Masaccio: Adán y Eva expulsados del Paraíso.

jueves, 20 de septiembre de 2018

ALEISTER CROWLEY Y LA FILOSOFÍA DE THELEMA EN EL ROCK Y EL METAL





     Por algún tipo de extraña sincronicidad estamos viendo un repentino auge de la cultura de Thelema estos últimos meses. La prestigiosa cadena de televisión CBS ha estrenado recientemente una serie titulada Strange Angel, un recomendable biopic que versa sobre la vida y milagros de Jack Parsons, pionero de la ingeniería espacial y reputado Thelemita. Asimismo la editorial madrileña La Felguera, que hace un par de años sacó a la calle una cuidada reedición de El libro de la ley de Aleister Crowley, prosigue con su labor de expansión de las ideas thelemicas, editando hace unos días los diarios mágicos de Leah Hirsig, una de las principales mujeres escarlata de Crowley. Toda una golosina orientada a los completistas de esta curiosa corriente de pensamiento.
Por eso nos ha parecido una buena idea aportar nuestro granito de arena a la causa y llevar el tema a nuestro terreno. Para ello confeccionamos este artículo, que puede servir de breve introducción para aquellos que sientan curiosidad por este culto. Por supuesto somos conscientes de hallarnos ante un tema fascinante y muy complejo, en el que no pretendemos ahondar demasiado, por lo que solo daremos unas breves pinceladas a partir de las cuales el lector pueda seguir investigando por su cuenta si así lo estima.
Sabiendo que muchos de nuestros lectores se encontrarán ante un campo totalmente desconocido comenzaremos por lo básico: ¿qué es Thelema?
Etimológicamente Thelema viene del griego y significa Voluntad, y fue la palabra elegida por el prestigioso ocultista inglés Aleister Crowley para nombrar una nueva religión de creación propia, que aúna toda una serie de pensamientos de carácter místico, filosófico y religioso, así como un complejo ceremonial basado en las artes mágicas y el ocultismo.
El nombre de Crowley seguramente sí os sonará, y es donde podemos hacer la más evidente de nuestras conexiones, utilizando para ello al artista tótem de esta web, el gran Ozzy Osbourne, que dedicó al mago ingles uno de los temas más memorables de su discografía:





Edward Alexander Crowley nació en Inglaterra a finales del siglo 19. Tuvo la suerte de heredar una pequeña fortuna siendo muy joven, por lo que pudo dedicarse a viajar y hacer lo que quería con su tiempo, empleándolo para explorar el mundo y a través de ello su mente. Fue un reputadísimo escalador, consiguiendo conquistar algunas inexpugnables cumbres en los albores del alpinismo. Ya desde ese momento comienzan las historias escabrosas en torno a su persona, con un episodio muy turbio acaecido en una expedición para coronar el Kanchenjunga, la tercera montaña más alta del mundo. Agotados y ante las enormes dificultades que presenta la montaña la expedición decide retirarse, ante la negativa de Crowley, que los maldice y continúa su ascenso en solitario. La maldición surte efecto, provocando una avalancha que sepulta a los que deciden retirarse, ante la indiferencia de Crowley, que hace oídos sordos a los gritos de auxilio y agonía de sus compañeros. La aventura se salda con varios muertos.
Crowley, en sus continuos viajes, estudia y cultiva la magia y el ocultismo, fascinado e influido por figuras como Eliphas Levi (de quien afirma ser una reencarnación) o John Dee. Escribe decenas de libros, ingresa o funda logias como la O.T.O o la A. A. y acumula un saber y experiencia que hacen de él uno de los ocultistas más célebres de todos los tiempos. La de Crowley es una vida fascinante en la que vale la pena ahondar, si te interesa hay abundante material biográfico por las redes y en las librerías. Desde aquí recomendamos la biografía escrita por Martin Booth titulada Su satánica majestad Aleister Crowley.

 


Aleister Crowley relajándose en un lago en su etapa de escalador.


Para los simpatizantes Thelema es una religión. Las religiones tienen sus pilares en los llamados textos revelados, que es como se conoce a los textos escritos por hombres pero dictados por la divinidad. De esta forma los seguidores del cristianismo se apoyan en La Biblia, un compendio de libros (τὰ βιβλία = los libros), aparentemente legados por el mismo Dios. Thelema, por su parte, también cuenta con un texto sagrado en el que se apoya toda la creencia, este es El libro de la ley, escrito por Crowley, pero dictado por una entidad preternatural llamada Aiwass.
Como hemos dicho Crowley exploró profundamente los caminos de la magia, y aquí no estamos hablando de hacer la ouija con los colegas de risas (algo que nunca debería hacerse), sino de rituales extremadamente complejos, de metodología exacta y velada, encaminados a ponerle en contacto con todo tipo de entidades desencarnadas. Uno de sus rituales más comentados fue el que realizó en la mansión de Boleskine House. En esta casa, situada en el Lago Ness, Crowley se preparó para la realización de la peligrosa invocación del libro de Abramelín, destinada a contactar con los señores de la oscuridad. Crowley falló estrepitosamente, cometiendo la terrible imprudencia de dejar el ritual a medias, desencadenando con ello todo tipo de males para la zona así como para su persona. De hecho hay voces que proclaman que el famoso Monstruo del Lago Ness no es más que una entidad maligna liberada por la imprudencia de Crowley, como si se tratase de una de las abominaciones presentes en los textos de Lovecraft (De hecho Lovecraft también estaba muy familiarizado con el ocultismo, sus textos influyeron en la Orden Tifoniana y la conexión Crowley/Lovecraft ha sido ampliamente explorada por el escritor Kenneth Grant). El fracaso en la invocación dio lugar a todo tipo de sucesos extraños en la zona y dejaron marcada para siempre a la mansión de Boleskine House. (Una interesante revisión moderna y ficticia de este mito se explora en la película A Dark Song del director Liam Gavin, de interesante visionado). Toda esta carga simbólica atrajo, años después, a Jimmy Page, guitarrista de Led Zeppelin y fanático de Crowley, que compró la mansión y se dedicó a realizar sus propios rituales mágicos en su interior, marcando el porvenir de la música, textos y carrera de la famosa banda. La celebre mansión ardió misteriosamente hace unos años.


Jimmy Page a la entrada de la mansión Boleskyne House.


Otro de sus rituales célebres fue el que realizó junto a su colega Victor Neuburg en Argelia, donde fueron atacados por Choronzón, el Guardián del Abismo, uno de los seres más caóticos y terroríficos al otro lado de la realidad. En esta ocasión el bueno de Crowley y su amigo salvaron el pellejo de puro milagro. Por cierto, la bestia Choronzón da nombre a una de las obras maestras del Black/Death Progresivo, el disco del 2003 de los imprescindibles Akercocke.


Pero sin duda el ritual más relevante fue el que realizó en El Cairo junto a su esposa y mujer escarlata Rose. Tras invocar a Horus estableció contacto con Aiwass, que se manifestó como una voz profunda y solemne que le dicto, en el transcurso de tres días, El Libro de la Ley, donde se anuncia la ley de Thelema y se vaticina la llegada del Eón de Horus. El libro de la ley no es un texto muy largo, poco más de 20 páginas, no obstante goza de una enorme profundidad y, más allá de su supuesto carácter místico, es recomendable aún como un ejercicio de mero disfrute literario. Con este texto Crowley ya tenía la pieza que faltaba para coagular todo su bagaje esotérico y dar forma a algo más grande, a una religión, la religión de Thelema, y de paso servir de inspiración para otro de los álbumes capitales del Black/Death, la obra del año 2000 de los polacos Behemoth.




La ley de Thelema se resume en un par de famosas frases extraídas del libro de la ley y son las que rigen el rumbo de los Thelemitas. Estas frases, muchas veces citadas pero no siempre comprendidas son: «Haz tu voluntad será toda la ley» y «El amor es la ley, el amor bajo la voluntad». Por supuesto, tanto para los neófitos como para los buscadores de polémica, esto ha abierto la puerta a una interpretación totalmente errónea, convirtiéndolo en una especie de mantra anárquico «No hay leyes, puedo hacer lo que me de la gana, ¡alegría! ¡Sodoma y Gomorra!». Por supuesto esta no es la interpretación de la ley de Thelema. Hacer tu voluntad no es hacer lo que te de la gana, sino hacer aquello que estás destinado a hacer. Conocer y explorar el verdadero sentido de tu existencia, el motivo por el que el universo ha hecho que estés aquí, porque estás aquí por algo, para algo. Ahora bien, para que tu verdadera voluntad se revele necesitarás pasar por los escarpados caminos del auto conocimiento, y para ello no hay restricciones al respecto de buscar experiencias, incluyendo el uso de drogas recreativas o magia sexual, así como deshacerse de restricciones auto impuestas por la sociedad o las religiones anteriores (especialmente el cristianismo), y esto es algo que escandalizó (y continúa haciéndolo) a las sociedades bienpensantes. Para romper una lanza en favor de Crowley y Thelema y deshacer malentendidos hay que apuntar que la ley no aboga por el mal en modo alguno, la voluntad individual no debe interferir ni perjudicar a la voluntad de los demás, y debe dirigirse como un medio para conseguir un progreso de la humanidad en su camino hacia la divinidad.
«Cada hombre y cada mujer es una estrella» (El libro de la Ley, I:3).




No es este el lugar para disertar sobre la veracidad del escrito de Crowley ni sobre las implicaciones de la puesta en práctica de su doctrina, pero por lo dicho hasta ahora cualquiera puede adivinar que el tema ha sido una constante fuente de inspiración para todo tipo de artistas.
En los 60 fue adoptado por la cultura del flower power, que vio interesantes muchas de sus ideas vitales y misticismo. Sin ir más lejos la abadía de Thelema, experimento social (fallido) llevado a cabo por Crowley en Sicilia en 1920, fue la precursora de las comunas hippies. En el apartado musical es bien sabido que Crowley forma parte del extraño panteón que figura como portada del Sgt. Pepper Lonely Harts Club Band de Los Beatles que, con la varita mágica de su enorme relevancia, parecieran intentar rescatar una figura sumida en las sombras y aparentemente destinada al olvido. Otras bandas reclaman su influencia en mayor o menor grado, como The Rolling Stones, los ya mencionados Led Zepelling, The Doors o David Bowie. Con la llegada y auge del heavy metal en los 80 es nombrado por multitud de artistas, como Bruce Dickinson, cantante de Iron Maiden y admirador del mago, que incluso llegó a firmar el guión de la película Chemical Wedding, un film de terror bizarro bastante malo en el que el protagonista es poseído por el espíritu de Crowley.





Las historias de oscuras sectas, depravados actos sexuales, invocaciones demoníacas, así como mensajes egoístas y anticristianos (todo ello relacionado con Crowley) han sido explotados hasta la saciedad por las corrientes del metal extremo, como el Black Metal y el Death Metal. Por lo que la figura misteriosa de Crowley, así como las historias de todo tipo que circulan sobre su figura, han alimentado la mente de infinidad de compositores de estos estilos, que han hecho uso y abuso de toda su imaginería, a veces con conocimiento de causa, y a veces de forma totalmente cliché, rozando la parodia. Una de las torpezas más comunes es relacionar Thelema con ateísmo cuando, de hecho, el panteón de Thelema es amplio, rindiendo culto principalmente a dioses de carácter egipcio. En cualquier caso, buscando palabras clave como Crowley, Thelema o Aiwass encontraréis centenares de referencias en títulos de temas, discos o nombres de bandas. Hacer una lista sería agotador, pero sirve como prueba de la enorme influencia de estas ideas dentro del metal extremo, algo lógico por otra parte teniendo en cuenta las afinidades temáticas y filosóficas en las que se mueven dichas corrientes.





En el ocultismo siempre han tenido un gran peso los símbolos, y no podemos dejar de hacer referencia al símbolo de Thelema que, además, es la manera más sencilla de identificar a los seguidores de esta corriente. Aparece en el libro de Crowley Magia(k). En teoría y práctica, y es una variación del clásico hexagrama unicursal, un antiguo símbolo mágico ocultista que Crowley modificó ligeramente. Si prestas atención verás este símbolo en los lugares más dispares, lo que en principio indica afinidad por Crowley y Thelema. Evidentemente el grado de implicación y conocimiento del tema de quienes puedan lucir este símbolo no nos son accesibles sin conocer a la persona y el símbolo de Thelema, al igual que la mayoría de símbolos, son algo totalmente al alcance de la mano, por lo que pueden ser usados de forma cosmética, por su iconografía pop y contracultural, o de forma meramente decorativa. Te dejamos unos ejemplos cogidos al azar.
El símbolo de Thelema, perfectamente visible, en el local de ensayo de la banda americana Tool. Maynard ha hablado muchas veces sobre Crowley y es un tema presente en sus textos.



El símbolo de Thelema visible en el clavijero de la guitarra de Brent Hinds (Mastodon)



El símbolo de Thelema, adoptado como logo por la banda Bring me the Horizon.



Behemoth en directo. El simbolo de Thelema en el pie de micro.

La filosofía de Thelema, con su mensaje de búsqueda y superación personal, alejada de convencionalismos y de marcado carácter contracultural, ha sido abrazada por infinidad de artistas, y las historias de y sobre Aleister Crowley, incluso las más disparatadas y exageradas, han servido como inspiración para multitud de obras. Es fácil imaginar por qué, tanto si se ha asimilado profundamente el mensaje como si simplemente se busca inspiración para historias poco comunes.
Ahora que hemos arañado la superficie si te interesa ahondar en el tema tienes un vasto y variado material por delante y todo un mundo por explorar. Esperamos que esta lectura, al menos, haya alimentado un poco tu imaginación. La magia, al fin y al cabo, es eso.
93 93/93.



Este texto se escribió como colaboración para la web musical Diablorock:

martes, 11 de septiembre de 2018

CRÍTICA: SOY OZZY. LAS MEMORIAS DE OZZY OSBOURNE.



Por fin se reedita en nuestro país el volumen de memorias de uno de nuestros artistas fetiche, el incombustible (a pesar del elevado nivel de alcohol en sangre) Ozzy Osbourne, el mismísimo príncipe de las tinieblas.
Este libro ya fue editado hace siete años por la editorial Global Rhythm Press, que en su día tomó la cuestionable decisión de añadirle el título Confieso que he bebido, jugando al chiste fácil con el título de las memorias del escritor Pablo Neruda. Dicha edición se agotó hace tiempo, y la única posibilidad de conseguir el libro era buscando en el mercado de segunda mano, encontrándote a veces ante precios completamente abusivos. Por suerte para los fans los veteranos editores de Es Pop ediciones, que en su estupendo catálogo cuentan con otras imprescindibles memorias rockeras como las de Lemmy, Motley Crue o Slash, han acudido al rescate poniendo nuevamente el libro en la calle, conservando la estupenda traducción de Pablo Álvarez y manteniendo esta vez inalterado el sencillo título de Soy Ozzy. Las memorias de Ozzy Osbourne.
Detalles editoriales aparte nos encontramos, como no podía ser de otra forma, ante todo un clásico de la literatura rockera. Un libro de compra obligada tanto para fans de Ozzy como de Black Sabbath, pero que también disfrutarán los aficionados tanto de la música como de las biografías.
Si hay unas palabras que han acompañado a Ozzy Osbourne en la totalidad de su dilatada carrera estas han sido locura y excesos. No hace falta ser un experto en el personaje para que enseguida te venga a la mente la imagen de un Ozzy psicótico totalmente fuera de control arrancando la cabeza de una paloma de un mordisco, o la estampa de su majestad satánica en bata, balbuceando y peleándose con el mando a distancia de la tele en mitad de su mansión en algún capítulo de The Osbournes. Dichas imágenes pertenecen ya al imaginario colectivo del rock y representan a un tipo que sin duda es una leyenda de la música por méritos propios. Por lo tanto es fácil adivinar que la historia de su vida tiene que ser, cuanto menos, movidita.
En este grueso volumen nos encontramos ante el increíble relato de cómo el tipo más zumbado, idiota y borracho del pueblo consigue llegar a la cima del éxito en la industria musical, siendo considerado uno de los padres de un nuevo y exitoso género conocido como heavy metal, realizando extensas giras mundiales, grabando discos legendarios y amasando una fortuna. Y todo ello estando pedo las 24 horas del día, cometiendo cagada tras cagada, esquivando a la muerte en varias ocasiones y sin tener en realidad ni idea de cómo ha conseguido llegar a donde está. Curiosa historia, ¿verdad?
El bueno de Ozzy Osbourne, con la ayuda del escritor y periodista Chris Ayres, consigue dar a luz un texto dinámico y muy divertido, un libro en el que no se esconde lo más mínimo ni pretende quedar bien, sino todo lo contrario, con pasajes de un patetismo extremo donde Ozzy sin duda queda a la altura del fango (episodios de violencia machista y maltrato a animales incluidos), pero que a pesar de todo hacen que simpatices totalmente con el personaje, un mero bufón que solo busca divertirse y buscarse la vida esquivando sus inseguridades, y que se vuelve entrañable mientras alucinas con cada una de sus locuras, cada vez más extremas, consiguiendo que te alegres cuando, a pesar de todo, el cabrón siempre acaba cayendo de pie.
La lectura resulta ágil en todo momento y entretenida al máximo. Escrito a modo confesional la sensación que te embarga ante el libro es la de que el propio Ozzy, con sus gafas de sol y una taza de te en la mano, es el que te está contando la historia sentado en el sofá de al lado, de una forma totalmente cercana y desenfadada. Ozzy dice que siempre le ha gustado entretener a la gente, y que la única forma que ha encontrado para hacerlo desde siempre es a través de sus payasadas y ocurrencias. Así pasa también con este libro, divertido como pocos, en el que incluso en sus pasajes más fuertes o tristes consigue sacar algún chascarrillo para aligerar la carga, por lo que las partes más dramáticas, como pudiesen ser la muerte de seres queridos o su inmersión suicida en las adicciones, resultan algo menos solemnes que en otros libros del estilo, como por ejemplo las memorias de Slash o Motley Crue.
Ozzy se cura en salud y da toda una declaración de intenciones ya desde la primera página, en la que advierte que lo que vas a leer es lo que ha conseguido rascar de su maltrecho cerebro, por lo que sus recuerdos pueden no ser del todo exactos debido a su estado de ebriedad constante en el momento en que ocurrieron. De esta forma se libra de las críticas de los que busquen un relato contrastado y enciclopédico, claramente no es esa su intención con este libro. Por contra nos brinda un glosario de anécdotas en orden cronológico que cubren un viaje alucinado de seis décadas. Asistimos así a su infancia en una humilde familia trabajadora de Aston, un pueblucho al oeste de Inglaterra. Su desastroso paso por la escuela, con problemas de integración y aprendizaje que lo dejaban marcado para el fracaso seguro y el trabajo no especializado, y su primer gran golpe de suerte, al ser elegido como cantante de Black Sabbath, no por su experiencia y buen hacer, sino simplemente porque era el único de la zona que tenía un micro y un ampli, lo que limitaba enormemente las opciones. Y así, aún ante la desconfianza inicial del guitarrista Tony Iommi («¿cómo vamos a contratar a este tío?¡Era el payaso de la clase!») ingresaba en la banda que lo llevaría al estrellato.
La parte de Black Sabbath es la más jugosa y en la que más se explaya. Habla de los inicios de la banda intentando abrirse camino y buscar un sonido propio, así como su insólito y veloz salto a la fama que los llevó a pasar, en tan solo unos meses, de ser cuatro desarrapados de Birmingham a ser una de las bandas más célebres del panorama. Entonces llegaron las ventas millonarias, las multitudes y los excesos. Excesos que alcanzaron su cenit durante la grabación del disco Vol. 4, disco que en un principio pensaron titular Snowblind debido al legendario consumo de cocaína que arrastraban todos los miembros de la banda. Como imaginarás las anécdotas que se relatan en esta parte son antológicas.
Finalmente, debido a sus incontrolables adicciones, es expulsado de Sabbath y se queda hecho un guiñapo, para ser rescatado por su desde entonces inseparable compañera Sharon y dar inicio a otro periodo, igual de importante e influyente, como es su carrera en solitario. Por desgracia no dedica tanto mimo a esta etapa como a la de Sabbath y es la parte del libro que resultará más frustrante para el fan enciclopédico. Es asombrosa la cantidad de datos que se deja el bueno de Ozz en el tintero. Hay giras, colaboraciones y discos al completo que ni siquiera menciona de pasada, lo cual es una auténtica pena. Personalmente me habría gustado que mencionase su gira con los Metallica de la época Master, su gira con Pantera, o que se detuviese más en el proceso de composición y grabación de Ozzmosis por ejemplo. Por contra nos relata su vida en general más allá del plano artístico, donde también hay tela que cortar: su lucha contra las adicciones descontroladas, su intento por mantener unida a su familia o el golpe de celebridad absoluta con el programa televisivo The Osbournes. Finalmente cerramos la historia con un Ozzy desenganchado y feliz, dando gracias por una vida de suerte, éxito y supervivencia totalmente inaudita.
Como decimos se trata de un libro ameno y divertido, enfocado evidentemente al fanático pero disfrutable por cualquier lector (mi compañero de piso, que no se lee un libro jamás y que tampoco es especialmente seguidor de Ozzy, tardó tan solo cuatro días en zamparse el grueso volumen, y desde aquí se oían sus carcajadas), en el que como decimos solo flojea un poco el repaso a su carrera como solista.
Respecto a la edición poco más hay que añadir, la gente de Es Pop son de fiar, el libro es asequible y está bien editado, la traducción mantiene el estilo expresivo de Ozzy y la selección de fotos sirve como perfecto complemento. Quizás se haya colado alguna pequeña errata de más en el texto, pero nada que empañe el gozo de la lectura. En definitiva un regalo que cualquier fanático del rollo debería hacerse.

Nota: Puedes leer un pequeño adelanto del libro a través de la web de la editorial:
http://espop.es/catalogo/fuera-de-coleccion/soy-ozzy/


Este texto se escribió para la web musical Diablorock:
https://diablorock.com/2018/09/07/soy-ozzy-las-memorias-de-ozzy-osbourne/


sábado, 4 de agosto de 2018

5 TEMAS PARA RECORDAR A VINNIE PAUL






Vinnie Paul Abbot fallecía el pasado 22 de Junio en su casa de Las Vegas de un repentino ataque al corazón. Tenía tan solo 54 años. Como viene ocurriendo actualmente, y por desgracia cada vez con más frecuencia debido al ritmo de fallecimientos, las redes sociales se llenaron al instante con emotivos mensajes de pena, recuerdo y respeto por parte tanto de aficionados como de profesionales de la música. Algunos tremendamente sentidos, como el de su viejo amigo Sebastian Bach.
La muerte de Vinnie Paul nos cogió a todos por sorpresa, su relativa juventud parecía presagiar que aún le quedaba un buen camino por delante, pero una vez superado el shock inicial tampoco parece que se puedan buscar muchas vueltas a las causas de su fallecimiento. Ciertamente Vinnie no parecía un tipo obsesionado o preocupado especialmente por su estado de salud, su forma física era cuanto menos discutible, a parte de que siempre fue un conocido juerguista. Alejado de la actitud torturada y sombría de otras estrellas de la música, Vinnie siempre parecía feliz y medio pedo. Un tipo que, a pesar de haber creado estilo con una de las bandas más célebres de la historia del metal, era un metalero más, con los pies en el suelo y una actitud tremendamente cercana y amable hacia los fans y los medios. Sin ir más lejos, en su última visita a España, teloneando a Korn con su proyecto Hellyeah, se le pudo ver recorriendo los bares de los bajos de Arguelles, siempre con tiempo y sonrisas para los fans que se acercaban a saludarlo. Y no hablamos solo de aceptar hacerse selfies, sino que conversaba y reía, aceptando y devolviendo invitaciones y saludos. Resumiendo: Vinnie Paul era un tipo auténtico, amable, amante del buen comer y el buen beber (estuvo a punto de editar un libro de cocina), y que sabía que todo esto es un circo con un incierto final, por lo que lo importante es hacer lo que te gusta, intentando ser feliz y hacer felices a los demás.
Por eso hoy es un día tan bueno como cualquier otro para celebrar su figura y legado, escuchando un puñado de temas de puro metal sacados de sus distintos proyectos y acompañado, a poder ser, de una cerveza bien fresca, porque cualquier día se acaba la fiesta y hay que pasarlo bien.
Gracias por todo Vinnie, gracias por acompañarnos con tu música. Saluda por fin a tu hermano, abrid unas birras y tocaos algo, que en el otro barrio también necesitan de buenos temas.


PANTERA – 13 STEPS TO NOWHERE

Sin ninguna duda el nombre de Vinnie Paul estará siempre ligado al de Pantera, la impresionante banda que formó junto a su hermano Dimebag Darrell en 1981 y que, tras unos comienzos un poco titubeantes, encontró su propio sonido y creó un género, conocido como groove metal.
El groove metal bebe directamente del thrash metal, pero haciendo hincapié en un tipo de ritmo más denso y machacón. Pantera perfilaron este sonido desde su célebre álbum Cowboys From Hell (1990) y era ya toda una realidad establecida en el disco The Great Southern Trendkill (1996). En esta vuelta de tuerca dada a las reglas del thrash para llevarlo hacia nuevos terrenos tuvo una importancia capital la manera de tocar la batería de Vinnie. Su toque y adornos conseguían que la bajada de tempo requerida para el groove añadiera profundidad sin perder la fuerza y la rabia del thrash. Esto se aprecia de manera magistral en este trallazo en el que Vinnie brilla con luz propia.




DAMAGEPLAN – NEW FOUND POWER

Desgraciadamente el cansancio y las tensiones internas pusieron fin a Pantera en el año 2003. Un mazazo que, no obstante, no minó las ansias de los hermanos Abbott por seguir creando música. Inmediatamente reclutaron al cantante y guitarrista Pat Lachman y al bajista Bob Zilla y emprendieron un nuevo proyecto bajo el nombre de Damageplan, editando su debut tan solo un año después de la disolución de Pantera.
Con New Found Power (2004) nos encontramos justo ante lo que podría esperarse: un disco crudo y potente, plagado de grandes riffs de Dime y el siempre notable trabajo de Vinnie. El disco continúa con las directrices de groove metal de Pantera, empapándose también ligeramente del sonido nu-metal que reinaba por aquella época en el panorama musical.
Este trabajo tiene la desgracia de ser el último que grabó Dimebag Darrell en vida, ya que un puto tarado que no asumió la disolución de Pantera decidió asesinarlo en mitad de un concierto de Damegeplan en Ohio, en el que es uno de los capítulos más negros y tristes dentro de la historia del metal.
Por desgracia y, debido a que el público quería solo Pantera y más Pantera, el disco fue marcado y pasó ligeramente desapercibido en su momento. Y continúa así hasta el día de hoy, siendo infravalorado por el público, lo que supone una auténtica lástima ya que se trata de un álbum muy disfrutable, con temas de altura como Explode, Wake Up o el que nos ocupa, nuevamente con un Vinnie en estado de gracia arremetiendo como un búfalo tras su batería.





DAVID ALLAN COE & COWBOYS FROM HELL – COWBOYS DO MORE DOPE

Vinnie Paul decidió dar el salto al mundo empresarial en al año 2006, formando su propio sello discográfico, Big Vin Records. Abatido por la pérdida de su hermano la preocupación principal de Vinnie Paul era que su legado estuviese seguro, y esta compañía nació para dar a luz algún material inédito del mismo, como el DVD Dimevision Vol.1 o la joya que nos ocupa, el disco Rebel Meets Rebel.
Se trata de una colaboración del músico de country David Allan Coe junto a los hermanos y el bajista de Pantera Rex Brown, grabado a lo largo de varios años en los tiempos muertos que permitían la agenda de los distintos músicos implicados. El disco se basa en una desenfadada mezcla de country y metal que nos permite explorar otra vertiente tanto de David Allan Coe como de los Cowboys. Un nuevo trabajo a reivindicar, ya que atesora una colección de temas divertidos y fabulosamente interpretados capaces de alegrarte el día en cualquier momento.



HELLYEAH – DEBT THAT ALL MEN PAY

Tras un parón de varios meses y sin tener claro si quería volver al mundo de la música sin la compañía de su hermano, Vinnie Paul se vio ante la oportunidad de tocar la batería en un nuevo super grupo formado por el cantante de Mudvayne, Chad Gray, y el guitarrista de Nothingface, Tom Maxwell. Al ver que había química y la posibilidad de hacer algo competente Vinnie no dudó en subirse al carro, y con esta nueva banda, de nombre Hellyeah, encontró de nuevo la estabilidad y la felicidad tras los parches, editando cinco discos y tocando con ellos hasta prácticamente el fin de sus días.
En los discos de Hellyeah podemos encontrar ingentes cantidades de metal sin contemplaciones, con el estilo directo y contundente de Vinnie siempre presente y composiciones que, si bien no inventan nada, intentan ser inmediatas y comerciales pero sin renunciar a explorar un poco dentro de sus límites.


PANTERA – DOMINATION

Y para cerrar este pequeño homenaje al gran Vinnie Paul nada mejor que volver a Pantera. Aquí los vemos en pleno pináculo creativo y artístico, disfrutando de sí mismos y reinando ante el mundo, esta vez en el mítico Monsters of Rock de Moscú del año 1991. En este vídeo podemos ver como la banda pone toda su energía y carisma sobre el escenario para dar el pistoletazo de salida a un estilo y un sonido que definiría la música metal en los años venideros, y eso es algo que solo está al alcance de los más grandes.




Texto escrito originalmente para la web musical Diablorock:

lunes, 30 de julio de 2018

CRÓNICA RESURRECTION FEST 2018 (SEGUNDA PARTE)






VIERNES 13

Tras una primera jornada matadora afrontaba el segundo round sin apenas horas de sueño en el marcador. Parece que el sentimiento de cansancio y resaca era la tónica dominante entre los sufridos asistentes, porque cuando atravesé las puertas del recinto, a las tres de la tarde y bajo un sol acusador, el panorama resultaba bastante desangelado. En mi peregrinaje hacia el Main Stage pasé por delante del Ritual en el que el grupo cántabro Pandemia estaban terminando de dar un show de puro thrash metal añejo bastante solvente. El problema es que lo hacían ante un público muy escaso. Y el ambiente no mejoró demasiado cuando Virgen saltaron al escenario principal. Esta situación me hizo pensar si no se estaría pecando de exceso en el número de bandas en el cartel. El movimiento el segundo día de un festival por regla general empieza más tarde debido a las brutales resacas provocadas por el entusiasmo y la impaciencia de la primera jornada, y programar tantas bandas a unas horas que se presuponen de baja afluencia quizás sea un error organizativo. Es una lástima que bandas emergentes, para las cuales tocar en un gran festival como el Resu es todo un acontecimiento, tengan que llevarse el chasco de tocar para «cuatro gatos», aparte de que supone un gasto innecesario de medios. Dejando esta reflexión y volviendo a Virgen comentar que la banda hizo todo lo posible para animar a los pocos congregados con su harcore crust. Se sumo el hecho de que la organización había adelantado su actuación por problemas logísticos que comentaremos más adelante, lo que también revirtió negativamente en la entrada. Sin amedrentarse un pelo el frontman de la banda le puso especial entusiasmo, llegando incluso a bajar a cantar entre el público para contagiarlos con su energía y generar algo de movimiento. No hay duda que pusieron todo su empeño para levantar la actuación como unos profesionales a pesar del escaso público y de un sonido que, como ya comentamos en la jornada anterior, fue muy irregular en el escenario grande.
Seguidamente actuaron en el escenario Ritual los gallegos Barbarian Prophecies. Me llamó poderosamente la atención el tremendo chorro de voz que se gastaba su menuda cantante, algo bastante vistoso y que destacaba en mitad de una formación que destiló un death metal algo genérico pero sin lugar a dudas bien interpretado. Se les vio un poco tímidos, pero supieron aprovechar los escasos treinta minutos concedidos mostrando su propuesta de forma cruda y sin interrupciones arropados por un sonido bastante correcto.
La gran sorpresa llegó a continuación con Rise to Fall. La banda de Bilbao lo dio todo en la que era la última actuación de su actual gira, y sin duda se notó que querían cerrar esta etapa de su carrera por todo lo alto. Para empezar gozaron de un sonido increíblemente bueno, que parecía sacado directamente de un CD y por el que habrían matado muchas bandas del escenario Main. Por su parte la banda funcionó como una unidad totalmente compacta, que destilaba profesionalidad y entrega a raudales. Practicando un metalcore melódico y técnico, de estribillos pegadizos y coreables, y con un pequeño toque de electrónica, pusieron del revés a una audiencia que por suerte a esa hora ya era bastante más nutrida. Aunque no soy el mayor fan de su música me fue imposible no contagiarme de su energía y al tercer tema ya estaba cabeceando como un loco. Sin duda un notable alto el bolo de los bilbainos, a la altura de cualquier banda internacional puntera en su género. Nos recordaron que en un par de meses saldrá su nuevo trabajo, el cuarto en la historia de la banda, al que sin duda habrá que echar un ojo, así como seguir de cerca la trayectoria del grupo, ya que quedó claro que por profesionalidad y entrega estamos ante una banda que merece ser aupada hacia nuevos niveles.



Rise of the Northstar eran una de las bandas más esperadas por muchos de los asistentes al festival, lo que se hizo evidente en una buena congregación de público y mucho movimiento en las primeras filas a pesar de un sonido bastante desastroso. Sin duda los fans del grupo estaban disfrutando de lo lindo, pero personalmente no conseguí meterme en la onda de los franceses. Su concierto me estaba pareciendo simplemente correcto y los temas interpretados me resultaban algo planos, condicionado especialmente por el despliegue anterior de Rise to Fall. Tampoco me resultó especialmente atractiva su puesta en escena, influida por el anime japonés, por todo ello decidí retirarme a reponer fuerzas para lo que se me venía encima.
Hemos comentado anteriormente que hubo unos pequeños problemas logísticos al comienzo de la jornada, al parecer relacionados con el montaje escénico de Megadeth y Scorpions. Esto obligó a la organización a adelantar todas las actuaciones del escenario grande una hora. La organización se preocupó de anunciarlo desde por la mañana en las redes sociales así como a través de las pantallas del recinto, pero no hay duda que mucha gente, quizás menos proclive a estar pendiente del móvil durante un festival, no se enteró de los cambios. Es muy difícil poder hacer llegar la información a todo el mundo ante percances de última hora como este. La organización hizo lo que pudo, aunque quizás pudiesen haber hecho un poco más (anuncio por megafonía en la zona de acampada, más información en los alrededores del recinto). El caso es que para mucha gente, menos acostumbrada a sesiones maratonianas, la jornada empezaba con Megadeth, y fue una auténtica lástima que muchos de sus fans se perdiesen parte de la actuación de la banda, o incluso la totalidad de la misma en los casos más dramáticos. Inevitables problemas de última hora que por desgracia deslucieron la jornada para algunos.
En cuanto a la mítica banda liderada por Dave Mustaine mencionar que en principio fue un poco bajón que tocasen tan temprano dada su relevancia. La hora y el sol apalancaron un poco el ambiente. Respecto al sonido, siguiendo la tónica del escenario grande, fue bastante irregular, especialmente en el apartado guitarrístico. Los que ya hemos visto varias veces a Megadeth en directo sabemos que sus actuaciones suelen ser «sota, caballo y rey», con muy pocas sorpresas tanto en el apartado escénico como de selección de temas, por lo tanto lo que suele distinguir unas actuaciones de otras es el estado de forma y entrega de su alma Dave Mustaine. Teniendo esto en cuenta podemos afirmar que los asistentes al Resu estuvieron de suerte. Dave, a pesar de que arrastra desde hace años problemas en el cuello y las manos que minan su movilidad y entrega, se mostró con ganas y en un estado de voz ligeramente mejor al visto en otras ocasiones recientes. También comentar que la actual encarnación de Megadeth se encuentra entre las mejores de su historia. Mustaine siempre se ha caracterizado por rodearse de grandes músicos, pero el aumento de empaque y carisma que se ha visto los últimos años con la entrada del fabuloso solista Kiko Loureiro, así como del batería Dirk Verbeuren, el mejor que han tenido en muchos años, se nota bastante. Como decimos pocas sorpresas en un set list donde no faltaron sus grandes clásicos como Hangar 18, con la que comenzaron la actuación, She-Wolf, Symphony of Destruction, Peace Sells o Holy Wars. Ante semejante ristra de piedras angulares del thrash el público no pudo permanecer indiferente, coreando y desfasando en cada tema de los americanos. Sorprendió la inclusión de The Conjouring, temazo de la primera época apartado durante mucho tiempo del directo. Sin ningún tipo de explicación acortaron su set unos minutos y abandonaron el escenario habiendo realizado una descarga bastante solvente que no decepcionó a sus seguidores. Con esta actuación ponían fin a su gira Dystopia, que les ha tenido dando vueltas por el mundo durante dos años, prometiendo Mustaine que la siguiente vez que los viésemos sería ya con nuevo disco bajo el brazo.



El siguiente plato en el menú también era de los fuertes. Los americanos Suffocation arrasaron el escenario Ritual con un auténtico recital de death rompe vertebras de altura. Se había rumoreado la presencia del cantante original Frank Mullen, algo que finalmente no se llevó a cabo, pero que no deslució en absoluto una actuación totalmente demoledora. Su sustituto, Rick Meyers, se gana el puesto cada noche derrochando energía, perfectamente respaldado por una banda de una pericia fuera de dudas en la que destaca el carismático Terrance Hobbs a la guitarra y la presencia escénica de Derek Boyer con su peculiar pose al bajo. La banda exprimió totalmente su escaso tiempo de actuación, disfrutando de sí mismos mientras lanzaban temazos como Effigy of the Forgotten o Infecting the Crypts, y al igual que está pasando en todas las fechas de su amplio periplo europeo dejaron a la audiencia totalmente exhausta y satisfecha.



Con Leprous llegaba el momento álgido de la jornada para los aficionados al metal progresivo. La banda noruega, que ha cimentado una sólida base de fans a golpe de discazos, realizó un show totalmente intachable, provocando el delirio entre sus fieles así como el asombro entre los curiosos. El sonido, al igual que había pasado con Rise to Fall, parecía directamente sacado de un compact disc, resultando potente a la vez que cristalino, y permitiendo disfrutar de todos los matices de sus excelentes composiciones. Basaron gran parte del repertorio en su último y excelente trabajo Malina, aunque también dejaron espacio para un par de clásicos, como el tremendo Foe o The Price. El estado vocal de Einar Solberg resultó particularmente asombroso. Por desgracia sufrieron uno de los momentos más feos del festival cuando la organización decidió cortarles el sonido tan solo un par de minutos antes de que acabasen su último tema, Slave. Es cierto que se habían pasado de hora y estas cosas van por contrato, pero teniendo en cuenta que era el último tema y solo quedaban un par de minutos se podía haber hecho la vista gorda perfectamente. Como decimos un detalle muy feo y una falta de respeto tremenda hacia la banda que no nos imaginábamos ver en un Resu. Por supuesto la banda, a pesar del corte de sonido, continuó interpretando el tema hasta el final ante una tremenda ovación de un público indignado que estaba disfrutando de una actuación impecable. Quitando este punto negro se puede afirmar que Leprous fueron otro de los grandes triunfadores de la segunda jornada.



Y llegaba el momento de Scorpions, quizás el cabeza de cartel más polémico en la historia del festival. De primeras muchas críticas quedaron acalladas ante el hecho de un recinto completamente abarrotado. Las tablas de Scorpions a estas alturas están fuera de toda duda y parecía claro que, a no ser que surgiesen contratiempos inesperados, la banda ofrecería un gran show ante un ambiente propicio. Y así fue, con la banda en un buen estado de forma, una espectacular puesta en escena y una ristra de temas míticos en la historia del heavy metal. Arrancaron con Going Out With a Bang y Make it Real, y desde el primer momento llamó la atención la espectacular iluminación y puesta en escena que traían, que sin duda fue la culpable de los desbarajustes horarios de la jornada. También era la primera vez que el escenario grande sonaba como debería sonar siempre: alto y claro. Con The Zoo y Coast to Coast quedó demostrado el buen estado de forma de la banda, con Matthias Jabs y Rudolf Schenker cargando hacia adelante y Klaus Meine bastante correcto a la voz, aunque demasiado estático en el escenario. La incorporación de Mickey Dee, el legendario batería de Motorhead, también se notaba bastante, sumando carisma y empaque al conjunto. Me sorprendió gratamente la respuesta del público, cantando al unísono, vitoreando y pasándoselo en grande. Viendo la respuesta de la gente parece que, después de todo, la elección de Scorpions para encabezar el segundo día no fue tan mala como vaticinaban algunos. Y es que temas como Wind of Change, Big City Nights, Still Loving You o Rock you Like a Hurricane, que ya pertenecen al imaginario colectivo de la gente que amamos la buena música, son una apuesta sobre seguro, por lo que gente de todas las edades (aunque bien es cierto que con predominio de maduritos) y pelajes se dejaron llevar para disfrutar de un show emotivo. Evidentemente no estamos en los 80 y la edad pesa, hubo algún parón, finales alargados y cambios de tempo que minaron ligeramente el ritmo del concierto, pero no creo que en pleno 2018 se pueda exigir mucho más a una banda tan veterana como Scorpions, que incluso tuvieron el detalle de lanzar un recuerdo al añorado Lemmy Kilmister interpretando Overkill. Buen show y nada que objetar a estos cabezas de cartel.



Al igual que ocurrió el día anterior con At The Gates los ingleses Paradise Lost sufrieron el tumulto ocasionado tras el final de los cabezas, pero aún así consiguieron cuajar una buena actuación de doom y gothic. Presentaron algunos temas de su nuevo disco Medusa, pero como no podía ser de otra forma las mayores ovaciones las recibieron por los temas de su legendario Draconian Times. Un show sobrio y profesional que se hizo bastante corto.
Era hora de cerrar el escenario grande, y los encargados para hacerlo fueron los veteranos thrasher de Albacete Angelus Apatrida, un grupo muy querido y ya tradicional en la que era su sexta actuación en el festival gallego. Angelus Apatrida no es que hayan inventado la rueda, e incluso para el profano sus temas pueden llegar a sonar algo repetitivos, pero está claro que lo que hacen lo hacen como nadie, y por eso son actualmente una de las bandas de metal más importantes del país. Con la novedad de Adrián, de la banda In Mute, a la batería sustituyendo al convaleciente Victor Varela (al que por supuesto desde aquí deseamos una pronta recuperación), descargaron un set list directo a la yugular, con espacio para temas nuevos de su reciente trabajo Cabaret de la Guillotine, así como temas míticos de la banda. Mencionar el impresionante y multitudinario circle pit que consiguieron montar con Give'em War, así como el delicioso trabajo de David con la guitarra solista, el tipo disfrazado de pulpo y la buena comunión entre la banda y un público que, seguramente, firmaría por tenerlos todos los años sobre el escenario del Resu.
De esta forma se cerraban las actuaciones principales. Para aquellos que aún no estuviesen muertos les esperaba el tributo a Metallica en la carpa. La banda, bajo el nombre de Seek'em All, no me terminó de convencer con su interpretación meramente correcta de los temas más manidos de los de San Francisco, no obstante cumplieron el cometido de terminar de exprimir a los asistentes y mandarlos calentitos a la cama o a donde quiera que les llevasen sus pasos tras la que seguramente fue la jornada más brutal del festival.


SABADO 14


Y casi sin descanso llegábamos a la jornada final del festival. Y aquellos a quienes no les gustase el viraje del Resurrection Fest de pequeño festival underground a parque temático del rock sin duda estarían rabiosos, ya que el tercer día fue aquel en el que se apreció más cantidad de gente disfrazada (y no nos referimos unicamente al mítico maquillaje facial de Kiss) así como la jornada con más niños pequeños acompañados por sus padres. Por otra parte también fue el único de los tres días en que se consiguió el ansiado sold out.
Las agradables sorpresas empezaron pronto en esta jornada final con la descarga de Purpura en el escenario Desert Stage. Tras este nombre tan poco atrayente se escondía un estupendo dúo valenciano de post-metal experimental en la línea de bandas como Bell Witch, destilando una música atmosférica, oscura y envolvente. La labor de Manuel Martinez me pareció prodigiosa, creando capas y capas con su bajo de 6 cuerdas a base de loops y efectos mientras su compañero, Adriá Puchalt a la batería marcaba perfectamente el tempo y propiciaba el marco ideal para su propuesta. Una banda para apuntar en la libreta y descubrir con más calma en casa.
No regresé al recinto hasta bien entrada la tarde para disfrutar del show de Tremonti. Una actuación que fue de menos a más, tanto en intensidad como en respuesta del público, consiguiendo desperezar poco a poco a los asistentes. El ex Alter Bridge venía presentando su reciente nuevo disco, titulado A Dying Machine, del que tocó un par de temas junto a varios clásicos de su discografía. Su metal inofensivo y coreable, interpretado con profesionalidad y acompañado de un buen sonido, dejó bastante satisfecho a un público que se acabó metiendo de lleno en el terreno del gran compositor, que demostró sus buenas dotes a la voz junto a su conocida pericia guitarrística.



En las antípodas del sonido Tremonti acudían al Ritual Stage los finlandeses Rotten Sound, directamente salidos del infierno y sin tiempo para tonterías escupieron un set de puro grindcore death sin contemplaciones. Una descarga rápida y furiosa, caótica e hiperviolenta, sin parones, ni charlas ni vistosos alardes técnicos, con la única misión de noquear lo antes posible como si se tratase de un crochet de Mike Tyson directo al pómulo. Cumplieron su misión de sobra, y hasta el más apagado entre la audiencia se tuvo que rendir ante el despliegue de la banda para acabar cabeceando como un poseso.
Un atronador sonido de sirenas nos hacía presagiar alguna desgracia, por el contrario marcaba el pistoletazo de salida a uno de los shows más movidos y desenfadados de esta jornada final. Frank Carter y su banda, The Rattlesnakes, se subían al escenario principal con la única intención de ponerlo patas arriba. La banda, con una trayectoria increíblemente corta, se metió al público en el bolsillo con un despliegue de energía sin igual. Por supuesto la gran culpa de ello la tuvo su estupendo frontman, todo un desquiciado que no paraba de animar, correr y saltar mientras iban cayendo los temas de sus dos únicos discos publicados. Pogos alocados, crowndsurfing, gente arrodillada, de todo se vivió en un show en el que Frank, pasado de actitud y carisma, manejaba al público totalmente a su antojo. No me gustó especialmente su propuesta musical, pero hay que reconocer que aquello se transformó en una auténtica fiesta a la que todos nos vimos arrastrados.



Y ahora es cuando viene lo complicado. Igorrr. Un grupo raro. Muy raro. Una banda de culto. Una propuesta extraña, extravagante, y desde luego no apta para todos los públicos. Con Igorrr sucede que te puedes encontrar a un puñado de personas que los consideran una de las mayores genialidades del panorama musical actual, pero también a muchísimas más que consideran que la banda es una puta mierda. Me voy a mojar y, aún a riesgo de resultar polémico y a sabiendas de que mucha gente se va a echar las manos a la cabeza, mi veredicto es el siguiente: Igorrr dieron el mejor concierto de todo el festival. Y lo hicieron por la tarde, sin pantallas ni pirotecnia, sin una iluminación espectacular, bajo el sol y únicamente a base de talento.
No nos engañemos, el panorama musical está muy trillado, muchas veces cuesta distinguir unas bandas de otras, algo que se intenta disimular modificando el prefijo de la etiqueta estilística en cuestión, por lo tanto propuestas que te descoloquen y emocionen tanto, a la vez que destilen calidad a raudales, no deben pasarse por alto nunca. Por supuesto también puede considerarse como un punto negativo la poca accesibilidad de su música, que mezcla absolutamente todo lo habido y por haber, y que hará muy difícil que lleguen mucho más alto en cuanto a popularidad. Tenemos a su estupenda cantante lírica, Laure le Prunenec, que ya hipnotiza en vídeos y resulta totalmente fascinante en directo, con esa preciosa voz y unas capacidades escénicas que rebasan la mera música y la acercan al teatro. Por su parte Laurent Lunoir es el contrapunto perfecto, un ser amorfo y torturado que grita y grita de forma desgarrada. Mientras tanto el batería Sylvain Bouvier, también militante en Trepalium, da una auténtica masterclass en su instrumento, y finalmente el gran cerebro, Gautier Serre, que ejerce de director del cotarro a los mandos de la nave. Aunque el elemento natural de la banda es una sala, y desde luego no bajo la luz solar, consiguieron meternos en su burbuja a los que estábamos dispuestos a ello, y de qué manera. El sonido por desgracia fue algo mejorable en el apartado de las voces, especialmente la de Laurent, al que se vio muy ajustado en su labor. El resto simplemente fue más allá de la música, puro arte. En mi opinión, para redondear la puesta en escena, la formación también debería incluir a un guitarrista. Es bien sabido que Gautier es el gran cerebro detrás de Igorrr, pero al Igual que Tobias Forge aún componiendo toda la música en Ghost no sale él solo disfrazado de Cardenal acompañado de música pregrabada, Gautier debería incluir a un guitarrista para las presentaciones en vivo, con ello ganarían en vistosidad y sin duda resultarían menos chocantes de cara a los despistados que se encuentren frente a la banda sin conocerla previamente. En la música de Igorrr hay grandes riffs y momentos guitarristícos de altura, por lo tanto de cara a las presentaciones en vivo la presencia de un buen guitarrista sería sumar un punto más. Asistimos a un show por desgracia muy breve debido al estatus del grupo, pero que espero les haya hecho ganar algún fan entre los muchos despistados. Al finalizar la actuación de los franceses mucha gente se había quedado con la sensación de «¿pero qué cojones acabo de ver?», algo totalmente comprensible, pero para los que nos subimos al barco de Igorrr hace tiempo aquello fue sin duda una velada repleta de magia.



Tras esta sorprendente actuación era el turno de uno de los platos fuertes del festival: Prophets of Rage. La superbanda formada con piezas de Rage Against the Machine, Public Enemy y Cypress Hill resulta una combinación explosiva que no puede salir mal, y menos en un ambiente festivalero. La gente saltó, bailó, ovacionó y disfrutó de lo lindo. El sonido fue estupendo, con un Tom Morello que, a pesar de estar recuperándose de un contratiempo en su mano, dio un auténtico bolazo, ejerciendo de batuta y maestro de ceremonias con su feeling y extrañas técnicas de guitarra, y una formación que, poco a poco, se va desembarazando de su enorme legado para gozar de una personalidad propia. Evidentemente tuvieron que tirar de clásicos indiscutibles de sus respectivos proyectos pasados, como Fight the Power, Bullet in the Head, Jump Around o Bulls on Parade, a los que, de forma loable, intentaron dar una pequeña vuelta de tuerca para no limitarse a una interpretación sin más. También dejaron caer unos cuantos temas originales que, aunque no recibieron la misma respuesta por parte del público, no desentonaron en el conjunto de la actuación. Como decimos otra fiesta más sobre el escenario principal que acabó, como no podía ser de otra forma, con una brutal interpretación de Killing in the Name, acompañados esta vez por el gran Frank Carter a modo de guinda. Una descarga notable que tuvo un pequeño punto negro justo al final, cuando B-Real se despidió con un sonoro «¡Muchas gracias Barcelona!» que provocó la mofa y la indignación entre los asistentes. Asumiremos que fue un pequeño desliz y nos quedaremos con la espectacular actuación y respuesta del público.



Y llegamos al fin de fiesta y otro de los momentos más polémicos del festival: la actuación de Kiss. Un concierto que, como no podía ser de otra manera, generó opiniones encontradas entre aquellos a los que les parecido un show correcto e intentaron pasarlo bien y aquellos a los que les pareció estar asistiendo a una esperpéntica verbena. Sinceramente, no sé qué esperaban algunos, más aún teniendo en cuenta que Kiss llevan haciendo el mismo show, casi punto por punto, desde hace décadas. El set list de siempre, la coreografía en Deuce, el momento Gene en Firehouse etc etc... todo eso siempre ha estado ahí y casi siempre en el mismo orden. A estas alturas todo el mundo debería sabe qué puede esperar de un concierto de Kiss. En este caso casi todos vuestros prejuicios serán ciertos y la probabilidad de disfrute del show dependerá de los ojos que los miren. La actitud y predisposición con la que uno afronta el concierto de esta veterana banda sin duda es clave para la experiencia en sí. Dicho esto apuntar que yo iba allí para divertirme, ni más ni menos. Paul Stanley hace mucho que perdió sus capacidades vocales, y es algo que desde luego no ha mejorado con el tiempo. Su labor al micrófono fue lo único que destacó negativamente dentro de un espectáculo de luz y sonido calculado al milímetro. Por suerte Paul es un profesional con muchísimas tablas e intentó compensar su bochornosa interpretación derrochando carisma, comunicándose y animando constantemente al público de todas las formas posibles, incluso chapurreando algo de español.
La respuesta del público me pareció muy fría, más aún estando frente a «the hottest band in the world». Ignoro si fue por agotamiento tras tres días de conciertos, o por llevar unas expectativas demasiado altas y darse de bruces con la realidad. Ante el lamentable estado de Paul fue Gene Simmons quien se echó la actuación al hombro. Por suerte el hombre no ha perdido su particular timbre de voz ni su carisma como The Demon. Como apuntamos el show transcurrió de la forma planeada, tuvimos ristra de clásicos del rock como Shout it out Loud, Lick It Up, I Was Made For Loving You o Black Diamond, así como los habituales recursos escénicos de la banda: el cacofónico solo de bajo de Gene Simmons escupiendo sangre, para posteriormente ser elevado hasta las alturas donde interpretaría God of Thunder, el momento tirolina sobre el público de Paul Stanley en Love Gun o el fin de fiesta total con Rock and Roll All Nite plagado de confeti y petardos. Un show correcto donde los únicos puntos verdaderamente negativos fueron la voz de Paul y la falta de ritmo en algunos momentos.
No fue ni de lejos el mejor concierto del festival, de hecho personalmente no lo situaría ni siquiera en el podio. Pero fue el concierto de Kiss, ni más ni menos.



Aún quedaba bastante tela que cortar: Alestorm, The Bronx, Exodus y Eyehategod, pero mi estado era ya tan lamentable debido a los excesos y el cansancio que no me atrevo a faltar el respeto a dichas bandas intentando hacer una crónica objetiva, por lo que doy por finalizada aquí la crónica de conciertos.


CONCLUSIÓN.


Pues otro Resu a las espaldas y un muy buen sabor de boca en el paladar. El emplazamiento del festival es fabuloso, la organización impecable, se respira un buen rollo general por parte de la gente, que va simplemente a divertirse y pasar un fin de semana para el recuerdo junto a sus familiares y amigos. Sobre las tablas se ha vivido alguna pequeña decepción, que ha quedado suplida de sobra por otras actuaciones de grandísimo nivel.
Parece ser que las cifras se han resentido ligeramente en esta edición y la asistencia ha sido algo menor que en años pasados, aun a pesar de contar con mayor presupuesto, pero tampoco hay que alarmarse porque ni mucho menos ha sido un descalabro, y ante el difícil panorama y la competencia parece que Resurrection Fest ha salvado de sobra los muebles. Está bien recordar que esto es una carrera de fondo en la que solo los más aptos sobreviven, y la gente que está detrás del festival está siguiendo una línea bastante definida, en la que prima el buen trato y la comodidad hacia el público a la par que se intenta que crezca el negocio. Siguiendo por ese camino la longevidad del festival está asegurada. Por nuestra parte esperamos impacientes su siguiente edición, que estamos seguros será nuevamente una cita obligada y un fin de semana memorable. Nuestro agradecimiento a la organización, los empleados, las bandas y el público, todo ello perfectamente coordinado para hacernos vivir una gran experiencia, la experiencia Resurrection Fest. ¡Nos vemos en el siguiente!





Fotografías de Juan Morillo y Resurrection Fest.

Este texto se escribió originalmente para la web musical Diablorock: