Masaccio: Adán y Eva expulsados del Paraíso.

viernes, 14 de junio de 2013

ALTA NOBLEZA





Texto escrito como colaboración para VINALIA TRIPPERS 12: SPANISH QUINQUI, en el que más de 70 autores dan su visión sobre el cine quinqui español de los 70 y 80. 
Para conseguir tu ejemplar de VINALIA TRIPPERS sigue el enlace: http://vinaliaplan9espacio.blogspot.com.es/




                                     

                                                 ALTA NOBLEZA





Si algo caracterizó al cine quinqui fue su afán por mostrar la zona oscura de las calles con toda su crudeza, centrándose en la marginalidad de los jóvenes de clase media y baja en la España de los 70 y 80, su lucha por la libertad dentro de una sociedad que los había dado de lado, su visión del mundo y su particular moral. Estos personajes no luchaban contra su exclusión social como se ha podido afirmar alguna vez, más bien podría decirse que luchaban para mantener su derecho a la exclusión social, su derecho a no amoldarse a unas normas y un estilo de vida que les resultaban tediosos y falsos, de no someterse a un engranaje que, a la vista está, no significaba ninguna evolución digna de la especie sino que más bien estaba ideado para intentar anular sus más primarios y sinceros instintos.
Levantarse a las 6:00, ducharse, afeitarse, ponerse el traje, ajustarse la corbata, echarse colonia y gomina, hojear las páginas de deportes mientras saboreas el café, unos huevos fritos, quizá una tostada con mermelada de arándanos, un último vistazo a tu primogénito aún dormido, un beso a tu mujer en la frente antes de salir de tu hipoteca para montarte en tu préstamo y conducir hasta tu cárcel, sentarte en tu puesto y ser exprimido durante un número indeterminado de horas para regresar a tu hipoteca y realizar los mismos actos en orden inverso.
No
No jodas.
Ni de coña.
Puede que haya gente que aspire a eso, están en su derecho, pero me resulta imposible imaginarme al Pirri, al Torete o al Vaquilla en semejante tesitura. Ellos eran perros callejeros, eran navajeros, eran colegas y solo podían ir deprisa, deprisa.
Su escenario de décadas atrás empieza a superponerse a la situación actual, el tremendo paro juvenil, el nihilismo, la rabia, la inseguridad, el descontento hacia los corruptos poderes políticos, la brutalidad policial... En ese escenario, en este escenario, y más si aún estás alimentado por el ímpetu de la juventud, la única opción coherente es la lucha contra todo lo establecido, la huida hacia adelante a toda velocidad rezando porque no te cojan, todavía no, no esta vez, y poder escapar un día más a sus garras, y no transformarte en uno de esos seres deformes y grises que caminan en tropel por las calles sin mirarse a los ojos, esas víctimas... Y no ser así, y poder ser libre... Poder ser libre... Libre libre quiero ser, quiero ser quiero ser libre...
Por supuesto es un camino doloroso, ya que lo tienes todo en contra, y estás solo, y tu familia no te entiende, y tus bolsillos están llenos de nada, y necesitas meterte otro tiro ya porque desde la primera vez sigues buscando ese momento de felicidad total que experimentaste y que no ha vuelto desde entonces...
Para mí esta gente resulta admirable. Son héroes, reyes, mártires. Incluso con sus claroscuros están a un nivel de beatitud cercana a la de los grandes místicos y profetas de la historia. Representan un camino de nobleza y convicción consigo mismos que los sitúa por encima del vulgo amaestrado, saben algo que a la mayoría de la gente se les escapa, gritan en el desierto, pasean junto al diablo, cargan con su cruz, sufren el martirio y, finalmente, mueren.
El punto de genialidad que hizo que el cine quinqui tuviese ese halo tan especial a la hora de retratar todo esto fue su acierto en contar con actores no profesionales para dar vida a estos visionarios, a estos monarcas del subsuelo. Ello hace que la sensación de autenticidad de estas películas no se vean ensombrecidas por sus fallos formales y crea una capa de honestidad y complicidad que te atrapa desde el primer momento. La posible falta de formación o recursos de los actores aquí es una ventaja y crea un curioso juego que te saca de la pantalla, no hay más que ver a el Pirri en cualquier escena para darte cuenta de que es un cabrón de verdad, de que hay algo real ahí más allá del personaje que esté interpretando, no hay glamour ni trucos de maquillaje, le querrías a tu lado cuando vas a realizar cualquier asunto turbio como tu mano derecha, tu escudero.
Es entonces cuando sonríes y recuerdas a todos estos mamones, a todos estos particulares miembros de la nobleza que se han cruzado contigo en algún momento, con los que has caído, con los que has gritado, los liantes con los que irías de cabeza a cometer un delito arriesgando la segura pero tediosa monotonía por el espejismo de la ilusión inalcanzable, para poder escapar y ser libre, escapar de esta mierda encorsetada que nos venden como el maná cuando en realidad no son más que cenizas. Son impulsivos y torpes, están marcados, están perdidos y torturados y, si te acercas demasiado a su brillo sin duda acabarás con quemaduras, pero no puedes evitar sentirte atraído, más aún al mirar a tu alrededor y ser consciente del desolador panorama y las trampas en las que han caído tus iguales. Todos somos cadáveres andantes, somos cenizas, somos víctimas del cosmos, la diferencia la marca la integridad de nuestra muerte, de nuestra caída. José Luis Fernández Eguia, el Pirri, murió de sobredosis de heroína a los 23 años, encontraron su cadáver en la carretera de Vicálvaro a San Blas. Ángel Fernández Franco, el Torete, murió de sida a los 31 años, seguramente contrajo la enfermedad por el intercambio de jeringuillas. José Luis Manzano murió a los 28 de un fallo cardíaco, sus restos fueron incinerados y arrojados al cenicero común por impago de la sepultura. Podrías decirme que ves poca integridad y honor aquí, pero miles mueren cada día a los 98 años, olvidados en un geriátrico, seniles y vencidos tras una vida de privaciones y sacrificios engañosos. También puede parecer un contrasentido aspirar a la libertad y colocarse voluntariamente los grilletes de la droga, pero, ¿Qué hay más libre que la autodestrucción? Y si esta afirmación te parece polémica cuéntaselo a la gente que lucha día tras día por la regularización de la eutanasia. No todo es tan sencillo.
Supongo que tú también conocerás a alguno de estos tipejos, estos príncipes del suburbio, espero que así sea porque de lo contrario la vida te ha negado una gran experiencia.
Recuerdo al puto Jaime. Recuerdo esos amaneceres, siempre puestos hasta las cejas de cocaína, en las afueras de Madrid, viendo el amanecer, apurando la bebida que nos quedase y fumando como locos, encendiendo un cigarro con la colilla del otro, perdidos, sin saber qué hacer, ni a quién pillar, ni cómo escapar del amanecer. Cada historia que me contaba era mejor que la anterior, locuras de cuando trabajaba de gogó en una importante discoteca y se prostituía para los famosos, reservados llenos de champán y coca y presentadores del telediario que le daban dinero si se dejaba chupar la polla.
Jaime era un cabrón. Maquinaba, utilizaba a la gente, sobre todo a las mujeres. Tenía un gran magnetismo y todas se volvían locas por él. Él se follaba a cualquiera que se le pusiese delante, algunas auténticos bellezones solo al alcance de unos pocos mortales, pero, curiosamente, las que le ponían de verdad eran las feas, y no hablo de chicas poco agraciadas, hablo de auténticas abominaciones, burlas macabras del cruel destino. Por alguna razón sentía fascinación por las mujeres horriblemente feas. Nunca conseguí entenderlo, a las rubias ardientes de medidas perfectas las usaba y tiraba, pero de las feas se enamoraba e incluso se planteaba relaciones serias con ellas, hasta que lo denunciaban por malos tratos o huían de su locura y drogadicción. El puto Jaime. ¿Qué habrá sido de él? La última vez que lo vi fue hace unos años, en Arguelles, estaba con unos colegas y nos metimos en pelea, recuerdo que nos estaban esperando fuera para darnos una soberana paliza, afrontamos nuestra suerte y salimos del garito rumbo al patíbulo, fue cuando empezaron las hostias, y de repente, como por arte de magia apareció Jaime. Hacía meses que no lo veía pero se materializó en el mejor momento para proteger mi culo. Conseguimos que huyeran y en cómputo global dimos más de lo que recibimos, acto seguido nos pillamos un pedo brutal de un par de días. Yo estaba muy borracho y enzarpado la última vez que lo vi, pero recuerdo que cuando desapareció por el horizonte iba acompañado de una chica. Una chica muy guapa por suerte para mi memoria.
También está el Robles. Nuestras terribles y vergonzosas borracheras apurando la noche hasta los últimos sorbos. Su carácter nervioso e impulsivo hacia cualquier amenaza. Las maquinaciones nocturnas de las que no hablaré aquí. Un tío tremendamente noble y sincero con el que sabes que puedes contar para clavarle un bolígrafo en el cuello a cualquiera que pretenda jugártela. Su peculiar filosofía de vida de la que da muestras el aplastante e irrebatible argumento que utilizó cuando su padre descubrió la plantación hace años: “¿Prefieres que la venda y fume gratis o que tenga que robar para poder fumar?” Una persona que quieres a tu lado cuando las luces se encienden y quieres escapar de las paredes que se alzan amenazadoras contra ti.
Las mujeres tampoco se libran, de hecho son las peores. La puta Tamara. La conozco desde que eramos pequeños, me robaba el bocadillo ya por aquél entonces. La última vez que la vi eran las 10 de la mañana y preparaba otra mudanza, escapaba de ciudad en ciudad cada poco, en busca de la luz, huyendo de sí misma, en la mesa estaban los restos de la noche anterior. “¿Quieres ketamina?” “No tía, y no porque no me guste, es que es demasiado temprano” Se largaba hacia un lugar soleado y planeaba montar un negocio con un dinero que había estafado al seguro. Espero que lo haga y le vaya bien y que no se lo gaste en coca como viene siendo habitual.
Estos son los outsiders, gente incomprendida, incluso por ellos mismos, torturados y esquivos, pero nobles hasta el tuétano si les caes en gracia, son las ovejas negras, la lacra de la sociedad, los quinquis, y yo me pregunto: si estos son los malos, ¿quiénes son los buenos? He utilizado la palabra nobleza y no hay más que mirar a nuestra familia real. ¿Has visto al Urdangarín? Menudo hijo de puta, con ese puto mechón de gremlin en la cabeza, robando para poseer más lujos cuando tienes la vida más que resuelta mientras el pueblo hurga en la basura. ¿Y qué hay de nuestros dirigentes? El inútil pelele de nuestro presidente, su cohorte de hienas enfundados en trajes a medida, con bolsillos repletos de extraños sobres. Robando millones, riéndose de todos nosotros, impunes, totalmente impunes. Pueden robar lo que quieran y nunca pisarán la cárcel, o si lo hacen será un paripé de cara a la galería, será en una celda de lujo, lejos del Vaquilla y el resto de yonkis, con su culo a salvo. En cambio el otro día a un chaval le cayeron seis años por dos papelinas. Y todavía pretenden darnos lecciones de moral, de civismo, pretenden dirigir una sociedad. Y en medio las víctimas, las cáscaras, las sombras, los que se dejan pisar a diario, los que se dejan guiar al matadero. ¿Acaso no habéis visto el juego malditos ciegos? ¡Despertad de una vez!
El sonido de las sirenas se acerca por la carretera y tengo que despedirme, lo haré con una escena y una reflexión. La escena pertenece a la película El pico 2. Cuando el Pirri defiende el ojete violado de su amigo Paco y se lía a navajazos con el Tejas en el patio de la prisión, una escena definitiva en la historia del cine quinqui, del cine español. Me gustaría mirar hacia arriba cuando me golpeen otra vez, cuando la vista se llena de chispazos y saboreas la sangre en tus labios, me gustaría mirar hacia arriba y ver a un tipo así. A un monarca como el Pirri sí le daría mi lealtad absoluta e incondicional ya que sería el único que se liase a navajazos cuando los enemigos me abriesen el culo a pollazos, ¿podríamos decir lo mismo de Felipe de Borbón?

La guerra se acerca y te aconsejo que elijas bien el bando, porque algunos no tenemos nada que perder y vamos puestos hasta los ojos, y eso es peligroso. Sobre todo para los que intentan poner bozales a los perros callejeros.


1 comentario:

  1. Anoche me leí Spanish quinqui de un tirón, con diferencia lo que más me ha gustado de todo el libro es tu artículo. Muy bueno, escribes que da gusto leerte.

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