientras sonaba la intro de su disco Vile Luxury, y ya desde ese momento se apreciaba una atmósfera de angustia y mal rollo en la carpa, sensaciones que se acrecentaron desde el primer acorde y durante toda la actuación. Era toda una experiencia mirar alrededor, a la cara de la gente, y encontrarte con rostros totalmente desencajados, que no sabían bien cómo tomarse la que sin duda era la propuesta más extrema de todo el festival, que ya es decir. La banda, lastrada por el sonido irregular propio del escenario Dungeon, dio una lección sobre como manejar el caos y la pesadumbre, abriendo las puertas del infierno y contagiando desesperación a los pobres asistentes con su mezcla del black más denso y opresivo que se pueda concebir junto a pinceladas de jazz vanguardista. A ratos aquello, más que un concierto de música, parecía una terrible alucinación sacada del libro tibetano de los muertos. Tocaron casi al completo el disco Vile Luxury y, aunque parezca que su música es totalmente caótica, clavaron cada nota tan cual está en el disco. Toda una experiencia ver a esta gente y para mí, sin duda, el mejor bolo del festival.



Salimos totalmente conmocionados en dirección al escenario principal para disfrutar de Saint Vitus. Tenía mucha curiosidad por ver a esta banda veterana y totalmente legendaria dentro del doom metal. También albergaba mis dudas al respecto de su posible estado de forma, dudas que se disiparon totalmente en cuanto sonó el primer riff de Dark World, a la que subieron ligeramente el tempo. Tras esta llegó la tremenda White Magic/Black Magic, también acelerada, y para entonces ya solo quedaba dejarse llevar. ¡Menudo derroche de carisma y oficio el de los abuelos! A pesar de ser los más veteranos (celebrando 40 putos años de carrera) consiguieron crear una atmósfera bastante más oscura que otras propuestas a priori mucho más extremas. Tuvieron un sonido sobresaliente, en el que cada pieza encajaba a la perfección: los riffs crujientes de Dave Chandler, el excelente trabajo de Henry Vazquez a la batería y Pat Bruders al bajo, dando forma a una sección rítmica sólida como un elefante, y la omnipresente y ondulante voz de Scott Reagers, de nuevo en la banda tras 24 años. Presentaron temas de su inminente nuevo álbum, como Remains, que sonó poderoso e hipnótico, junto a grandes clásicos como Saint Vitus o War is our Destiny, rubricando un show impecable. Más tarde incluso se pudo ver a algunos miembros de la banda disfrutando del festival junto al resto del público. Joder, yo de mayor quiero ser como estos tíos.



Cerraron las actuaciones en el escenario Dungeon los alemanes Ascension, que trajeron de nuevo la turbación con su black metal ocultista, de ritmos infernales y turbia puesta en escena. Muy burros y oscuros, ofrecieron un buen show a pesar del nuevamente irregular sonido.
Aún quedaban tres actuaciones bastante salvajes para acabar el día pero, sinceramente, tras una jornada demoledora y con algunos excesos en el cuerpo, yo ya no sabía muy bien dónde estaba ni lo que estaba haciendo.





DIA 3


Llegaba bastante machacado al último día de festival, por lo que demoré un poco mi entrada al recinto, lloriqueando como un tierno infante. Tras recuperar algo de fuerzas a base de atún enlatado y un whisky lamentable me planté, con la escasa entereza que me era posible reunir, ante el escenario principal para ver a Martelo Negro. Fue una inmejorable forma de irse desperezando. Con un buen batería, un cantante carismático y una mezcla de black/thrash contundente y sin demasiadas complicaciones, los Martelo realizaron un show interesante y dinámico ante un pequeño atajo de agradecidos valientes.



Seguidamente en Dungeon tocaron Rakta. El trío brasileño era sin duda una de las propuestas más experimentales del día. Con una cantante/teclista hipnótica, que parecía hallarse constantemente en trance, desplegaron su noise ambiental ideado para flotar junto al aroma a marihuana que envolvía la totalidad de la carpa. Me resultaron bastante interesantes, pero se vieron muy lastrados por el deficiente sonido. Y es que, más con una propuesta de este tipo, plagada de efectos y ecos, el sonido ha de ser cristalino para que puedas entrar en la burbuja de forma satisfactoria. Una auténtica lástima ya que, lo que lográbamos apreciar, tenía muy buena pinta.



Los madrileños Wormed realizaron, sin duda, una de las actuaciones más enérgicas del día. Comandados por un cantante de voz bella y melodiosa destrozaron al personal con su death/grindcore espacial, técnico y bizarro, oscuro y caótico como el interior de un agujero negro. Un bolazo dirigido a los más desquiciados del recinto, a los que consiguieron abducir sin problemas. Una lástima que el sonido de la guitarra quedara eclipsado por la aplastante y sobresaliente base rítmica. A pesar de ese detalle la banda demostró que pueden ser igual de locos y extremos, si no más, que cualquier formación internacional.



Wormed dejaron el escenario calentito para recibir a otra de las bandas más esperadas por el público de Barroselas, los legendarios Vomitory. Tras haberse separado en 2013, la banda regresaba reformada para celebrar su treinta aniversario dando un recital demoledor, destinado a reivindicar su estatus dentro de los mejores del género. Con una carpa a reventar y un sonido, esta vez sí, intachable, dieron una muestra de técnica y tablas. Comenzaron por todo lo alto con The Voyage y no bajaron de intensidad ni un segundo en toda la hora que tuvieron disponible y que utilizaron sabiamente para dar un buen repaso a su discografía al completo.



Posteriormente, en el escenario Dungeon, nos encontramos con otra propuesta extraña, la de los brasileños Deafkids. Con muchos problemas de sonido, sobre todo al comienzo de la actuación, salvaron los muebles lanzando un extraño punk noise experimental con grandes ritmos de batería. Al igual que había pasado anteriormente con sus compatriotas Rakta, el mal sonido fue el mayor lastre para disfrutar de una actuación por lo demás interesante, enérgica y solvente.
Uno de los platos fuertes llegaba con los suecos Craft en el escenario principal. Había ganas de disfrutar con su black metal tradicional y misántropo. El sonido, aunque algo bajo, estaba bien ecualizado, permitiendo disfrutar de sus riffs crujientes y satánicos. El problema fue la actitud de la banda, especialmente de su cantante Nox, al que se veía aburrido y distante, como si sufriese una brutal resaca y quisiera largarse cuanto antes del escenario. Esta actitud se contagió entre la banda y el público y el concierto, aunque correcto, no terminó de despegar y acabó haciéndose cansino. Una pequeña decepción y un concierto bastante flojo viniendo de una banda que firmó uno de los grandes discos del género el año pasado.
Este sabor agridulce nos lo quitó de golpe el concierto de Nervosa. Solo les hicieron falta dos temas para que la totalidad del público se percatase de que estaba asistiendo a la mejor descarga de la jornada, y es que la energía desplegada desde el comienzo por estas tres chicas, y en especial por su bajista y cantante Fernanda Lira, estaba a otro nivel. Toda la actitud que le faltó a Craft la entregaron con creces Nervosa, saliendo decididas a comerse el escenario. Lo consiguieron de forma inmediata y arrasaron al público a base de brutalidad, técnica, carisma y temazos como Intolerance Means War, Raise your Fist o Into Moshpit. Me esperaba un buen show, y aún con esa mentalidad me sorprendieron gratamente, en especial la tremenda pegada a la batería de Luana Dametto y el carisma a raudales de Fernanda, que no paro de moverse, gesticular y animar a un público enloquecido y totalmente a sus pies.



Llegábamos ya al triste final, y para cerrar el escenario grande de una forma para nada solemne nos esperaba la peculiar fiesta de Serrabulho, en la que el espectáculo estaba tanto en el escenario como entre el público. Grindcore, disfraces, congas gigantes, bakalao, batukadas, música tradicional, confeti, espuma... Toda una fiesta de dementes para olvidar el cansancio con la mejor de las sonrisas. Locura y diversión a raudales que, a fin de cuentas, era para lo que habíamos ido hasta allí.



Todavía quedaba la traca final, con la descarga en el escenario gratuito de las bandas Pulmonary Fibrosis y Purulent Spermcanal que, como imaginaréis por sus nombres, practicaban una música tranquila y melodiosa plagada de baladas. Por mi parte me retiré hacia el bosque, totalmente derrotado, buscando refugio en la zona de acampada, donde mantuve profundos debates filosóficos sobre la vida y el amor junto a tipejos en evidente estado de ebriedad hasta el amanecer.
Y así concluía otro estupendo fin de semana en el averno de Barroselas. Tres días plagados de buenos momentos, con actuaciones para recordar y el único punto negro del irregular sonido en el escenario Dungeon. Un festival, como dijimos al principio, especial, cómodo y entrañable. Sin duda el año que viene volveremos, y os aconsejamos apuntaros.



Bonus Track:
Un año más el festival se retransmitió vía streaming para disfrute de quienes no pudieron acudir a la cita. A continuación os dejamos un vídeo con algunas de las actuaciones. Podéis encontrar el resto de conciertos principales en el canal de youtube de SWR inc – sonic events.

Dopelord + Benediction (con problemas de emisión) + Imperial Triumphant + Saint Vitus + Ascension + Purulent Spermcanal.


  
Este texto se escribió originalmente para la web musical Diablorock:
https://diablorock.com/2019/05/16/cronica-swr-barroselas-metalfest-2019/

jueves, 2 de mayo de 2019

TODO LISTO PARA BARROSELAS METALFEST




Por Carlos Salcedo Odklas & Rubén Belial.


Finalizada ya la semana santa, con sus tradiciones, pasos y exaltación del fervor religioso en general, ha llegado el momento de equilibrar la balanza y rendir culto al Diablo, a la maldad y a todos los poderes oscuros. Para ello este fin de semana volverán a abrirse de par en par las puertas del infierno en el festival de música extrema de Barroselas.
El veterano festival, que encara este año su vigésimo segunda edición, es ya toda una referencia indiscutible en el panorama underground, y se alza como lugar de peregrinación obligada para los amantes de los géneros más extremos del metal, y como la mejor propuesta del estilo dentro de la península.
Situado en el pequeño y acogedor pueblo de Barroselas, en el extremo norte de Portugal, se trata de un festival modesto y exclusivo, alejado totalmente de otras propuestas más comerciales y masificadas. La tranquilidad y comodidad que desprende tanto el entorno como la organización del festival contrastan con un menú de actuaciones totalmente brutales, con un cartel repleto de golosinas, bandas de culto y otras a descubrir, dentro del death, black, thrash, grindcore y demás pestilencias.
Al neófito le interesará saber que se va a encontrar muy a gusto, sin agobios en los accesos y actuaciones, con zonas de descanso y acampada, centro comercial y restaurantes, y todo lo que necesite al alcance de la mano, siendo las distancias totalmente insignificantes entre los distintos puntos de interés. Los precios, tanto en el recinto como en los alrededores, son totalmente populares, así que tanto si vas holgado de recursos como si vas en plan supervivencia cutre no te será difícil proveerte de lo necesario para pasar unas jornadas satisfactorias. El clima es variable, y en estas fechas no es de extrañar que el frío o la lluvia puedan estar presentes, así que lleva abrigo por lo que pueda pasar. No te preocupes si la climatología es adversa ya que no restará disfrute a las actuaciones. Al celebrarse en un polideportivo, con unas carpas totalmente cerradas y cubiertas, solo te mojarás si decides adentrarte en el pueblo o en los cinco minutos que se tarda del recinto a la acampada. También cabe la posibilidad de que haga un clima cojonudo claro, ya veremos... El ambiente entre el público asistente es familiar y cercano, y habrá actividades varias como meet and greet con las bandas, charlas etc...
Puedes resolver tus dudas acudiendo a la página oficial del festival o revisando nuestras crónicas de los anteriores eventos.

      Y ahora pasemos al turrón: La cabecera la ocupan Saint Vitus, una de las más veteranas y míticas bandas del doom. Toda una leyenda que sigue publicando y actuando a excelente nivel, con nuevo y homónimo disco a punto de salir y de la que esperamos una actuación memorable.

Otra leyenda, esta vez del death. Los ingleses Benediction acudirán al festival a celebrar su treinta aniversario como banda, para lo que desplegarán un set brutal plagado de clásicos rompe vértebras que tampoco conviene perderse.


      En Godflesh encontramos a toda una banda de culto. El dúo de Birmingham vuelve a los escenarios con su sonido único, que ha sido una clara influencia en la gestación y evolución de géneros como el metal industrial y el post metal. Toda una delicia poder disfrutar de una de esas bandas que han abierto nuevas vías en la música.


     Los suecos Craft también descargarán en Barroselas, presentando su disco White Noise and Black Metal, que les ha costado siete años concebir. Ya andamos acojonados por tener que enfrentarnos a su black metal brutal, denso y opresivo, en una actuación que llega con muy buenas referencias.




El resto del cartel está plagado asimismo de joyas. Una a la que tenemos unas ganas especiales desde aquí es a Imperial Triumphant. Habiendo publicado uno de los mejores discos del año pasado, y con una propuesta brutal, muy inquietante y original, que aúna el black más denso con pinceladas de jazz apocalíptico, no tenemos dudas de que va a ser uno de los momentazos más perturbadores del fin de semana.




Muy esperados son también los estadounidenses The Black Dalia Murder, una banda en la que siempre se puede confiar y que sin duda nos abofetearan con su death metal melódico de forma enérgica y profesional. Hay mucho y muy buen death metal este año en Barroselas, y otra muestra de altura la darán los míticos Vomitory, de nuevo en activo y sin duda con ganas de liarla parda y demostrar su merecido estatus.




Demilich es otra banda de death que no pensamos perdernos, pues sus directos gozan de bastante prestigio dentro del mundillo. También tiene muy buena pinta el black/death de Arkhon Infaustus, una de las bandas más representativas y caóticas de la escena francesa, cuyo último disco se remonta a 2007, aunque tienen un EP delicioso de hace un par de años. Los seguidores del thrash seguro no querrán perderse a las brasileñas Nervosa, que pondrán sus ovarios sobre la mesa para dejar en ridículo una vez más a los que puedan albergar alguna duda al respecto de su potencial.




Los fanáticos del grind más apestoso se lo pasarán como cerdos retozando en el lodazal al ritmo de bandas como Sublime Cadaveric Decomposition o los alocados Birdflesh. También veremos al dúo portugués Morte Incandescente descargando su black metal podrido y suicida, ideal para levantar los ánimos. En otro extremo tenemos a los recomendables Skull Fist, con una propuesta más ortodoxa, basada en un heavy clásico, de corte NWOBHM, que vendrá de perlas para cambiar un poco el chip. El metal nacional estará también muy bien representado por los madrileños Wormed, que con su death enrevesado y ultra técnico y su temática de ciencia ficción serán los encargados de abducir al personal presente.




¿Quieres más? Barshasketh: black/death desde Nueva Zelanda, presentando disco. Ascension: black alemán con toques progresivos. Martelo Negro: toda una leyenda en Portugal. Thrash/black/death deliciosamente sucio, guerrero y satánico. Venenum: otros que prometen ser una sensación. Old school death surgido del más apestoso underground alemán, avalados por un discazo como Trance of Death. Rakta: trío de chicas brasileñas practicando un punk ruidoso e hipnótico. O los también brasileños Deafkids, cuya propuesta experimental llamará la atención para quienes apetezcan de algo distinto e inclasificable.




Si estás rallado porque tienes la cartera repleta de telarañas no te preocupes, te puedes acercar igualmente a disfrutar del ambiente del festival y de las actuaciones gratuitas que se celebrarán en la carpa exterior del recinto. Un buen puñado de bandas pasarán por este escenario de libre acceso para contagiar su violencia de forma indiscriminada. Entre ellas Nakkiga, una de las mejores bandas de black pagano de España. Summon, black/death portugués oscurantista, bestial y deprimente. Los grindcore Pulmonary Fibrosis. El punk experimental de Scuru Fitchadu. O el extreme noise de Crowhurst, banda que tenemos mucha curiosidad por ver la manera en que enfocan su directo, ya que su música es, literalmente, puro ruido.
Esto y mucho más aguardará a los incautos que decidan acercarse este fin de semana al pequeño pueblo portugués de Barroselas. Ni que decir tiene que la pérdida neuronal puede ser irreparable. Desde esta web no nos hacemos responsables en modo alguno de ello.
Disfruten del ritual.



Este texto se escribió para la web musical Diablorock:
https://diablorock.com/2019/04/23/todo-listo-para-barroselas-metalfest/

domingo, 24 de marzo de 2019

IN MEMORIAM: CINCO TEMAS PARA RECORDAR A KEITH FLINT






El pasado 4 de Marzo el mundo de la música se despertaba de luto al conocer la noticia del fallecimiento de Keith Flint, vocalista del grupo The Prodigy. Al principio no se desvelaron muchos datos al respecto, pero la relativa juventud del artista (49 años) nos hacía temernos lo peor. Y así fue cuando, unos días después, se desveló la causa de su fallecimiento: suicidio por ahorcamiento.
Ante noticias de este tipo uno no puede más que sentir una profunda tristeza, sensación que también se mezcla con la rabia, la impotencia y la incredulidad. ¿Qué puede llevar a un artista joven, exitoso y relevante, a tomar una decisión tan drástica?
A medida que nuevos datos han ido saliendo a la luz nos hemos enterado que Keith Flint sufría una profunda depresión, motivada por una reciente ruptura sentimental y agravada por una recaída en el mundo de las drogas, con las que Keith siempre tuvo bastantes problemas. Ya nada se puede hacer al respecto y solo nos queda llorarle, como a tantos otros artistas en situaciones parecidas que se han ido demasiado pronto (Chris Cornell, Chester Bennington...). Pero una vez más tenemos que abrir los ojos y darnos cuenta de la importancia y gravedad de trastornos mentales como la depresión. Una enfermedad sin piedad, que agarra y aprieta, ahogando profundamente y anulando la perspectiva de sus víctimas. Da igual que seas un currito, que estés en el paro o que vendas millones de discos, nadie está a salvo de este mal que puede desembocar, como en el caso que nos ocupa, en el peor de los desenlaces.
Una ruptura sentimental es uno de los mayores baches a los que una persona tiene que hacer frente, tarde o temprano, a lo largo de su vida. Vienen entonces periodos de profunda agonía, de tristeza, de baja autoestima y gran inseguridad, sentimientos todos ellos que llevan directamente a las depresiones y, como hemos dicho, cuando la depresión agarra con fuerza no deja escapar fácilmente, nublando por entero el juicio y la perspectiva, y llevando a la víctima a pozos oscuros de los que es muy difícil salir airoso. Pudiendo incluso, en los casos más graves, llevar a la víctima hasta el suicidio o el crimen pasional. Pueden parecer sentimientos exagerados desde el punto de vista de una persona sana, anda que no tendría posibilidades Keith Flint, ni más ni menos que el puto cantante de The Prodigy, de conocer a una nueva chica relativamente pronto, alguien que le devolviese la alegría y las ganas de vivir. Solo se trataba de tener entereza y dejar pasar un poco el tiempo. Pero Keith estaba enfermo, y su mente no trabajaba como las demás.
Es el deber de amigos y familiares estar atentos a los síntomas y reaccionar. No vale con un «anímate» o un «sal más de casa», hablamos de enfermedades graves, que requieren seguimiento y tratamiento. Una persona metida en el fango de la depresión muchas veces no va a pedir ayuda, incluso puede que disimule su estado fingiendo normalidad, por todo ello es importante tener los ojos abiertos y reaccionar, porque lo bueno es que son enfermedades que se pueden curar con tratamiento.
Un destrozado Johnny Rotten, amigo de Keith, reflexionaba sobre esto, diciendo que nadie tiene por qué quedarse solo y morir. En este mundo cada vez más frío y despiadado, de apariencias y amistades virtuales, de hastags y emoticonos, un sencillo y sincero «estoy aquí», dicho mirando directamente a los ojos, junto con un abrazo real, de cuerpo presente, pueden hacer mucho. Pueden incluso suponer la diferencia entre la vida y la muerte. No lo olvidéis.


     Y tras esta reflexión, que consideraba importante hacer, quitémonos toda esta pesada melancolía y pasemos a celebrar el legado de Keith Flint, a todo volumen y con alegría, bailando alocados como en los mejores momentos.



BREATHE
(Howlett, Flint, Reality)
The Fat of the Land. 1997.


La juventud de Keith no fue fácil. Diagnosticado como disléxico su paso por la escuela fue un fracaso total, abandonando los estudios a los 15 años. También tuvo que huir de casa a edad temprana debido a las enormes tensiones familiares. Continuó entonces su vagabundeo por la vida metiéndose de lleno en la cultura rave de finales de los 80. Y ahí, en medio de la locura, encontró por fin su faro en la figura del músico Liam Howlett.
Keith se mostró entusiasmado con la maqueta que le pasó su nuevo amigo, y le aconsejó que tirara para adelante con su música, ofreciéndose él mismo para acompañarle como bailarín. De esta forma nació The Prodigy, banda que ya desde su primer trabajo, titulado Experience (1992), consiguió bastante éxito. Pero fue con su fabuloso tercer álbum, The Fat of the Land (1997), cuando de verdad asaltaron por completo el mainstream, situándose a la cabeza de las listas de éxitos en todo el mundo y vendiendo millones de copias.
Es bien sabido que Howlett es el cerebro detrás de la música de The Prodigy, pero no puede pasarse por alto que el verdadero salto a la fama se realizó cuando Keith tuvo más protagonismo, pasando de bailarín a cantante y frontman de la formación, dotando a la banda de la imagen y actitud que necesitaban para complementar la música. Su alocado aspecto, de influencias punk y electrónicas, y su desbordante e hipnótica energía (junto a la de su compañero Maxim) se clavaron a fuego en las retinas de millones de adolescentes, llevando a la banda a la estratosfera en un momento totalmente propicio para su propuesta musical, asentada en la electrónica pero que también incluía enormes dosis de punk y metal, consiguiendo abrir una brecha por la que también se colarían formaciones como, por ejemplo, Chemical Brothers o Massive Attack.




BABY'S GOT A TEMPER
(Howlett, Flint, Pepper)
Baby's Got a Temper EP. 2002.


El éxito sin precedentes de The Fat of the Land los tuvo recorriendo el mundo durante años. Ahora estaban en las grandes ligas, encabezando festivales y actuando para miles de personas cada noche. Como era de esperar el éxito y los excesos quemó a la banda, cuyo tren de vida se había salido tanto de control que tuvieron que anunciar una pausa indefinida en 1999, prometiendo que volverían.
El regreso se produjo en 2002, con el single Baby's Got a Temper. El tema había sido escrito originalmente por Keith para su proyecto en solitario Flint, pero finalmente decidió adaptarlo para The Prodigy, siendo presentado como regreso de la banda y adelanto del nuevo disco. La expectativa era enorme, y cuando finalmente se lanzó el single la crítica lo vapuleó, considerándolo poco inspirado y de mal gusto. Causó mucho revuelo su letra, siendo acusados de hacer apología de ciertas drogas, en este caso el Rohypnol, conocida sustancia en los bajos fondos relacionada con violaciones. La banda no era ajena a las controversias (ya la habían liado bien con Smack My Bitch Up), y Keith Flint salió al paso diciendo que solo relataba experiencias personales y no hacía apología de nada.
No sabemos si por esta controversia o por otro tipo de replanteamientos la canción no fue finalmente incluida en el álbum, más adelante Howlett incluso repudió el tema. Lo que está claro es que estamos ante uno de los temas y vídeos más gamberros en toda la historia de la formación.





JU LU
(Flint)
Device #1. (2003)


La esperada continuación a The Fat of the Land apareció finalmente en el año 2004. Tras una larguísima espera de nada menos que siete años los fans, como era lógico, se abalanzaron sobre el disco con avidez. Pero Always Outnumbered, Never Outgunned no resultó ser lo esperado. Howlett decidió volver a las raíces y prescindir casi por completo de las aportaciones de Flint y Maxim (el bailarín y músico Thgornhill se había largado ya en 1999), por todo ello el álbum no fue bien recibido, resultando irregular y quedando como uno de los trabajos más flojos de The Prodigy. Por suerte en directo continuaban a buen nivel y con clásicos de sobra para mover al personal, y aquí es inevitable mencionar una de las actuaciones más memorables de la banda en España, en el marco del festival Festimad 2005, conocido como el festival del apocalipsis. Para quienes estuvimos allí ver a unos desbocados The Prodigy actuando al amanecer, rodeados de policía y coches ardiendo, en un escenario que parecía más bien el de una guerra, fue sin duda una experiencia de las que no se olvidan jamás.
Durante el parón que sufrió The Prodigy a finales de los 90 Keith no se quedó quieto, y visto el ninguneo sufrido en el nuevo disco decidió intentar sacar adelante su proyecto de punk Flint. No son muy conocidas estas grabaciones, ya que el álbum no pasó el corte de su discográfica y su lanzamiento fue cancelado. Por suerte es fácil encontrar el disco, titulado Device #1, buscando por la red. Nos encontramos aquí con un trabajo de punk rock sin pretensiones, que sin ser memorable resulta marchoso y disfrutable en su sencillez, y cuyas letras son más personales y están más trabajadas que en The Prodigy, resultando algunas de ellas bastante oscuras, y mostrándonos la turbulenta cabeza con la que Keith tenía que convivir a diario.




OMEN
(Howlett, Hutton, Maxim)
Invaders Must Die. 2009.


Tras el tropiezo anterior Howlett enfocó el siguiente disco de una forma diferente, como amalgama de todos sus trabajos anteriores, y abriendo nuevamente la puerta a las ideas de Flint y Maxim. Invaders Must Die fue mucho mejor recibido en líneas generales y resultaba un trabajo dinámico que daba lo que se espera de un disco de The Prodigy.
Asimismo la banda en directo seguía resultando demoledora, y así quedó plasmado en el disco en vivo World's on Fire (2011) que ofrecía una actuación de 2010 en Milton Keynes.
Su siguiente trabajo, The Day is my Enemy (2015), seguía las pautas marcadas por Invaders, ofreciendo temas cañeros, no demasiado revolucionarios y enfocados al directo. La banda ya no resultaba tan fresca y sorprendente como años atrás, pero se habían asentado cómodamente en su parcela, donde eran imbatibles, siendo un referente con sonido propio y actuando sin parar por todo el mundo, en la mayoría de los casos a un buen nivel.
Con su más reciente trabajo, No Tourist (2018), empezamos a notar ya un preocupante agotamiento, falta de frescura y repetición de patrones e ideas. El disco no es malo, pero tampoco ofrece nada que no se haya visto ya anteriormente de forma más inspirada, y resulta plano, con una molesta y evidente sensación de estar realizado con piloto automático. Howlett está ya asentado y parece no querer esforzarse mucho en lo musical, solo lo justo para seguir exprimiendo la marca. No obstante en directo seguían con buen nivel, así como con un amplio repertorio de clásicos con el que montar una buena actuación sin problemas, por ello cualquier visita o inclusión de la banda en carteles de festivales era mayormente bien recibida.
Por desgracia, y de forma inesperada, nos hayamos de repente ante el momento más oscuro y de mayor incertidumbre en la historia de la banda.





FIRESTARTER
(Howlett, Flint, Deal, Dudley, Horn, Langan, Jeczalik, Morley)
The Fat of the Land. 1997.


El suicidio de Keith Flint ha supuesto todo un mazazo para la banda, y para el mundo de la música en general. Nos hemos quedado sin un artista icónico, entrañable, chalado e hiperactivo, que tuvo que luchar toda la vida contra los demonios en su cabeza, para finalmente sucumbir ante ellos de una forma bastante triste.
En estos momentos ignoramos si este suceso marcará el fin de The Prodigy. Está claro que Howlett puede seguir sin él si lo desea, aunque es inevitable que su ausencia se note, especialmente en los directos y en la imagen de la banda, donde su presencia y energía resultaba contagiosa e inspiradora. Por otra parte, debido al evidente agotamiento que arrastra el último disco de The Prodigy nos gustaría que, de seguir adelante, la rabia y el dolor de esta muerte pudiera revertir en un brote de inspiración que diese lugar a un gran homenaje discográfico al compañero caído, algo que sin duda merece. En cualquier caso el tiempo dirá... Desde aquí solo queremos recordar al artista y su música, deseando que encuentre, por fin, la paz que andaba buscado.
Buen viaje compañero.


Este texto se escribió originalmente para la web Diablorock: