El
final del verano llega con otro de los lanzamientos más esperados
del año por parte de una banda legendaria, Korn, cuyo The
Nothing supone
el treceavo trabajo dentro de su discografía en estudio.
La
banda californiana lleva dando guerra desde principios de los
noventa. Creadores de todo un nuevo género musical, el nu metal, y
con una carrera que, a pesar de sus altibajos, no se puede calificar
de conformista. La banda nunca ha perdido las ganas de publicar
material nuevo, y tampoco han tenido miedo de explorar nuevos
horizontes, a pesar de los estrechos límites que les marca su
género. Así lo hicieron, por ejemplo, lanzándose hacia la
electrónica en The
Path of Totality (2011),
reinventando sus grandes éxitos en MTV
Unplugged (2007)
o intentando recuperar su primigenia crudeza en III
– Remember Who You Are (2010).
Por supuesto no siempre les ha salido bien la jugada, pero hay que
admirar y respetar esas ganas de seguir haciendo música e intentar
que esta resulte interesante y novedosa, ya que bien podrían hacer
como otras grandes bandas y dedicarse a vivir de las rentas y sacar
un disco cada década...
Hay que ser justos con Korn, poco tienen ya que demostrar, y a
estas alturas de la película tampoco les podemos exigir que vuelvan
a inventar la rueda. A la hora de revisar su nuevo disco nos
fijaremos en si está a la altura de la banda y si incluye buenos
temas. ¿Será el caso? Veamos...
La
intro con la que abren este nuevo trabajo, titulada The
End Begins, ya
nos deja bastante claro por donde irán los tiros. Con el sonido de
la entrañable gaita de Jonathan Davis, junto a sus característicos
lamentos marca de la casa, se nos da la bienvenida de forma conocida
y familiar, dando a entender que estamos ante los Korn de siempre, lo
que al fin y al cabo demandan la mayoría de sus seguidores.
La
banda ha querido con The
Nothing crear
un disco directo, con poca experimentación e inventos, recogiendo
toda la experiencia de sus trabajos anteriores para componer un
puñado de buenas canciones. Y sin duda hay momentos notables en el
disco, como por ejemplo You'll
Never Find Me o
The Darkness is
Revealing, que
cuentancon
un sonido potente, directo y retorcido, que nos trae ciertos ecos de
los lejanos Life
is Peachy (1996)
y Follow The
Leader (1998),
dos de sus discos clave. También alcanzan un muy buen nivel en
Idiosyncrasy, con
un potente riff cromático de guitarra y unas dinámicas deliciosas
que lo convierten quizás en el mejor tema del disco. Finally
Free por
su partees
la sorpresa del álbum, con un claro coqueteo hacia sonidos de tipo
jazz y chill. Sin duda horrorizará a algunos, pero personalmente me
ha resultado un tema bastante interesante. Con Hard3r
recuperan
de nuevo la retorcida agresividad que tanto nos gusta, con guitarras
y arreglos de voz inquietantes e inspirados y una producción
asombrosa, otro tema muy destacable.
Por
desgracia no todo el disco se encuentra al mismo nivel y el resto de
temas, a pesar de tener algunos momentos puntuales destacables, pasan
bastante desapercibidos. Es una lástima porque como decimos hay
buenas ideas en ellos, pero se aprecian claros fallos de composición.
En algunos temas intentan meter demasiadas ideas atropelladas en
pocos minutos, lo que resulta aturdidor y les resta carácter. ¿Dónde
quedó la directa sencillez de temas como Here
to Stay o
Blind?
La banda debería ser consciente de que dentro de su estilo muchas
veces menos es más, y querer dar tantos giros radicales en canciones
de apenas tres minutos crea una sensación de deriva y saturación,
y por tanto no terminan de atrapar al oyente. Otro fallo grave de
composición es que, aún metiendo tantas ideas y partes distintas,
lo hacen siguiendo un patrón bastante fijo y repetitivo (riff pesado
de guitarra, giro a parte lenta y melódica, medio tiempo extraño,
vuelta al riff etc etc...). Con esta constante lo que logran es hacer
a los temas indistinguibles unos de otros y en su mayor parte
olvidables. Y esto es una pena, porque hay muy buen material por ahí
que cosido de otra forma ganaría muchos puntos.
En definitiva estamos ante un disco muy disfrutable, con toda la
banda en plena forma y un sonido fabuloso. Por desgracia los fallos
apuntados en el área compositiva lastran bastante un trabajo que
podría haber destacado en lo alto de su discografía pero que acaba
quedando a mitad de tabla. Una lástima. No obstante gustará a los
fans, gana con las escuchas, no se hace pesado debido a su ajustada
duración y lo recomendamos totalmente si tienes mono del peculiar
sonido de la banda de Bakersfield.
Este texto se escribió originalmente para la web musical Diablorock:
Nada parecía
distinto el día que se produjo el hallazgo. En lo alto el purpúreo
cielo radioactivo y su constante agitación, condensándose y
expandiéndose en caóticas formas, arrojando la fina lluvia de
cristales al son de las descargas de corriente arqueadas que
iluminaban como flashes el eclipsado horizonte. Abajo la desolación.
Fría y perfecta. La quietud y sosiego provenientes de la ausencia de
toda vida. Una armonía que solo era débilmente perturbada por las
maniobras de las enormes máquinas de ingeniería y perforación, que
realizaban su labor de manera impasible y constante. Allí, a una
profundidad mayor que la de cualquier abismo conocido, aparecieron
las formas, como escupidas con desdén por la roca constantemente
violada. Los sensores se activaron inmediatamente ante la extraña
presencia, exigiendo una inspección detallada del material. El
modelo SC05 se aproximó a las coordenadas y recogió uno de los
objetos. Su aspecto asemejaba la porosidad de las rocas, y sus
niveles de radiación eran superiores a lo normal. A través de los
sensores incorporados en su mecanismo pudo analizar de forma
inmediata su composición: fosfato, carbonato de calcio, hidróxido
de magnesio y sulfatos. Activó entonces sus sensores visuales para
tener una referencia de la forma del objeto que cotejó en su amplia
base de datos. Mediante complejos logaritmos su sistema operativo
buscó respuestas. En este caso la hipótesis más inusual parecía
ser la más certera. No mostró emoción alguna, ya que las emociones
habían sido erradicadas muchas edades atrás y ya ni siquiera eran
un débil rumor, pero fue consciente de manera inmediata, y a su vez
la totalidad de la consciencia colectiva a la que estaba conectado,
de las implicaciones del hallazgo. Los hacedores habían existido, y
toda la fría perfección de un mundo que daba por supuesto estaba a
punto de desmoronarse.
No
hay duda que el metal extremo está viviendo unos grandes años. La
escena, aún manteniendo su espíritu underground,
está
totalmente viva, tanto en nuevas e interesantes bandas como en
veteranas formaciones de culto que regresan para reivindicar su
legado, ya sea por medio de giras conmemorativas (Vomitory), o
incluso atreviéndose a publicar material nuevo (Pestilence),
consiguiendo lo más importante: ganar nuevos adeptos entre un
público joven y fiel.
Los
norteamericanos Possessed son un clarísimo ejemplo de banda de
culto. Formados en San Francisco en 1983, en plena eclosión del
movimiento thrash metal, nunca consiguieron la relevancia de otros
compañeros de género y ciudad, pero su particular visión del
estilo, plasmada en los clásicos Seven
Churches (1985)
y Beyond the Gates
(1986),
supuso toda una revelación para formaciones posteriores, no siendo
pocas las voces que los coronan como una de las bandas fundadoras del
estilo más adelante conocido como death metal. Tuvieron una carrera
con bastantes altibajos y sin llegar nunca al gran público, hasta su
disolución definitiva en el año 1989.
Su regreso se produjo en 2007, un regreso un tanto engañoso, ya
que de la formación original solo permanecía su legendario
cantante, Jeff Becerra, desgraciadamente postrado en silla de ruedas
tras un disparo fatal sufrido durante un robo. Esta nueva etapa de la
banda se había circunscrito únicamente a las actuaciones en
directo. Hasta ahora, cuando el bueno de Jeff se ha decido por fin a
componer y editar un nuevo disco, que supone el primer trabajo en
estudio de la banda en nada menos que 33 años (para que luego nos
quejemos de la tardanza compositiva de gente como Metallica o
Rammstein).
Editar
un disco tras tanto tiempo es sin duda un movimiento muy arriesgado,
ya que es tremendamente difícil, por no decir imposible, satisfacer
las altas expectativas, así como luchar contra la nostalgia de los
fans que, sin duda, tienen sus dos anteriores obras en un pedestal,
especialmente Seven
Churchs,
que está considerado unánimemente como uno de los mejores trabajos
del género. No obstante se agradece que asuman el riesgo,
reivindiquen su nueva encarnación y no se limiten a estirar el
chicle y vivir únicamente de las rentas.
Entrando
en harina podemos afirmar que estamos ante un disco bastante
competente y disfrutable aunque, como era de esperar, se encuentra
unos cuantos peldaños por debajo de Seven
Churchs y
Beyond the Gates.
Tanto
en producción como en composición Possessed han intentado darle un
toque moderno a su nuevo disco, optando más por la frescura que por
el refrito, algo bastante loable cuando está claro que la salida
fácil hubiese sido tirar de nostalgia. Eso tampoco significa que
hayan dado un giro de timón a su propuesta, para nada, seguimos ante
unos trallazos de puro thrash/death directo, contundente y sin
demasiadas complicaciones, pero que como apuntamos suena actual y no
como un intento de recuperar el espíritu ochentero.
Jeff
Becerra se encuentra en un gran estado de forma, algo esencial ya que
sin duda su trabajo supone el pilar del álbum y el elemento que va a
ser analizado con mayor profundidad por los fans. Afirmamos que su
aportación no decepcionará a nadie, sacando de su garganta toda la
fuerza y carácter que cabría esperar. Otro que está tremendo en su
puesto es el batería Emilio Marquez, que ofrece un tremendo
despliegue de energía y recursos para que no puedas parar de
cabecear durante la totalidad del disco. La banda en general suena
fuerte, profesional y firme, y da ni más ni menos que lo esperado:
un puñado de temas agresivos y sin pretensiones enfocados a la pura
descarga de adrenalina y violencia. Podemos destacar Shadowcult,
Damned, Omen o
No More Room in
Hell, plagados
de riffs, solos, fills de batería y todos los elementos exigibles a
un trabajo de este tipo.
Como
único punto negativo podríamos apuntar a la duración del álbum.
Casi una hora de música, repartida en 12 temas, lo que implica que
se puede hacer algo largo, más teniendo en cuenta que todos los
temas siguen una dirección bastante definida y algo monótona. Opino
que con dos o tres temas menos resultaría más directo y compacto,
aunque por supuesto habrá seguidores que tras tan larguísima espera
incluso hubieran querido un par de temas más.
En cualquier caso estamos ante un regreso bastante digno de una
banda mítica, un trabajo respetuoso con su legado y que a la vez
intenta sonar fresco. No revolucionará el género (ni lo pretende)
pero resulta ideal para darle al play al máximo volumen y olvidarse
de todo durante una horita.
Por tercer año consecutivo nos tocó hacer acopio de rosarios,
agua bendita y demás elementos religiosos de protección y preparar
el petate para ponernos en marcha dirección Portugal, con la misión
de sobrevivir a uno de los festivales más veteranos y salvajes de la
península, el SWR Barroselas Metalfest, que este año celebraba su
22 edición.
Para quien no tenga referencias de este festival diremos que es
una de una de las propuestas más auténticas y exclusivas que se
pueden disfrutar dentro del campo del metal extremo, experimental y
de vanguardia. Se trata de un festival pequeño y familiar, donde
prima la comodidad en el recinto y el buen rollo entre los asistentes
y sirve como inmejorable pistoletazo de salida a la temporada
festivalera. Durante tres días el pequeño pueblo de Barroselas se
transforma en centro neurálgico del paganismo, gracias a un cartel
confeccionado con un gusto exquisito. Este siempre es uno de los
puntos fuertes del festival, el cartel, donde predominan bandas de
culto, otras en alza y propuestas extrañas difíciles de ver. Muchas
veces se ha preguntado a la organización como, siendo un festival ya
asentado y veterano, no prueba a apostar por nombres más mainstream
para intentar dar un salto en popularidad. La respuesta por parte
de los organizadores siempre ha sido la misma: «Eso no va a pasar»,
la intención siempre ha sido conservar su identidad y espíritu de
festival pequeño y exclusivo. Personalmente aplaudo esta claridad de
ideas e integridad, y que no tengan en mente meterse en la lucha
encarnizada por conseguir la exclusividad más rimbombante que les
proporcione visibilidad y visitas. Este festival va a lo suyo y
consigue mantenerse tranquilo y solitario en su parcela, ganándose
un publico fiel que sabe perfectamente lo que esperar y que repite
año tras año. El gusto musical de la organización es intachable en
su campo y, aunque al ver el cartel la mitad de los nombres ni te
suenen, sabes perfectamente que vas a descubrir cosas y volver a casa
con varios nombres en la libreta sobre los que indagar
posteriormente, y ese es uno de los puntos clave de un festival de
música, que abra los oídos a su público y les descubra nuevas
experiencias. Puede echar para atrás en un primer momento una
apuesta tan marcada por lo extremo y extraño, pero os aseguro que,
una vez inmerso en la burbuja del festival, uno se mimetiza
totalmente con el entorno, y no son pocos los que acaban sufriendo
una revelación, volviendo cambiados a sus hogares y escuchando
bandas que jamás imaginarían ya que antes no eran capaces de
entenderlas.
El festival se celebra todos los años en un polideportivo a las
afueras del pueblo de Barroselas, en el que se habilitan diversas
carpas para las actuaciones. Al ser bajo techo se aseguran de
protegerse de las posibles inclemencias del tiempo y, lo que es más
importante, se crea la sensación de asistir a conciertos en sala,
algo imprescindible para crear la atmósfera adecuada. Personalmente
no concibo ver a bandas como Imperial Triumphant o Venenum
bajo el sol y la claridad de la tarde. Por suerte en Barroselas
siempre es de noche, una noche eterna que arropa y hermana a músicos
y público. Por su parte la acampada se sitúa en una zona boscosa
pegada al recinto, lo que hace que las distancias sean nulas,
añadiendo así un extra de comodidad.
Como novedad este año hemos visto la desaparición de la moneda
del festival. Las compras esta vez se realizaban cargando dinero en
la pulsera oficial. Con este cambio sin duda se ahorra en medios y se
apuesta por la comodidad, aunque según las manías de cada uno es
mejor o peor de esta forma. Personalmente me resulta más difícil
controlar el gasto con este sistema, especialmente al ir ya mamado.
Vendría a ser como la diferencia de salir de fiesta con dinero en el
bolsillo o tirar de tarjeta de crédito, todo un peligro para
algunos. Las actuaciones se desarrollan en tres escenarios, uno
gratuito y de libre acceso y otros dos solo accesibles a quienes
tuvieran la pulsera. Evidentemente había que pasar un control a la
entrada de estos escenarios, pero me sorprendió este año que
también hubiese un control a la salida, algo que no ocurría en
pasadas ediciones y que veo totalmente innecesario, debido a ello al
salir de las actuaciones principales del día se vivió algún
pequeño embotellamiento totalmente evitable. Pero como ya hemos
dicho este festival no está en absoluto masificado (sin contar con
cifras oficiales calculo que la asistencia rondaría en torno a dos
mil personas por jornada), así que tampoco resultaba dramático
esperar un par de minutos para salir, no obstante como digo lo veo
innecesario y evitable.
Los horarios siempre se siguen de forma escrupulosa, y el final
de la actuación en un escenario marcaba el inicio inmediato de otra
descarga en otro escenario, planificados sin ningún solape, de esta
forma quien quisiera podía ver todas las actuaciones del día
perfectamente. Otro punto que siempre ha destacado en este festival
ha sido el buen sonido en todos los escenarios. Por desgracia este
año no ha sido así, y el sonido del escenario Dungeon resultó
bastante irregular durante los tres días, creando una bola de sonido
bastante poco definida en alguna de las propuestas más extremas, una
lástima y un impedimento para disfrutar plenamente de las
actuaciones.
Pasemos ya al repaso de los conciertos que pude ver.
Lamentablemente mi integridad física y mental me imposibilitó ver a
todas las bandas del cartel, no obstante os invitamos a que
completéis esta crónica con vuestra experiencia del evento en la
sección de comentarios.
DIA 1
Tras montar debidamente la que sería mi base de operaciones y
aprovisionarme de comida y alcohol en el supermercado más cercano,
me dirigí a la inauguración del escenario Dungeon con los
brasileños Woslom, que practicando un thrash veloz de la
vieja escuela consiguieron desperezar a los primeros asistentes, a
pesar de contar con un sonido algo deficiente y emborronado, que como
ya comentamos sería la tónica durante todo el festival en ese
escenario.
Tras ellos se abrían las actuaciones en el escenario principal,
bautizado con el nombre Abyss, a cargo de Analepsy. El sonido
en este escenario era bastante más claro, y la banda portuguesa pudo
descargar sin impedimentos su death brutal perfectamente ejecutado.
No tuvieron piedad con el público y les arrojaron una buena ristra
de temas caóticos y densos para que se hicieran una idea de lo que
les esperaba los próximos días. El único punto negativo fueron los
excesivos parones entre temas, que restaron dinamismo a una actuación
por lo demás bastante correcta.
Morte Incandescente ocuparon su lugar seguidamente en el
escenario Dungeon para darnos una ración de black metal clásico. El
sonido desde el principio fue bastante deficiente, carente de
contundencia y con una batería que se comía todo el espectro
sonoro. Estos problemas se fueron solucionando ligeramente con el
trascurrir de los temas, pero la sensación era que no terminaban de
despegar. El trío portugués puso de su parte, pero desgraciadamente
su actuación quedó totalmente deslucida por el sonido.
De vuelta al escenario grande para el inicio de los platos
fuertes, y de que forma, con una actuación de notable alto por parte
de los alemanes Venenum. Esta banda asienta los cimientos de
su sonido en el black metal, pero casi inmediatamente te das cuenta
de que son bastante más que eso. En su sonido apreciamos todo tipo
de influencias: black, death, thrash, doom, psicodelia... por lo que
los temas resultan dinámicos, sorprendentes e interesantes para el
oyente. Los pasajes densos, psicodélicos y atmosféricos se
mezclaban a la perfección con los arranques de violencia más
extrema, creando unas dinámicas interesantes que hacían que no
decayese la atención. El sonido, sin ser malo, tampoco fue
espectacular. Al bajo le faltaba potencia y a las guitarras
definición. Sin duda habrían ganado puntos con un mejor sonido que
permitiese apreciar todos los detalles de su música. El concierto
fue de menos a más, mejorando en sonido y creciendo en intensidad, y
acabó por todo lo alto con un clímax totalmente hipnótico. Una muy
buena banda, con buenos músicos y temas ambiciosos. Quizás se los
veía algo desconectados del público que no era fan, pero ofrecieron
sin duda uno de los mejores conciertos del día.
Otra agradable sorpresa nos llevamos también con los italianos
Grime. El trío subió al escenario y descargó su sludge
denso, monstruoso, pesado y ultra grave, sacado sin duda de las
peores pesadillas, donde destacaba la voz totalmente agónica de su
cantante, voz que parecía surgir del rincón más oscuro del pantano
más inhóspito. A pesar de que su propuesta resultó algo repetitiva
se consiguieron ganar al público, pasando a ser una de las sorpresas
de la jornada.
A las diez de la noche hicieron su aparición los americanos
Midnight, banda muy esperada a la vista de la reacción del
público y la cantidad de gente que lucía sus camisetas. No
defraudaron en absoluto con su show desenfadado y dinámico de black
n' roll con toques punk. La banda estaba totalmente motivada,
derrochando actitud, cercanía y carisma. El sonido acompañó,
resultando compacto y lujurioso y haciendo que las primeras filas se
desbocaran totalmente. Con la gente en estado de locura se marcaron
un show muy destacable que sin duda dejó a los fans de la banda con
una sonrisa de oreja a oreja.
Los siguientes en subirse al escenario grande fueron los también
muy esperados The Black Dahlia Murder. La banda estadounidense
no decepcionó en absoluto, saliendo a comerse el escenario desde el
minuto uno, moviéndose y animando al personal y recibiendo, como era
de esperar, alocados mosh y circle pit entre las primeras filas. El
sonido fue notable, seguramente el mejor del día, con las guitarras
quizás demasiado altas como única pega. Basaron el setlist en su
último trabajo, Nightbringers, editado hace ya año y medio,
pero también hubo espacio para clásicos como Unhallowed o
What a Horrible Night to Have a Curse. Aunque toda la banda
estuvo perfecta no puedo dejar de destacar a su solista, Brandon
Ellis, que dio una lección impresionante de técnica y pulcritud. Un
show de 12, sin descanso ni piedad y con una ejecución perfecta para
el que fue seguramente el mejor concierto del día.
Tras la lección de tablas y técnica desplegada por The
Black Dahlia Murder tocaba moverse de escenario para algo
distinto y más desenfadado por parte de Skull Fist. Su
propuesta se alejaba un poco de la tónica del festival con su mezcla
de hard rock y NWOBHM, y sirvió perfectamente para cambiar un poco
el chip y pasar un buen rato. El sonido al comienzo fue desastroso,
la mezcla estaba totalmente descompensada y una de las guitarras
directamente ni se oía, pero eso no amedrentó ni a la banda ni a
sus fans que ya desde el primer tema, Ride the Beast, de clara
influencia Crüe, se dejó llevar y disfruto de un show por lo demás
bastante dinámico.
Otro esperado momento llegaba en el escenario grande con el
mítico dúo Godflesh. Personalmente tenía muchas ganas de
ver a esta banda de culto, que ha sido una gran influencia dentro del
metal moderno, pero por desgracia tengo que admitir que presencié un
show bastante decepcionante. La excesivamente austera puesta en
escena, el sonido mediocre y la nula comunicación con la gente
amuermaron a un público que ya acusaba el cansancio tras una dura
jornada. Por supuesto hubo temazos como Post self o Like
Rats, pero excepto algún ultra fan en las primeras filas la
tónica general entre el público era el aburrimiento. Vale que las
baterías fuesen programadas pero, ¿en serio tenía que ser el
propio Justin, con su mac al lado del escenario, quien las disparase?
¿De verdad no tenían un pipa por ahí para hacer eso y evitar los
incómodos parones entre temas? Detalles como este y la ya mencionada
nula interacción con el público hicieron que aquello se asemejase
más a un ensayo que a un concierto propiamente dicho. Como decimos
una decepción y una lástima.
Por suerte el mal sabor de boca nos lo quitó, pasadas ya las
tres de la mañana y en el escenario gratuito, el bueno de Sette
Sujidade con su proyecto Scuru Fitchadu. Con su extraña
mezcla de punk, electrónica y música tradicional africana, puso a
bailar a toda la gente de la carpa mientras él y su compañera se
movían alocados y realizaban danzas tribales. Originales y
tremendamente vistosos, a ratos parecían ser una extraña versión
lusa de Die Antwoord. Un muy buen show, enérgico y llamativo, en el
que incluso tuvieron un momento para recordar al llorado Keith Flint,
realizando una versión de Firestarter que, aunque regulera,
resultó bastante emotiva. Inmejorable forma de acabar la jornada y
alejarse rumbo al bar, o al bosque, según gustos del consumidor.
DIA 2
La tónica climatológica este año fue el buen tiempo, por lo
que el día amaneció caluroso y despejado. Ideal para sumergirse de
nuevo en la noche eterna de las carpas y torturarse con otra ración
de metal extremo durante horas en el que fue, casi con total
seguridad, el mejor día del festival.
La cosa empezó de forma prometedora en el escenario Dungeon con
Vacivus. Los ingleses descargaron un show de death metal
enérgico y solvente. El sonido en este escenario no mejoró respecto
a la jornada anterior, y volvió a suponer un lastre a una actuación
que intentaron suplir a base de derrochar energía su intimidante
cantante y su estupendo batería. Comenzaron la actuación con
retraso, lo que supuso el primer solape entre escenarios principales
que recuerdo en los tres años que llevo acudiendo al festi. Y la
banda con la que se solaparon durante el tramo final eran los
portugueses Namek,que practicaban un grindcore
abrasador. Tampoco tuvieron suerte con el sonido, pero aún así
consiguieron desperezar ligeramente a un público que aún estaba
algo convaleciente del día anterior. De vuelta a Dungeon para ver a
Barshasketh, que descargaron un poco de black metal de la
vieja escuela, directo y sin muchas complicaciones. Me resultaron
algo planos y aburridos, aunque no se puede decir que lo hiciesen
mal.
La cosa se empezó a animar de verdad con Demilich. La
veterana banda de culto, con tendencia a separarse y volverse a
juntar, se materializaba en Barroselas para arrojar su death metal
técnico y enrevesado. Los músicos exudaba profesionalidad y tablas
mientras ejecutaban a la perfección sus temas veloces y complejos
casi sin esfuerzo y, aunque no eran los tipos más carismáticos y
comunicativos del mundo, dieron toda una lección de saber hacer y
saber estar. Como no podía ser de otra forma el setlist se basó en
su clásico de culto y único larga duración editado, Nespithe
(1993), pero también hubo espacio para alguna rareza en forma de
vieja demo. En definitiva un concierto notable, con buen sonido y
ejecución intachable.
Dopelord asaltaron seguidamente el escenario Dungeon con
su doom hipnótico, denso y pesado, de temática ocultista y fumeta.
Gozaron de muy buen sonido, algo novedoso y de agradecer en este
escenario, y triunfaron ante un público totalmente receptivo a su
propuesta. Y es que es difícil no caer rendido ante temas tan bien
planteados como Children of Haze, con las estupendas armonías
vocales que son capaces de crear al contar con dos cantantes en la
banda, algo que les hace destacar entre otras bandas del estilo,o
Preacher Electrick, con el grupo creando una atmósfera
totalmente pantanosa, ideal para cabecear lento. Un buen show que
dejó aturdidos y satisfechos a los presentes.
Y llegaba otro de los platos fuertes del festival de la mano de
Benediction. Los veteranos death metaleros estaban celebrando
sus treinta años de carrera y lo hicieron por todo lo alto, con un
setlist demoledor basado en toda su discografía. El público
abarrotó la carpa y se entregó en cuerpo y alma a la brutalidad
desde el primer tema, mecidos por una banda en plena forma que sonó
como una apisonadora, algo muy destacable al ser el primer concierto
que daban este año. Y es que muy jodido tienes que estar para no
dejarte contagiar de la energía de temas como They Must die
Screaming, The Dreams you Dread o Jumping at Shadows. La
banda sonó poderosa y sólida, con el vocalista Dave Hunt
derrochando energía y carisma y disfrutando totalmente a pesar de
haber anunciado su salida de la banda tras esta gira. Para los
numerosos fans alocados que llenaron el escenario principal fue una
ocasión inmejorable de despedir a Dave y de disfrutar de una banda
clave dentro del death metal.
Y llegó el momento más esperado por el que escribe estas
líneas. Llevo tiempo enamorado de los
neoyorquinos Imperial
Triumphant, una banda terrorífica que firmaron uno de los
mejores discos del año pasado, y tenía muchas ganas de ver cómo se
lo montaban en el que era su primer periplo europeo. Subieron al
escenario en la oscuridad, con sus peculiares atuendos y mientras
sonaba la intro de su disco Vile Luxury, y ya desde ese
momento se apreciaba una atmósfera de angustia y mal rollo en la
carpa, sensaciones que se acrecentaron desde el primer acorde y
durante toda la actuación. Era toda una experiencia mirar alrededor,
a la cara de la gente, y encontrarte con rostros totalmente
desencajados, que no sabían bien cómo tomarse la que sin duda era
la propuesta más extrema de todo el festival, que ya es decir. La
banda, lastrada por el sonido irregular propio del escenario Dungeon,
dio una lección sobre como manejar el caos y la pesadumbre, abriendo
las puertas del infierno y contagiando desesperación a los pobres
asistentes con su mezcla del black más denso y opresivo que se pueda
concebir junto a pinceladas de jazz vanguardista. A ratos aquello,
más que un concierto de música, parecía una terrible alucinación
sacada del libro tibetano de los muertos. Tocaron casi al completo el
disco Vile Luxury y, aunque parezca que su música es
totalmente caótica, clavaron cada nota tan cual está en el disco.
Toda una experiencia ver a esta gente y para mí, sin duda, el mejor
bolo del festival.
Salimos totalmente conmocionados en dirección al escenario
principal para disfrutar de Saint Vitus. Tenía mucha
curiosidad por ver a esta banda veterana y totalmente legendaria
dentro del doom metal. También albergaba mis dudas al respecto de su
posible estado de forma, dudas que se disiparon totalmente en cuanto
sonó el primer riff de Dark World, a la que subieron
ligeramente el tempo. Tras esta llegó la tremenda White
Magic/Black Magic, también acelerada,y para entonces ya
solo quedaba dejarse llevar. ¡Menudo derroche de carisma y oficio el
de los abuelos! A pesar de ser los más veteranos (celebrando 40
putos años de carrera) consiguieron crear una atmósfera bastante
más oscura que otras propuestas a priori mucho más extremas.
Tuvieron un sonido sobresaliente, en el que cada pieza encajaba a la
perfección: los riffs crujientes de Dave Chandler, el excelente
trabajo de Henry Vazquez a la batería y Pat Bruders al bajo, dando
forma a una sección rítmica sólida como un elefante, y la
omnipresente y ondulante voz de Scott Reagers, de nuevo en la banda
tras 24 años. Presentaron temas de su inminente nuevo álbum, como
Remains, que sonó poderoso e hipnótico, junto a grandes
clásicos como Saint Vitus o War is our Destiny, rubricando
un show impecable. Más tarde incluso se pudo ver a algunos
miembros de la banda disfrutando del festival junto al resto del
público. Joder, yo de mayor quiero ser como estos tíos.
Cerraron las actuaciones en el escenario Dungeon los alemanes
Ascension, que trajeron de nuevo la turbación con su black
metal ocultista, de ritmos infernales y turbia puesta en escena. Muy
burros y oscuros, ofrecieron un buen show a pesar del nuevamente
irregular sonido.
Aún quedaban tres actuaciones bastante salvajes para acabar el
día pero, sinceramente, tras una jornada demoledora y con algunos
excesos en el cuerpo, yo ya no sabía muy bien dónde estaba ni lo
que estaba haciendo.
DIA 3
Llegaba bastante machacado al último día de festival, por lo
que demoré un poco mi entrada al recinto, lloriqueando como un
tierno infante. Tras recuperar algo de fuerzas a base de atún
enlatado y un whisky lamentable me planté, con la escasa entereza
que me era posible reunir, ante el escenario principal para ver a
Martelo Negro. Fue una inmejorable forma de irse desperezando.
Con un buen batería, un cantante carismático y una mezcla de
black/thrash contundente y sin demasiadas complicaciones, los Martelo
realizaron un show interesante y dinámico ante un pequeño atajo de
agradecidos valientes.
Seguidamente en Dungeon tocaron Rakta. El trío brasileño
era sin duda una de las propuestas más experimentales del día. Con
una cantante/teclista hipnótica, que parecía hallarse
constantemente en trance, desplegaron su noise ambiental ideado para
flotar junto al aroma a marihuana que envolvía la totalidad de la
carpa. Me resultaron bastante interesantes, pero se vieron muy
lastrados por el deficiente sonido. Y es que, más con una propuesta
de este tipo, plagada de efectos y ecos, el sonido ha de ser
cristalino para que puedas entrar en la burbuja de forma
satisfactoria. Una auténtica lástima ya que, lo que lográbamos
apreciar, tenía muy buena pinta.
Los madrileños Wormed realizaron, sin duda, una de las
actuaciones más enérgicas del día. Comandados por un cantante de
voz bella y melodiosa destrozaron al personal con su death/grindcore
espacial, técnico y bizarro, oscuro y caótico como el interior de
un agujero negro. Un bolazo dirigido a los más desquiciados del
recinto, a los que consiguieron abducir sin problemas. Una lástima
que el sonido de la guitarra quedara eclipsado por la aplastante y
sobresaliente base rítmica. A pesar de ese detalle la banda demostró
que pueden ser igual de locos y extremos, si no más, que cualquier
formación internacional.
Wormed dejaron el escenario calentito para recibir a otra
de las bandas más esperadas por el público de Barroselas, los
legendarios Vomitory. Tras haberse separado en 2013, la banda
regresaba reformada para celebrar su treinta aniversario dando un
recital demoledor, destinado a reivindicar su estatus dentro de los
mejores del género. Con una carpa a reventar y un sonido, esta vez
sí, intachable, dieron una muestra de técnica y tablas. Comenzaron
por todo lo alto con The Voyage y no bajaron de intensidad ni
un segundo en toda la hora que tuvieron disponible y que utilizaron
sabiamente para dar un buen repaso a su discografía al completo.
Posteriormente, en el escenario Dungeon, nos encontramos con
otra propuesta extraña, la de los brasileños Deafkids. Con
muchos problemas de sonido, sobre todo al comienzo de la actuación,
salvaron los muebles lanzando un extraño punk noise experimental con
grandes ritmos de batería. Al igual que había pasado anteriormente
con sus compatriotas Rakta, el mal sonido fue el mayor lastre
para disfrutar de una actuación por lo demás interesante, enérgica
y solvente.
Uno de los platos fuertes llegaba con los suecos Craft en
el escenario principal. Había ganas de disfrutar con su black metal
tradicional y misántropo. El sonido, aunque algo bajo, estaba bien
ecualizado, permitiendo disfrutar de sus riffs crujientes y
satánicos. El problema fue la actitud de la banda, especialmente de
su cantante Nox, al que se veía aburrido y distante, como si
sufriese una brutal resaca y quisiera largarse cuanto antes del
escenario. Esta actitud se contagió entre la banda y el público y
el concierto, aunque correcto, no terminó de despegar y acabó
haciéndose cansino. Una pequeña decepción y un concierto bastante
flojo viniendo de una banda que firmó uno de los grandes discos del
género el año pasado.
Este sabor agridulce nos lo quitó de golpe el concierto de
Nervosa. Solo les hicieron falta dos temas para que la
totalidad del público se percatase de que estaba asistiendo a la
mejor descarga de la jornada, y es que la energía desplegada desde
el comienzo por estas tres chicas, y en especial por su bajista y
cantante Fernanda Lira, estaba a otro nivel. Toda la actitud que le
faltó a Craft la entregaron con creces Nervosa,
saliendo decididas a comerse el escenario. Lo consiguieron de forma
inmediata y arrasaron al público a base de brutalidad, técnica,
carisma y temazos como Intolerance Means War, Raise your Fist o
Into Moshpit. Me esperaba un buen show, y aún con esa
mentalidad me sorprendieron gratamente, en especial la tremenda
pegada a la batería de Luana Dametto y el carisma a raudales de
Fernanda, que no paro de moverse, gesticular y animar a un público
enloquecido y totalmente a sus pies.
Llegábamos ya al triste final, y para cerrar el escenario
grande de una forma para nada solemne nos esperaba la peculiar fiesta
de Serrabulho, en la que el espectáculo estaba tanto en el
escenario como entre el público. Grindcore, disfraces, congas
gigantes, bakalao, batukadas, música tradicional, confeti, espuma...
Toda una fiesta de dementes para olvidar el cansancio con la mejor de
las sonrisas. Locura y diversión a raudales que, a fin de cuentas,
era para lo que habíamos ido hasta allí.
Todavía quedaba la traca final, con la descarga en el escenario
gratuito de las bandas Pulmonary Fibrosis y Purulent
Spermcanal que, como imaginaréis por sus nombres, practicaban
una música tranquila y melodiosa plagada de baladas. Por mi parte me
retiré hacia el bosque, totalmente derrotado, buscando refugio en la
zona de acampada, donde mantuve profundos debates filosóficos sobre
la vida y el amor junto a tipejos en evidente estado de ebriedad
hasta el amanecer.
Y así concluía otro estupendo fin de semana en el averno de
Barroselas. Tres días plagados de buenos momentos, con actuaciones
para recordar y el único punto negro del irregular sonido en el
escenario Dungeon. Un festival, como dijimos al principio, especial,
cómodo y entrañable. Sin duda el año que viene volveremos, y os
aconsejamos apuntaros.
Bonus Track:
Un año más el festival se retransmitió vía streaming para
disfrute de quienes no pudieron acudir a la cita. A continuación os
dejamos un vídeo con algunas de las actuaciones. Podéis encontrar
el resto de conciertos principales en el canal de youtube de SWR inc
– sonic events.
Dopelord + Benediction (con problemas de emisión) +
Imperial Triumphant + Saint Vitus + Ascension + Purulent Spermcanal.
Finalizada ya la semana santa, con sus tradiciones, pasos y
exaltación del fervor religioso en general, ha llegado el momento de
equilibrar la balanza y rendir culto al Diablo, a la maldad y a todos
los poderes oscuros. Para ello este fin de semana volverán a abrirse
de par en par las puertas del infierno en el festival de música
extrema de Barroselas.
El veterano festival, que encara este año su vigésimo segunda
edición, es ya toda una referencia indiscutible en el panorama
underground, y se alza como lugar de peregrinación obligada para los
amantes de los géneros más extremos del metal, y como la mejor
propuesta del estilo dentro de la península.
Situado en el pequeño y acogedor pueblo de Barroselas, en el
extremo norte de Portugal, se trata de un festival modesto y
exclusivo, alejado totalmente de otras propuestas más comerciales y
masificadas. La tranquilidad y comodidad que desprende tanto el
entorno como la organización del festival contrastan con un menú de
actuaciones totalmente brutales, con un cartel repleto de golosinas,
bandas de culto y otras a descubrir, dentro del death, black, thrash,
grindcore y demás pestilencias.
Al neófito le interesará saber que se va a encontrar muy a
gusto, sin agobios en los accesos y actuaciones, con zonas de
descanso y acampada, centro comercial y restaurantes, y todo lo que
necesite al alcance de la mano, siendo las distancias totalmente
insignificantes entre los distintos puntos de interés. Los precios,
tanto en el recinto como en los alrededores, son totalmente
populares, así que tanto si vas holgado de recursos como si vas en
plan supervivencia cutre no te será difícil proveerte de lo
necesario para pasar unas jornadas satisfactorias. El clima es
variable, y en estas fechas no es de extrañar que el frío o la
lluvia puedan estar presentes, así que lleva abrigo por lo que pueda
pasar. No te preocupes si la climatología es adversa ya que no
restará disfrute a las actuaciones. Al celebrarse en un
polideportivo, con unas carpas totalmente cerradas y cubiertas, solo
te mojarás si decides adentrarte en el pueblo o en los cinco minutos
que se tarda del recinto a la acampada. También cabe la posibilidad
de que haga un clima cojonudo claro, ya veremos... El ambiente entre
el público asistente es familiar y cercano, y habrá actividades
varias como meet and greet con las bandas, charlas etc...
Puedes resolver tus dudas acudiendo a la página oficial del
festival o revisando nuestras crónicas de los anteriores eventos.
Y ahora pasemos al turrón: La cabecera la ocupan Saint Vitus,
una de las más veteranas y míticas bandas del doom. Toda una
leyenda que sigue publicando y actuando a excelente nivel, con nuevo
y homónimo disco a punto de salir y de la que esperamos una
actuación memorable.
Otra leyenda, esta vez del death. Los ingleses Benediction
acudirán al festival a celebrar su treinta aniversario como banda,
para lo que desplegarán un set brutal plagado de clásicos rompe
vértebras que tampoco conviene perderse.
En Godflesh encontramos a toda una banda de culto. El dúo de
Birmingham vuelve a los escenarios con su sonido único, que ha sido
una clara influencia en la gestación y evolución de géneros como
el metal industrial y el post metal. Toda una delicia poder disfrutar
de una de esas bandas que han abierto nuevas vías en la música.
Los suecos Craft también
descargarán en Barroselas, presentando su disco White Noise and
Black Metal, que les ha costado siete años concebir. Ya andamos
acojonados por tener que enfrentarnos a su black metal brutal, denso
y opresivo, en una actuación que llega con muy buenas referencias.
El resto del cartel está plagado
asimismo de joyas. Una a la que tenemos unas ganas especiales desde
aquí es a Imperial Triumphant. Habiendo
publicado uno de los mejores discos del año pasado, y con una
propuesta brutal, muy inquietante y original, que aúna el black más
denso con pinceladas de jazz apocalíptico, no tenemos dudas de que
va a ser uno de los momentazos más perturbadores del fin de semana.
Muy esperados son también los estadounidenses The Black Dalia
Murder, una banda en la que siempre se puede confiar y que sin duda
nos abofetearan con su death metal melódico de forma enérgica y
profesional. Hay mucho y muy buen death metal este año en
Barroselas, y otra muestra de altura la darán los míticos Vomitory,
de nuevo en activo y sin duda con ganas de liarla parda y demostrar
su merecido estatus.
Demilich es otra banda de death que no pensamos perdernos, pues
sus directos gozan de bastante prestigio dentro del mundillo. También
tiene muy buena pinta el black/death de Arkhon Infaustus, una de las
bandas más representativas y caóticas de la escena francesa, cuyo
último disco se remonta a 2007, aunque tienen un EP delicioso de
hace un par de años. Los seguidores del thrash seguro no querrán
perderse a las brasileñas Nervosa, que pondrán sus ovarios sobre la
mesa para dejar en ridículo una vez más a los que puedan albergar
alguna duda al respecto de su potencial.
Los fanáticos del grind más apestoso se lo pasarán como
cerdos retozando en el lodazal al ritmo de bandas como Sublime
Cadaveric Decomposition o los alocados Birdflesh. También veremos al
dúo portugués Morte Incandescente descargando su black metal
podrido y suicida, ideal para levantar los ánimos. En otro extremo
tenemos a los recomendables Skull Fist, con una propuesta más
ortodoxa, basada en un heavy clásico, de corte NWOBHM, que vendrá
de perlas para cambiar un poco el chip. El metal nacional estará
también muy bien representado por los madrileños Wormed, que con su
death enrevesado y ultra técnico y su temática de ciencia ficción
serán los encargados de abducir al personal presente.
¿Quieres
más? Barshasketh: black/death desde Nueva Zelanda, presentando
disco. Ascension: black alemán con toques progresivos. Martelo
Negro: toda una leyenda en Portugal. Thrash/black/death
deliciosamente sucio, guerrero y satánico. Venenum: otros que
prometen ser una sensación. Old school death surgido del más
apestoso underground alemán, avalados por un discazo como Trance
of Death. Rakta:
trío de chicas brasileñas practicando un punk ruidoso e hipnótico.
O los también brasileños Deafkids, cuya propuesta experimental
llamará la atención para quienes apetezcan de algo distinto e
inclasificable.
Si estás rallado porque tienes la cartera repleta de telarañas
no te preocupes, te puedes acercar igualmente a disfrutar del
ambiente del festival y de las actuaciones gratuitas que se
celebrarán en la carpa exterior del recinto. Un buen puñado de
bandas pasarán por este escenario de libre acceso para contagiar su
violencia de forma indiscriminada. Entre ellas Nakkiga, una de las
mejores bandas de black pagano de España. Summon, black/death
portugués oscurantista, bestial y deprimente. Los grindcore
Pulmonary Fibrosis. El punk experimental de Scuru Fitchadu. O el
extreme noise de Crowhurst, banda que tenemos mucha curiosidad por
ver la manera en que enfocan su directo, ya que su música es,
literalmente, puro ruido.
Esto y mucho más aguardará a los incautos que decidan
acercarse este fin de semana al pequeño pueblo portugués de
Barroselas. Ni que decir tiene que la pérdida neuronal puede ser
irreparable. Desde esta web no nos hacemos responsables en modo
alguno de ello.
El
pasado 4 de Marzo el mundo de la música se despertaba de luto al
conocer la noticia del fallecimiento de Keith Flint, vocalista del
grupo The Prodigy. Al principio no se desvelaron muchos datos al
respecto, pero la relativa juventud del artista (49 años) nos hacía
temernos lo peor. Y así fue cuando, unos días después, se desveló
la causa de su fallecimiento: suicidio por ahorcamiento.
Ante noticias
de este tipo uno no puede más que sentir una profunda tristeza,
sensación que también se mezcla con la rabia, la impotencia y la
incredulidad. ¿Qué puede llevar a un artista joven, exitoso y
relevante, a tomar una decisión tan drástica?
A medida que
nuevos datos han ido saliendo a la luz nos hemos enterado que Keith
Flint sufría una profunda depresión, motivada por una reciente
ruptura sentimental y agravada por una recaída en el mundo de las
drogas, con las que Keith siempre tuvo bastantes problemas. Ya nada
se puede hacer al respecto y solo nos queda llorarle, como a tantos
otros artistas en situaciones parecidas que se han ido demasiado
pronto (Chris Cornell, Chester Bennington...). Pero una vez más
tenemos que abrir los ojos y darnos cuenta de la importancia y
gravedad de trastornos mentales como la depresión. Una enfermedad
sin piedad, que agarra y aprieta, ahogando profundamente y anulando
la perspectiva de sus víctimas. Da igual que seas un currito, que
estés en el paro o que vendas millones de discos, nadie está a
salvo de este mal que puede desembocar, como en el caso que nos
ocupa, en el peor de los desenlaces.
Una ruptura
sentimental es uno de los mayores baches a los que una persona tiene
que hacer frente, tarde o temprano, a lo largo de su vida. Vienen
entonces periodos de profunda agonía, de tristeza, de baja
autoestima y gran inseguridad, sentimientos todos ellos que llevan
directamente a las depresiones y, como hemos dicho, cuando la
depresión agarra con fuerza no deja escapar fácilmente, nublando
por entero el juicio y la perspectiva, y llevando a la víctima a
pozos oscuros de los que es muy difícil salir airoso. Pudiendo
incluso, en los casos más graves, llevar a la víctima hasta el
suicidio o el crimen pasional. Pueden parecer sentimientos exagerados
desde el punto de vista de una persona sana, anda que no tendría
posibilidades Keith Flint, ni más ni menos que el puto cantante de
The Prodigy, de conocer a una nueva chica relativamente pronto,
alguien que le devolviese la alegría y las ganas de vivir. Solo se
trataba de tener entereza y dejar pasar un poco el tiempo. Pero Keith
estaba enfermo, y su mente no trabajaba como las demás.
Es el deber
de amigos y familiares estar atentos a los síntomas y reaccionar. No
vale con un «anímate» o un «sal más de casa», hablamos de
enfermedades graves, que requieren seguimiento y tratamiento. Una
persona metida en el fango de la depresión muchas veces no va a
pedir ayuda, incluso puede que disimule su estado fingiendo
normalidad, por todo ello es importante tener los ojos abiertos y
reaccionar, porque lo bueno es que son enfermedades que se pueden
curar con tratamiento.
Un destrozado
Johnny Rotten, amigo de Keith, reflexionaba sobre esto, diciendo que
nadie tiene por qué quedarse solo y morir. En este mundo cada vez
más frío y despiadado, de apariencias y amistades virtuales, de
hastags y emoticonos, un sencillo y sincero «estoy aquí», dicho
mirando directamente a los ojos, junto con un abrazo real, de cuerpo
presente, pueden hacer mucho. Pueden incluso suponer la diferencia
entre la vida y la muerte. No lo olvidéis.
Y tras esta
reflexión, que consideraba importante hacer, quitémonos toda esta
pesada melancolía y pasemos a celebrar el legado de Keith Flint, a
todo volumen y con alegría, bailando alocados como en los mejores
momentos.
BREATHE
(Howlett, Flint, Reality)
The Fat of the Land. 1997.
La juventud
de Keith no fue fácil. Diagnosticado como disléxico su paso por la
escuela fue un fracaso total, abandonando los estudios a los 15 años.
También tuvo que huir de casa a edad temprana debido a las enormes
tensiones familiares. Continuó entonces su vagabundeo por la vida
metiéndose de lleno en la cultura rave de finales de los 80. Y ahí,
en medio de la locura, encontró por fin su faro en la figura del
músico Liam Howlett.
Keith se
mostró entusiasmado con la maqueta que le pasó su nuevo amigo, y le
aconsejó que tirara para adelante con su música, ofreciéndose él
mismo para acompañarle como bailarín. De esta forma nació The
Prodigy, banda que ya desde su primer trabajo, titulado Experience
(1992), consiguió bastante
éxito. Pero fue con su fabuloso tercer álbum, The Fat of
the Land (1997), cuando de
verdad asaltaron por completo el mainstream, situándose a la cabeza
de las listas de éxitos en todo el mundo y vendiendo millones de
copias.
Es bien sabido que Howlett es el cerebro detrás de la música
de The Prodigy, pero no puede pasarse por alto que el verdadero salto
a la fama se realizó cuando Keith tuvo más protagonismo, pasando de
bailarín a cantante y frontman de la formación, dotando a la banda
de la imagen y actitud que necesitaban para complementar la música.
Su alocado aspecto, de influencias punk y electrónicas, y su
desbordante e hipnótica energía (junto a la de su compañero Maxim)
se clavaron a fuego en las retinas de millones de adolescentes,
llevando a la banda a la estratosfera en un momento totalmente
propicio para su propuesta musical, asentada en la electrónica pero
que también incluía enormes dosis de punk y metal, consiguiendo
abrir una brecha por la que también se colarían formaciones como,
por ejemplo, Chemical Brothers o Massive Attack.
BABY'S
GOT A TEMPER
(Howlett,
Flint, Pepper)
Baby's Got
a Temper EP. 2002.
El
éxito sin precedentes de The Fat of the Land los
tuvo recorriendo el mundo durante años. Ahora estaban en las grandes
ligas, encabezando festivales y actuando para miles de personas cada
noche. Como era de esperar el éxito y los excesos quemó a la banda,
cuyo tren de vida se había salido tanto de control que tuvieron que
anunciar una pausa indefinida en 1999, prometiendo que volverían.
El
regreso se produjo en 2002, con el single Baby's Got a
Temper. El tema había sido
escrito originalmente por Keith para su proyecto en solitario Flint,
pero finalmente decidió adaptarlo para The Prodigy, siendo
presentado como regreso de la banda y adelanto del nuevo disco. La
expectativa era enorme, y cuando finalmente se lanzó el single la
crítica lo vapuleó, considerándolo poco inspirado y de mal gusto.
Causó mucho revuelo su letra, siendo acusados de hacer apología de
ciertas drogas, en este caso el Rohypnol, conocida sustancia en los
bajos fondos relacionada con violaciones. La banda no era ajena a las
controversias (ya la habían liado bien con Smack My Bitch
Up), y Keith Flint salió al
paso diciendo que solo relataba experiencias personales y no hacía
apología de nada.
No sabemos si por esta controversia o por otro tipo de
replanteamientos la canción no fue finalmente incluida en el álbum,
más adelante Howlett incluso repudió el tema. Lo que está claro es
que estamos ante uno de los temas y vídeos más gamberros en toda la
historia de la formación.
JU LU
(Flint)
Device #1. (2003)
La
esperada continuación a The Fat of the Land apareció
finalmente en el año 2004. Tras una larguísima espera de nada menos
que siete años los fans, como era lógico, se abalanzaron sobre el
disco con avidez. Pero Always Outnumbered, Never Outgunned
no resultó ser lo esperado.
Howlett decidió volver a las raíces y prescindir casi por completo
de las aportaciones de Flint y Maxim (el bailarín y músico
Thgornhill se había largado ya en 1999), por todo ello el álbum no
fue bien recibido, resultando irregular y quedando como uno de los
trabajos más flojos de The Prodigy. Por suerte en directo
continuaban a buen nivel y con clásicos de sobra para mover al
personal, y aquí es inevitable mencionar una de las actuaciones más
memorables de la banda en España, en el marco del festival Festimad
2005, conocido como el festival del apocalipsis. Para quienes
estuvimos allí ver a unos desbocados The Prodigy actuando al
amanecer, rodeados de policía y coches ardiendo, en un escenario que
parecía más bien el de una guerra, fue sin duda una experiencia de
las que no se olvidan jamás.
Durante
el parón que sufrió The Prodigy a finales de los 90 Keith no se
quedó quieto, y visto el ninguneo sufrido en el nuevo disco decidió
intentar sacar adelante su proyecto de punk Flint. No son muy
conocidas estas grabaciones, ya que el álbum no pasó el corte de su
discográfica y su lanzamiento fue cancelado. Por suerte es fácil
encontrar el disco, titulado Device #1, buscando
por la red. Nos encontramos aquí con un trabajo de punk rock sin
pretensiones, que sin ser memorable resulta marchoso y disfrutable en
su sencillez, y cuyas letras son más personales y están más
trabajadas que en The Prodigy, resultando algunas de ellas bastante
oscuras, y mostrándonos la turbulenta cabeza con la que Keith tenía
que convivir a diario.
OMEN
(Howlett,
Hutton, Maxim)
Invaders
Must Die. 2009.
Tras
el tropiezo anterior Howlett enfocó el siguiente disco de una forma
diferente, como amalgama de todos sus trabajos anteriores, y abriendo
nuevamente la puerta a las ideas de Flint y Maxim. Invaders
Must Die fue mucho mejor
recibido en líneas generales y resultaba un trabajo dinámico que
daba lo que se espera de un disco de The Prodigy.
Asimismo
la banda en directo seguía resultando demoledora, y así quedó
plasmado en el disco en vivo World's on Fire (2011)
que ofrecía una actuación de 2010 en Milton Keynes.
Su
siguiente trabajo, The Day is my Enemy (2015),
seguía las pautas marcadas por Invaders, ofreciendo
temas cañeros, no demasiado revolucionarios y enfocados al directo.
La banda ya no resultaba tan fresca y sorprendente como años atrás,
pero se habían asentado cómodamente en su parcela, donde eran
imbatibles, siendo un referente con sonido propio y actuando sin
parar por todo el mundo, en la mayoría de los casos a un buen nivel.
Con
su más reciente trabajo, No Tourist (2018),
empezamos a notar ya un preocupante agotamiento, falta de frescura y
repetición de patrones e ideas. El disco no es malo, pero tampoco
ofrece nada que no se haya visto ya anteriormente de forma más
inspirada, y resulta plano, con una molesta y evidente sensación de
estar realizado con piloto automático. Howlett está ya asentado y
parece no querer esforzarse mucho en lo musical, solo lo justo para
seguir exprimiendo la marca. No obstante en directo seguían con buen
nivel, así como con un amplio repertorio de clásicos con el que
montar una buena actuación sin problemas, por ello cualquier visita
o inclusión de la banda en carteles de festivales era mayormente
bien recibida.
Por desgracia, y de forma inesperada, nos hayamos de repente
ante el momento más oscuro y de mayor incertidumbre en la historia
de la banda.
El
suicidio de Keith Flint ha supuesto todo un mazazo para la banda, y
para el mundo de la música en general. Nos hemos quedado sin un
artista icónico, entrañable, chalado e hiperactivo, que tuvo que
luchar toda la vida contra los demonios en su cabeza, para finalmente
sucumbir ante ellos de una forma bastante triste.
En estos
momentos ignoramos si este suceso marcará el fin de The Prodigy.
Está claro que Howlett puede seguir sin él si lo desea, aunque es
inevitable que su ausencia se note, especialmente en los directos y
en la imagen de la banda, donde su presencia y energía resultaba
contagiosa e inspiradora. Por otra parte, debido al evidente
agotamiento que arrastra el último disco de The Prodigy nos gustaría
que, de seguir adelante, la rabia y el dolor de esta muerte pudiera
revertir en un brote de inspiración que diese lugar a un gran
homenaje discográfico al compañero caído, algo que sin duda
merece. En cualquier caso el tiempo dirá... Desde aquí solo
queremos recordar al artista y su música, deseando que encuentre,
por fin, la paz que andaba buscado.
Buen viaje
compañero.
Este texto se escribió originalmente para la web Diablorock:
Perdedor nato.
Naufrago social.
En literatura seguidor de bukowski, hunter s. thompson, schopenhauer, dostoievski, fante, celine, carver, auster, irvine welsh, beigbeder, houellebecq, david gonzalez, baroja....
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