Masaccio: Adán y Eva expulsados del Paraíso.

lunes, 11 de octubre de 2021

viernes, 3 de septiembre de 2021

miércoles, 15 de enero de 2020

CRÍTICA: LINDEMANN - F & M (2019)






Parece que Till Lindemann, el icónico cantante y frontman de la banda Rammstein, atraviesa un buen momento creativo. Tan solo medio año después de publicar el esperado regreso de la mastodóntica banda alemana, con todo lo que implica mover semejante maquinaria, se lanza ahora a publicar un nuevo disco de su proyecto más personal Lindemann, en lo que no deja de ser un curioso movimiento de marketing, ya que precisamente este trabajo se puede ver eclipsado por las exigencias de su banda principal. En cualquier caso no creemos que el bueno de Till le de muchas vueltas a eso, ya que salta a la vista que este proyecto está realizado con desenfado y sin más pretensiones que expresarse y pasar un buen rato al margen de una banda con las enormes presiones y exigencias como ha de ser Rammstein.
Como en la anterior ocasión, el disco Skills In Pills (2015), este nuevo trabajo es un mano a mano entre el propio Till y el músico sueco Peter Tägtgren (Hypocrisy, Pain). Y si en aquella ocasión Lindemann optó por cantar en inglés, lo que ya suponía una notable diferencia con Rammstein, en este trabajo regresa a su lengua materna, el alemán. El cantar en alemán hace que para la mayoría sea más complicado descifrar el contenido de sus textos, pero parece que Till continúa explorando sus obsesiones, especialmente en el plano afectivo y sexual, siempre bajo su ética particular y con su peculiar sentido del humor. Till Lindemann no es que sea precisamente un cantante de recursos ilimitados, y aunque cantando en alemán se le vea bastante más cómodo que cantando en inglés, el tirar por esa opción implica meterse en un estilo vocal demasiado similar al de Rammstein. ¿Será la música entonces lo bastante novedosa para justificar este trabajo? Pongámonos a escucharlo...
El disco se abre con Steh Auf, un tema estupendo, cañero y enormemente pegadizo, que ya se mostró como adelanto hace un par de meses acompañado de un delirante videoclip obra del director Zoran Bihac, cuando entras dentro ya no se te va de la cabeza. Tras este inmejorable comienzo nos llega Ich Weib Es Nicht, otro trallazo rompecuellos cuyo sonido recuerda bastante a lo que Till nos tiene acostumbrados en su banda principal. Y las revoluciones no bajan con el tercero, Allesfresser, que personalmente me parece el mejor tema del álbum: directo, pegadizo, con unas dinámicas y arreglos estupendos y un break que es pura rabia. Estamos ante el tema ideal para poner a todo volumen. A estas alturas de disco uno no puede evitar realizar las morbosas comparaciones con el último trabajo de Rammstein, y si para bien parece que estos temas pueden mirar a la cara a los editados con la banda que le ha llevado al estrellato, también hay una sensación de que son un poco «más de lo mismo». Por suerte el trabajo nos tiene reservadas algunas sorpresas y agradables giros de timón. La primera sorpresa llega con Knebel, una canción acústica con típico sabor a folk irlandés que nos transporta de inmediato a una humeante y oscura taberna a las tantas de la noche. Ojo a la letra porque no tiene desperdicio. Otro tema que nos hace irremediablemente poner cara de incredulidad es Ach So Gern, en el que el bueno de Till se marca ni más ni menos que un tango argentino con mandolinas y todo. En Platz Eins el dúo nos regala un tema electrónico de claros aires darkwave, y en Mathematik tejen una especie de rap extraño, en una versión más pausada e inquietante que la remezcla que salió en diciembre del año pasado y que causó bastante revuelo entre los fans de Lindemann, acusándole los más airados de haberse lanzado al trap.
Llegados a este punto podemos afirmar que estamos ante un trabajo cuanto menos entretenido y variado. No se trata de un disco que destaque especialmente en ningún aspecto, ni pasará a los anales de la historia en modo alguno, ya que aunque resulte muy curioso escuchar a Lindemann desenvolverse en otros géneros los temas en concreto no pasan de ser meramente correctos. El disco también cuenta con una evidente cota de relleno, como la predecible Blur o la pretenciosa Wer Weib Das Schon. Pero aún con todo lo mencionado este nuevo trabajo de Lindemann resulta ligeramente superior a lo ya mostrado en su debut Skills In Pills, y cumple más que de sobra su función de entretener durante tres cuartos de hora. Evidentemente si aprecias el trabajo de Rammstein y los sonidos afines tienes ya bastante camino andado para disfrutar del disco, pero en cualquier caso este F & M merece sin duda unas cuantas escuchas libres de prejuicios.




jueves, 10 de octubre de 2019

WRESTLEMANIA





     Supongo que era la típica aula de escuela secundaria, como tantas otras en tantas otras partes. Nos encerraban ahí por las mañanas y nos hacían asistir a una serie de aburridas e interminables clases.
      A pesar de que llevábamos poco más de una década en este mundo ya se empezaban a formar las distintas personalidades, y podías apreciar los primeros arquetipos: estaba el empollón, el gordito, el tímido, el malo... También estaba ella. Se llamaba Laura.
      No tengo claro qué era, si sus gestos, su sonrisa, su mirada... Quizás fuese su pureza... Sí, podría ser eso: la pureza. Tanto la que irradiaba su ser como la que desprendían mis sentimientos hacia ella. No era como ahora, no estaba la idea del sexo invadiéndolo todo. No estoy seguro, pero es posible que de aquella ni siquiera conociese la masturbación, al menos no en su forma manual e impulsiva, aunque creo que ya entonces me frotaba contra las sábanas y toallas de vez en cuando. Tampoco tenía sobre mis hombros todo el peso de las decepciones y amarguras. En aquellos días todo era puro, y ella simplemente era la chica que más brillaba en toda la clase.
     Me tenía hipnotizado, aprovechaba cualquier ocasión para mirarla de forma furtiva, y si por un casual nuestras miradas se cruzaban me invadía un escalofrío y un nerviosismo que me hacían apartar la mirada de forma inmediata. Era una sensación nueva y extraña en la que se fundían el deseo y el miedo.
     A veces en los cambios de clase se iba la profesora unos minutos y aquello se desmadraba, nos poníamos a gritar y lanzarnos bolas de papel unos a otros. Como ya he apuntado había un tipejo por ahí, el malo de la clase. Era bastante más corpulento que los demás, y aprovechaba esa cualidad para intimidar. Yo por regla general pasaba desapercibido y me dejaba en paz, pero tenía amargado a otro chavalillo de clase, un pobre chico delgado y poco agraciado, de carácter tímido y asustadizo, que llevaba un peinado a la taza y unas gruesas gafas sobresaliendo de su rostro que solían ser motivo de burla. El malo como siempre la emprendió con él.
     -Gafotas de mierda. Tu madre huele a culo, igual que tú.
     Era curiosa esa afirmación por parte del malo, ya que precisamente una de sus características era que, absolutamente todos los días del año, vestía un jersey de lana color tierra que desprendía un olor a sudor rancio bastante profundo. Pero claro, a ver quién era el listo que se lo decía...
     -Déjame por favor.
     -Déjame por favor -dijo el malo con tono de burla-. Eres más tonto que las piedras.
     Entonces le soltó una colleja con bastante fuerza que hizo que el pobre chaval golpease con la cabeza el pupitre. La mayor parte de la clase explotó en carcajadas, unos pocos permanecimos en silencio. El chico levantó la cabeza lentamente e inspeccionó sus gafas con ojos llorosos, una de las patillas se había desprendido de la montura.
     -Me has roto las gafas, se lo voy a decir a la profe.
     El malo dejó de reír y agarró al chico por el cuello con un movimiento rápido y brutal. Las risas de los demás también cesaron.
     -Tú no vas a decir nada atontao -gruñó mirando fijamente al chaval-. ¿Me oyes? Como te chives te vas a enterar.
     El chico, con la cara desencajada, no contestó. Tampoco hacía amago de defenderse, aceptaba completamente su destino, su lugar en esta historia.
     Por mi parte he de decir que nunca me he considerado un justiciero, así que no sé muy bien explicar ese repentino impulso. El caso es que, en mitad del silencio reinante, me levanté y encaré al tipejo.
     -Eh tú, déjale ya en paz.
     -¿Como dices? -preguntó el capullo con cara de incredulidad- Nadie te ha pedido tu opinión.
     -Eres un imbécil -dije balbuceando-, y ese jersey que llevas huele a mierda.
     Se escucharon un par de tímidas carcajadas a lo lejos, pero la mayor parte de la clase permanecía en un silencio sepulcral, en un estado de tensa expectativa, sin creer lo que estaban viendo. La cara del malote se puso roja de furia mientras me clavaba una mirada de odio como nunca había visto, parece ser que mi comentario había acertado en toda la diana de su orgullo. Soltó al chico de las gafas y vino hacia mí como un búfalo furioso. Levanté ligeramente los brazos a modo de escudo, pero el chico me sacaba veinte cabezas y doscientos kilos, así que no pude hacer nada cuando me rodeó con su enorme brazo. Ahora mi cabeza estaba a la altura de su sobaco, y os puedo asegurar que el hedor allí era inenarrable. La clase, excitada, prorrumpió en gritos de toda índole. Supe de inmediato que era mi fin, pero justo cuando iba a golpearme en la cabeza se abrió la puerta y apareció la profesora.
     -¿Qué está pasando aquí? Todos a vuestros sitios.
     Todos en clase obedecieron y regresaron a sus pupitres rápidamente. El gorila aflojó la llave de presa, pero antes de regresar a su silla se agachó y susurró en mi oído.
     -Te espero a la salida en el foso. Como no aparezcas te vas a enterar.
     Volvió a su asiento y yo al mío. Recuerdo que caminaba en trance, como en una nube, y así permanecí el resto de la mañana, aguardando mi hora en mitad de un extraño limbo. Hubo un momento en que me giré y observé a Laura, me dedicó una bonita sonrisa.
     Cuando llegó la hora fatídica retrasé lo más posible mi salida del aula, me habría quedado ahí si me hubiesen dejado. Pensé en irme a casa corriendo, pero si lo hacía seguramente al día siguiente fuese peor, era una situación de la que no podía huir en modo alguno. Acepté mi destino y me encaminé hacia el foso.
     El foso era un pequeño recinto con arena que estaba al fondo del patio, detrás de las canchas de baloncesto. Caminé hacia allí cabizbajo, como un animal rumbo al matadero. Se había corrido la voz como la pólvora en el colegio y todo el mundo acudía al foso para presenciar la pelea. Yo por mi parte seguía en mi nubecilla, ajeno al tumulto y las muestras de apoyo. A mi lado iba uno de mis amiguetes de clase, en plan entrenador de boxeo, aunque sus palabras no resultaban demasiado inspiradoras.
     -Te va a destrozar -dijo el cabrón.
     -Sí, ya lo sé.
     En medio de mi resignación fatalista tuve un momento de revelación. Puede que tuviese una oportunidad, solo tenía que idear un plan. Veía bastante lucha libre por la tele, y también era muy bueno en los video juegos de lucha, especialmente en el Mortal Kombat. Me sabía los movimientos de los personajes de memoria y, aunque yo no poseía los poderes del rayo o el hielo, quizás esos conocimientos me fuesen de utilidad. Había un movimiento en concreto, el barrido bajo, que podría utilizar. Se trataba de agacharse y barrer el suelo de forma circular con la pierna, si con eso conseguía desestabilizar a mi rival y conseguir que su cabeza quedase a la altura de mi pecho podría agarrar ese cabezón infecto y aplicarle un DDT, el movimiento final de uno de mis wrestlers favoritos: Jake «The Snake» Roberts. Lo había visto cientos de veces por la tele y era un movimiento fatal, del que ningún rival, fuese cual fuese su envergadura, podría librarse. Ahí estaba mi oportunidad.
     Memoricé la técnica y, renovado por el rayo de esperanza, llegué al foso, donde tanto el malo como una pequeña y vociferante multitud me estaban esperando.
     Ahí estábamos, frente a frente. Era David contra Goliath. Tenía mi plan grabado a fuego en la mente, no podía permitirme fallar. Esperaría a que viniese y aprovecharía su impulso para desestabilizarlo con el barrido bajo, luego el DDT y a saborear las mieles del éxito. No era difícil, solo requería concentración y movimientos rápidos.
     Como había previsto el enemigo corrió a mi encuentro, seguro de la superioridad que le confería su tamaño, su excesiva confianza sería su error. Esperé el momento adecuado y, casi cuando estuvo a mi altura, divisé el hueco. Me agaché y ejecuté el barrido bajo. Mi golpe con la pierna ni siquiera lo inmutó y en cambió consiguió que yo cayese hacia atrás. Entonces me agarró del cuello con su enorme mano para levantarme y me soltó un puñetazo en toda la cara. Los ojos se me llenaron de lágrimas mientras notaba el sabor de la sangre en los labios. El plan había fallado. Agarró mi cuerpo, poco más que un pelele en sus manos, lo elevó sobre su cabeza y ejecutó un suplex perfecto, por lo visto él también veía la lucha libre por las mañanas. Mi espalda se arqueó por el impacto contra el duro suelo. Indefenso y panza arriba recibí una patada en el estómago que me sacó todo el aire del cuerpo.
     -No eres más que un mierda -dijo el malo mofándose.
     Me dio la vuelta y se agachó sobre mi, colocando su rodilla sobre mi espalda. El dolor era tremendo. Me agarró del pelo y hundió mi cara en la arena.
     -Come tierra payaso, que estás muy delgado.
     La tierra se me metió en la boca, la nariz y los ojos. Resoplaba intentando coger aire, pero solo conseguía empeorar la situación. Escuchaba los vítores de la gente. ¿Es que nadie iba a frenar esta matanza?
     -¿Qué diablos está pasando aquí? ¡Ya está bien!
     Era la voz de Tomás, el profesor de educación física. Agarró al malo de clase por la espalda y lo arrancó de mi cuerpo.
     -Siempre tienes que ser tú, ¿verdad? Anda tira, vamos a llamar a tus padres.
     -Pero profe, empezó él.
     -Que tires te he dicho.
     Lo agarró del brazo y se lo llevó de ahí. Mi colega junto con otro par de compinches corrieron hacia mi cuerpo inerte, que continuaba boca abajo hundido en la arena. Me agarraron de los hombros y me levantaron. Me dolía todo el cuerpo, casi no podía moverme, y ante mí solo veía una mancha borrosa mientras mi boca masticaba una mezcla de sangre y tierra. Me froté los ojos intentando ver algo. Lo primero que pude distinguir fue la cara de Laura. Estaba frente a mí, observándome con gesto preocupado.
     -¿Estás bien? -dijo clavando sus ojos en los míos.
     -No es nada -balbuceé.
     -Odio a ese chico, ye era hora de que alguien le dijese algo.
     Tras decir eso puso sus manos a ambos lados de mi cara arenosa y enrojecida, y sonrió. Yo no sabía qué decir, quería decirle tantas cosas... pero me quedé sin habla, sus manos eran tan suaves y cálidas...
     -Venga tío, vamos al baño a lavarte la cara -dijo mi colega mientras me enderezaban del todo y me ponían en movimiento. Me arrastraron rumbo a los baños mientras la gente se dispersaba. Laura se quedó de pie en el foso, giré la cabeza para volver a verla. Me miraba mientras me alejaba, y seguía sonriendo.
     -Ey, te ha acariciado la cara, y te ha sonreído -observó mi colega.
     -Sí, ha valido la pena -dije yo escupiendo tierra.

     Poco después de ese incidente mi familia tuvo problemas económicos y tuvimos que mudarnos nuevamente de domicilio. Yo cambié de colegio una vez más. No volví a ver nunca a esa gente.


   


Extracto de la novela Los Cuadernos Negros, de Carlos Salcedo Odklas. Próximamente.

Si quieres leer un poco más sigue los siguientes enlaces:

Los Cuadernos Negros. Arranque de la novela: 
http://odklas.blogspot.com/2015/05/los-cuadernos-negros-arranque.html

Los Cuadernos Negros. Extractos:
http://odklas.blogspot.com/2017/05/los-cuadernos-negros-extractos.html

Los Cuadernos Negros. Capítulo 59: La historia de Javier.
http://odklas.blogspot.com/2019/02/los-cuadernos-negros-capitulo-59-la.html

martes, 10 de septiembre de 2019

CRÍTICA: KORN - THE NOTHING (2019)





El final del verano llega con otro de los lanzamientos más esperados del año por parte de una banda legendaria, Korn, cuyo The Nothing supone el treceavo trabajo dentro de su discografía en estudio.
La banda californiana lleva dando guerra desde principios de los noventa. Creadores de todo un nuevo género musical, el nu metal, y con una carrera que, a pesar de sus altibajos, no se puede calificar de conformista. La banda nunca ha perdido las ganas de publicar material nuevo, y tampoco han tenido miedo de explorar nuevos horizontes, a pesar de los estrechos límites que les marca su género. Así lo hicieron, por ejemplo, lanzándose hacia la electrónica en The Path of Totality (2011), reinventando sus grandes éxitos en MTV Unplugged (2007) o intentando recuperar su primigenia crudeza en III – Remember Who You Are (2010). Por supuesto no siempre les ha salido bien la jugada, pero hay que admirar y respetar esas ganas de seguir haciendo música e intentar que esta resulte interesante y novedosa, ya que bien podrían hacer como otras grandes bandas y dedicarse a vivir de las rentas y sacar un disco cada década...
Hay que ser justos con Korn, poco tienen ya que demostrar, y a estas alturas de la película tampoco les podemos exigir que vuelvan a inventar la rueda. A la hora de revisar su nuevo disco nos fijaremos en si está a la altura de la banda y si incluye buenos temas. ¿Será el caso? Veamos...
La intro con la que abren este nuevo trabajo, titulada The End Begins, ya nos deja bastante claro por donde irán los tiros. Con el sonido de la entrañable gaita de Jonathan Davis, junto a sus característicos lamentos marca de la casa, se nos da la bienvenida de forma conocida y familiar, dando a entender que estamos ante los Korn de siempre, lo que al fin y al cabo demandan la mayoría de sus seguidores.
La banda ha querido con The Nothing crear un disco directo, con poca experimentación e inventos, recogiendo toda la experiencia de sus trabajos anteriores para componer un puñado de buenas canciones. Y sin duda hay momentos notables en el disco, como por ejemplo You'll Never Find Me o The Darkness is Revealing, que cuentan con un sonido potente, directo y retorcido, que nos trae ciertos ecos de los lejanos Life is Peachy (1996) y Follow The Leader (1998), dos de sus discos clave. También alcanzan un muy buen nivel en Idiosyncrasy, con un potente riff cromático de guitarra y unas dinámicas deliciosas que lo convierten quizás en el mejor tema del disco. Finally Free por su parte es la sorpresa del álbum, con un claro coqueteo hacia sonidos de tipo jazz y chill. Sin duda horrorizará a algunos, pero personalmente me ha resultado un tema bastante interesante. Con Hard3r recuperan de nuevo la retorcida agresividad que tanto nos gusta, con guitarras y arreglos de voz inquietantes e inspirados y una producción asombrosa, otro tema muy destacable.
Por desgracia no todo el disco se encuentra al mismo nivel y el resto de temas, a pesar de tener algunos momentos puntuales destacables, pasan bastante desapercibidos. Es una lástima porque como decimos hay buenas ideas en ellos, pero se aprecian claros fallos de composición. En algunos temas intentan meter demasiadas ideas atropelladas en pocos minutos, lo que resulta aturdidor y les resta carácter. ¿Dónde quedó la directa sencillez de temas como Here to Stay o Blind? La banda debería ser consciente de que dentro de su estilo muchas veces menos es más, y querer dar tantos giros radicales en canciones de apenas tres minutos crea una sensación de deriva y saturación, y por tanto no terminan de atrapar al oyente. Otro fallo grave de composición es que, aún metiendo tantas ideas y partes distintas, lo hacen siguiendo un patrón bastante fijo y repetitivo (riff pesado de guitarra, giro a parte lenta y melódica, medio tiempo extraño, vuelta al riff etc etc...). Con esta constante lo que logran es hacer a los temas indistinguibles unos de otros y en su mayor parte olvidables. Y esto es una pena, porque hay muy buen material por ahí que cosido de otra forma ganaría muchos puntos.
En definitiva estamos ante un disco muy disfrutable, con toda la banda en plena forma y un sonido fabuloso. Por desgracia los fallos apuntados en el área compositiva lastran bastante un trabajo que podría haber destacado en lo alto de su discografía pero que acaba quedando a mitad de tabla. Una lástima. No obstante gustará a los fans, gana con las escuchas, no se hace pesado debido a su ajustada duración y lo recomendamos totalmente si tienes mono del peculiar sonido de la banda de Bakersfield.


Este texto se escribió originalmente para la web musical Diablorock:




lunes, 5 de agosto de 2019

CATALIZADOR ARTIFICIAL






Nada parecía distinto el día que se produjo el hallazgo. En lo alto el purpúreo cielo radioactivo y su constante agitación, condensándose y expandiéndose en caóticas formas, arrojando la fina lluvia de cristales al son de las descargas de corriente arqueadas que iluminaban como flashes el eclipsado horizonte. Abajo la desolación. Fría y perfecta. La quietud y sosiego provenientes de la ausencia de toda vida. Una armonía que solo era débilmente perturbada por las maniobras de las enormes máquinas de ingeniería y perforación, que realizaban su labor de manera impasible y constante. Allí, a una profundidad mayor que la de cualquier abismo conocido, aparecieron las formas, como escupidas con desdén por la roca constantemente violada. Los sensores se activaron inmediatamente ante la extraña presencia, exigiendo una inspección detallada del material. El modelo SC05 se aproximó a las coordenadas y recogió uno de los objetos. Su aspecto asemejaba la porosidad de las rocas, y sus niveles de radiación eran superiores a lo normal. A través de los sensores incorporados en su mecanismo pudo analizar de forma inmediata su composición: fosfato, carbonato de calcio, hidróxido de magnesio y sulfatos. Activó entonces sus sensores visuales para tener una referencia de la forma del objeto que cotejó en su amplia base de datos. Mediante complejos logaritmos su sistema operativo buscó respuestas. En este caso la hipótesis más inusual parecía ser la más certera. No mostró emoción alguna, ya que las emociones habían sido erradicadas muchas edades atrás y ya ni siquiera eran un débil rumor, pero fue consciente de manera inmediata, y a su vez la totalidad de la consciencia colectiva a la que estaba conectado, de las implicaciones del hallazgo. Los hacedores habían existido, y toda la fría perfección de un mundo que daba por supuesto estaba a punto de desmoronarse.



Texto (en inglés) publicado originalmente en la funda del disco Artificial Catalyst de Lars Huismann. Puedes comprar una copia del disco en el siguiente enlace:
https://metaphorrecords.bandcamp.com/album/artificial-catalyst


sábado, 8 de junio de 2019

CRÍTICA: POSSESSED - REVELATIONS OF OBLIVION (2019)





No hay duda que el metal extremo está viviendo unos grandes años. La escena, aún manteniendo su espíritu underground, está totalmente viva, tanto en nuevas e interesantes bandas como en veteranas formaciones de culto que regresan para reivindicar su legado, ya sea por medio de giras conmemorativas (Vomitory), o incluso atreviéndose a publicar material nuevo (Pestilence), consiguiendo lo más importante: ganar nuevos adeptos entre un público joven y fiel.
Los norteamericanos Possessed son un clarísimo ejemplo de banda de culto. Formados en San Francisco en 1983, en plena eclosión del movimiento thrash metal, nunca consiguieron la relevancia de otros compañeros de género y ciudad, pero su particular visión del estilo, plasmada en los clásicos Seven Churches (1985) y Beyond the Gates (1986), supuso toda una revelación para formaciones posteriores, no siendo pocas las voces que los coronan como una de las bandas fundadoras del estilo más adelante conocido como death metal. Tuvieron una carrera con bastantes altibajos y sin llegar nunca al gran público, hasta su disolución definitiva en el año 1989.
Su regreso se produjo en 2007, un regreso un tanto engañoso, ya que de la formación original solo permanecía su legendario cantante, Jeff Becerra, desgraciadamente postrado en silla de ruedas tras un disparo fatal sufrido durante un robo. Esta nueva etapa de la banda se había circunscrito únicamente a las actuaciones en directo. Hasta ahora, cuando el bueno de Jeff se ha decido por fin a componer y editar un nuevo disco, que supone el primer trabajo en estudio de la banda en nada menos que 33 años (para que luego nos quejemos de la tardanza compositiva de gente como Metallica o Rammstein).
Editar un disco tras tanto tiempo es sin duda un movimiento muy arriesgado, ya que es tremendamente difícil, por no decir imposible, satisfacer las altas expectativas, así como luchar contra la nostalgia de los fans que, sin duda, tienen sus dos anteriores obras en un pedestal, especialmente Seven Churchs, que está considerado unánimemente como uno de los mejores trabajos del género. No obstante se agradece que asuman el riesgo, reivindiquen su nueva encarnación y no se limiten a estirar el chicle y vivir únicamente de las rentas.
Entrando en harina podemos afirmar que estamos ante un disco bastante competente y disfrutable aunque, como era de esperar, se encuentra unos cuantos peldaños por debajo de Seven Churchs y Beyond the Gates. Tanto en producción como en composición Possessed han intentado darle un toque moderno a su nuevo disco, optando más por la frescura que por el refrito, algo bastante loable cuando está claro que la salida fácil hubiese sido tirar de nostalgia. Eso tampoco significa que hayan dado un giro de timón a su propuesta, para nada, seguimos ante unos trallazos de puro thrash/death directo, contundente y sin demasiadas complicaciones, pero que como apuntamos suena actual y no como un intento de recuperar el espíritu ochentero.
Jeff Becerra se encuentra en un gran estado de forma, algo esencial ya que sin duda su trabajo supone el pilar del álbum y el elemento que va a ser analizado con mayor profundidad por los fans. Afirmamos que su aportación no decepcionará a nadie, sacando de su garganta toda la fuerza y carácter que cabría esperar. Otro que está tremendo en su puesto es el batería Emilio Marquez, que ofrece un tremendo despliegue de energía y recursos para que no puedas parar de cabecear durante la totalidad del disco. La banda en general suena fuerte, profesional y firme, y da ni más ni menos que lo esperado: un puñado de temas agresivos y sin pretensiones enfocados a la pura descarga de adrenalina y violencia. Podemos destacar Shadowcult, Damned, Omen o No More Room in Hell, plagados de riffs, solos, fills de batería y todos los elementos exigibles a un trabajo de este tipo.
Como único punto negativo podríamos apuntar a la duración del álbum. Casi una hora de música, repartida en 12 temas, lo que implica que se puede hacer algo largo, más teniendo en cuenta que todos los temas siguen una dirección bastante definida y algo monótona. Opino que con dos o tres temas menos resultaría más directo y compacto, aunque por supuesto habrá seguidores que tras tan larguísima espera incluso hubieran querido un par de temas más.
En cualquier caso estamos ante un regreso bastante digno de una banda mítica, un trabajo respetuoso con su legado y que a la vez intenta sonar fresco. No revolucionará el género (ni lo pretende) pero resulta ideal para darle al play al máximo volumen y olvidarse de todo durante una horita.



Este texto se escribió originalmente para la web musical Diablorock: https://diablorock.com/2019/06/06/critica-possessed-revelations-of-oblivion-2019/