Masaccio: Adán y Eva expulsados del Paraíso.

jueves, 8 de febrero de 2018

CRÓNICA METALLICA WIZINK CENTRE MADRID 03/02/2018



Y llegó el ansiado día.
Posiblemente el concierto más esperado del año, y eso es mucho decir teniendo en cuenta la que se nos viene encima en los próximos meses. Pero si hablamos de repercusión mediática, trascendencia histórica y movilización de fans, pocas bandas pueden competir con Metallica, un monstruo que haría esconderse aterrorizado hasta al mismísimo Cthulhu.
Con todo el papel vendido con un año de antelación (aunque unos días antes salió la famosa y sospechosa nueva remesa «por reestructuración del recinto», que por supuesto también voló en cuestión de minutos) la expectación era máxima. Seis años llevaban los de San Francisco sin pisar nuestro país, nueve sin hacerlo en recinto cerrado. Sin duda mucho tiempo para una banda de esta envergadura, por lo que la emoción e impaciencia entre sus fieles no podía ser mayor de cara a la primera de las tres fechas programadas en nuestro país.
Diversos problemas logísticos hicieron que llegase a los alrededores del Wizink Center madrileño poco antes de la hora marcada para el inicio de la actuación de Metallica, lo que supuso que, desgraciadamente, no pudiese disfrutar de los teloneros para esta gira europea, los noruegos Kvelertak. Una auténtica lástima. Aunque viendo el lado positivo al asunto me libré de las colas y esperas que sin duda debieron ser desesperantes, más aún con el intenso frío que reinaba en la capital.
Tras pasar dos controles de seguridad pude acceder al recinto. Atravesé velozmente los puestos de merchandising y bebidas, dejando atrás sus abusivos precios, para darme de bruces con un nuevo control de seguridad, que una vez superado me permitió zambullirme por fin en la pista del recinto. Justo a tiempo para ver apagarse las luces y escuchar los primeros compases de la mítica intro del maestro Morricone entre la histeria general.
La disposición del escenario, situado en mitad del pabellón, así como el poco agobio y escaso hacinamiento del público hicieron que en pocos minutos pudiese agenciarme un lugar bastante cercano y de buena visibilidad para disfrutar del show. Hay que destacar el gran acierto de plantear los conciertos multitudinarios con esta disposición, más propia de las veladas de boxeo, ya que ello revierte en una mayor comodidad, visibilidad y cercanía para todo el público asistente. De haberse tratado de un montaje más ortodoxo, con el escenario en un extremo, y teniendo en cuenta la poca antelación con la que llegué al recinto, me habría tocado ver a la banda como diminutas figuras en la lejanía, por lo tanto es muy de agradecer este tipo de montajes a los que debería sumarse cuanto antes el resto de bandas de esta envergadura.
Tras la breve introducción, por fin, Metallica. James Hetfield, Lars Ulrich, Kirk Hammett y Robert Trujillo.
Los cuatro jinetes saltaron al ring en mitad del delirio colectivo al son de Hardwired, el veloz tema con el que también se abre su último disco de estudio que venían presentando. Este trallazo fue seguido inmediatamente por otro, Atlas, Rise!, también del último disco y coreado por todo el pabellón, signo inequívoco de lo bien recibida que ha sido la última obra de los americanos, publicada hace ya quince meses.
La puesta en escena, a parte del comentado escenario central, se apoya en una serie de cubos con pantallas en sus cuatro caras. Estos se iban moviendo, iluminando y proyectando imágenes, dando en conjunto una apariencia muy vistosa y original al montaje escénico. Aunque he de decir que las proyecciones fueron más acertadas en unos temas que en otros. Precisamente uno de los temas en los que quedaron perfectas fue el tercero del set list, Seek & Destroy, en el que proyectaban imágenes de sus primeros conciertos, allá por principios de los ochenta. Ver a un Hetfield adolescente en lo alto mientras un Hetfield mucho más maduro lo daba todo en el escenario fue mágico, obligándonos a hacer memoria y ser conscientes de la enorme trayectoria de la mítica e irrepetible banda que teníamos delante.



El único punto negro de la velada, presente desde el comienzo, venia de uno de los elementos más importantes: el sonido. Si bien se distinguía correctamente la labor de los cuatro músicos, el volumen del conjunto era muy bajo, aparte de escaso en ganancia y pegada, algo totalmente imperdonable tratándose de una banda como Metallica que puede, y debe, ser una apisonadora revienta tímpanos. Con el caer de los temas el sonido fue mejorando, pero en ningún momento resultó totalmente satisfactorio ni estuvo a la altura de la entrega que la banda estaba desplegando en el escenario. Como decimos un gran punto negro en un show impecable en todos sus demás aspectos.
Cayeron Leper Messiah, contundente y poco esperada, una increíble Welcome Home (Sanitarium), donde nuevamente los cubos proyectaron unas acertadas y angustiosas imágenes, y Now that We're Dead, tema en el que la banda se marcó un extraño interludio en plan batucada totalmente prescindible, pero que tampoco fue tan largo y angustioso como dicen algunos.
Luego tocaron Confusion, también de su último disco. Tras esto James se quedó solo en el escenario para proceder a rasguear una desconocida e inquietante melodía que sirvió de intro al tema Halo on Fire, sin duda uno de los temas más logrados de Hardwired... to Self-Destruct, y que también marcó uno de los puntos álgidos de la noche. A estas alturas se hace totalmente evidente la enorme cancha que están dando a su nuevo disco, algo que quizás no fuese totalmente del agrado de algunos sectores del público, sobre todo aquellos que los veían por primera vez y esperaban más temas clásicos, pero que demuestra que la banda está orgullosa de su último trabajo y está dispuesta a defenderlo a muerte en sus shows, además he de decir que algunos de estos temas ganan en directo y así lo confirmaba el público, que los coreaba y aplaudía como si se tratasen de clásicos, algo que James notó y agradeció. No obstante para los que quisieran viejas perlas llegaba a continuación ni más ni menos que For Whom The Bell Tolls, uno de sus mayores himnos. El publico enloquece. A la banda se la ve enérgica, en forma, ilusionada y profesional. James sigue siendo el frontman soñado y tanto Lars como Kirk, que suelen ser los miembros más irregulares, se muestran impecables en sus respectivos instrumentos.
Tras este tema James y Lars abandonan el escenario para dar paso a uno de los momentos más divertidos y surrealistas de la noche: la jam de Kirk y Robert.
En los tramos anteriores de la gira este espacio estaba reservado para el típico solo de guitarra de Kirk y una pequeña jam de ambos tocando algunos riffs de los propios Metallica, pero ahora la cosa ha mutado en una genial pachanga en la que Kirk, Robert y el público unen fuerzas para rendir tributo a alguna banda célebre de la zona. Así, en Lisboa chapurrearon el A Minha Casinha, de Xutos & Pontapés, y en la primera noche madrileña fue el turno del Vamos muy Bien de Obús, cantado por todo un estadio en estado de shock al ver a una de las bandas más importantes de la historia del metal versioneando al mítico combo madrileño. Ignoramos de quién habrá sido la idea, pero solo puede calificarse como auténtica genialidad ya que, aunque no sea una cover propiamente dicha sino más bien un pequeño guiño, consigue que la audiencia de cada país se sienta especial, y acentúa aún más la comunión entre banda y público. Bien jugado Metallica.
Tras este momentazo Robert se queda solo y ataca Anesthesia, el solo de bajo que el gran Cliff Burton interpretaba en los primeros shows de Metallica y que quedó inmortalizado en el disco Kill'em All. Mientras Robert entraba en trance un par de cubos descendían lentamente, proyectando un vídeo del añorado bajista de pantalones acampanados, haciendo así aún más emotivo el momento.
La banda al completo regresa y arremete con un explosivo Die Die My Darling, la versión de The Misfits que hace que el público, bastante civilizado hasta ese momento, se desmadre completamente. El desparrame continúa con Fuel y sus lenguas de fuego que se elevan varios metros desde la batería de Lars.
Vuelta al nuevo disco con Moth Into Flame, en la que un ejercito de drones luminosos revolotea por el escenario imitando un enjambre de luciérnagas y dejando al público con la boca abierta.
Un pequeño descanso para que James hable con el público. Destaca la mezcla de varias generaciones que se han dado cita en el pabellón y busca al fan más joven entre los presentes, un chaval de siete años al que acaba subiendo al escenario para que se ponga a su lado y reciba una ovación, entrañable el gesto de Papa Het. Y tras esto Sad But True, imponente, solemne, monumental como siempre.
Las luces se apagan y reproducen la grabación de una voz angustiada, una voz torturada por la guerra. Todos sabemos lo que pasa aunque esta vez no haya explosiones. La gigantesca One. Una chica desconocida que se encuentra a mi lado no puede aguantarlo más y estalla en lágrimas. Y tras esto Master of Puppets, al completo, con su mítico interludio instrumental coreado por el público como si fuese un estribillo más. Está claro que Metallica se ha marcado la misión de destrozarnos, en todos los sentidos.
Fin del show principal. Pero aún quedan los bises...



Con unos primeros compases pregrabados de manera innecesaria descargan Spit Out the Bone, último tema de Hardwired, el tema más cañero que han compuesto en años, acompañado de más fuego y la bandera de España con el logo de la banda reproduciéndose por las pantallas, otro gran detalle de Metallica, politiqueos aparte que ni les van ni les vienen.
Kirk se pone en modo limpio. La balada definitiva: Nothing Else Metters. Los mecheros de antaño han sido sustituidos por las luces de los móviles, lo que no cambia es escuchar a miles de personas coreando como una sola voz.
El fin de fiesta llega con Enter Sandman. Predecible pero inevitable despedirse con su clásico más conocido, un riff que seguramente hasta tu abuela puede tararear, adornado con más fuegos artificiales y un público totalmente entregado, como no podía ser de otra forma.
Las luces del recinto se encienden para que la banda pueda despedirse y recibir su merecida ovación. Dedican para ello un buen puñado de minutos y no escatiman en sonrisas, saludos y púas. Otro detalle de cercanía y elegancia para finalmente, esta vez sí, abandonar el escenario hasta la próxima vez, poniendo punto final a un espectacular concierto de más de dos horas. Prometieron volver pronto, y ya hay rumores de que encabezarán los grandes festivales en 2019, pero sin lugar a dudas la experiencia no será tan gratificante y cercana como verlos en pabellón y con escenario central.

Las casi veinte mil almas que nos dimos cita esa noche vivimos un concierto glorioso, dinámico, profesional, sin apenas pausas o parones (aunque por supuesto hubo algún momento en que la banda tuvo que coger aire mientras Hetfield soltaba alguno de sus famosos slogans como: «Metallica is finally here baby» o «Do you want some heavy?»). Un concierto emocionante, con temas nuevos, con grandes clásicos. Un concierto emotivo, un concierto, en definitiva, para recordar. Por supuesto encontrarás voces amargadas que suelten los rollos de siempre: que si son unos vendidos, que si esto es un circo, que si solo les mueve el dinero, que si ya no tienen la garra del 86... voces, en su mayoría, provenientes de gente que no acudió al concierto. Para la mayoría de los que sí estuvimos ahí (y un servidor ha tenido la suerte de verlos un buen puñado de veces a lo largo de más de dos décadas), simplemente fue otra reafirmación de lo evidente: Metallica son los más grandes, y punto.  


Texto escrito originalmente para la web musical Diablorock:

martes, 30 de enero de 2018

DIEZ GEMAS OCULTAS EN LA DISCOGRAFÍA DE METALLICA





Se acerca uno de los momentos más importantes del año en lo que a espectáculos en directo en nuestro país se refiere: los esperadísimos conciertos de la banda de San Francisco Metallica.
Seis años lleva la banda sin venir a tocar a España, desde su magnífica descarga en el desaparecido festival Sonisphere del 2012, donde dieron un concierto mítico tocando íntegramente su disco de mayor éxito, The Black Album (1991), con motivo del vigésimo aniversario del mismo. Si queremos buscar la última fecha en la que los cuatro jinetes tocaron en nuestro país fuera del marco de un macro festival deberemos retroceder hasta el año 2009, en el que agotaron dos noches en el palacio de los deportes madrileño presentando el disco Death Magnetic (2008). Aquella ocasión también fue para recordar, teloneados por Mastodon y Lamb of God y con uno de sus espectaculares montajes de escenario situado en mitad del recinto. Las ganas de volver a ver al grupo en un espacio cerrado y con su montaje propio son enormes, por eso no es de extrañar que las entradas para esta nueva visita hayan volado, agotándose en pocas horas en medio de la desesperación de sus innumerables fans.
Se aprecia el nerviosismo y la ilusión flotando en el aire a medida que se acerca la fecha señalada y la labor de los distintos medios es ir caldeando el ambiente como se merece. Empiezan a aparecer las discusiones, los repasos a la carrera del grupo y las listas de grandes clásicos. En DiabloRock no vamos a ser menos y queremos sumarnos a esta gran celebración, pero lo vamos a hacer a nuestro estilo, de una manera algo distinta.
Hemos confeccionado una lista de temas, pero en esta lista no vas a encontrar Enter Sandman, ni Master of Puppets, ni Nothing Else Metters, ni siquiera One. Vamos a bucear en los rincones ocultos de la discografía de esta gigantesca banda para rescatar un puñado de temas más o menos olvidados. Temas que no se suelen pinchar en ninguna parte. Temas que nunca o casi nunca tocan en directo. Temas que solo conocen los fans más fieles de la banda, aquellos que han escuchado atentamente y en su integridad todos los álbumes del grupo. Temas, en definitiva, que han pasado desapercibidos, bien por estar eclipsados en sus respectivos discos por clásicos de mayor calado o bien por tocar zonas muy polémicas para lo que se supone que es el sonido de la banda. Pero en cualquier caso todos ellos buenos temas, que creemos merecen una revisión y reivindicación, y para eso estamos nosotros aquí.
Ahora que la banda está haciendo las maletas y llenando sus camiones con equipo con destino a nuestro país para presentar unos shows que sin duda serán recordados durante mucho tiempo por los asistentes, nos ha parecido un buen momento para dar un repaso a estas gemas ocultas, darles una nueva escucha y utilizarlas también como excusa para repasar momentos clave y curiosidades dentro de la enorme carrera de esta legendaria banda, sin duda una de las más importantes dentro de la historia de la música. Si queréis podéis acompañarnos en este artículo especial. Comenzamos:



  1. WASTING MY HATE
    (Hetfield, Ulrich, Hammett)
    Load. 1996.

Metallica llevan conviviendo con la polémica desde el comienzo de su existencia. Cuando en su segundo disco Ride the Lightning (1984) incluyeron la balada Fade to Black, ya surgieron voces acusándolos de vendidos. También se puso el grito en el cielo cuando filmaron un videoclip para su tema One, del disco ...And Justice for All (1988), ya que la banda había manifestado en diversas ocasiones que jamás filmarían un videoclip para promocionar su obra. Cuando salió a la venta el disco Metallica (1991), popularmente conocido como el disco negro, muchos fans renegaron de ellos al tratarse de un disco menos progresivo, de melodías más sencillas y contundentes, y con una producción orientada a un abanico más amplio de público.
Como decimos la polémica acompañó a la banda casi desde el primer momento, pero no dejaban de ser gritos aislados aquí y allá que en modo alguno frenaban la imparable marcha hacia adelante de la banda, hasta el Load... Con este disco, editado en 1996, la cosa ya sí que se salió de madre.
Tras el disco negro, que fue un increíble éxito a nivel mundial, y la mastodóntica gira para presentarlo, la banda se encontraba en su momento más alto de popularidad, y decidieron tomar una de las decisiones más arriesgadas de toda su carrera: cortarse el pelo. Sí, ya sé que puede sonar algo ridículo a día de hoy, pero en su momento fue toda una conmoción. Muchos fans se lo tomaron como una alta traición y el gesto inequívoco de que finalmente se habían vendido al mainstream. Y cuando su esperadísimo nuevo disco se puso finalmente a la venta la expectación era máxima. Hasta tal punto que las tiendas de discos abrieron a las doce de la noche para atender la demanda de la marea de ansiosos fans que no podían esperar ni un minuto más para escuchar qué habían perpetrado los de San Francisco y comprobar si la espiral ascendente de calidad musical continuaba su curso imparable. El que escribe estas líneas fue uno de los que hicieron cola esa noche a las puertas de la desaparecida tienda de discos madrileña Madrid Rock para comprobarlo, y podía observar cómo la gente delante de mí salía ilusionada con el disco bajo el brazo para ponerlo a todo volumen en los equipos de música de sus coches. Al principio, con el tema Ain't my Bitch, parecía que la cosa iba bien. Era algo distinto a lo habitual, pero era un trallazo. No obstante a partir del segundo tema, titulado 2x4, ya empezabas a ver muecas extrañas en el respetable.
Load era un disco que mostraba una enorme inquietud e inventiva, pero también un deseo de salirse de los márgenes del metal y acceder a otros sonidos y público, todo ello sin duda motivado por el enorme puñetazo que la escena de Seattle y su nuevo sonido, denominado Grunge, había provocado en la industria musical. Era el primer disco de Metallica que no podía denominarse en modo alguno como thrash metal. Seguía habiendo caña y distorsión, pero también había sonidos alternativos, blues e incluso country. Algo impensable y muy jodido de digerir para sus fans más duros. Por todo ello puede considerarse sin lugar a dudas el disco más polémico en la historia de la banda. Con el, para bien o para mal, accedieron totalmente al mainstream. Ahora se codeaban con gente como U2 o The Rolling Stones y ocupaban todo tipo de portadas. A raíz de eso una importante base de sus fans, aquellos que los habían aupado hasta ahí, renegaron de la banda. Las declaraciones de un Lars Ulrich con los ojos totalmente maquillados gritando a viva voz «No queremos volver a ser una banda de heavy metal nunca más» por supuesto tampoco ayudaron a calmar el ambiente.
Mucha gente considera Load el principio del fin. No así el que escribe este artículo. Load es un disco valiente, inspirado y lleno de temazos. Un disco a reivindicar y que ha envejecido a la perfección.
Entre sus muchas joyas ocultas podemos mencionar este Wasting My Hate. Resulta extraño que haya pasado tan desapercibido teniendo en cuenta que es el tema más cañero y enérgico del disco, uno de los pocos que deberían gustar sin reservas a la vieja guardia de sus fans por su actitud punk y que sin duda merecería más presencia en los directos.



    1. WHERE THE WILD THINGS ARE
      (Hetfiel, Ulrich, Newsted)
      Reload. 1997.


A pesar de toda la polémica, las ventas y la gira de presentación de Load fueron un éxito rotundo, pero la brecha ya se había abierto. Y cuando anunciaron la publicación de un nuevo disco dieron otro palmo de narices a los que imploraban por una vuelta a las raíces de la banda y el sonido thrash, dejando claro que iban a ser una serie de canciones compuestas y grabadas en las mismas sesiones que las del polémico Load. Con el original título de Reload apareció el disco, y volvió a ser la pesadilla de los viejos fans. Seguía la exploración de nuevos terrenos musicales, los medios tiempos calmados y melódicos y, como guinda, un tema con aires folk. Aquí es cuando muchos fans optaron por bajarse del barco definitivamente.
Reload es un buen disco y contiene algunos clásicos como Fuel o The Memory Remains, pero hay que reconocer que las composiciones esta vez no son tan inspiradas y hay un porcentaje bastante alto de relleno, lo que sitúa a este disco unos peldaños por debajo de Load. Aunque la banda proclame que su intención era que ambos discos estuviesen al mismo nivel uno no puede dejar de tener la sensación de que se trata de un puñado de descartes y caras B. Esto ha dado pie a que mucha gente elucubre con la idea de que lo suyo habría sido sacar un solo disco con los temas más redondos de ambos trabajos. ¿Habría sido así mejor aceptada esta etapa de la banda? Nunca lo sabremos.
Entre las gemas ocultas de este Reload destacamos el tema titulado Where the Wild Things Are. Un tema que ha pasado completamente desapercibido a pesar de su calidad. Algo lógico por una parte ya que se trata de un tema muy extraño e inusual para una banda como Metallica, sin el más leve rastro de thrash metal y con una densidad y atmósfera inquietante que lo acerca más bien a la sonoridad de gente como Alice in Chains. Estamos ante un tema totalmente a reivindicar, la letra y el tono de voz de Hetfield, así como el solo con wah de Hammett, son para enmarcar.
Como curiosidad apuntar que es el único tema de la época Load en el que figura el bajista Jason Newsted en los créditos de composición.



    1. INVISIBLE KID
      (Hetfiel, Ulrich, Hammett, Rock)
      St. Anger. 2003.


A principios del nuevo milenio Metallica se encontraban en el momento más delicado de su carrera. La industria musical había dado otro vuelco dando a luz al denominado nu metal, abanderado por bandas como Korn o Limp Bizkit y caracterizado por un sonido ultra grave y contundente, la ausencia total de solos de guitarra y filigranas egocéntricas y el coqueteo con el rap y la electrónica. No parecía que un grupo como Metallica tuviese mucho que decir por aquí.
La banda, por su parte, hacía frente a la huida de su bajista Jason Newsted, cabreado por los impedimentos de sus compañeros para lanzar su proyecto paralelo Echobrain. También tenían la resaca de las enormes críticas a sus trabajo Load y Reload aún flotando sobre sus cabezas. Estaban cansados y no sabían muy bien por dónde tirar, y lo que es peor, eran unos millonarios a los que, al fin y al cabo, en realidad no les apetecía demasiado verse las caras. Cuando en mitad de la grabación de su nuevo disco James Hetfiel decidió mandarlo todo a la mierda y recluirse en una clínica de desintoxicación para enfrentarse a sus demonios aquello ya parecía abocado a su fin de forma irremediable.
Todos estos problemas, que quedaron reflejados para la posteridad en el documental Some Kind of Monster, desembocaron finalmente y tras una larguísima espera en un disco titulado St. Anger, que puede considerarse casi sin lugar a dudas como el peor de su carrera, aunque aún así tiene sus defensores, claro.
La visión que la banda y el productor Bob Rock tenían para este disco resulta interesante en su planteamiento. Querían un disco crudo, visceral, sin artificios. «Que suene como una banda que se junta por primera vez para tocar en un garaje, solo que esa banda es Metallica» decían en el mencionado documental. Y bueno, a fin de cuentas eso fue lo que consiguieron: un disco con un sonido descuidado y unos temas que sonaban más bien como demos o extractos de jam sessions. Y aunque, como decimos, sea un planteamiento curioso, no está al nivel de lo que se exige a una banda mítica que mueve millones de dolares y de fans y que aspira a seguir llenando estadios.
Tiene el punto de su actitud, de su rabia, pero resulta completamente dilapidado por unas composiciones poco inspiradas y, sobre todo, cansinas.
Excepto el tema que abre el disco, titulado Frantic, y el que da título al álbum, todos los demás pasaron bastante desapercibidos. No obstante se puede rescatar alguna cosilla, como por ejemplo el tema titulado Invisible Kid. Un tema bastante cañero y con mucho ritmo donde se aprecia que Metallica estaban buscando su hueco entre toda esa marea de nuevas bandas. Peca de los mismos defectos que todos los demás temas del disco, su excesiva duración y vagabundeo compositivo. Pero pensad en una realidad alternativa en la que este tema dura cuatro minutos y cuenta con coros de Newsted y os encontraréis con un auténtico trallazo.



    1. DYERS EVE
      (Hetfield, Ulrich, Hammett)
      ...And Justice for All. 1988.


En 1988 nadie lo sabía. Pero este auténtico temazo con el que se cerraba su estupendo disco ...And Justice for All, iba a ser el último tema verdaderamente thrash que los cuatro jinetes escribirían hasta muchísimos años después. Simbólicamente puede considerarse el fin de una era, y vaya final... Riffs furiosos, solos veloces, Ulrich en el que quizás es el pináculo de su labor como batería y Hetfiel escupiendo unas letras cargadas de rabia que en su momento fueron bastante polémicas. Se trata de una carta llena de reproches de un chico hacia sus conservadores y severos padres. Una letra sin duda muy autobiográfica, ya que James se crió en el seno de una familia con unas extrañas creencias religiosas a los que se prohibía paliar con medicamentos los «designios del Señor», lo cual desembocó en que a corta edad tuviese que presenciar la agonía y muerte de su madre a causa del cáncer, siendo este uno de los episodios que le marcarían más profundamente para el resto de su vida. En este tema James parece vaciarse por completo al respecto.
No se atrevieron a tocar este tema hasta el año 2004, y no suele ser un tema habitual en sus conciertos, a pesar de que creemos que debería estar presente de manera obligada en casi todos sus set list ya que pocas veces han igualado este despliegue de energía y mala leche de una forma tan precisa, pasional y sincera.


    1. THE OUTLAW TORN
      (Hetfield, Ulrich)
      Load. 1996.


El tema que cierra el disco de la polémica, y toda una declaración de intenciones. Todo en este tema es épico e inspirado. La omnipresente línea de bajo de Jason, la impoluta producción, James cantando mejor y más sentidamente que nunca una letra fabulosa y una parte final instrumental de absoluto lucimiento por parte de toda la banda, con un dinamismo al alcance de pocos y un crescendo que se encuentra entre lo mejor que la banda ha compuesto en toda su historia.
Este tema resume y redondea todas las aspiraciones que la banda tenía en ese momento de su carrera, haciéndonos ver que el metal se les quedaba pequeño y que tenían mucho más que ofrecer, lástima que no siempre lo hiciesen con este mismo acierto.
Fue uno de los temas incluidos a su vez en el disco S&M (1999) que grabaron junto a la orquesta sinfónica de San Francisco, siendo uno de los momentos en que mejor casa la labor de la orquesta con la de la banda en aquel experimento también bastante polémico.



    1. JUMP IN THE FIRE
      (Hetfiel, Ulrich, Mustaine)
      Kill 'Em All. 1983.


Este tema, en una versión muy primigenia, fue escrito por Dave Mustaine cuando aún se encontraba en su anterior banda Panic y fue su carta de presentación para el nuevo proyecto llamado Metallica que andaban formando dos chavales llamados James y Lars. No hay duda de que junto al tema Hit the Lights de Hetfield, forman el caldo de cultivo a partir del cual se gestó el sonido de Metallica. De hecho estos dos temas, junto a una nueva composición titulada No Remorse, conforman la primerísima demo de la banda, conocida popularmente como Ron McGovney's '82 Garage Demo (1982).
El tema resulta encantador en su simpleza, construido a partir de un riff de guitarra en escala de blues y una serie de rabiosos acordes. Con la voz juvenil y sonrojante de Hetfield, la energía de Lars y los desbocados solos de Mustaine, es uno de los pilares en los que se asienta todo lo que vino después. Como bien sabemos el trabajo de Mustaine fue regrabado por el siguiente guitarrista de la banda, Kirk Hammett, cuando le dieron la patada, pero la sombra compositiva del pelirrojo, totalmente patente en Kill 'Em All, continuaría hasta bien entrado su tercer disco.
Nos encontramos ante un tema tremendamente desenfadado y dinámico que no nos explicamos como no tocan cada vez que se suben a un escenario, algo que sin duda el público agradecería.



    1. THE HOUSE THAT JACK BUILT
      (Hetfield, Ulrich, Hammett)
      Load. 1996.

Nos encontramos nuevamente ante un tema del disco Load, lo que demuestra lo muy reivindicable que es este disco en cuestión. En él James Hetfield alcanzó una de sus cimas creativas como letrista, dando un salto de gigante respecto a muchos de sus textos anteriores. Este disco está plagado de grandísimos escritos, la mayoría tremendamente personales y llenos de pasajes oscuros y melancólicos. Quizás el más personal de todos se encuentre en el tema Mama Said, otra gema oculta cuya letra pone los pelos de punta.
En el tema que ahora nos ocupa podemos ver una clara referencia a los problemas de Hetfield con el alcohol y las adicciones, una agonía que como sabemos acabaría años más tarde con James recluido en desintoxicación. El texto se complementa perfectamente con el paisaje sonoro creado por la banda, un medio tiempo extraño, oscuro y agobiante que nos muestra una faceta de la banda escondida hasta ese momento.
Como tercer tema del Load resultaba chocante, siendo uno de los momentos en que los primeros fans empezaban a torcer el gesto, sin reparar en que realmente era un tema en el fondo mucho más oscuro y siniestro que la mayoría de los que habían compuesto hasta ese momento. Musicalmente se exploran todo tipo de recursos y efectos, como las extrañas armonías vocales o el solo de guitarra con talk box y el resultado es no menos que sobresaliente.
Este tema hasta ahora nunca ha sido interpretado en directo.



    1. HERE COMES REVENGE
      (Hetfield, Ulrich)
      Hardwired... to Self-Destruct. 2016.


Hardwired... to Self-Destruct es el último disco hasta el momento de los de San Francisco. Un disco bastante variado que ha dejado muy buen sabor de boca tanto en la crítica como en el público. Ello se debe a su buena producción y a la colección de temas, bastante heterogéneos y que cubren casi todos los aspectos por los que se ha desplegado la paleta musical de Metallica a lo largo de su dilatada carrera. Algunos temas siguen pecando del gran fallo de la banda durante años, que es el no saber contenerse en cuanto a duración, superponiendo riff tras riff y dando como resultado algunos pasajes totalmente innecesarios. No es el caso de este tema, que aunque sobrepasa los siete minutos resulta bastante dinámico y se puede encuadrar dentro de lo mejor del disco.
La letra, que aborda los sentimientos de venganza, está inspirada en un desgraciado episodio real, el de una joven fan de Metallica que falleció atropellada por un conductor borracho. Hetfield pudo conocer a los padres de la fallecida y se sorprendió por el hecho de que hubiesen podido canalizar su rabia en lugar de simplemente buscar venganza, algo que él no estaba seguro de poder conseguir si se viese en esa situación.

  

    1. ALL WITHIN MY HANDS
      (Hetfield, Ulrich, Hammett, Rock)
      St. Anger. 2003.


Escuchar entero el disco St. Anger es una proeza solo al alcance de unos pocos valientes, debido a los problemas comentados con respecto a la larga duración de los temas y su repetitiva pesadez. Quizás por ello el tema que cierra el álbum haya sido uno de los que ha pasado más desapercibido a pesar de ser un tema bastante notable. Define perfectamente el sentimiento de St. Anger, con una agresividad desbocada a lo largo de sus casi nueve minutos de duración, lo que lo sitúan a mitad de camino entre la genialidad y la tortura. Lars está inmenso durante todo el tema, a pesar del polémico sonido de la caja, y ya simplemente la rabia que despliega James a las voces, sobre todo durante el enloquecido minuto final (Kill! Kill! Kill! Kill!Kill! Kill!) hacen que valga la pena el esfuerzo. Si tan solo lo hubiesen acortado un poco...
Resulta tremendamente curioso que este tema, uno de los más agresivos de todo St. Anger, solo haya sido interpretado un par de veces en directo, y no en su forma colérica original que todos conocemos, sino en una revisión acústica mucho más calmada. Esto ocurrió con motivo de un concierto benéfico en 2007, y podéis encontrar dicha versión buceando un poco por youtube, vale la pena buscarla si no la conocéis.



    1. TRAPPED UNDER ICE
      (Hetfield, Ulrich, Hammett)
      Ride the Lightning. 1984.


Me apetecía despedirme con un clásico, pero es muy difícil escoger un tema de los primeros discos de Metallica y hacerlo pasar por un tema escondido ya que casi todos ellos forman parte ya de la cultura popular y el imaginario colectivo del metal. No obstante hay un recoveco en su segundo disco, Ride the Lightning, que parece haber pasado más desapercibido que el resto. Entre clásicos incontestables como For Whom the Bell Tolls o Creeping Death encontramos ahí escondida la dupla que forman los temas Trapped Under Ice y Escape. El segundo de los mencionados tiene el dudoso honor de ser uno de los temas más odiados por James Hetfield, ya que admite que fue premeditadamente compuesto para intentar crear algo más comercial dentro de su catálogo, para que pudiese ser pinchado en la radio. El primero en cambio es un trallazo de puro y genuino thrash, veloz y repleto de alocados solos de guitarra, y a su vez cuenta con un estribillo pegadizo y marchoso que podría resultar más accesible para un amplio público. Es un tema que se compuso con ideas que Kirk trajo de su anterior banda Exodus y refleja la energía y desenfado de la banda en sus primeros tiempos, y por extensión de toda la escena thrash en general durante aquella época de gestación del género. Es una lástima que no haya sido más reivindicado en directo.



     BONUS TRACK:  El directo soñado... que nunca fue editado.



Si algo ha hecho grande a Metallica han sido sus directos, ya que una cosa está clara: encima del escenario la banda es totalmente imbatible. Es un hecho que podrán comprobar un puñado de afortunados dentro de unos días y algo de lo que ha quedado constancia en la extensa colección de material audiovisual que han editado los de San Francisco a lo largo de su carrera. Desde aquel lejano y emotivo Cliff 'Em All (1987) hasta el más reciente Quebec Magnetic (2012). pasando por la gigantesca caja Live Shit: Binge & Purge (1993), el concierto/película Through the Never (2014), o el Cunning Stunts (1998) de la época Load.
Metallica son conscientes de su buen hacer en directo y así lo han demostrado al editar de forma profesional un buen puñado de sus shows. Por eso sorprende, y mucho, que se hayan dejado en el tintero uno de sus conciertos más especiales.
Hablamos de la serie de cuatro conciertos que se celebraron en Diciembre del año 2011 en el teatro Fillmore de San Francisco con motivo de la celebración de los 30 años de carrera de la banda. Fueron unos shows super exclusivos, a los que solo pudieron acceder miembros del club de fans previo pago de un entrada al precio simbólico de 6 dólares.
Lo que hizo especial a estos conciertos fueron sus set list inusuales y la increíble cantidad de invitados especiales que se subieron al escenario. Cada una de las cuatro noches la lista de canciones interpretadas fue distinta, abriéndose cada concierto con la interpretación de uno de los cuatro temas instrumentales que posee la banda en su discográfica y acabando siempre, tras más de dos horas de show, con la interpretación del mítico Seek & Destroy, con la banda acompañada en el escenario por todos los invitados especiales del día en cuestión. Por supuesto se interpretaron todos los grandes clásicos que uno esperaría escuchar en un concierto de Metallica, pero también se dejó espacio para interpretar un montón de temas inusuales, como algunos de los reseñados en este artículo y muchos otros, como por ejemplo los cuatro temas que conformaron el EP Beyond Magnetic (2008), multitud de versiones de otros artistas, e incluso un tema del denostado disco Lulu (2011). En cuanto a la lista de invitados podemos encontrar a gente de la talla de Ozzy Osbourne, Glenn Danzig, King Diamond, Rob Halford o Jerry Cantrel entre otros, haciendo acto de presencia en el escenario para acompañar a Metallica en esta celebración única. Los momentos más especiales al respecto son los reencuentros con antiguos miembros de la banda como Dave Mustaine, Jason Newsted, su primer bajista Ron McGovney e incluso Lloyd Grant, un guitarrista que militó durante tan solo un par de meses en la banda en sus primerísimos días. Todo ello adornado con chistosos comentarios y anécdotas narradas principalmente por James y Lars.
Por todo lo expuesto estos cuatro conciertos suponen una auténtica delicia para los fans más acérrimos y ofrecen algo totalmente distinto al resto de sus grabaciones en directo. Por suerte Metallica tiene la costumbre, hace ya bastantes años, de grabar el audio de todos sus shows para ponerlos a la venta mediante descarga directa a través de su página web, y se pueden encontrar estas grabaciones buscando un poco por la red. Pero habría sido maravilloso que se hubiesen editado estos conciertos en DVD o Blue Ray, incluyendo un buen montaje y calidad de imagen, así como diversos extras, como por ejemplo entrevistas a los invitados, los ensayos u otros actos que tuvieron lugar durante la celebración del aniversario, todo ello, en un pack con una cuidada presentación, sin duda harían felices a multitud de fans y coleccionistas. ¿Por qué nunca se ha llevado a cabo? Lo ignoramos totalmente, quizás por el lío que supondría conseguir los derechos de imagen de todos los invitados, o quizás las razones sean otras, pero sin duda es algo extraño teniendo en cuenta el olfato de Lars para los negocios. En cualquier caso invitamos a los fans que no los conozcan a buscar estas grabaciones, sin duda disfrutaran enormemente con ellas.



Este texto fue escrito originalmente para la web musical DiabloRock:

martes, 9 de enero de 2018

CRÍTICA: PESTILENCE - HADEON





     La legendaria banda holandesa de death metal regresa con un nuevo trabajo bajo el brazo tras cinco años de silencio discográfico y dos años de parón total de actividad. Tiempo durante el cual la banda ha aprovechado para hacer balance, sacando al mercado dos discos en directo y otros dos recopilatorios y renovado profundamente sus filas, siendo nuevamente Patrick Mameli (Guitarra y Voces) el único miembro constante desde su anterior lanzamiento discográfico.
No es la primera vez que Pestilence se auto destruye para intentar renacer. Ya ocurrió lo mismo a principios de los noventa, tras el revolucionario y mal acogido Spheres (1993). En aquella ocasión la banda sufrió un parón de 15 años, tras los cuales la banda regresó, esta vez con Mameli totalmente al frente, y con una nueva receta sonora en la que, si bien seguían presentes el death y el thrash como base, se añadían otros elementos más contemporáneos y progresivos a su sonido, intentando refrescarlo y modernizarlo añadiendo pinceladas más técnicas y groove. Está jugada no salió del todo bien ni a nivel compositivo ni en cuanto a aceptación por parte de su base de fans, y tras tres discos de estudio acogidos de manera irregular y poco entusiasta por crítica y público Mameli decidía poner otro punto y aparte para pensar y centrarse en otros asuntos.
Ahora Pestilence han vuelto a la acción, y muchos de sus viejos fans se preguntan esperanzados si este periodo de reflexión habrá servido para hacerlos volver a su sonido más tradicional y que mejor resultado les procuró en discos de culto como Consuming Impulse (1989) o Testimony of the Ancients (1991). A todos aquellos que se formulen esta pregunta tenemos que darles una mala noticia: no ha sido así. Pero tampoco hay que lamentarse y decepcionarse de antemano, porque si bien este nuevo disco sigue el camino estilístico marcado por su anterior trabajo Obsideo (2013), resulta compositivamente superior a aquel y sitúa a este Hadeon como su mejor lanzamiento desde su época dorada de finales de los ochenta.
El álbum se abre con una breve introducción de sabor egipcio tras la cual nos encontramos el primer trallazo, titulado Non Physical Existent, basado en un sencillo riff de guitarra con inquietantes armonizaciones y el aporreo constante y sin miramientos de los parches por parte del nuevo fichaje Septimiu Harsan mientras los rugidos de Mameli inundan el espacio sonoro. La formula continúa inamovible durante los siguientes tres temas: riffs rápidos y bases sólidas para temas cortos y directos cuya única finalidad es la evasión del headbanging.
En el sexto tema, titulado Astral Proyection ya se permiten algo más de experimentación, añadiendo voces tratadas y dibujos de jazz para crear atmósferas inquietantes en medio de otros pasajes más convencionales.
En el breve pasaje titulado Subdivisions volvemos a encontrarnos con las mencionadas influencias jazz que nos acercan al innovador Spheres, pero no deja de ser un pequeño guiño antes de que la caña continúe sin miramientos con Manifestations, un tema en el que encontramos quizás los mejores solos de guitarra del disco. Precisamente si hubiese que destacar algo de este nuevo álbum de Pestilence sería el trabajo de las guitarras solistas, nada encorsetadas al género y permitiéndose explorar diversas facetas para crear unos solos que se salen de la media de lo escuchado en discos de este tipo.

Un disco que llega al final tras trece temas directos, compactos y sin descanso que dejan un buen sabor de boca en el oyente. Estamos ante un trabajo que no sorprende demasiado, ni para bien ni para mal y que sin duda no va a revolucionar el género en modo alguno, pero que sirve perfectamente para disfrutar durante algo más de media hora de una buena dosis de death metal facturada por músicos de comprobada solvencia. Para disfrutar sin comerse demasiado la cabeza.

     Texto escrito originalmente para la web musical Diablorock: 



sábado, 23 de diciembre de 2017

MÚSICA: LO MEJOR DEL AÑO.





TOP 10 DISCOS.

      10. Sepultura. Machine Messiah.
      A pesar de ser una banda a la que mucha gente dio la espalda tras la espantada de los hermanos Cavalera los brasileños siguen facturando discos dignos, y el último está entre los mejores de su segunda etapa.

      9. All Pigs Must Die. Hostage Animal.
      Rabia, rabia y más rabia. Sin concesiones. Sin hacer prisioneros.

      8. Archsphire. Relentless Mutation.
      Técnico, enrevesado, caótico. Una delicia lo último de esta prometedora banda canadiense de Technical Death.
      7. Chelsea Wolfe. Hiss Spun.
      Música para relajarse y deprimirse mecido por la susurrante voz de la reina del Doom gótico.
      6. Blut aus Nord. Deus Salutis Meae.
      Si en el infierno hay hilo musical sin duda es este.
      5. Akercocke. Renaissance in Extremis.
      El impecable regreso tras una década de la mítica banda de Black progresivo.

      4. The Faceless. In Becoming a Ghost.
      Recién salido del horno llega por los pelos a esta lista la última maravilla de la banda californiana. Una delicia repleta de técnica y atmósferas, para escuchar con libreta.
      3. Igorrr. Savage Sinusoid.
      La original y extrañísima banda del francés Gautier Serre regresa con otra obra sobresaliente en la que cualquier expresión musical tiene cabida y que nuevamente no dejará indiferente a quien la escuche.
      2. Marilyn Manson. Heaven Upside Down.
      Otro paso en el resurgir de un artista al que se daba totalmente por perdido.
                  1. Mastodon. Emperor of Sand.
                   Una joya. Otra más en la impecable discografía de una banda que nunca da un mal paso.

LOS TRES MEJORES CONCIERTOS:
      3. Igorrr. 8 Octubre, Madrid, Sala Caracol.
      Si algo necesita la sobre saturada escena musical es originalidad, aquí tenemos una propuesta como ninguna otra en la actualidad.
      2. Oranssi Pazuzu. 29 Abril, Portugal, SWR Barroselas Metalfest.
      Pese a algunos fallos de sonido por encima de todo está la entrega y la calidad de una banda sobresaliente en una noche mágica.
    1. Guns n' Roses. Not In This Lifetime Tour. 30 Mayo, Bilbao, Estadio de San Mamés.
    A pesar de las luces y sombras en torno a esta mediática reunión al final lo que queda es el sueño cumplido de muchos y una sonrisa de oreja a oreja.

MEJOR CANCIÓN:

«Mirror Reaper» de Bell Witch.
La nueva obra de la banda de Seattle es un único tema de más de 80 minutos de duración. Un tema denso, oscuro y triste, una carta de despedida a uno de sus miembros fallecido y un viaje alucinante y exigente para el oyente desprevenido. Prefiero evitar los quebraderos de cabeza al posicionar este álbum dentro de los mejores del año pudiendo colocarlo aquí en soledad porque, una cosa está clara, ninguna otra banda ha creado un tema de esta magnitud este año. Una obra maestra.



MEJOR RIFF:

Mastodon. Word to the Wise.




MEJOR PORTADA:

Boris. Dear.


DEBÚT DEL AÑO:

The Ominous Circle. Appalling Ascension.
La banda dice ser de Portugal, pero uno se siente más inclinado a pensar que han surgido del Infierno. Vienen con fuerza estos artesanos de lo extremo con una propuesta defendida en directo este año junto a Mayhem.


CANTANTE DEL AÑO:

W. Axl Rose.
Segundo año de reinado de nuestro psicótico favorito al frente de esa monstruosidad en que se ha convertido Guns n' Roses. Puedes amarle u odiarle, incluso ambas cosas a la vez, pero es de agradecer que podamos disfrutar un año más de las locuras de una de las últimas y genuinas estrellas del rock.


GUITARRISTA DEL AÑO:

Slash.
A pesar de no regalarnos ningún tipo de material nuevo este año no se puede pasar por alto la labor del legendario guitarrista que se ha paseado por nuestro país y el resto de Europa en un estado de forma envidiable, encumbrando a Not In This Lifetime como una de las giras de más éxito de la historia del rock.


BAJISTA DEL AÑO:

Duff McKagan.
No sería justo mencionar las dos piezas sin mencionar el pegamento. Sin duda el artífice de haber podido disfrutar en nuestro país de esta esperadísima gira.


BATERÍA DEL AÑO:

Sylvain Bouvier.
Su banda Trepalium se está tomando un descanso y en lugar de quedarse en casa mirando a las paredes ha optado por situarse tras los parches de Igorrr para llevar la locura de Gautier Serre al directo.

TECLISTA DEL AÑO:

Einar Solberg. Leprous.
Leprous han facturado otro disco sobresaliente de metal progresivo que bien podría haber entrado en la lista de los mejores del año, y gran parte de culpa la tiene el buen hacer de Einar en las teclas.

GRUPO DEL AÑO:

Guns n' Roses.
¿Quién sino?
DECEPCIÓN DEL AÑO:

Arch Enemy. Will to Power.
Disco hecho con el piloto automático y desaprovechando totalmente el genio de Jeff Loomis, imperdonable.

DISCO MÁS ESPERADO 2018:

Ghost. Nuevo Álbum 2018.
Tras un año de polémicas, con nuevo papa al frente y un concepto más oscuro y medieval. Estamos ansiosos por descubrir qué nos depara el siguiente capítulo de la banda de monjes.


CONCIERTO MÁS ESPERADO 2018:

Metallica.
Haga lo que haga esta banda siempre es un acontecimiento, y cuando llevan cinco años sin pisar España y casi una década sin actuar en recinto cerrado pocas dudas quedan al respecto de cuál será la cita del año.


Texto escrito originalmente para la web musical Diablorock:

miércoles, 20 de diciembre de 2017

CRÍTICA: THE FACELESS - IN BECOMING A GHOST (2017)





      En los terrenos de la música extrema de corte técnico y progresivo es fácil caer en determinados niveles de caos sonoro de difícil acceso para un oyente de corte más convencional, de hecho muchas veces ahí está el encanto de este tipo de música y muchas de sus bandas. En pocas ocasiones se consigue esa «formula mágica» que hace que un tipo de música exigente y enrevesada pueda ser disfrutada también por públicos más casuales, este es el caso de bandas ya míticas como por ejemplo Dream Theater u Opeth.
Es mucho aventurar si The Faceless algún día compartirán el prestigio de las bandas citadas anteriormente, pero con este In Becoming a Ghost sin duda van por buen camino y ya se puede apreciar que Michael Keene, guitarrista, bajista, cantante y, en definitiva, cerebro de la banda, ha dado con el ansiado ingrediente secreto. Puede que en gran parte esto sea debido al larguísimo y accidentado proceso de composición y grabación que ha llevado este nuevo trabajo, una travesía de cinco años con abundantes cambios en la formación en los que sin duda Keene habrá tenido tiempo para darle vueltas a su propuesta sonora hasta pulirla al máximo.
Tras una breve introducción que parece sacada de una serie televisiva tipo En los Límites de la Realidad, nos damos de frente con la primera descarga, Digging the Grave, y con ella lo que será la tónica del disco: temas repletos de intrincados cambios de ritmo y tono, con espacio para el lucimiento de todas las partes implicadas, de una enorme precisión técnica y dificultad compositiva pero que, a pesar de ello, fluyen de forma segura y constante ante el oyente, que podrá sentirse perplejo, pero en ningún momento abrumado o con sensación de agobio, y así hasta llegar al final con The Terminal Breathe.
Nos encontramos ante un disco directo en el que la energía y la inspiración no decaen en ningún momento, esto se apoya en la sabia decisión de ser comedidos respecto a la duración de los temas ya que ninguno de los 10 cortes supera los cinco minutos, alejándose así de las alargadas sinfonías de las que hacen gala muchos grupos del estilo. De esta forma los poco más de cuarenta minutos del disco pasan en un suspiro gracias a la variedad compositiva de la que hace gala y la pericia para armar estos temas sin que ninguno de sus cambios, ni siquiera los más radicales, suenen forzados. La travesía fluye de una manera más tranquila y natural de lo que cabría esperar en unas aguas tan extremas, dejando así un buen sabor de boca ya en la primera escucha e incluso ganas de que se incluyesen al menos un par de temas más para poder seguir disfrutando. Desgraciadamente el placer se hará aún más corto para los incondicionales de la banda al incluir tres temas ya publicados anteriormente como singles, eliminando por tanto bastante el factor sorpresa, como tristemente viene siendo habitual en los recientes lanzamientos discográficos.
La espina dorsal de la banda sigue siendo el death furioso, de guturales y blast beats, por lo que quien busque agresividad en este disco no saldrá decepcionado, pero hay que apuntar que siguen la senda abierta en su anterior trabajo Autotheism por lo que entre medias de la violencia puedes encontrarte todo tipo de atmósferas más relajadas y ambientales con abundante presencia de voces limpias y suaves, así como delicados dibujos jazz, avant garde y partes djent al estilo de bandas como Periphery o Animals as Leaders. Esto los aleja del death más directo de sus inicios hace ya más de una década, pero como decimos no es nada que no se viese ya en su anterior trabajo.
El tercer tema, Blackstar, contiene algunos de los riffs y dibujos de guitarra con más gusto que un servidor ha tenido el placer de escuchar en todo este año. El quinto, The Spiraling Void (tema que ya pudimos escuchar en una versión con su anterior cantante cuando se publicó como primer adelanto hace ya la friolera de dos años) es todo un derroche, con un interludio de arpegios neo clásicos que harán babear a los guitarristas de la sala, de la misma forma que la base rítmica del este y el siguiente tema, Shake the Disease, tendrá a los baterías y bajistas sacando la libreta y el lápiz del bolsillo.
Con este trabajo impecable en cuanto a sonido y composición la banda demuestra que tiene calidad para subir peldaños, ahora necesita una formación estable y definida con la que sus seguidores puedan identificarse para elevarlos en popularidad y darles una cohesión y seriedad como banda que evite momentos incómodos como los de su esperpéntica cancelación en el pasado festival Knights of Metal de Barcelona, entre otros desafortunados incidentes.

En definitiva: este disco supone otro paso más en la trayectoria ascendente de The Faceless, y es que cuando lo único que se puede criticar de un disco es su corta duración (aún durando 40 minutos) está claro que nos hayamos ante un trabajo sobresaliente.


Texto publicado originalmente en la web musical Diablorock: 



miércoles, 20 de septiembre de 2017

CRÍTICA: MARILYN MANSON - HEAVEN UPSIDE DOWN (2017)







Finalmente el esperado disco anteriormente conocido como Say10 y rebautizado como Heaven Upside Down aterriza en la tierra de la mano del artista anteriormente conocido como Brian Warner pero que pasará a la historia como Marilyn Manson, y lo hace con una seguridad y contundencia que pocos esperábamos tras meses de retrasos, rumores e incertidumbres.
En un principio se anunció a bombo y platillo que el nuevo disco del Reverendo, el décimo de su carrera, aparecería el 14 de Febrero bajo el título de Say10 y supondría la segunda colaboración con el músico y productor Tyler Bates tras The Pale Emperor, disco que obtuvo una estupenda acogida entre la prensa especializada. Pero dicha fecha llegó y pasó, dejando a sus seguidores desorientados y con un buen palmo de narices.
Los meses fueron pasando sin ninguna nueva fecha o explicación por parte de Manson, que por contra se dedicaba cada poco a subir extraños vídeos acompañados de citas crípticas en su cuenta de Instagram. Ahora sabemos que estos meses los pasó batallando con diversos problemas personales, el más grave de ellos la muerte de su padre Hugh, y buscando la inspiración para redondear un disco con el que no se encontraba al cien por cien satisfecho.
Cuando finalmente se anunció una nueva fecha y Manson comenzó a hacer declaraciones nos advirtió que el disco no seguiría la senda abierta por The Pale Emperor y que sería un disco más rabioso y colérico, intentando acercarse a sus orígenes y definiendo su sonido como un híbrido de los legendarios Antichrist Superstar y Mechanical Animals. El primer single, lanzado hace unos días y titulado We Know Where You Fucking Live así lo confirmaba, mostrando un sonido mucho más duro e industrial y una actitud al micrófono de Manson más rabiosa que en el disco anterior, acercándolo ligeramente a la época Antichrist.
Ahora que hemos podido disfrutar del disco en su totalidad podemos afirmar que, aunque algo de eso hay, esa primera definición de Manson no era del todo cierta. Nos encontramos más bien con un disco de balance, de cómputo. Un trabajo muy directo y variado, en el que el Reverendo nos muestra destellos de todas las facetas por las que ha pasado en su ya dilatada carrera.
El comienzo del disco es el que más nos puede retrotaer a sus primeros años, con un auténtico puñetazo en la cara nada más empezar como es el tema Revelation #12, uno de los temas más cañeros que ha dado Manson en años y que incluso contiene detalles que recuerdan a aquel lejano Portrait of an American Family con el que se dio a conocer hace ya más de dos décadas. Tras él Tattooed In Reverse, otro gran tema, pegadizo cachondo y marchoso pero más calmado y electrónico, más época Animals. A continuación el ya mencionado We Know Where You Fucking Live y Say10 del que ya se habían podido escuchar algunos extractos, un tema de comienzo e interludios inquietantes y un estribillo diseñado para ser coreado a voz en grito por el público en los directos. Tras estos nos encontramos con Kill4Me. Planteado como segundo single es el tema más comercial y accesible del disco, con un sonido que bebe directamente de Depeche Mode y un planteamiento descaradamente popero y orientado a la radio, sin que por ello se trate de un mal tema en absoluto. Y nos situamos a mitad del disco con Saturnalia, una de las últimas incorporaciones dentro del proceso compositivo, un tema extraño, de ocho minutos de duración, que nos trae inmediatamente a la mente el rock gótico de los 80 y en especial a la banda Bauhaus, con una producción y base rítmica totalmente dominada por unas interesantes y omnipresentes líneas de bajo por las que van serpenteando las guitarras y teclados dando lugar a uno de los puntos álgidos del disco y haciendo que sea uno de los temas más interesantes. Tras este el intento algo descafeinado de caña que es JE$US CRI$I$ pasa un poco sin pena ni gloria, aunque aún así tiene algunos momentos interesantes, sobre todo en la parte de las guitarras que dan nuevamente el contrapunto a una línea de bajo omnipresente.
En los tres últimos temas nos encontramos la parte más pausada y de romántica melancolía del Manson de discos como Eat Me, Drink Me o The Pale Emperor. Mención especial merece el último de estos tres temas, Threats of Romance, que contiene unas estupendas melodías vocales y un teclado que es una auténtica delicia.
Fácilmente este Heaven Upside Down puede ser uno de los mejores discos de la reciente etapa de Manson (con permiso de The Pale Emperor), a su favor juega la duración y número de temas, que lo hacen más directo y redondo, sin rellenos descarados y en definitiva más digerible que Born Villain y The High End of Low.

Este nuevo disco de Marilyn Manson cuenta con una producción estupenda, llena de detalles y matices, y cuenta con un buen puñado de temas, y aunque ni de lejos llega a la altura de sus obras maestras contentará a los seguidores que ya lo situarán más arriba o abajo en su podio personal según gustos. El Reverendo esta vez no inventa nada ni da una nueva vuelta de tuerca a su personaje, pero nos da un poco de todo lo conocido hasta ahora y esta vez sí, en su justa medida, algo que se agradece.


Texto publicado originalmente en la web musical DiabloRock:



lunes, 4 de septiembre de 2017

CRÍTICA: AKERCOCKE - RENAISSANCE IN EXTREMIS (2017)





     La formación de culto de Black/Death Progresivo y vanguardista Akercocke regresa con un nuevo y flamante disco tras un silencio de una década, tiempo en el que ha pasado de todo, disolución de la banda, proyectos paralelos y regreso. ¿Ha merecido la pena tan larga espera? Ahora mismo te lo contamos.
Los fanáticos de la banda que se hayan visto abrumados por tan largo parón están de suerte ya que este Renaissance in Extremis que traen bajo el brazo cumple de sobra con las expectativas y el legado de la banda de Jason Mendonca. Nos encontramos ante un disco inspirado y cuidado, plagado de detalles y cambios sorprendentes, ideal para paladear con calma y atención de principio a fin.
El viaje comienza con Disappear, un tema de siete minutos de duración que se abre con un afilado dibujo de guitarra y la atronadora batería de David Grey dándonos la bienvenida, un breve silencio para encajar un veloz solo de guitarra con sabor a Yngwie Malmsteen y vuelta a la destrucción con un potente riff grave de reminiscencias thrash que da entrada al registro más gutural y diabólico de Mendonca a la voz. Este primer golpe te deja aturdido, y cuando recuperas la compostura y comienzas a cabecear como loco te descolocan de nuevo con un interludio suave, de voces melódicas y guitarras limpias, y tan solo llevamos tres minutos de tema...
Esta será la tónica durante la totalidad de los nueve cortes que conforman el álbum, temas complejos y dinámicos plagados de cambios de ritmo y atmósferas, con espacio para el lucimiento de todos los miembros de la banda, todos ellos músicos de amplia experiencia y trayectoria que se reúnen para hacer aquello que mejor saben hacer.
Entre los puntos álgidos podríamos destacar First to Leave the Funeral, un tema oscuro e inquietante que nos brinda los momentos más potentes y diabólicos del disco y que sin duda hará las delicias de los admiradores de los sonidos más extremos. También destaca Familiar Ghosts, un tema que arranca con el sonido del mar y las gaviotas junto a un melancólico arpegio de guitarra. Aquí Sam Loynes, siempre comedido a los teclados, se suelta un poco más para crear la atmósfera adecuada a lo largo de todo el tema con sus teclados y samplers, un tema sobresaliente que gravita entre la tristeza y la inquietud. Mendonca, que está pletórico durante todo el disco, da otra clase aquí tirando de todos sus recursos a la voz, desde los más melódicos hasta los más malignos. Por supuesto también hay que mencionar el tema que cierra el disco A Particularly Cold September, una delicia de más de nueve minutos que como imaginarás por lo comentado hasta aquí te lleva de los pasajes más calmados y melancólicos hasta las profundidades del averno zarandeándote por el camino como a un vulgar pelele. El inicio del mismo es fabuloso, con voces y guitarras limpias y un pasaje con saxo que los acerca a terrenos del ambient jazz, por supuesto todo va degenerando hasta desembocar en un furioso tramo de old school thrash y voces guturales para regresar luego a la calma y dejarnos con unos de los mejores y más sentidos solos de guitarra del disco que nos acompañará ya hasta el fundido a negro.
En el apartado letrístico la banda, conocida por su afición por la imaginería satánica y oculta, esta vez ahonda más en la oscuridad del alma con textos más terrenales que versan sobre la angustia, la desesperación, el tiempo y la superación personal.
No me ha convencido del todo la producción, yo habría apostado por un tipo de mezcla más actual, pero eso ya entra dentro del terreno de los gustos personales.
Finalmente Akercocke han vuelto, lo hacen por la puerta grande con un disco de alta calidad y apuesto a que ningún seguidor quedará decepcionado con su regreso y también que cosecharan un buen puñado de nuevos fieles con esta obra.

En definitiva: buena mierda para paladares exigentes.

Texto publicado originalmente en la web musical DiabloRock: http://diablorock.com/2017/08/30/critica-akercocke-renaissance-in-extremis-2017/