Masaccio: Adán y Eva expulsados del Paraíso.

martes, 19 de junio de 2012

CRÓNICA SONISPHERE 2012






And with dust in throat I crave
Only knowledge will I save
To the game you stay a slave
Rover, wanderer
Nomad, vagabond
Call me what you will

Metallica “Wherever I may roam”



A Emilio y Sergio.



Una gran bandera nazi ocupaba una de las paredes, encima de la cama, presidiendo la habitación de manera imponente. A su lado, en la pared contigua, había otra bandera ligeramente más pequeña, la pre constitucional. El aguilucho miraba a su derecha, evitándome. Yo no era lo suficientemente digno para dedicarme su mirada. “Una grande y libre”. Daría lo que fuera por ser yo uno grande y libre y no tener un ojete que limpiar todas las mañanas y poder correr por infinitos prados color turquesa mientras mis extremidades se ajan y caen.
Había más parafernalia de ese tipo por toda la habitación, banderitas, colgantes, incluso un pequeño retrato de Adolf.
-¿Qué coño es todo esto?
-Nada, es de mi compañero de piso, se le pira un poco la pinza.
-Ya veo.
-Bah, no es mala gente.
-A mi no me cae mal, pero la verdad es que esto asusta un poco.
-Ya, bueno, es más una pose que otra cosa. Venga, te enseño el resto de la casa.
Salimos del extraño santuario dejando al espíritu de Adolf pensando en sus cosas, seguramente cavilando en por qué salió mal. Fernando continuó enseñándome su casa. Le había hecho un lavado de cara y la verdad es que le había quedado bastante bien. La última vez que la vi se caía a pedazos, ahora hasta parecía un hogar confortable. Hay que ver lo que hace una buena mano de pintura, colores cálidos y algo de orden y limpieza, lo que siempre dicen nuestras madres pero nos cuesta tanto creer.
Tras ver toda la casa volvimos al salón. Allí estaba Johnny, el compañero de piso de Fernando, el del santuario nazi. Estaba con un amigo suyo que tenía cara de idiota, ambos mantenían una acalorada conversación rodeados por una espesa niebla producto del humo de la marihuana que fumaban incesantemente. Nos sentamos junto a ellos, alguien me pasó un canuto.
-Sí, y encima entró y vino enfainado hacia mi, ¿pero quién coño se habrá creído que es? El y su amiguita, como si no nos conociéramos, como si no me conocieran -gruñía Johnny.
-Qué capullos -sentenció el colega.
-Pues si tienen cojones que vengan a por mi, les tengo un regalito por si asoman la nariz por la puerta.
Al decir esto Johnny se agachó y rebuscó en un cajón, sacó una pistola, me miró fijamente y me apuntó con ella a la cara.
Nunca me habían apuntado con un arma. ¿Estaría cargada? ¿Sería este mi final? La situación era lo bastante absurda e inesperada como para desembocar en mi muerte, era algo que tenía una lógica aplastante, la lógica del caos, todo puede acabar en cualquier momento, de la manera más tonta. La sensación no es ni temor ni resignación, sino la constatación de lo evidente, de la fragilidad de todo, un golpe de realidad. Vivimos como en un permanente sueño, lo vemos todo excepto a nosotros mismos y eso nos crea una sensación de etérea inmortalidad, pero el caso es que vas una mañana camino del curro, puteado, conduciendo medio dormido y, de repente, por un descuido, te sales de la carretera y te precipitas por un barranco y caes pensando: “Vaya, de modo que era así.” Y hasta resulta en cierto modo gracioso, la gran broma final antes de la prueba definitiva.
-Mierda, ¿eso es de verdad? -dije dando una calada al porro y aparentando serenidad.
-Ya te digo -nos miramos un breve instante, luego dejó de apuntarme y se puso a observar el arma ensimismado-, me ha costado una pasta, pero a ver quién es el listo que me vacila ahora.
-Bien, bien -respondí.
El ambiente se estaba volviendo extraño y opresivo. La ingesta descontrolada de marihuana paranoica y las armas de fuego no son una combinación que provoque relax, así que decidí no alargar en exceso mi estancia con aquellos colgados. Me dirigí a Fernando.
-Bueno tronco, ¿me das lo mío? He quedado, tengo que hacer unas cosillas -mentí.
-Sí claro. Johnny, deja de hacer el tonto con la pipa, guarda eso y acércame la tanita.
Fernando cogió un tarro de cristal repleto de marihuana y pesó una pequeñísima parte que metió en una bolsita de plástico y me tendió.
-Guay, ¿y lo otro? -dije.
-Verás, tenemos que hablar de eso, ya no voy a tener más.
-No jodas.
-Si tío, tuve un problema con el último cargamento, se me fue la pinza y acabé en el hospital, paso ya de esa mierda, no quiero ni verla, cuanto más lejos mejor.
-Joder, vaya putada, o sea, te entiendo, ya sabes que yo también tuve problemillas con la zarpa, pero me jodes, pasado mañana es el festi.
-Ya, lo siento, pero tú me entiendes, ¿verdad? Estoy jodido, no puedo tener cosas de esas cerca porque acabo cayendo y cuando empiezo no puedo parar, a partir de ahora ya solo voy a tener maría, nada de coca, ni de speed, ni de M.
-Te entiendo. Y te apoyo. Hay que tener mucho cuidado con esta mierda, te descuidas un poco y ya te tiene atrapado por las pelotas, a mi me costó salir, pero... ¡cabrón! Me podías haber avisado para buscar por otro lado.
-Bueno, bueno, relájate tío. A ver, ¿cuanto querías?
-Un pollo de M.
-El Johnny te lo consigue ¿verdad?
-Claro tío, así pillo un par para mi -Contestó Johnny, despreocupado, ya sin el arma en las manos.
“Perfecto, voy a poner mi diversión tóxica en manos de un nazi suicida y demente. Me siento mucho más tranquilo ahora”. Pensé, no obstante dije: -Claro, sin problema, me fío de Johnny. Ahora si me disculpáis tengo que ultimar los detalles.
-Vale tronco. Nos vemos.
Salí de allí en un estado de tensión, no solo por lo del arma, me preocupaba especialmente no tener las drogas en el bolsillo. No hay nada que me ponga más nervioso que acudir a un gran festival de música sin un mínimo cargamento de drogas. Ya me pasó el año anterior y estuve tenso y de mal humor durante todo el viaje de ida, luego, evidentemente, una vez allí empezaron a caer las sustancias del cielo, al fin y al cabo vas a un festival de metal con otros 80,000 colgados. Pero saber eso no me tranquilizaba en ese momento, me gusta tener ese aspecto bajo control e ir con mi cargamento previamente, luego, una vez allí, que sea lo que dios quiera. Respeto a la gente que acude a estos eventos sobrios, seguramente recuerden más detalles con posteridad, sobre todo los fallos, detalles de producción, de sonido, de organización, pero en mi caso se trata de desconectar, de transportarme mediante varios vehículos, no solo el musical. Si quiero no perder detalle de las actuaciones lo mejor que puedo hacer es comprarme el DVD, yo prefiero ir de otro rollo, ver más allá de lo evidente con los ojos entornados, llorosos y soñadores. El caso es que para mi ir sin drogas era prácticamente como ir sin la entrada.
“¡Mierda! Siempre igual, como el año pasado. Lo sabía, ¡lo sabía! Voy a ir con los putos bolsillos vacíos ¿Por qué cojones no aprenderé? ¿Por qué siempre lo dejo para el puto último día? ¡Maldita sea!” Me mortificaba de esta forma mientras recorría las calles cavilando, entonces mi teléfono comenzó a vibrar, miré la pantalla. Era La Rata. La Rata es un colega que tenía pensado acompañarme al festival, le llamábamos así por un personaje de videojuego que siempre elegía. Sabía lo que iba a decirme y no era el momento en mi estado de tensión, no obstante descolgué.
-Hey Rata, ¿qué tal?
-Mal, muy mal, ya estoy histérico, ¿has conseguido una tienda de campaña?
-No, no he visto a mi vecino.
-¡No jodas! Joder, que yo me piro en cinco horas, ¿dónde voy a dormir?
-No sé, ahora lo llamo otra vez, pero no sé si está currando o no. Dependemos de la suerte, esto nos pasa por dejarlo todo para última hora.
-¡Te dije que se la pidieras la semana pasada!
-Ya, pero también me dijiste que te la iba a dejar el Adrián.
-Pero te dije que se la pidieras de todas formas porque el Adrián no es de fiar, de hecho llevo llamándole todo el día y lo tiene apagado. ¡Joder! Encima que me voy antes para coger sitio me va a tocar dormir a la intemperie.
-Tranquilo, todo se solucionará de una forma u otra.
-¡Joder, parece que te la suda!
-No me la suda, pero, ¿qué quieres que te diga? Ahora mismo yo también estoy liado, he tenido problemas para pillar y estoy de los nervios, te dije que comprásemos una joder, por siete pavos cada uno nos habríamos dejado de historias.
-No tengo siete pavos para una tienda de campaña, soy pobre.
-Seguro que te has dejado más este finde en cerveza.
-Esa no es la cuestión, lo que pasa es que pasas de moverte.
-¿Que paso de moverme? ¡Joder! También es mi problema tío, yo también tengo que dormir ahí.
-Pues no veo que te afecte demasiado.
-Mira Rata, me estás poniendo de los nervios y bastante tengo ya.
-¡Yo también estoy de los nervios!
-Mira, ¡que te den por culo! ¡déjame en paz!
-Bravo, muy bien, estupendo, yo flipo contigo...
Le colgué el teléfono. Estaba harto. Todo a última hora. Todo mal. Sin tienda de campaña para acampar. Sin drogas recreativas. El tiempo corría, yo estaba cada vez más tenso y cabreado y se me estaban quitando las ganas de ir a ninguna parte. ¡A la mierda Metallica! ¡A la mierda La Rata! ¡A la mierda las drogas! Debería quedarme en casa, amargado, bebiendo cerveza, quizá escribiendo algún poema... Sí, eso es lo que debería hacer. ¡A la mierda todo!





VIERNES 25 DE MAYO. GETAFE. DÍA 1. TEMPERATURA 30,8.
BANDAS DESTACADAS: CORROSION OF CONFORMITY, SONATA ARTICA, LIMP BIZKIT, KYUSS LIVES!, THE OFFSPRING, PARADISE LOST, SOUNDGARDEN, MACHINE HEAD.





Pero el caso es que dos días después estaba en Getafe, a las puertas del festival. Al final Johnny me trajo el pollo de M y no solo conseguimos una tienda de campaña sino dos. Siempre igual, gastando odio de forma gratuita, estresados de forma gratuita, desperdiciando estados de ánimo. En este tipo de cosas al final todo acaba saliendo bien de una forma u otra. El ser humano vive así, en un estado de completa tensión innecesaria, y no debería. Todo es sencillo, todo sigue una senda que simplemente hay que recorrer con atención. A veces parece que todo se va a derrumbar pero si es algo deseado y merecido de forma auténtica acaba saliendo, no como lo planeaste, por supuesto, pero acaba saliendo.
El viaje en autobús fue tranquilo hasta llegar a Madrid, una vez allí nos arropó un terrible atasco, de la misma forma en que te arropa la lluvia al llegar a Galicia, pero con mucho menos romanticismo.
Madrid. La gran urbe en la que había vivido tantos años. Como alguien que no recuerdo dijo una vez: “Madrid es el paraíso, si consigues soportarlo”. Yo al final no lo soporté más. Hacía mucho que no volvía y me sentía ligeramente emocionado con mi reencuentro con la ciudad, no obstante tras una hora de atasco y luego, al bajar del autobús, la compañía de las mareas humanas, el transporte bajo tierra, la peste propia de la aglomeración, la polución, el calor del asfalto y el hedor a estrés, industria, depresión y culo me recordaron la razón por la que me marché y por la que no tenía ningunas ganas de regresar.
Cuando llegué al recinto, situado en el sur de Madrid, a las afueras de Getafe, ya se respiraba el ambiente propio del acontecimiento. Cientos de personas ilusionadas, luciendo las camisetas de sus grupos favoritos, cargando con pesadas mochilas, tiendas de campaña, carritos de la compra llenos de alcohol, olor a porro en el ambiente... El clima acompañaba, quizás demasiado caluroso, pero en estos casos mejor calor que lluvia. Había que recorrer unos cuantos metros hasta la entrada de la zona de acampada, y lo hacíamos en satánica procesión. En este camino, a las afueras del recinto, se situaban los puestos de venta clandestinos, regentados en su mayoría por sudamericanos, que ofrecían camisetas no oficiales, pulseras y demás parafernalia. También, por supuesto, bebida a “precios populares”, es decir, “solo” cuatro veces más caro de lo que costaban realmente en cualquier supermercado, pero aún así más asequibles que en el recinto oficial.
Ya en la zona de acampada no me costó localizar a los colegas. La zona de acampada, al contrario que otros años, era una gran explanada sin ni siquiera un triste árbol con el que refugiarse de la crueldad del astro rey, lo bueno es que estaba más cerca del recinto de conciertos que otros años.



Por suerte los colegas habían cogido buen sitio, cerca de la entrada, así que arrojé la mochila en la tienda y después de los inevitables intercambios de emocionados saludos y abrazos me encaminé con Emilio, uno de mis fieles escuderos, a cambiar la entrada por la pulsera que te daba acceso al recinto de conciertos. Nos llevó un buen rato hacerlo. Aquí fue donde tuvimos el primer encontronazo con los fallos de organización. Había que canjear la entrada por una pulsera en unos puestos habilitados para tal labor y tras ponernos la pulsera nos indicaron que había que salir por el lado opuesto al que habíamos entrado, el problema es que una vez allí ¡no había ningún tipo de salida! Volvimos sobre nuestros pasos.
-¿Dónde vais? -nos dijo un tipo de seguridad.
-A salir de aquí.
-Por aquí no es, esta es la entrada, la salida está al otro lado.
-Allí no hay nada.
-La salida es por allí -sentenció.
Volvimos otra vez sobre nuestros pasos, quizás se nos había pasado la puerta en cuestión. Pero al hallarnos de nuevo en el lugar indicado vimos que no, no había ninguna puerta, ningún tipo de salida, nada, solo una valla tapada con una lona. La gente se arremolinaba confusa en torno nuestro. Pregunté a un tipo.
-¿La salida es por aquí?
-Eso me han dicho.
-¡Pero aquí no hay nada!
-Ya.
-¿Entonces?
-Yo que sé.
Volvimos, otra vez, sobre nuestros pasos hasta el tipo de seguridad de la entrada.
-La salida no es por aquí, esto es la entrada.
-Ya nos lo has dicho antes, pero es que allí no hay ninguna salida.
-Pues por aquí no se puede salir.
La situación era absurda y surrealista, la gente a nuestro alrededor se impacientaba y cabreaba, comenzamos a increpar al segurata.
-¿Os creéis que somos ovejas o qué?
-No puedo dejaros pasar, tengo instrucciones precisas, esto es la entrada, la salida está al otro lado.
-¡Pero al otro lado no hay ninguna puerta!
-¡A la mierda, me estoy rayando! -dijo Emilio mientras saltaba una pequeña valla. Le seguí y el resto de gente detrás, el segurata no intento detenernos, habría sido inútil, y por fin conseguimos salir de aquella trampa mortal.
Mientras tanto, en el recinto de conciertos éstos ya habían dado comienzo, el festival se abría a las 17:20 con el grupo Six Hour Sundown, la nueva banda de la guapa Lauren Harris, hija del bajista de Iron Maiden, y aunque no habría estado de más verla contonearse Emilio y yo todavía teníamos que ir a realizar la compra básica de supervivencia al supermercado. Este se encontraba a unos 30 minutos andando, una distancia razonable. Mi situación económica es paupérrima, ni siquiera habría podido ir al festival si no fuera porque mi chica (bendita sea) me regaló la entrada así que tenía que controlar mucho los gastos, por ello en el supermercado solo compré lo necesario e imprescindible para sobrevivir un par de días, esto es: una botella de ron y 35 latas de cerveza, nada de alimento.
Tras una pequeña espera debida a que una amiga había sufrido un golpe de calor, espera que Emilio y yo amenizamos fumando porros bajo el sol de forma temeraria, volvimos a la zona de acampada y allí, tranquilamente, comenzamos el ritual de emborracharnos.
Alegres, despreocupados, rodeados de gente, con dos jornadas de conciertos y fiesta por delante las cervezas y las risas empezaron a caer, luego las copas, y, tras sopesar pros y contras con Emilio durante, aproximadamente, minuto y medio, también nos decidimos por empezar a darle a la droga. Mientras tanto me perdía a Corrosion of Conformity en el escenario grande.
A las 19:00 La Rata comenzó a impacientarse ya que veinte minutos después estaba prevista la actuación de Sonata Artica. Es un grupo que en disco ya me parece mediocre y la única vez que los había visto en directo mi opinión de ellos solo empeoró, así que preferí quedarme de risas entre las tiendas de campaña tomando cervezas y chupándome el dedo impregnado de M.
Un grupo que sí tenía ganas de ver era Limp Bizkit. Esta banda me gustó mucho cuando tuvieron su gran momento, allá por 1999. Recuerdo fliparlo (como el resto de chavales aquel año) con su segundo disco Significant Other. No obstante nunca llegué a verles en ese momento. Desde entonces muchas cosas han cambiado y si bien mi predisposición ahora era más de curiosidad que otra cosa sí que tenía ilusión por ver de una vez por todas a su guitarrista, Wes Borland, al que considero uno de los guitarristas más capaces y originales del llamado numetal. No solo posee una técnica superior a la media de los guitarristas de este estilo sino que también posee un agudo sentido del espectáculo y el humor y suele salir a escena con estrafalarios disfraces. El problema es que nadie de mi grupo de amistades tenía ganas de verlos. Por suerte encontré la figura del cómplice en una chica de la pandilla y allá nos fuimos a disfrutar de la actuación. Tras el inevitable paseo desde la zona de acampada y el paso de los controles pertinentes accedí por primera vez al área de conciertos propiamente dicha, ésta estaba situada en un complejo militar asfaltado, lo que solucionaba los problemas de polvo y barro de los que tanto se ha quejado la gente en las anteriores ediciones del Sonisphere.



El recinto, de forma rectangular, albergaba en un extremo el escenario principal con otro más pequeño en el otro extremo y una carpa en la parte central, diversas barras de comida y bebida y en la parte más alejada los puestos de merchandising. Nos apresuramos ya que Limp Bizkit ya estaban saliendo a escena. La gente los acogía con una actitud ligeramente fría ya que no era uno de los grupos más esperados del festival precisamente así que no nos costó demasiado abrirnos paso hasta las primeras filas, allí nos encontramos con lo que, a mi modo de ver, era uno de los grandes puntos negros de este festival: el black circle. El black circle es una novedad de esta edición y la primera vez que he visto algo así en un festival de música, y llevo varios a mis espaldas, una zona reservada y delimitada por vallas en frente del escenario para gente que había comprado entradas más caras que las entradas normales. Eso garantiza, a quién pueda pagarlo, un sitio preferente en primera fila sin molestias ni esperas. Una auténtica segregación entre ricos y pobres propiamente dicha.
Lo malo es que la mayor parte de la gente que había pagado por el black circle lo había hecho con la intención de no perderse detalle de las actuaciones de los cabezas de cartel, Metallica y Soundgarden, y en la mayoría del resto de actuaciones todo ese espacio se veía bastante vacío dando una sensación de ridículo bochornoso y bastante triste ya que los pobres y desheredados como yo se veían obligados a agolparse muchos metros atrás. Se vio en la cara y actitud de las bandas bastante disconformidad con esta política clasista, por no mencionar el cabreo del público en general.



Los Limp Bizkit arrancaron con Break stuff, Hot dog y My generation, poniendo a sus fans a saltar como locos, aunque la manía de su líder Fred Durst de soltar interminables parrafadas entre temas hizo que el ritmo del concierto fuese terriblemente irregular. El sonido tampoco fue bueno del todo. Por lo visto era el primer concierto sin su dj, pero yo ni me enteré de esto, mi vista estaba fija en Wes, que estuvo impecable. Su disfraz no fue de los más afortunados que le he visto, no obstante daba el toque de personalidad propio. Mucha gente tiene opiniones encontradas al respecto de este tipo de recursos escénicos, yo soy fan de ellos, está claro que lo importante es la música, pero cosas de este tipo en directo te hacen disfrutar enormemente, al menos a mi, y está claro que grupos como Slipknot o Kiss no habrían recibido tanta atención, al menos en sus inicios, sin sus pintas estrafalarias.



El M pegaba fuerte en mi cerebro. Muy fuerte. No recuerdo que cantidad me había metido, pero la cosa pegaba y estaba bastante puesto a estas alturas así que disfruté de los clásicos de la banda saltando y coreando como un perro drogado. Mi acompañante, aunque sobria, también parecía estar disfrutando mucho de la actuación, que pasó en un santiamén. Tras Take a look around y My way sonó el tema que les puso en el punto de mira cuando no eran nadie, la versión del tema de George Michael Faith. En este tema pidieron que las chicas se subieran con ellos al escenario, algunas lo hicieron, una incluso se despojó del sujetador con la consecuente algarabía del personal. A pesar de mi insistencia no conseguí que mi compañera de concierto se subiera al escenario. Seguramente habría disfrutado, pero supongo que le pudo la vergüenza, no obstante se lo estaba pasando pipa, hasta que llegó el momento fatídico. De repente se giró y me miró con cara de preocupación.
-¡Me han robado la cartera! -dijo.
-Venga ya.
-Que sí, que sí ¡Me han robado la cartera!
-Mírate bien, seguro que la tienes por ahí.
-Que no. Estaba en el bolso, tengo el bolso abierto, alguien me la ha robado.
-¿Estás segura?
-Sí joder, yo estoy sobria, la tenía aquí, ya no está.
-Oh, mierda.
Nos pusimos a buscarla por el suelo mientras sonaba el último tema de los Bizkit, Rollin'. No tuvimos éxito, y este hecho empaño bastante la actuación ya que la alegría se transformó en rabia, el ambiente se oscureció y mi tremendo pedo festivo se precipitó hacia la paranoia. Me sentía en parte culpable por lo ocurrido ya que en la euforia de mi cogorza fui yo el que insistió en estar lo más cerca posible del escenario, donde la juerga era mayor pero también era mayor el anonimato para un carterista y más sencillo su trabajo ante el tumulto y los empujones. Vi varias carteras desaparecer a mi alrededor durante el festival, sobre todo durante el concierto de Metallica, por lo visto algún hijoputa hizo el Agosto. En fin. Espero y confío que el karma se lo devuelva tarde o temprano.
Tras la actuación de Limp Bizkit todo es un poco confuso, yo ya estaba volando sin alas a causa de las sustancias ingeridas y me perdí entre la multitud. Acabé juntándome con un par de tipos de las Islas Canarias, bastante majos ellos, de los que ya no me separé en toda la velada. Estuvieron invitándome a bebida cada dos por tres, algo de agradecer ya que el precio en el interior del recinto era prohibitivo. Yo a cambio les invitaba a M. Nunca lo habían probado y acabaron los dos bastante perjudicados, perjudicados y contentos, todo sea dicho.
No recuerdo haber visto a Kyuss lives! Pero sí vi a The Offspring.
The Offspring es un grupo que nunca me ha gustado, pero aún así es imposible no conocer muchos de sus clásicos como Americana, Pretty fly, The kids aren't allright o Self steem, con la que cerraron el show. Su sonido fue bueno dentro de lo que cabe y su actitud cercana, eso mezclado con el alcohol, el M, y los nuevos amigos canarios convirtió aquello en una auténtica fiesta.
Tras el desparrame que había sido The Offspring, nos tomamos un descanso durante Paradise Lost, a los que vimos de lejos y de los cuales no recuerdo absolutamente nada. Sí que recuerdo haber visto cómo los servicios sanitarios se llevaban a un tío en camilla, pasaron a mi lado y el chico estaba con los ojos completamente en blanco, parecía muerto ¿sobreviviría? Espero que sí.
Otro de los problemas que se vivieron en el Sonisphere fue la imposibilidad de comunicarse por el móvil, no sé si debido a la sobrecarga en la red o a que, al estar el recinto situado junto a una base militar, había algún tipo de inhibidores. El caso es que siempre que llamabas, drogado, paranoico, desesperado y demente, a los colegas, era imposible dar con ellos, y si por acción de la gracia divina conseguías señal, el ruido de la gente y los conciertos transformaba la conversación en un absurdo total.
Estábamos sentados, los canarios y yo, en una zona con césped, alejados de los escenarios, disfrutando de nuestro pedo, flipándolo bastante, con los ojos entornados y la mandíbula luchando contra sí misma.
-Joder, que suerte hemos tenido de encontrarte, eres un tío genial, genial -no paraban de decir.
-Joder, gracias, vosotros también. Mira, estaba solo y ahora estáis aquí, invitándome a beber, joder, gracias.
-Nada nada, te lo mereces, eres cojonudo.
-Vosotros sí que sois cojonudos, joder, os estáis gastando una pasta, yo es que he venido arruinado, la puta crisis.
-No te preocupes, nosotros curramos, el dinero no es problema, tu nos estás dando mierda de esa que, joder, yo no había estado tan a gusto en mi vida.
-Vaya, me alegro mucho tío -abrazos varios.
-Vamos a por más bebida joder -dijo uno de ellos.
-¿No habíamos ido ya? -repuse.
-¿A dónde?
-A por bebida.
-¿En serio?
-Claro, venimos de allí, esos minis son nuestros.
-¡No jodas!
-Claro.
-Pues pásate un trago.
-Claro, espera, voy a echarle un poquito de vitaminas.
El pedo del M, para quién no esté familiarizado con la sustancia en cuestión, viene a ser como la borrachera definitiva, sientes esa confusión y bienestar, pero el bienestar se multiplica por mil haciendo que, por alguna razón, te sientas terriblemente feliz con todo lo que te rodea y en comunión con las gentes, la vida y el cosmos, por eso la necesitaba en un sitio como aquel, todo era tan sencillo... premisas básicas: diversión, pasión, y el conocimiento derivado de la pasión... porque todo es conocimiento, es la premisa de la vida, la búsqueda sin la que el ser humano nunca hallará la salida, es la clave, la llave. El conocimiento... el conocimiento adquirido a través de las experiencias, porque el conocimiento no solo se adquiere de la enseñanza y el estudio, eso solo es una parte, importante también, pero una parte, nada más... hay más tipos de conocimiento, uno innombrable, intangible, innumerable, más allá de la conciencia, que una vez adquirido se adhiere y te acompaña como una capa más de piel, aunque no estés seguro de haberlo tratado, ya que es intratable. Lo puedes sacar del arte, el arte verdadero, el que se guía por la premisa y llega a ser lo que debe ser, conocimiento, porque el arte ha de ser conocimiento, debe obligarte a viajar a sitios que modifiquen tu experiencia... todo en la vida se basa en buscar capas que vas añadiendo a tu ser... algunas te las dan, o te obligan a cogerlas, la frustración, la pena, el sufrimiento... otras tienes que cogerlas tú. Algo como estar aquí, drogado, con desconocidos, compartiendo una noche, sintiendo, forzando los sentidos para trascenderlos y darte cuenta de que no todo se enmarca en los límites que creías, eso es una forma de conocimiento, una más... otro arma... otro bastón... otro recurso... para encarar la prueba... el momento definitivo...
Los festivales de la música que me apasionan son diversión, desparrame, pero también momentos de exploración. Intento tomarme las drogas y vivir el momento no solo desde un punto de vista de diversión despreocupada sino también desde un punto de vista de ritual chamánico. Esa es la gran diferencia y el sentido responsable de la ingesta drogadicta. Por supuesto también puedes caer en el mero vicio y la adicción, y yo caigo infinidad de veces, no todo es tan sencillo, todo tiene sus reversos. Un buen uso de las drogas es necesario para avanzar en las vías del conocimiento. No quiero hacer una apología gratuita sobre las drogas. Entiendo que otras personas adquieran las experiencias y el conocimiento que me brindan las drogas por vías más sanas, tales como el senderismo o el punto de cruz. Las drogas no son una broma, son peligrosas cuando caes en el vicio, y es muy fácil caer en él. No obstante y parafraseando al gran Hunter S. Thompson “no recomiendo el uso de las drogas, el alcohol, la violencia y la locura. Pero a mí me han funcionado”
Lo bueno del M, al menos para mí, es que reducía considerablemente los momentos de angustia. Tenías esas visiones de claridad pero te ahorrabas mucha paranoia. Había momentos de angustia, claro, como cuando robaron la cartera a mi amiga en Limp Bizkit, o cuando vi al tipo medio muerto en la camilla, pero no todo resultaba tan terrible como otras veces, con otras drogas. Recuerdo en el Sonisphere de 2010, yo estaba hasta el culo de pastillas y me dio un bajón terrible antes de Slayer, las visiones fantasmagóricas se arremolinaban ante mí, las caras se transformaban en amenazas. Angustia. Miedo. Debía huir. Y así lo hice. Me encaminé yo solo hacia la zona de acampada, intentando evitar las miradas de los depredadores, con el mundo girando desbocado. Cuando casi había llegado a la salida de la zona de conciertos vi a dos tipos que estaban entrando en ese momento. Eramos la cara y la cruz. Yo: con bajón de drogas, tembloroso y asustado, buscando la salida y el refugio. Ellos: dos tipos ilusionados entrando en el recinto al fin, deseosos de buenos momentos y fiesta.
Atravesaron la puerta.
-Hey tío, ya estamos aquí, ¡ya estamos aquí! -dijo uno de ellos.
-¡Ya estamos aquí! -dijo el otro.
-¡¡¡YA ESTAMOS AQUÍ!!! -gritó el primero mientras, de un salto, se subía en la espalda de su compañero, eufórico, abrazándole por detrás. En ese momento les falló el equilibrio y cayeron al suelo, delante mío. El tipo de delante cayó de cara. Oí perfectamente el sonido de algo que se rompía. Su compañero lo levantó rápidamente, al hacerlo pude ver que su cara estaba cubierta de sangre, manaba de él como de una fuente. Se había roto la nariz y un par de dientes, sangraba, temblaba, lloraba, moqueaba, cubierto de incredulidad, dolor y sangre. Su compañero, responsable de la caída de ambos, estaba ileso, excepto por la terrible culpa, limpiaba a su compañero mientras se deshacía en disculpas y era devorado por el remordimiento. Todo se había torcido para ellos, todo había acabado antes de empezar, en un instante. Y yo estaba viendo eso delante mío, con bajón de pastillas, una de las visiones más horribles que he sufrido. Esa cara deformada y ensangrentada, la terrible culpa, el completo y drástico cambio de estado en tan solo un segundo, la terrible fragilidad de todo. Todo ello se introdujo en mi psique intoxicada, alimentó mi creciente paranoia y me degolló como una terrible pesadilla. Eché a correr hacia la zona de acampada, me metí en la tienda jadeando y me cerré por dentro. Buscaba manchas de sangre en mi ropa en un estado de demencia paranoica. Finalmente me acurruqué en posición fetal a temblar mientras el espacio de la tienda cambiaba de forma y tamaño.
Y fuera estaban tocando Slayer.
Por suerte esta vez con el M no tuve momentos de tanta angustia como ese, el pedo discurría feliz y despreocupado, con mis nuevos colegas los canarios.
-Oye tío -le dije a uno de ellos -, ¿me dejas tu móvil para mandar un mensaje a mi chica? Es que ando sin saldo.
-Claro que sí, y que sepas que si algún día venís a Las Canarias tenéis alojamiento en mi casa, tú y tu chica, en serio.
-Gracias colega.
-Gracias a ti.
-No, gracias a ti.
Me dejó el móvil. Mandar un mensaje con ese pedo en un teléfono táctil era una tarea hercúlea, la visión estaba desviada y era como meter un dedo en un vaso con agua, siempre acababa pulsando la tecla superior a la deseada, y borrar el error era ya una tarea increíblemente compleja, alejada a años luz de mis capacidades intelectuales y motoras.
Mientras me debatía con el teléfono y perdía, de la masa de gente surgieron el Emilio y La Rata como por arte de magia.
-¡Hostia Carlos tío!
-¡Joder!
-¡¡¡¡WAAAAAAAAAAA!!!
Nos abrazamos. Nos habíamos encontrado en mitad de la gente sin siquiera buscarnos. Pude ver en sus pupilas que también llevaban lo suyo. Les presenté a los canarios y pusimos rumbo a Soundgarden, que estaban a punto de comenzar.
Soundgarden eran uno de los reclamos del festival, la banda grande del primer día. No eran uno de mis grupos de cabecera, pero disfruté mucho en su momento del disco Superunknown y Chris Cornell siempre ha sido uno de mis cantantes favoritos así que los vimos, eso sí, desde una distancia tranquila y prudencial. El sonido era muy malo, pero lo peor fue la actitud de la banda, apáticos, poco comunicativos, daba la impresión de ser un mero trámite. Son profesionales y bordaron los temas, pero no había ni un atisbo de pasión, no había alma, ni drogados hasta las cejas como estábamos podíamos percibir esa comunicación. Estaban en la oficina haciendo su trabajo, con ganas de fichar e irse a su casa con la paga. Fue un concierto plano, gris, decepcionante. La actitud del grunge se caracteriza por huir de la grandilocuencia de las estrellas del rock, pero aquello se pasaba de autocomplaciente. No pretendo que Kim Thayil se disfrace de prostituta extraterrestre como Wes Borland, pero si estás ahí arriba y han venido miles de fans a verte has de transmitir cierta fortaleza y pasión. Nada de eso se vivía ahí. Sí, se disfrutó de los clásicos, yo personalmente canté el black hole sun, pero poco tardamos en ir a las barras y ver el concierto sin prestarle demasiada atención. El concierto encima, para desgracia de su fans, fue bastante corto.
Otra decepción inesperada llegó con Machine Head, era el principal reclamo del primer día para mi y para la mayoría de mis colegas. La gente estaba predispuesta, cantando y haciendo mosh. Pero el sonido de la banda fue horrible y el setlist muy poco acertado dejándose clásicos como Davidian en el tintero. He visto unas cuantas veces a Machine Head, y aunque para mi percepción existe la maldición de que siempre que les he visto he llevado unas tajadas monumentales, y ésta no era excepción, sí que me pareció una de las actuaciones más flojas que había visto de ellos. La Rata, fan de la banda y algo más cuerdo que yo en ese momento no pudo por más que ratificarlo (qué bien queda este verbo en este contexto).



Acabados los conciertos nos dirigimos a la carpa, allí pinchaba Rafa Basa, que es un habitual de todos los festivales de metal del país y del que no puedes esperar otra cosa que bandas clásicas. Se pasó poniendo temas de Metallica pero bueno, estábamos hasta arriba y todo daba igual, las conversaciones, viajando sin rumbo a causa del M y el alcohol, ya no tenían ningún hilo conductor posible. Miré al Emilio. Estaba completamente volado.
-Pues vaya mierda Machine Head, la verdad es que me esperaba más, ¿qué te han parecido? -le pregunté.
-Sí, yo creo que dormiré en casa de mi primo para estar descansado -me contestó sonriente.
-...
-¿No me has preguntado eso verdad?
-No tío.
-Joder, perdona, es que, ya sabes, no me entero, voy pedo, perdona anda.
-Déjalo, si yo estoy igual, te entiendo.
-De puta madre tío.
-De puta madre.
Acabó amaneciendo, terrible momento. Veías el estado de la gente a tu alrededor e intuías el tuyo, el pedo era escandaloso y agotador y aún quedaba un segundo día, que encima se presentaba mucho más exigente que el anterior. Me arrastré como pude hasta la tienda y me tumbé. Todo daba vueltas. Me entraron unas ganas horribles de mear, y aunque luché con todas mis fuerzas por evitarlo tuve que incorporarme y salir de la tienda. El sol saludaba chistoso, yo luchaba por apagarlo, pero aún no había llegado tan lejos con mis poderes paranormales.
“Mear y volver a la tienda cuanto antes. Es sencillo, hazlo, hazlo rápido, no mires a tu alrededor”
Me alejé hasta el arbusto más cercano y eché una larga y complaciente meada, me la sacudí y al girarme: el horror, la angustia. ¿Cuál de todas esas hijas de puta era mi tienda? Eran todas iguales, como una manada de amenazadoras tortugas, ¿había ido en linea recta? ¿De qué color era la mía? ¿Verde? ¿Verde? ¿Verde como aquella? Me aproximé, abrí la cremallera y metí la cabeza en su interior, vi una cara, no era yo, tampoco era La Rata, no era nuestra tienda. Saqué la cabeza de su interior, me incorporé, miré a mi alrededor... ¡Maldita sea, eran todas iguales! No podía estar lejos, no podía estarlo, ¿sería está? Metí la cabeza.
-¡Eh! ¡¿Qué cojones haces?!
-Lo siento, me he confundido.
-¡Gilipollas!
Dios mío no, ahora no, ¿por qué ahora? Estaba tan terriblemente cansado... Sopesé la opción de dormir ahí, en el suelo, en mitad de la manada de tiendas, pero estaría demasiado al descubierto, desprotegido contra las agresiones de todo tipo, a merced de los depredadores. Continué buscando. Metí la cabeza en otro par de extrañas dimensiones paralelas antes de dar con la mía. Mi tienda al fin. Tras lo que parecía haber sido una terrible eternidad la encontré, justo a tiempo para evitar el suicidio o la masacre de inocentes. Nunca me alegré tanto de ver aquella mochila, faltó poco para que me echase a llorar. Me tumbé y cerré los ojos, había acabado el primer día del Sonisphere. Había sobrevivido.





SÁBADO 26. GETAFE. DÍA 2. TEMPERATURA 25.0
BANDAS DESTACADAS: MASTODON, CHILDREN OF BODOM, WITHIN TEMPTATION, GHOST, SLAYER, METALLICA, GOJIRA, FEAR FACTORY, CLUTCH.





No pude dormir mucho a causa del calor. Sin sombra, de día, metido en una tienda de campaña de plástico, la sensación era cercana a la de estar metido en un microondas. Medité un rato mientras las espesas gotas de sudor recorrían mi frente. Sabía que había un festival ahí fuera, oía voces y risas, pero no estaba seguro de estar en condiciones de enfrentarme a él, aún no, me faltaba descanso. Intenté volver a dormirme. Sin éxito. Finalmente respiré hondo y salí al exterior. La Rata ya estaba despierto.
-Hey tío, buenos días, ¿qué tal? -me preguntó.
-Joder... Mal. Creo que todavía estoy pedo, no he dormido nada.
-Yo tampoco.
-¿Qué hay de desayunar?
-Tabaco.
-Maldita sea, esto es una pesadilla.
Me senté a su lado debajo de un toldo que alguien había traído y que daba un poco de tregua frente al molesto sol imperante en el cielo y me dispuse a tomar un energético y nutritivo desayuno consistente en cerveza caliente marca Skol, tabaco y un sándwich de cinta de lomo que llevaba desde el día anterior en la mochila y que había perdido por completo su forma cuadrangular. Sorbí la cerveza y roí el sándwich, este último fue todo el alimento sólido que ingerí durante la totalidad del festival.
Estaba resacoso y cansado, apático. Me recluí en mi pequeña parcela de realidad viendo el comportamiento de la gente sin participar activamente en el devenir del mundo, en un estado de completa intrascendencia, mientras los minutos resbalaban por el borde de mi lata de cerveza Skol a la que solo le faltaban los fideos para ser una sopa de cocido.



En uno de esos momentos apareció un tipo, estaba desnudo, tapando a duras penas sus partes con una pequeña toalla de baño. Se refugió del sol bajo nuestro toldo. Me pregunté si alguien lo conocía, estaba visiblemente confuso. Uno del grupo se dirigió a él.
-Hey tío, ¿qué tal?
-Mal, muy mal, he perdido mi tienda, ¿os importa que me quede aquí un momento?
-Claro que no, ¿qué te ha pasado?
-Nada, he ido a ducharme para que se me pasase un poco el pedo y he salido de la ducha mucho peor, ahora estoy aquí, medio en pelotas, y no tengo la más ligera idea de dónde está mi tienda.
-Vaya, qué putada.
-Joder, si lo sé no me ducho, ha sido peor.
-Pero bueno, ¿sabes más o menos en que zona estás?
-Joder, creía que sí, pero esto es todo igual.
-¿De qué color era tu tienda?
-No tengo ni idea.
-¿Algún punto de referencia?
-Estaba cerca de otra tienda que tenía una bandera pirata.
Miramos a nuestro alrededor. Desde nuestra posición veíamos ondear al menos una docena de banderas piratas en otras tantas tiendas de campaña.
-Estás jodido tío -Sentenció alguien.
-Mierda, llevo una hora dando vueltas, esto es una puta mierda, y con todo el zumbido. ¿Tenéis un cigarro?
-Claro, ten -El tipo se lo encendió y meditó durante un par de minutos.
-En fin, seguiré con mi búsqueda -dijo resignado.
-Suerte tronco.
-Gracias.
Lo vi alejarse entre la multitud, de vez en cuando se paraba y miraba a su alrededor completamente perdido. Pobrecillo, sabía exactamente la angustia que estaba sintiendo, la misma paranoia que se había instalado en mí la noche antes y que por lo visto había continuado saltando de persona en persona desde entonces. Opté por empezar a drogarme nuevamente.
El concierto de Mastodon estaba programado para las 18:20. Conseguí contactar con un viejo amigo de Madrid, Ernesto.
Ernesto ha sido un gran amigo durante varios años, un auténtico compañero en la lucha, hemos pasado por mil cosas juntos y nuestra relación es de aprecio y respeto total. Un suceso imprescindible para que tengamos la relación que tenemos es el hecho de que Ernesto era también el guitarrista rítmico en la que fue mi última banda, Fine. Algunos de los mejores recuerdos que conservo son de los ensayos de Fine. Estábamos todo el día metidos en el local de ensayo, poniéndonos pedo y componiendo sin parar. Yo estaba convencido de que llegaríamos a algo, completamente convencido. Teníamos calidad, mucha calidad. Nuestros temas eran muy buenos. También teníamos personalidad, y ganas. Por desgracia nos dimos por vencidos. Perdimos a nuestro batería y no llegamos a encontrar un sustituto, también surgieron tensiones entre el bajista y el resto de nosotros, todo ello alimentado por la ingesta incesante de drogas y el estado paranoico subsiguiente hizo que en un momento de tremenda tensión mandásemos a la mierda todo el proyecto.
Llevo desde entonces torturándome por esa decisión fatal. Perdí el tren, dejé pasar la oportunidad más clara de que mi sueño de formar una banda importante se hiciese realidad.
No hay que dejarse vencer ante la adversidad, nunca jamás, la gloria solo se cosecha con constancia y sacrificio, esta vida de mierda nunca te dejará conseguir nada por la vía fácil, hay multitud de cosas que saldrán mal en tu viaje, pero tienes que aguantar si verdaderamente crees en lo que estás haciendo, seguir adelante, navegando incansable contra la tormenta hasta que esta se calme y te deposite en la isla más cercana. Nosotros nos dejamos vencer y abandonamos el barco al verlo zozobrar y perdimos nuestra oportunidad. No tengo ninguna duda de que si hubiésemos seguido unidos quizás en este momento estaríamos disfrutando del festival desde el otro extremo del escenario. Pero nos rendimos. Abandonamos. Y tendré que cargar con eso por siempre y aguantar el dolor de la cicatriz de Fine hasta el fin de los tiempos. El recordatorio de que no fui capaz de seguir hasta el final y luchar por aquello en lo que creía.
Una de las mayores influencias que teníamos en Fine eran Mastodon, uno de los grupos más interesantes del metal actual. Han tenido una carrera impecable, superándose en cada disco sin hacer concesiones a modas ni edulcorando su complejo sonido, un grupo auténtico, con fe en sí mismos, que han sido constantes y poco a poco pero con paso firme han conseguido situarse a la vanguardia del género. Venían presentando The Hunter, su última obra, un disco más accesible por el que algunos los han acusado de intentar comercializarse, nada más lejos de la realidad en mi opinión. Si bien el disco es más ligero que los anteriores eso solo responde a un afán de exploración y a una enorme capacidad de reinvención por parte del grupo. Los temas son más cortos y directos, pero siguen teniendo el sabor propio de los de Atlanta. Simplemente están explorando nuevas vías, el paso más lógico tras su anterior disco, Crack the skye, más denso y conceptual. Por hacer un símil con el cabeza de cartel The Hunter sería a Mastodon lo que el Black Album para Metallica.
Ernesto y yo estuvimos dándole bien al M antes de la actuación, era uno de nuestros grupos más esperados y queríamos recibirles en el estado tóxico idóneo.
Ya metidos en el concierto decir que este fue impecable pero con algunos fallos. El sonido fue bueno pero no brillante. Además Mastodon nunca han sabido mantener en directo el nivel que muestran en estudio, sobre todo en el apartado vocal, y si bien han mejorado con los años sigue siendo su talón de Aquiles en directo. Tampoco es que sean la banda más comunicativa con el público del mundo y se limitan a tocar los temas uno tras otro sin descanso, les falta un poco de personalidad en ese aspecto. La hora programada tampoco les hizo ninguna justicia. Mastodon son ya una banda lo suficientemente grande y respetada para ocupar un lugar mejor en el horario y esa hora, con el sol, el calor y un público todavía despertándose resacoso no hizo que su actuación levantara demasiadas pasiones, aunque para la hora que era consiguieron congregar a bastante gente ante el escenario principal. Venían a presentar su nuevo disco y lo hicieron con dos cojones y a lo grande ya que lo tocaron casi íntegro, dejándose solo dos temas que cambiaron por un par de clásicos, Crystal Skull y el obligado BloodThunder para acabar su actuación. Quizás alguien que los viese por primera vez hubiese preferido otro setlist enfocado más a hacer un recorrido por todos sus discos pero yo, personalmente, disfruté como un enano con los temazos de The Hunter, especialmente el que da nombre al disco y otras obras de arte como Black Tongue, con el que abrieron, o esa montaña rusa que son Blasteroid y Octopus has no friends por nombrar un par. Un gran golpe de confianza para con su reciente disco y una gozada para los fans que ya les hemos visto unas cuantas veces. Una de las actuaciones más grandes del festival a la que solamente le faltó un mejor sonido y un horario más acorde para ser perfecta. Ernesto y yo, con un pedo notable, disfrutamos muchísimo de su actuación, a pesar de que estoy seguro de que él, igual que yo, tenía la sombra de la culpa por el abandono de Fine revoloteando sobre su cabeza. Una lástima. Pero nosotros así lo quisimos, para bien o para mal (me da que para mal).
Tras en concierto me sentía agotado y bastante pedo. Me tumbé, derrotado, en el suelo. Ernesto había quedado con unos amigos y me pidió que le esperase donde estaba. Antes de marcharse me pidió otro tiento de M para amenizar el viaje, se lo di y le esperé tumbado. No volví a verle. Me habría encantado ver Metallica con él, pero el destino no lo quiso, espero que lo disfrutara y le deseo lo mejor con su nuevo proyecto musical, pero tanto él como yo sabemos que jugamos mal nuestras cartas con Fine. La cagamos. ¿Verdad hermano? Bueno, siempre nos quedarán los Mastodon.



Me tiré un buen rato tumbado en la hierba mirando al cielo, disfrutando de mi pedo. Tenía un tiempo de descanso durante los conciertos de Children of Bodom y Within Temptation ya que no tenía intención de ver a ninguno de los dos. Children nunca me han gustado mucho y encima la única vez que los vi me pareció que en directo dejaban mucho que desear. Within Temptation tampoco me van, pero, por contra, la única vez que los vi me sorprendieron gratamente, no obstante me los perdí a los dos esta vez. Fui a dar un paseo por los puestos de merchandising. Había todo lo que se puede esperar, camisetas oficiales de todos los grupos, todo tipo de complementos, discos, posters, etc, etc... Todo a precios prohibitivos. Compré unos colgantes de recuerdo para mi chica, para el Emilio y para la Rata y me alejé hacia la tienda de campaña para beber un poco y drogarme más.
Emilio no había acampado la primera noche ya que se había ido a dormir a casa de su primo y ambos llegaron justo a tiempo para irnos al escenario 2 a ver a Ghost.
No conocía de nada a Ghost, pero cuando se anunció que tocaban en el festival me hice con su único disco Opus Eponymous para ver qué rollo llevaban. Lo que escuché me sorprendió gratamente, un metal de la vieja escuela con influencias de Black Sabbath y King Diamond realizado con un gusto inusual, temas sencillos y directos que entran a la primera y una producción con sabor añejo. Escuché bastante el disco y me entraron muchas ganas de verlos en directo así que era una de las bandas que no me quería perder bajo ningún concepto, a pesar de ello me costó un poco poner a la gente en movimiento y llegamos cuando el concierto ya había comenzado así que muy a mi pesar me perdí un par de temas. Ghost disfrutaron de uno de los mejores sonidos del festival, todo sonaba exactamente igual que en el disco y la ejecución fue impecable. Son una banda que también han tirado de una imagen peculiar para crear misterio y expectación. Su cantante y frontman responde al nombre de Papa Emeritus y el resto de la banda comparten el apelativo de Nameless Ghouls, salen ataviados con una parafernalia de influencia religiosa como si fuesen una especie de monjes satánicos y enfocando el directo como si de una misa oscura se tratase. Es una banda que se considera satánica y todas las letras de sus canciones tratan sobre temas ocultistas, pero de una forma muy inocente, incluso infantil, lo que hace adivinar que todo es una mera pose para crear algo de polémica e intentar destacar un poco dentro de la incesante marea de nuevos grupos que te abordan constantemente. Dicho de otro modo, son una banda inteligente que han sabido cuidarse un trasfondo que acompañe a su música para sobresalir entre la masa, y vistos los resultados la jugada les está saliendo redonda ya que pese a ser un grupo nuevo y semidesconocido ya se están creando una solida base de fans entre los que me incluyo.



Pero toda esa meditada imagen e iconografía sería inútil si no dieran la talla en directo. Como ya he dicho me gusta que un grupo se curre una imagen y una filosofía propias que les confiera una identidad pero si la música no está a la altura no hay nada que hacer. Por suerte los Ghost no son solo disfraces y letras sobre Satán y el 666. En su único disco todos los temas rayan un gran nivel compositivo, con un gusto exquisito, sin hacer vacíos alardes de virtuosismo innecesario, con un buen sentido de la melodía y el ritmo y combinando partes descaradamente comerciales con otras más oscuras y progresivas sin que ninguna se superponga sobre la otra. Tocaron íntegramente su único disco variando el orden de las canciones y dieron un show contundente sin ningún tipo de fallo. Y es que es imposible no disfrutar en directo de temas como Con clavi con dio, Elizabeth o Ritual que tienen todo para acabar siendo auténticos clásicos. Papa Emeritus derrocha carisma por los cuatro costados y la banda es un combo de músicos experimentados que funcionan como un reloj de precisión. Personalmente me emocioné bastante con su tema instrumental Genesis, uno de mis preferidos, que gracias también a la cogorza que llevaba encima, todo sea dicho, me transportó a su particular universo de brujas y poderes ocultos como cuando de pequeño me quedaba embobado viendo viejas películas de monstruos de serie B y cómics de terror en blanco y negro tipo historias de la cripta.


Una auténtica gozaba de banda que estoy convencido darán bastante que hablar en el futuro si mantienen el nivel mostrado en su primer disco y no la cagan. No quiero ni pensar lo que podrán dar de sí sus conciertos cuando adquieran más popularidad y puedan permitirse montajes más complejos. Uno de los mejores conciertos del festival que estoy seguro que sorprendió a más de un despistado. Ojito con los Ghost.
Y sin descanso nos fuimos corriendo al escenario principal justo a tiempo para ver salir a Slayer. Aquí la cosa ya se estaba poniendo seria con una aglomeración de gente bastante importante, la gente ya estaba cogiendo sitio para Metallica y avanzar posiciones era una tarea bastante complicada, no obstante un tipo experimentado en festivales ha de conocer todas las técnicas de avance. Estábamos bastante lejos del escenario y parecía que avanzar iba a ser complicado, me giré hacia mi escuadrón, que en ese momento estaba formado por Emilio, su primo y un colega alemán fanático de Metallica que había conocido ese día, repartí un poco de M para todos y les trasmití el protocolo a seguir.
-Bien chavales, estamos a tomar por culo, no sé vosotros pero yo para verlo desde aquí me quedo en casa y me compro el DVD. Nuestro objetivo es claro: llegar lo más cerca posible del escenario. ¿Estáis de acuerdo? -Ebrio asentimiento general -Bien. Para conseguir nuestro objetivo disponemos de un abanico de técnicas. De momento vamos a emplear la TÉCNICA DEL REPTIL. Esto es, poco a poco, como alimañas, vamos a ir avanzando por lo huecos. La actitud de la gente será hostil, pero no os amedrentéis ante la adversidad, si resulta imposible avanzar buscaremos nuevas vías a través de los miembros más débiles de la manada. ¿Entendido? -ebrio asentimiento general -Bien. ¡En marcha!




Poco a poco me fui deslizando por los huecos que iba encontrando dirigiendo a mi escuadrón. Lo básico era aprovechar pequeños huecos, hacer presión sobre los grupos de chicas y pardillos y sobre todo unirse a los diversos escuadrones que también buscaban el avance. No era sencillo, la gente no es tonta y no quiere perder su sitio formando a veces auténticos muros impenetrables, pero una cucaracha experimentada sabe por donde deslizarse. El calor y el agobio eran bastante grandes y estábamos muy pedo, pero aún así conseguimos avanzar unos cuantos tramos. Me giré hacia mi tropa.
-Muy bien muchachos, poco a poco nos vamos acercando. Ahora estad atentos, pasamos a la TECNICA DEL TUMULTO. Slayer ya llevan un buen rato tocando, dentro de poco vendrá la traca de grandes clásicos, en ese momento la gente se volverá loca, se pondrán a saltar y hacer mosh, ese es el momento que tenemos que aprovechar para avanzar, no tengáis piedad, empujad con violencia si es preciso, solo dispondremos de unos instantes y son vitales. ¿Entendido? -ebrio asentimiento general.
Poco después sonaron las primeras notas de Raining blood y como preveía aquello se transformó en una matanza, la gente saltaba, se empujaba, algunos huían hacia atrás asustados. Nosotros aprovechábamos para agachar la cabeza y cargar cual búfalos drogados avanzando posiciones. Aquello era la guerra y con Slayer como melodía militar nos sumergimos entre las mareas humanas y avalanchas para conseguir nuestro objetivo. Veías caras de auténtico pánico entre alguna gente del público, especialmente chicas y personas poco experimentadas en estos trámites festivaleros que pensaban que se había desatado el armageddon e iban a morir aplastadas quedándose indefensas ante el miedo. Conseguimos avanzar bastante antes de que la gente se relajase un poco y volviese a hacer vacío y aposentarse impidiendo el avance. En ese momento una chica entre el público se desmayó y cundió un pequeño caos para elevarla y sacarla de allí sana y salva, me giré hacia mi escuadrón.
-¡Rápido, la TECNICA DE LA COYUNTURA!
-¿Qué? ¿Qué es eso?
-¡Mierda, seguidme!
Aproveché el tumulto derivado del desmayo para avanzar un poco más. Por suerte cuando pasan cosas de ese tipo la gente reacciona bien, si alguien se cae todo el mundo se aparta, lo levantan, se preocupan por él, a pesar del caos, las drogas, los empujones y las avalanchas es muy raro que alguien muera en eventos de este tipo. La técnica de la coyuntura es una técnica egoísta que consiste en aprovechar este tipo de contratiempos para avanzar un par de posiciones más.
Slayer tenían planeado despedirse a lo grande, con Angel of death, y cuando empezaron a escupir el tema nuevamente se desató el caos y la violencia.
-¡Venga chicos! ¡Técnica del tumulto! ¡¡AHORA!!
Esta fase final del concierto fue la que nos permitió avanzar más posiciones y para cuando Slayer cerraron su concierto en los bises con South of Heaven y War Ensemble ya estábamos en una posición bastante envidiable. No he comentado gran cosa de Slayer. En fin, no es uno de mis grupos favoritos ya que, aunque respeto su leyenda me parecen bastante planos. Los he visto en multitud de ocasiones y si bien no sorprenden tampoco defraudan y uno sabe a lo que se expone con Slayer, velocidad y violencia, y eso fue lo que dieron al público del Sonisphere. Como dato curioso decir que Jeff Hanneman, uno de los guitarristas fundadores de la banda, no se encontraba esa noche en el escenario, tuvo que ser sustituido por el guitarrista de Exodus, Gary Holt, tras sufrir la picadura de una araña extremadamente venenosa, no quiero ni imaginarme lo que unos tipos como Slayer hacen en su tiempo libre.
Ya estábamos llegando al momento cumbre. Para amenizar la espera en el escenario 2 tocaron Enter Shikari. Me habría gustado verlos ya que aunque no sigo su música pude verlos hace unos años en el Resurrection Fest y me parecieron un grupo bastante loco y divertido. En aquella ocasión uno de los guitarristas llegó incluso a romper su guitarra por la mitad tras intentar una extraña pirueta mortal. No dudo de que hicieron un buen concierto pero bastante nos había costado conseguir una buena posición en Metallica y no había forma humana de moverse de allí y conseguir regresar al mismo punto.
La noche ya había caído. Se palpaba la tensión en el ambiente. Cometimos el terrible error de no llevar ninguna botella de agua con nosotros y el calor y las drogas estaban haciendo la espera bastante agónica. Reparé en un tipo que me miraba fijamente desde unas filas más adelante, su rostro estaba distorsionado. Me quedé mirándole también. No estaba seguro de lo que estaba viendo, parecía más bien un delirio producto de las drogas. No podía ser él. No podía ser. Supongo que el pensaba lo mismo ya que nos mirábamos embobados. Finalmente reaccionó y se aproximó a mi con el rostro desencajado, no era una alucinación, era él.
-¡¡Tíos, La Rata, La Rata está ahí!!
-¡¡No puede ser!!
Pero sí, era él. Llegó hasta nosotros y nos abrazamos como locos, la alegría era enorme. Es importante remarcar lo alucinante del suceso. Ahí dentro estábamos 54,000 personas apretujadas como células cancerígenas, gran parte de esas personas en un evidente estado de embriaguez, y ahí, en medio de esa masa humana informe, nos encontramos con el colega perdido. Es algo que no me entra en la cabeza como mera casualidad. Las casualidades no existen, y de esta índole menos aún. Supongo que responde a algún tipo de conexión mental, de sexto sentido que no hemos aprendido a utilizar del todo aún. Como cuando estás tan borracho que no ves ni por donde caminas pero aún así llegas a tu casa por el camino más corto y seguro. No puedo dejar de darle vueltas a este tipo de cosas ya que de aprender a controlarlas y percibirlas claramente daría un gran paso para entender el mundo y sus fuerzas ocultas.
Pasaban los minutos y Metallica se retrasaban. Yo pensaba en las fuerzas ocultas de la realidad y en cómo poder llegar a controlarlas, también pensaba en si me estaba metiendo demasiado M y en si no me daría un chungo entre el agobio, el calor, la sed y el pedo. Un tipo a mi lado se dirigió a mí.
-Metallica están muertos -sentenció.
-Pues el caso es que vas a verlos en un momento -le dije.
-Bah, ya no son lo que eran.
-¿Los has visto alguna vez? -pregunté.
-No, no es de mis bandas favoritas.
-Pues vas a flipar chaval.
-Eso si salen algún día.
En ese momento empezó a sonar por los altavoces el tema de AC/DC It's a long way to the top (if you wanna rock n' roll) El tema que siempre ponen Metallica antes de comenzar su actuación. Me dirigí al tipo de al lado.
-Salen después de este tema.
-Venga ya.
-Hazme caso. ¿Quieres apostar algo?
-Vale, si no salen después de este tema te vienes conmigo a ver Evanescence a primera fila en pelotas.
-Hecho. ¿y si gano yo? -pregunté.
-No sé.
-Si gano yo te vienes conmigo a ver Evanescence a primera fila en pelotas.
-Jajajaja. Me caes bien.
Me giré hacia mi escuadrón.
-Bueno chicos, ha llegado la hora, después de este tema salen Metallica, todo se volverá un poco caótico, intentad no perderos y disfrutad del concierto. Me alegro de estar aquí con vosotros colegas.
Los colegas. Los putos colegas. Miré la cara del Emilio y de La Rata, pude percibir su emoción, su ilusión. Ninguno de los dos había visto a Metallica. Para mi el factor sorpresa ya no existe, me he enfrentado con los de San Francisco en 8 ocasiones y sabía lo que me esperaba. Pero ellos no. Y sabía que iban a flipar y que este momento quedaría grabado en su mente para siempre como un momento inmensamente feliz. Y yo iba a estar allí también, en ese recuerdo, y era genial formar parte de ello. Sería algo que quedase siempre por encima de toda la mierda. Sin ir más lejos hoy he discutido con uno de ellos y algo se ha roto por el camino. Pero el momento previo a Metallica siempre estará ahí. Un momento mágico, sincero, puro, limpio. Una pandilla de colegas, drogados en mitad de la noche, a punto de ver a uno de los grupos más míticos de la historia de la música. En ese momento no había nada de lo que preocuparse, no había crisis, ni paro, ni movidas, ni falta de confianza, ni malentendidos, ni avaricia, ni egoísmo. Todo era terriblemente sencillo. Ojalá siempre todo fuera tan sencillo. Me metí otro poquito de M y las luces se apagaron.
Se encendieron las pantallas laterales dando paso a la banda sonora de la película El bueno, el feo y el malo acompañadas por un extracto de la película. La gente levantó sus brazos y empezó a cantar la melodía. Ya había comenzado.
Tras la intro apareció Lars Ulrich sobre su batería saludando al público ante la ovación general y tras golpear su batería el resto de miembros saltaron al escenario tocando los primeros acordes de Hit the lights. Inmejorable tema para empezar y con un gran significado. En 1981 un chaval llamado James Hetfield contestaba a un anuncio del periódico puesto por otro chaval que buscaba gente para formar una banda de Heavy Metal. Lo que se encontró fue a un tipejo danes, delgado y feo, que hablaba sin cesar. Cuando ese chico, que decía saber tocar la batería, se sentó tras su batería de juguete para demostrarlo resultó que no tenía la más mínima idea. James estaba convencido de que Lars era un soñador que jamás llegaría ni siquiera a tocar decentemente, así que se dispuso a marcharse de la casa de ese loco para no volver jamás. Pero Lars tenía un as en la manga. Un colega suyo quería montar una discográfica independiente y tenía pensado sacar un disco recopilatorio con las bandas underground más interesantes de la zona. Y al ser su amigo le prometió a Lars un hueco en el disco si montaba una banda. Así que Lars tenía un hueco en un disco recopilatorio pero no tenía ninguna banda y a pesar de no saber casi tocar estaba convencido de poder formar la banda de metal más importante del mundo. Con su típica berborrea consiguió comerle la olla al tímido James y juntos compusieron un tema para ese recopilatorio. El primer tema de Metallica, Hit the lights. Treinta y un años más tarde ahí estaban tocándola para mí. Junto a otros 54,000 colegas. Como la banda de metal más importante de la historia. Y todo ello sin que Lars haya aprendido tocar bien la batería.
Tras ese inicio otro estandarte, Master of puppets. Se abrieron las puertas del infierno y la gente ya se volvió loca del todo. Utilizamos la técnica del tumulto para avanzar otro poco pero ya estábamos en una buena posición y nos quedamos allí. Toda le gente cantaba al unísono no solo las letras de las canciones, sino también ciertos riffs y melodías que son ya la banda sonora de al menos un par de generaciones. Se sentía la magia y la energía de todas esas emociones. Sonaron a continuación The shortest straw y de nuevo la locura con For whom the bell tolls. Un tema terriblemente sencillo a nivel compositivo pero transformado ya en clásico absoluto del metal y que hizo saltar y vibrar a todos y cada uno de los presentes. Si prestabas atención durante este tema podías sentir el espíritu del fallecido bajista Cliff Burton paseándose por entre el público en busca de un peta de maría. Miraba a mi alrededor y solo veía sonrisas y caras desencajadas. Gente extraña me abrazaba y zarandeaba. El montaje de Metallica era increíble, como cabría esperar de una banda tan tremendamente grande. Un escenario enorme con varias rampas y niveles, con una pantalla gigante ocupando toda la parte trasera del escenario a parte de las dos laterales. Un sonido perfecto y un juego de luces asombroso muy superior al de cualquier otra banda del festival y solo comparable al de otros mitos como Kiss o AC/DC.



Recuperaron el Snake pit, un foso en mitad del escenario para la gente del club de fans que seguro tuvieron que flipar al ver a sus ídolos tan cerca. Siguieron con un tema algo menos conocido, Hell and back, del e.p. Beyond Magnetic, que relajó un poco la locura general del público. Tras este tema se apagaron las luces y pusieron un vídeo introductorio a lo que sería la interpretación íntegra del legendario Black album, su disco más popular y el motivo de la presente gira ya que están celebrando el 20 aniversario de su lanzamiento (aunque en realidad el 20 aniversario fue el año pasado). El vídeo en cuestión me resultó muy emotivo. Tuve la suerte de comenzar mi andadura en la música cuando tenía 12 años, en ese momento lo más popular era el Black Album de Metallica y los Use your illusion de Guns n' Roses. Descubrí la música con esos dos discos y temas como Enter Sandman o You could be mine sonaban por todas partes. En el vídeo se mostraban imágenes de la época, sacadas en su mayor parte del documental A year and a half in the life of Metallica, documental que vi hasta la saciedad en su momento en mi desvencijado vídeo vhs. No podía evitar transportarme a esa época y verme de pequeño, perdedor y granujiento. Queriendo ser Kirk Hammett y pensando que tenía que hacerme con una guitarra eléctrica y formar una banda aún más grande que Metallica, y ser alguien, hacer algo importante y conseguir la mirada de todas esas chicas que no me hacían ni puto caso en clase. La guitarra la conseguí un par de años más tarde tras darle mucho la brasa a mi madre. Formé alguna banda. Las chicas llegaron. Pero nunca conseguí alcanzar ese sueño, y nunca lo conseguiré, y, a veces, parece que todo lo demás no importa y todo ha sido un puto fracaso. Es tan duro cuando te das cuenta que tu sueño más sincero nunca se hará realidad. ¿De qué depende? ¿Por qué no nací 17 años antes en San Francisco y contesté a ese anuncio? Metallica nunca han sido los mejores músicos de su generación, pero dieron con la fórmula en el momento justo, y estoy convencido que sin saber siquiera cómo. Pero por cada Metallica hay millones de otras bandas con la misma o más ilusión y con el mismo o más talento pero que nunca llegarán a nada. ¿De qué cojones depende? Es terriblemente frustrante saber los hechos y no conocer el por qué.


Todo el recorrido al álbum negro fue un viaje de pura nostalgia, ¿cuántas veces habré oído ese maldito disco? Me lo sé de memoria, ya no necesito oírlo nunca más. Si me apetece escuchar alguna canción puedo oírla con la misma calidad que en el CD simplemente cerrando los ojos, está completamente interiorizado. Toda esa energía y recuerdos afloraban descontroladas alimentadas por las drogas y la música en un viaje alucinante.
Metallica optaron, en una decisión que me pareció acertadísima, por tocar los temas en sentido inverso, comenzando por The struggle within y acabando por Enter sandman. Así aprovechaban el entusiasmo inicial para arrojar los temas más oscuros y acabar con los más icónicos en una gran jugada que confirió al concierto un ritmo trepidante. Decir que me sorprendió gratamente el estado de forma de los jinetes. James Hetfield estaba muy dinámico, rejuvenecido, clavando cada tema y llevando todo el peso de la banda, quizás ligeramente menos comunicativo que en otras ocasiones pero con su enorme carisma intacto. Ulrich por contra está envejecido, pero no cometió excesivos fallos para lo que suele ser él. Me sorprendió muchísimo Kirk Hammett, había escuchado los conciertos del 30 aniversario de la banda que dieron en San Francisco hace unos meses y me resultó muy triste comprobar lo mucho que había bajado su técnica, no podía sino entristecerme por algunos fallos garrafales que se apreciaban en la grabación por parte del que fue durante muchos años mi ídolo y modelo a seguir, me esperaba lo peor en este concierto, pero el tío estuvo impecable. Trujillo por su parte también cumplió dignamente, pero la sombra de Newsted es demasiado alargada, y más en esta gira de conmemoración del disco negro.



Todos los temas sonaron poderosos y el montaje escénico puso la guinda al pastel, con esa tremenda pantalla en la que, a parte de las imágenes del concierto, se mezclaban a veces diversos montajes para acompañar la música y crear la atmósfera idónea. No hace falta decir que los momentos más emocionantes se produjeron con los temas más míticos. Nothing else matters con todo el público cantando abrazados. The unforgiven en la que vi a Emilio en estado de trance o Enter Sandman donde tiraron algo de pirotecnia y que fue quizás la más coreada durante la cual te daba igual haber oído el tema tantas veces como para odiarlo y te limitabas a subirte en los hombros de la persona más cercana para saltar aún más alto. Tras ese tema se apagaron las luces y se produjo un silencio tenso. ¿Se habría acabado ya? ¡Para nada! Lo mejor estaba por llegar. Battery, con unas impresionantes torres de fuego y el público totalmente enloquecido. 






One con el habitual despliegue de pirotecnia y un juego de luces increíble a base de lasers que casi me provocan un ataque epiléptico.



 y el fin de fiesta con Seek and destroy. Ovación general y saludos de la banda a la que se veía satisfecha con el público.
Y se acabó.
Todo había pasado tan deprisa... Parecía increíble que hubiesen tocado dos horas. Todo el bajón sobrevino de repente, como si te despertasen de un sueño. Volví a mirar a mi fiel escuadrón y lo veía contento pero derrotado. Necesitábamos agua con urgencia para esquivar la muerte.
Estábamos, literalmente, naufragando en un mar de cabezas. Era imposible saber dónde estaba la salida, y necesitábamos salir con urgencia ya que la paranoia y la claustrofobia empezaban a crecer descontroladas alimentadas por el bajón del final del concierto y las drogas. La Rata se irguió presto a dirigir el barco a la deriva.
-Tranquilos tíos. Yo sé por donde se sale. Es por allí -dijo visiblemente convencido. El problema es que no nos lo estaba diciendo a nosotros sino a dos tipos que tenía al lado, nosotros estábamos detrás de él. Íbamos a dejarnos guiar por una persona que ni siquiera se daba cuenta de que a quien hablaba no era a sus colegas sino a unos desconocidos. No tardamos en estar en sitios horribles. De repente nos encontramos en un área que no había visto antes. Una especie de chill out gigante, con pequeñas lámparas, cojines, sofás y colchones y toda la gente tirada por allí. El suelo era horriblemente irregular y no conseguía enfocar la vista por lo que no paraba de tropezarme con gente tirada en el suelo a la que tenía que pedir perdón con cada paso que daba, me sentía como Raoul Duke en medio de un casino de Las Vegas, puesto hasta los ojos, con luces esotéricas amenazándome y extrañas figuras por todas partes.
-¡Mierda! Estamos en un puto salón gigante. ¡Que alguien me saque de aquí! -grité desesperado.
-Es por aquí, lo sé -dijo La Rata a alguien que no era yo. Emilio y los otros luchaban por sobrevivir en medio de este escenario dantesco. Estábamos en el octavo círculo infernal, el reservado a los asistentes a un festival de metal, condenados a vagar eternamente por un mar de cuerpos metiéndonos M sin parar en una noche eterna.
Por increíble que parezca conseguimos salir vivos de allí. Mientras salíamos por la puerta rumbo a la zona de acampada podía ver como Gojira comenzaban su actuación en el escenario 2. Adoro a Gojira y me jodió muchísimo no quedarme a ver su actuación, pero estaba más preocupado por conservar algo de cordura y llegar a la tienda a tiempo para no morir deshidratado. Una auténtica lástima.
Estuvimos un buen rato en la zona de acampada, en estado de trance, asimilando lo que acabábamos de ver. Emilio y La Rata estaban exultantes, no paraban de decir lo asombroso que había sido. No hay nada como la primera vez de algo asombroso. El primer polvo. El primer pedo. El primer concierto de Metallica. Yo también había salido encantado. Había sido uno de los mejores conciertos que he visto de ellos, con unos buenos colegas arropándome y el pedo ideal para la ocasión. El primer concierto importante al que fui fue de Metallica, en el '96, teloneados por Soundgarden y Corrosion of conformity, curiosamente todos estaban en este festival, sería una buena forma de cerrar el círculo si los mayas tenían razón, que espero que sí, y este era mi último festival de música. Putos Metallica. Qué grandes han sido. Qué grandes son. Aproveché el momento de shock para darles a Emilio y La Rata los colgantes que les había comprado. Eran unos colgantes con forma de ataúd y el logotipo de Metallica y quedaron encantados con el presente, acto seguido continuamos bebiendo. Ya lejos del alcance de la deshidratación optamos por beber ron con un toquecito especial. Estuvimos mucho tiempo de relax esotérico en las tiendas, el tiempo no era ya una medida lógica, pareció que no habíamos perdido mucho tiempo allí, pero el caso es que para cuando volvimos al recinto ya habían acabado Gojira y Evanescence (no cumplí mi apuesta). Y solo alcanzamos a ver un tema de Clutch antes de que también acabaran su actuación. ¿Cuánto tiempo habíamos estado en las tiendas? ¿y haciendo qué? Fue otro concierto que me jodió especialmente perderme ya que eran algo único en el festival, el pequeño bastión de rock en medio de un cartel mayoritariamente metálico. Por lo que me contó la gente su actuación fue flipante con lo que me arrepentí aún más de no haberles visto.
El festival lo cerraron Fear Factory a altas horas de la madrugada. Ofrecieron un show muy decente, pero el cansancio ya se hacía notar de una manera bastante clara en la gente.
Tras ellos fuimos a quemar los últimos cartuchos a la carpa. Todo el mundo estaba ya en un estado bastante tóxico. Los conciertos acabaron más tarde que el día anterior y eso hizo que el tiempo en la carpa fuese menor y nos pillara el amanecer un poco desprevenidos. Y vaya amanecer. Este sí que fue verdaderamente horrible. Con el cansancio y la desilusión de saber que era el fin definitivo todo se tornó mucho más siniestro. La cara de la gente era una horrible mueca de desesperación y angustia, completamente deformes por el abuso de las drogas. Había gente que daba auténtico miedo. Recuerdo un tipo en particular, descamisado, con una mirada y un aura de psicópata total, si alguien le hubiese dado un arma atómica en ese momento no dudo que habría acabado con todos nosotros en medio de una gran risa demente, podía sentirlo, y era horrible. Se veían también más actitudes violentas a esta hora. Pude ver a un tipo de seguridad intentando estrangular a un pobre chaval que estaba borracho e indefenso. Todo era triste con la llegada del sol ya que exponía nuestras vergüenzas sin el amparo de la noche. Se notaba un bajón general, una energía negativa que se te metía bajo la piel. La gran derrota. Todo lleno de basura. El fin de fiesta. La resaca. La perspectiva de un tortuoso camino de regreso a casa. No todo iba a ser diversión inocua y romántica comunión con la música y los elementos. Todo tiene un reverso. Ahora llegaba el despertar para saber que ya había pasado ese breve momento y la cruel realidad del día a día estaba esperándote ahí fuera, con el cuchillo afilado y la sed de sangre.
A las 7 en punto se apagó la música y nos echaron de allí como a perros. Emilio se largó a dormir a casa de su primo y yo me fui junto a La Rata a la zona de acampada donde los más madrugadores ya estaban recogiendo y largándose.
Teníamos una amiga que se iba a las dos de la tarde, eran las 8 y estábamos demasiado pedo para plantearnos la absurda idea de intentar dormir así que optamos por continuar drogándonos y bebiendo hasta esa hora.
La Rata tenía speed y, a pesar de que no me gusta mucho el speed, le pedí que se dibujase unas lineas para amenizar la espera y dar el definitivo toque de gracia a nuestro estado de decadencia total. Comenzó a buscarse en los bolsillos, en los calzoncillos, en los calcetines... Sin éxito. Se puso frenético.
-¡He perdido el speed!
-Mírate bien Rata, seguro que lo tienes por ahí.
-Te digo que no, no está, lo he perdido.
No era la primera vez que surgía ese estado de confusión, en una paranoia muy común entre los drogatas, el creer que has perdido las cosas para luego ver que las tenías en la mano. Miraba su cara descompuesta y babeante y no podía dejar de pensar que se estaba haciendo un lío y que tendría el material oculto en algún bolsillo o, peor aún, que me estaba mintiendo para guardárselo para él solo. Desconfianza.
-El rollo de siempre. Mírate bien joder, seguro que lo tienes por ahí.
-Te digo que no tío. No está.
Parecía cierto. Se levantó y empezó a buscarlo por los alrededores. Quizás era verdad y lo había perdido. Me extrañaba mucho, pero entraba dentro de lo posible.
-Mierda. Piénsalo bien, ¿cuándo fue la última vez que nos metimos?
-En el baño, ¿no te acuerdas? Casi lo pierdes ahí.
Era verdad. Me lo dejó para hacer unas rayas dentro de un retrete mientras volvíamos a la tienda y yo lo dejé olvidado encima de la taza, pero se dio cuenta y lo cogió antes de que nos fuéramos.
-Sí, ya me acuerdo, pero lo cogiste, ¿dónde lo guardaste?
-En este bolsillo. Y ya no está, se me habrá caído de camino.
-¡Maldita sea! Joder. Tú sigue buscándote, yo voy a ir hasta el baño a ver si aparece.
Me levanté y emprendí el camino hacia el baño bastante cabreado, ya me había obsesionado con el speed y sabía que lo necesitábamos para sobrevivir al terrible amanecer, sin él estábamos perdidos. A mi me quedaba todavía un poco de M pero no me apetecía metérmelo, estaba saturado, en cambio el speed, a pesar de sus defectos, podría darnos el toque que necesitábamos para afrontar el largo y jodido camino de vuelta a casa con una mínima entereza. Caminaba mirando al suelo, escudriñando por entre la mierda, con la gente despertándose a mi alrededor y recogiendo sus cosas. Si se le había caído no iba a aparecer nunca entre toda la basura de la zona de acampada, era como buscar una aguja en un pajar. Pero no había caminado más que un par de metros cuando vi la bolsita tirada en el suelo. No me lo podía creer, ese golpe de suerte no era nada habitual en mi vida, me agaché y la cogí. Sí, allí estaba, sano y salvo. Era muy extraño, las cosas nunca eran tan sencillas. Volví corriendo hacia La Rata.
-¡Lo tengo! ¡Lo tengo!
-¡No jodas!
-Sí tío, estaba ahí delante, tirado en el suelo.
-Joder que potra.
-Vamos a ponernos una pero ya.
Nos metimos dentro de la tienda de campaña y empezamos a preparar la movida, pero cuando iba a abrir la bolsita con la droga me di cuenta de que algo no cuadraba. Estaba demasiado bien cerrada, como si estuviese por estrenar.
-Oye, esto está muy bien cerrado ¿no crees? -pregunté.
-Y yo que sé.
-No tío, está demasiado bien cerrada para el pedo que llevamos, mira.
-Qué más da, ábrelo de una puta vez.
Lo abrí y me unté un poco el dedo para apreciar la calidad, evidentemente había algo raro.
-Esto es coca tío.
-Venga ya.
-Si tío, no es tu speed, esto es coca, no es muy buena pero es coca.
-Pues nada, pa' dentro.
No era gran cosa, pero al precio que nos había salido nos la metimos gustosos. Luego continuamos dándole a la bebida caliente que nos quedaba. El speed perdido acabó apareciendo bajo un cartón de vino vacío. La droga nos perseguía, no merecía la pena resistirse a los designios del destino. Fuimos viendo como la zona de acampada se iba vaciando poco a poco a la vez que nuestra cabeza se iba vaciando de neuronas poco a poco.
Todo se desmontaba y acababa. El cansancio se imponía sobre la ilusión. Esta utópica isla de diversión volvía a transformarse en el triste polígono industrial que había sido siempre. Concordamos en que había sido demasiado corto. Meses de espera, ilusión y preparativos para luego ni enterarte en medio del huracán etílico-musical que tras su paso solo había dejado víctimas y escombros.
Cuando recogimos y salimos de allí empezó el peregrinaje y el volver a mezclarse en el metro con la gente normal, ajena a todo lo que habíamos pasado, que solo tenía ojos para juzgar nuestras caras descompuestas y nuestro olor a descomposición. Me salto todo el camino de vuelta porque fue demasiado horrible, baste decir que no conseguimos billete de autobús hasta las cinco de la tarde con todo lo que supone ese tiempo de vagar en estado alucinatorio por la estación como víctimas de un holocausto, supongo que podéis imaginaros lo horrible del asunto.
Me despedí de La Rata con un abrazo. Íbamos a ciudades distintas. Me monté en el autobús y comencé a dejar, nuevamente, a la ciudad de Madrid tras de mi. Podía sentir cómo el tipo que estaba sentado a mi lado se revolvía en su asiento ante la peste que fluía de mis ropas. Ésta era la peor parte, el bajón, pero ni que decir tiene que había merecido la pena. Liadas así son imprescindibles. Sumergirte en un mundo onírico y olvidarte de todo durante un par de días, con el único y claro objetivo de divertirte un poco con algo que te apasiona, dejándote llevar, dejándote caer, era algo esencial en una realidad tan frágil. Si el autobús en el que viajaba se caía por un barranco habría sido uno de los que recibiesen lo inevitable con una sonrisa, porque, al menos, intenté llenarme de un poco de vida antes de partir, apasionarme con algo e intentar alcanzar los extremos, tanto para bien como para mal.
Me levanté, abandoné mi asiento intentando pasar mi apestoso culo lo más cerca posible de la cara del capullo que tenía al lado y me encaminé al baño a prepararme un tirito. Iba a ser un largo camino de vuelta al agujero.




2 comentarios:

  1. Estás de la puta olla, pero he disfrutado bastante la crónica. Hasta me han dado ganas de escribir la mía del Leyendas que fue el finde pasado... pero creo que no.

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  2. gracias tío... escríbela, antes de que la olvides...

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