Masaccio: Adán y Eva expulsados del Paraíso.

jueves, 14 de octubre de 2010

UN GRAN CULO NEGRO




"Era tiempo ya de abandonar el sueño que de antiguo había alimentado. Tiempo de darse cuenta de que ninguna gloria especial y a su medida le esperaba. Tiempo de abrir los ojos."
Yukio Mishima. El marino que perdió la gracia del mar.





Entró en la habitación con la maleta colgando de su mano derecha, cerró la puerta, dejó caer la maleta al suelo e inspeccionó el entorno mientras suspiraba. Vio una cama, una mesa, una silla, un armario, cuatro paredes, suelo, techo y una ventana con vistas a la calle. Pensó "Bien, bien", luego se dejó caer en la cama, se estiró y se quedó inmóvil mirando al techo.
Pasados unos minutos decidió quitarse los zapatos para estar mas cómodo, y así lo hizo. Volvió a tumbarse, estiró los dedos de los pies y continuó mirando al techo. Pasó un buen rato así, inmóvil, luego, poco a poco, fue deslizando su mano hasta el pantalón. Se desabrochó el cinturón, luego el botón. Bajó la bragueta, metió la mano en el calzoncillo y comenzó a tocarse suavemente. Aquello comenzó a crecer y crecer. Decidió que era el momento y se bajó un poco los pantalones y el calzoncillo, cerró los ojos y comenzó a masturbarse. Pensaba en ella mientras lo hacía. Llevaba sin verla casi nueve meses, y no se arrepentía de su decisión, pero seguía acudiendo a su recuerdo cuando se masturbaba. Recordaba su coñito estrecho, su culito pequeño y redondo, su pelo rizado cayendo sobre el, recordaba cómo la tomaba por detrás, sus gemidos....
Se derramó.
- Joder, ahora si, pfiuuu....
Levantó un poco la vista e inspeccionó el resultado. Resopló, se giró un poco y abrió la maleta con la mano izquierda, intentando no manchar nada, era una operación compleja, abrió lo justo y tanteó el interior hasta que localizó el papel higiénico, lo sacó. Se limpió poniendo especial atención a la zona entre los dedos. Arrojó el papel al suelo y volvió a la posición inicial, tumbado, se tiró así un buen rato mientras aquello encogía y encogía.
- Bueno, en marcha. - Dijo al cabo de un rato mientras se incorporaba.
Abrió la maleta. Lo primero que sacó fue una cajita de madera. La abrió, estaba llena de maría, se lió uno y lo encendió.
- Bueno, ahora en marcha.
Sacó de la maleta un discman y dos pequeños altavoces, los colocó en la mesa y pulsó el play, comenzó a sonar el tema "don´t damn me " de Guns n´ Roses.
Abrió el armario y comenzó a colocar su ropa en el, no llevaba gran cosa: Dos pantalones vaqueros, dos camisas, un polo, cuatro camisetas, un puñado de calcetines y otro de calzoncillos. Lo colocó todo y le sobró bastante espacio. Cambió el CD y puso uno de Bunbury. Continuó fumando, la música y el humo flotaban bautizando su nueva habitación. Sacó de la maleta un libro de Kerouac, se tumbó y se puso a leer. Al cabo de un rato se dio cuenta de que no podía prestar atención a las dos cosas a la vez y optó por sacrificar la música.
Se puso con Kerouac, mientras pasaba las páginas sentía simpatía hacia el rollo beat, pensaba que los beat eran auténticos, sobretodo cuando no tenían noción de ellos mismos, luego el rollo hippie fue un paso atrás y desde entonces no se ha dejado de caer y caer, hasta ahora, en el que el baile roza ya el completo absurdo existencial, la realidad bañada en conformismo, drogas y consumo inútil. Aunque era el curso natural de las cosas, desde siempre cualquier intento de crear un movimiento, un grupo, en fin, cualquier actividad que comprometa a un cúmulo de personas a caminar en una dirección única, está irremediablemente condenado a fracasar, es antinatural. Aunque se tenga un inicio poderoso luego el rollo se disgrega, siempre es igual, doloroso e inevitable, por suerte los visionarios suelen estar por encima de ello, de echo la mayoría de supuestas expresiones culturales no son tal, son producto posterior del marketing dirigido a los alienables. Todo empieza con un colgado, luego la gente le sigue, no hay mas que mirar a Jesús, o a Forrest Gump, o a Hitler. La clave está en ser uno de esos o mantenerte ajeno a todo. Pensaba en todo esto mientras fumaba y leía.
Pasaron un par de horas y comenzaron a rugirle las tripas reclamando atención. Buscó en la maleta, ante el se abrían tres opciones, una lata de fabada, una lata de atún o una barra de chocolate, sopesó pros y contras y optó por la fabada.
- Tendré que ir a comprar algo de comida antes de que cierren... bueno, aun es pronto.
Agarró la lata y salió de la habitación rumbo a la cocina. Mientras caminaba por el pasillo escuchó ruido en la cocina, se detuvo. Titubeó entre continuar adelante o volver a la habitación, ahora mismo, con la fumada encima, no le apetecía mucho encontrarse con nadie y tener que hablarle. Sus tripas rugieron pidiéndole que continuara, así lo hizo, a su pesar. Al llegar a la cocina vio un plato mucho mas apetitoso que el que tenía en la mano. Era Laura.
Laura vivía en la habitación número cinco. Trabajaba de camarera en un pub del centro y se acababa de levantar. Llevaba una camiseta de tirantes y un amplio pantalón de pijama, se preparaba un café. Era una chica bastante atractiva que hacía las delicias de los borrachos y perdedores que acudían a su pub, de echo, sin saberlo, ella era el principal reclamo de aquel antro.
Carlos se saboreó contemplando esa inesperada figura, observó unos segundos su culo antes de hablar.
- Err....hola.
- Vaya, hola.
- ¿Que tal?, soy Carlos, acabo de instalarme en la habitación cuatro.
- Me había parecido oír ruido, pero no estaba segura, jejejedesconfianza, al ser el un tipo amargado y sombrío se sentía atraído por las chicas risueñas, ansiaba conocer su secreto y apropiárselo, por otra parte podía ser un engaño, estupidez, o ceguera ante los echos, en cualquier caso ella estaba bastante buena y procuró reaccionar.
- Vaya, encantado, si necesitas cualquier cosa ya sabes.
- Gracias, lo mismo digo, jejeje, y, bueno, ¿tienes pensado quedarte mucho?
- No lo se, estoy en una fase de cambios, no tengo ni idea de lo que voy a hacer.
- Di que si, lo mejor es no planear las cosas.
- A mi me gusta planearlas, pero, no se, estoy perdido últimamente.
- Bueno, tranquilo, ya te encontraras, jejeje.
Laura se sentó con su humeante café y su sonrisa en una de las sillas de la cocina mientras Carlos vertía el contenido de la lata en un plato y lo metía en el microondas, por alguna extraña razón se sintió ridículo haciendo esto. Accionó la rueda y el plato comenzó a girar, el también se giró y miró a Laura pensando "joder, está buenísima".
-¿Tu llevas mucho aquí? - Preguntó.
- Mmm....a ver......pues......seis meses.......joder, como pasa el tiempo.
- ¿Y que tal se está aquí?
- Oh, genial, la casa es tranquila y la dueña no viene por aquí nada mas que a primeros a cobrar.
- Perfecto. ¿Y la gente?
- Bien, hay un señor mayor en la uno, pero solo viene a dormir, en la dos hay un chico joven, es portugués, muy majo, la tres está ahora mismo vacía. Esto es como una pensión mas que como un piso compartido, al no haber salón la gente hace su vida en la habitación, yo a veces me he tirado un par de días sin cruzarme con nadie.
- Perfecto.
- ¿Perfecto?, no se, a mi me aburre un poco, estoy a ver si alguna de mis amigas se alquila la habitación que está libre.
- Bueno, yo quiero tranquilidad y aislamiento, vengo de pasar un par de meses en casa de un amigo, me hizo un favor acogiéndome, pero, la verdad es que estaba como loco por salir de ahí.
- ¿Por?
- Demasiada fiesta.
- Jo que envidia.
- En absoluto, créeme.
- Bueno Carlos, dime, ¿tu qué haces?
- ¿Como?
- ¿En qué trabajas?
- Ah, bueno, no trabajo.
- Jejeje, ¿y de qué vives?
- Bueno, he trabajado, ahora cobro el paro y espero.
- ¿Esperas?
- Si.
- ¿El qué?
- No lo se.
- Jejeje, vaya, que raro eres.
Laura sonreía mientras soplaba su café, subió las piernas en el taburete y se sentó así. Carlos aprovechó para echar un vistazo a los dedos de sus pies, le gustaron. En ese momento sonó el timbre del microondas. "PIIIING"
- Anda mira, algo menos que tienes que esperar, jejejeje.
Carlos sonrió, abrió el microondas y agarró el humeante plato, lo posó en la mesa, se estaba quemando y por poco lo tira al suelo.
- Joder, el microondas funciona bien. - Dijo mientras agitaba las manos y resoplaba.
- Jejejeje, estás echo todo un chef.
- Ya ves, bueno Laura, ¿tu qué haces?
- Soy camarera, también estoy estudiando una carrera.
- ¿Qué carrera?
- Psicología.
- Vaya, una chica ocupada.
- Lo intento, no puedo estar sin hacer nada.
- Pero si no hacer nada es lo mejor que se puede hacer.
- Jejeje, que va, yo no puedo.
- Bueno, siendo camarera practicas bastante psicología.
- Jejeje, si, es verdad, por cierto, me largo que tengo que arreglarme para ir a currar, un placer y, ya sabes, estoy al lado para lo que quieras.
- Vale, igualmente. - Dijo Carlos mientras imaginaba cosas.
Laura le dirigió una última sonrisa antes de desaparecer por el pasillo.
Carlos se sentía bien, todo parecía marchar sobre ruedas, apoyó la espalda contra la silla, hundió la cuchara en el plato llenándola de alubias y se la introdujo satisfecho en la boca, se abrasó y tuvo que escupirlo todo entre el plato y su camiseta.
- ¡Me cago en la puta!
Tras el incidente y con mas prudencia consiguió terminarse el plato, lo fregó y volvió a su cuarto. Al pasar por la habitación de Laura echó un vistazo aprovechando que ella estaba en el baño duchándose. Su cuarto estaba desordenado, una pila de ropa se amontonaba caóticamente encima de un escritorio y una silla, la cama estaba desecha, un enorme oso de peluche vestido de cartero dormía en ella. Al lado de la cama había una silla con un ordenador portátil encendido, junto a el una mesita con revistas y cedés, otra mesa mas grande con una tele. Había un enorme espejo colgado de una pared y al lado de este una pequeña estantería con diversos objetos colocados al azar. El armario estaba abierto pero no se veía su interior.
Carlos escuchó como se cerraba el grifo de la ducha y se apresuró a meterse en su habitación, cerró la puerta y se tumbó en la cama, colocó las manos tras su cabeza escuchando atentamente. Laura tardó un rato en salir del baño, luego la escuchó en su habitación caminando y revolviendo cosas. Carlos cerró los ojos para concentrarse en lo que oía intentando imaginar sus movimientos, se la imaginaba secándose, vistiéndose, peinándose. Notó un retortijón y se tiró un pedo intentando amortiguar el sonido. Continuó escuchando. Al rato le llegó el olor de su pedo y le pareció particularmente nauseabundo, al poco rato, quizás por efecto de este, se durmió profundamente.
Despertó completamente aturdido, tardó un buen rato en saber dónde estaba, había anochecido fuera. Se incorporó y cogió una botella de agua que tenía junto a la cama, bebió con ansia hasta vaciarla, se rascó la parte posterior de la cabeza y se quedó colgado durante un rato. Cuando volvió buscó su teléfono móvil, lo encendió para mirar la hora, empezaron a llegarle llamadas perdidas, casi todas de Jorge, miró la hora y volvió a apagar el móvil. Se levantó y se quedó en silencio en medio de la habitación escuchando, podía oír el sonido de una televisión, o quizás una radio, no se oía nada mas, no había indicios de actividad humana. Abrió despacio la puerta de su cuarto, el pasillo estaba oscuro, el sonido procedía de la habitación número uno. No se apreciaban movimientos en ningún otro lado. Carlos cogió la botella y fue sigilosamente a llenarla a la cocina, volvió y se encerró de nuevo.
Era ya algo tarde, todas las tiendas habrían cerrado y no había bajado a por comida, solo le quedaba el atún y el chocolate, abrió una lata de atún y la vació en su interior, luego empezó a liarse un peta de maría, se avergonzó de si mismo al tener un montón de marihuana y prácticamente nada de comida, eso no le impidió cargarlo. Lo encendió y dio una gran calada, se sentía mejor, necesitaba esto, aislamiento, claustro, habría sido un gran monje si no fuera por su tendencia a las drogas y el sexo. Rebuscó en la maleta y cogió "Fiesta" de Hemingway, se apoyó contra la pared y dejó que este le hablara.
Pasaron unas cuantas horas cuando Carlos oyó la puerta de la calle, alguien entraba y caminaba por el pasillo, dejó el libro y afinó el oído. Los pasos se detuvieron ante su puerta, oyó el tintineo de unas llaves, era Laura abriendo su habitación. La escuchó abrir la puerta. Carlos levantó la cabeza y se concentró, pudo escuchar como se sentaba en la cama, la escuchó quitarse los zapatos y dejarlos caer al suelo, luego resopló. Estuvo un rato quieta, luego se levantó y fue a la cocina, la cocina estaba mas lejos y no adivinó lo que hacía allí, estuvo un rato y luego volvió, se sentó en la cama y escuchó como se encendía un cigarrillo. Carlos dudaba si salir de su cubículo y saludarla, quería hacerlo, que le contase que tal la noche, iniciar una conversación, tirarla los tejos, al menos se llevaría unas cuantas de aquellas maravillosas sonrisas. Aunque, quizás estaba cansada, era muy tarde, querría dormir, a lo mejor había sido un día duro, quizás estaba cabreada, asqueada, no necesitaba que un vago fumeta invadiera su santuario. Carlos dudaba, al final no hizo nada salvo escuchar, la escuchó fumando, la escuchó poniendo algo en el ordenador, parecía una película, escuchó que se levantaba y volvía a salir, esta vez al baño, volvió, apagó la luz y se tumbó en la cama arropada por el sonido del ordenador.
Carlos continuó en silencio, escuchando, luego prosiguió su lectura. Pasó el tiempo y vio el amanecer elevándose a través de los edificios grises, decidió que era el momento de dormirse.
Durmió a pierna suelta hasta por la tarde, se levantó con una gran pesadez y desorientado, efecto de la maría, pensó. Encendió el móvil para mirar la hora, le llegaron nuevas llamadas perdidas de Jorge, volvió a apagarlo y comenzó a vestirse.
Cuando se hubo vestido abrió tímidamente la puerta del cuarto para echar un vistazo, no se oía nada. Salió al pasillo, la puerta de Laura estaba cerrada y no se oía actividad en su interior. Carlos caminó hasta el baño y se lavó la cara y las manos. Volvió a su cuarto, cerró la puerta y se sentó en la cama, tenía que salir a comprar comida sin falta. Se lió uno para el camino y se puso en marcha.
Al salir a la calle el sol le golpeó sin piedad, miró aturdido a ambos lados de la calle sin decidirse por uno u otro, intentó recordar donde estaba el supermercado mas cercano y se puso en marcha.
La gente caminaba por las calles, había actividad, personas caminaban hacia ambos lados, ¿a donde irían?, gente andando, gente en coches, gente en autobuses. La gente que caminaba a solas lo hacía con seriedad, no sonreían, no parecían felices, algunos incluso parecían verdaderamente abatidos. La gente que caminaba acompañada parecía de un humor ligeramente mejor, lo cual realmente tampoco significaba nada. Dentro de unos años años estarían todos muertos, ellos, yo, tu, todos. ¿Pensarían en ello a menudo?, deberían, puede parecer algo desagradable para ocupar la mente, pero la conciencia de la propia muerte y la brevedad de la vida haría que tomaran cierta conciencia de si, haría que no se dejaran atrapar por infinidad de mierdas en las que se zambullían. Continuó su camino. Un señor estaba inmóvil en una esquina, tenía una bolsa de plástico en una mano y una correa en la otra, al final de la correa un pequeño perro cagaba, ambos se sentía avergonzados, Carlos los esquivó y siguió andando. Recordaba el supermercado, estaba cerca. Pasó un coche de policía y Carlos instintivamente ocultó el porro en el interior de la mano, el coche pasó de largo. Llegó al supermercado, un indigente le abrió la puerta y extendió la mano, Carlos le ignoró.
La luz artificial bañaba el supermercado, la gente iba y venía empujando sus carritos llenos de cosas, no era un panorama alentador, demasiada luz, demasiada gente, demasiadas cosas. Carlos agarró una cesta de plástico y se introdujo dentro, el guardia de seguridad le siguió con la mirada. Intentó ser rápido, no le gustaba estar allí. Recorrió los pasillos y cogió lo que venía a buscar sin entretenerse demasiado. Cogió leche, arroz, cerveza, atún, salchichas, plátanos, queso, jamón, pan, frutos secos y filetes de pollo. Se puso a la cola para pagar. La gente no se miraba entre sí, deseaban acabar con esto cuanto antes, como el. Llegó su turno, pagó y salió de allí zumbando, al salir le dio cincuenta céntimos al indigente que se lo agradeció con una sonrisa y una inclinación de su cabeza. Volvió por donde había venido cargado con las bolsas. Intentó darse toda la prisa posible y no tardó mucho en estar de nuevo en casa.
Todo seguía en silencio allí, sin vida, le gustaba aquella casa. En la cocina se preparó unos filetes mientras guardaba el resto de provisiones. Los filetes le supieron a gloria, luego se llevó a la habitación unas cervezas y los frutos secos y se encerró allí de nuevo. Puso algo de música, optó por Iron maiden, no le gustaban mucho, pero por alguna razón le apetecía escucharlos, pulsó el play, abrió una cerveza y se tumbó en la cama, esperando. En unos años todos muertos, no había de que preocuparse, solo esperar el momento de la mejor manera posible.
Escuchó música, leyó, se masturbó, cagó, miró por la ventana, comió y fumó. Una vida sencilla, sin sobresaltos.
En determinado momento escuchó actividad en la casa, supuso que era el chico de la habitación número dos. Intentó no salir a nada para no encontrarse con el. Le escuchó duchándose y comiendo, luego se metió en su habitación. También escuchó a Laura trasteando hasta que se marchó a currar. Con ella fue distinto, en varias ocasiones estuvo a punto de salir de su enclaustramiento para hablar con ella un rato, pero tras masturbarse se le pasaron las ganas y escuchó como se marchaba a currar. No la escuchó regresar, para entonces ya se había dormido.
Amaneció un nuevo día, ya quedaba menos, para lo que fuese.
Carlos se levantó, era un poco pronto para la hora en la que acostumbraba levantarse aunque tarde para la hora en la que se levantaba la gente normal. Se vistió y se rascó furiosamente el culo, últimamente le picaba bastante ahí atrás. Tenía que salir a la calle nuevamente, debía ir a la biblioteca a devolver los libros y coger otros nuevos. Abrió un poco la puerta para inspeccionar, le pareció escuchar algo en la cocina. Se concentró, afinó el oído. Si, efectivamente había alguien en la cocina, ¿quién sería?, siguió escuchando. Se oyó un carraspeo, un carraspeo masculino, debía de ser el tipo de la uno o el de la dos. "¡Mierda!, bueno, desayunaré en una cafetería". Se calzó y salió de la casa haciendo el menor ruido posible.
En la calle el panorama era el habitual, gente por aquí y por allá. El día estaba despejado. Se puso a andar rumbo a la biblioteca. Paró en una cafetería y pidió un café con leche. En la cafetería no había gran cosa, un chino jugaba a la tragaperras mientras fumaba frenéticamente, dos señoras sentadas en una mesa hablando, un tipo que miraba fijamente su copa de coñac preguntándose dónde se torció la cosa, el camarero con pinta de aburrido y el. Se tomó el café mientras ojeaba el periódico, las noticias le entraban por un lado y salían por otro: "El presidente urge a un pacto de patronal y sindicatos." "Encontrados 500 kilos de explosivos en un piso-taller en Portugal." "Arte virtual para analizar la realidad de la sociedad"... Se terminó el café y se largó de allí con la misma cantidad de información que antes y un euro y medio menos.
Pasó por delante de un instituto, los estudiantes estaban en el recreo, se detuvo a echar un vistazo. Todos los chicos le parecían niñatos palurdos, ridículos y granujientos, auténticos pardillos asustadizos o malotes de poca monta, nulas esperanzas para un futuro incierto, en cambio las chicas le parecían dulces pricesitas inocentes deseando ser desfloradas o pequeñas perrillas insolentes, lolitas malas que ansiaban unos azotes. Si hubiese sabido en el instituto lo que sabía hoy todo habría ido sobre ruedas, ¿por qué todo llega tarde?. Continuó su camino y llegó a la biblioteca, devolvió los libros a un funcionario aburrido y entró a por más. Divisó entre las estanterías a una chica de bastante buen ver, una pelirroja de piel pálida y atrayentes curvas con una indumentaria pseudo hippie, parecía la diosa de la primavera. Carlos se acercó husmeandola cual trasgo del bosque, intentaba no ser demasiado evidente, haciéndose el despistado y mirando los libros de las estanterías. Podía olerla, verdaderamente olía a primavera, a promesas de un mundo mejor, cada sacudida de su inmensa melena rojiza esparcía ese aroma de pureza y santidad. Carlos se retorcía grotescamente ante los mensajes enviados por su mente perturbada de alimaña encerrada. La princesa de la primavera alcanzó un libro con su mano rosada y comenzó a leerlo con expresión de interés, Neruda, bueno, todos cometemos errores. Carlos empezaba a imaginar los titulares: "Violación en la biblioteca. Inocente estudiante de poesía es violada salvajemente por un yonki vagabundo ante la pasividad de los presentes". Carlos decidió dejar de torturarse y se escabulló como un reptil entre las estanterías.
Ojeó los volúmenes, fue de aquí para allá y finalmente salió de allí con un jugoso menú: Mishima, Sade, Hume y Fante.
Volvió a casa por donde había venido. Los chicos ya no estaban en el recreo.
Antes de subir al piso se agenció unas cuantas cervezas, nunca estaban de más, no tenía intención de volver a pisar la calle hoy. Abrió su habitación y arrojó los libros en la cama, se percató de que su habitación comenzaba a apestar, abrió la ventana de par en par. Cogió la bolsa de las cervezas, dejó un par de latas en la mesita y fue a la cocina a meter el resto en el frigorífico. Al entrar en la cocina vio a un chico joven sentado en la mesa, se sorprendió y asustó un poco. El chico fumaba un cigarro silenciosamente, arropándose con el humo, su pelo largo, liso y castaño le caía sobre la cara. Carlos supuso que sería el inquilino de la habitación dos, el portugués, se recriminó el haberse despistado, ahora se vería obligado a hablar, lo hizo.
- Hola. - Dijo mientras abría la nevera para meter las cervezas.
- ¿Qué hay? - Dijo el chico soltando una bocanada de humo.
Siguió el silencio, un silencio incómodo. Carlos guardaba las latas en el fondo del frigorífico de espaldas al chico, pero notaba su mirada posada sobre el. Cuando guardó la última se giró, efectivamente el chico le estaba mirando a través de su cortina de humo y pelo, Carlos extendió la mano.
- Que tal, soy Carlos, me he instalado en la habitación cuatro.
- Si, algo me comentó Laura, yo soy Rui, encantado. - Hubo un fuerte apretón de manos.
- ¿Te apetece una cerveza? - Dijo Carlos mientras se abría una.
- Mmmm, bueno, me tomaré una.
- Ten.
- Gracias.
- ¿Llevas mucho viviendo aquí?
- Si, bastante, mmm, a ver, unos tres años.
- Vaya, es mucho.
- Estoy bien aquí, conozco bastante a la dueña y hay confianza.
- ¿Eres de Portugal no?
- Si, de Lisboa.
- Que guay.
- No tiene nada de guay, es una mierda.
- Vaya, lo siento.
- ¿Has estado allí?
- ¿En Portugal?, no.
- La gente está bien, y es bonito, pero no hay trabajo y los precios son incluso mas caros que aquí, hay bastante pobreza.
- Vaya mierda.
- Si, al final si quieres trabajar y vivir un poco mejor tienes que largarte a otra parte.
Rui apagó su cigarro en el cenicero de la mesa, lo estrujó una y otra vez hasta acabar con cualquier mínima brasa, mirando su obra fijamente, luego volvió a mirar a Carlos entre una débil linea de humo azul.
- Bueno, aquí últimamente también se están poniendo las cosas jodidas. - Dijo Carlos.
- Bastante. Llevo en España ya siete años y siempre he tenido trabajo, pero ahora llevo ya cuatro meses sin encontrar nada.
- La puta crisis, yo estoy igual, cobrando el paro.
- A mi se me acaba ya, he estado currando casi siempre sin contrato y no he cotizado mucho.
- Que putada.
- Es lo que hay cuando eres inmigrante.
- ¿Y que vas a hacer?
- Bueno - Dijo recostándose contra el respaldo - ,supongo que algo saldrá, de momento tengo algo de dinero e intento estirarlo lo mas posible. Por ejemplo voy a comer al lado de la iglesia, hay un comedor social allí, por un euro puedes comer, y tengo un par de chapuzas pendientes y algún trapicheo, se puede ir tirando, malamente, pero tirando, y si la cosa no mejora supongo que tendré que volverme a mi país o largarme a otro, yo que se.
- Joder, pues a ver si hay suerte.
- A ver...
- Bueno, yo estoy en la cuatro, ya sabes, si necesitas algo....
- Gracias, igualmente.
- Venga tío.
- Hasta luego.
Carlos se encerró en su habitación, se abrió otra cerveza y pegó un buen trago, luego la dejó en la mesa, cogió la cajita y empezó a liarse uno. No había sido tan traumático, el chico parecía majo, le había caído bien. Hablar con el había sido un golpe de humildad. Había gente muy jodida, se dio cuenta de que muchas de sus quejas sobre la vida y el mundo eran un poco infantiles, no estaba tan mal, estaba cubierto por el paro durante un tiempo, tenía su marihuana, su cerveza, sus libros. Podía estar encerrado, aislado, y ver toda esa mierda pasar, como un tren con destino a ninguna parte, era un privilegiado, estaba en el sitio ideal, no estaba atrapado por la comodidad ni por la pobreza, en tierra de nadie. Encendió el mechero y fumó satisfecho.
Estuvo un rato en la habitación y pudo escuchar como Rui se marchaba, ya estaba solo en casa, y tenía hambre. Fue a la cocina y se preparó algo de comer. Comió tranquilamente, en silencio. Oyó unos gritos y se asomó a la ventana de la cocina, una pareja discutía en el edificio de enfrente, podía verles desde su posición, eran como sombras chinescas que se agitaban, los observó durante un rato mientras terminaba de comer.
- Felicidades, deberías irte con alguno de ellos.
- Esta claro, no se que hago con un fracasado como tu.
- Mira tía, no puedo mas, si tan mal estás lárgate por favor, hazlo antes de que me arroje por la ventana.
- Yo ya he tirado mi vida por la ventana, y pensar que podría estar con cualquiera...
- Yo no tengo la culpa.
- ¿Entonces quién?
- ¡Déjalo joder!, ¿es que nunca te cansas?, ¡deja de machacarme!
Carlos terminó de comer y eructó, "ah, el amor...", pensó y se fue a su habitación.
Fumó tranquilamente mientras escuchaba música, al rato pudo escuchar el ruido de una ambulancia y varios coche de policía, estaban cerca, se oía alboroto en la calle, se incorporó y miró por la ventana, algo había pasado en el piso de enfrente, una pequeña multitud husmeaba curiosa, revoloteando. Carlos dio un par de caladas y volvió a la cama. Hacía calor en la calle y le molestaba el sol, bajó las persianas y se durmió.
Se despertó con la garganta dolorida. Encendió el móvil para mirar la hora, su horario era completamente caótico, le llegaron las habituales perdidas de Jorge, pensó que tenía que llamarle, pero ahora no.
Abrió la puerta un poco, parecía no haber nadie en casa. Fue a la cocina a por unas cervezas y algo de comer. Se recalentó un filete que había dejado a mediodía, mientras lo hacía miro por la ventana al piso de enfrente donde antes discutía la pareja, no había nadie, estaba oscuro, se rascó el culo con fuerza hasta que sonó el microondas. Se comió el filete, algo duro, y volvió al cubil con las birras, abrió una y se puso con Mishima.
Pasaron las horas y las páginas. Alguien entró en la casa, caminó por el pasillo y llamó a la puerta, Carlos se levantó sorprendido, y abrió, lo primero que vio fue una hermosa sonrisa.
- Hola.
- Hombre, ¿qué tal?
- Cansada.
- ¿Vienes de currar?
- Siiiii.
- Ah.....
- Joder tío, apesta a marihuana todo el pasillo.
- Eh....bueno.....
- Jajaja, a mi no me importa, ¿tienes alguno por ahí para invitarme?
- ¿Qué?....oh, si, claro, pasa.
Laura entró en la habitación mirando a su alrededor, llevaba un vestido negro y unas botas que la hacían mas alta, giró sobre ellas y se dejó caer en la cama, Carlos la miraba atontado, cogido por sorpresa, despeinado y con los ojos inyectados en sangre. Tardó en reaccionar.
- Esto....¿Quieres algo?, ¿Una cerveza? - Dijo al fin.
- Mmmm, vale, genial.
Carlos corrió por el pasillo hasta la cocina, abrió la nevera y cogió dos latas, miró su reflejo en la ventana y se peinó un poco con los dedos, volvió, Laura estaba recostada en la cama, con la espalda apoyada en la pared, ojeando un libro, Carlos le tendió la lata.
- Aquí tienes.
- Gracias.
Laura abrió la lata y dio un buen sorbo, Carlos miraba su cuello mientras lo hacía, viendo como subía y bajaba la nuez.
- Mmmmm, joder, que rica.
- Bueno, me lio uno ¿no?
- Guay, oye, huele un poco a encierro aquí, ¿te importa si abro la ventana un poco?
- No, claro, ábrela.
- Vale.
Se levantó y abrió la ventana, Carlos observó su cuerpo atentamente, no quería perderse ningún gesto, podría necesitarlos mas tarde. Sin apartar la vista cogió la cajita de madera. Laura se giró, miró en torno suyo, luego a el y le sonrió.
- Vaya, tienes pocas cosas.
- No necesito nada. Tengo un discman, si quieres pongo música.
- Vale.
No sabía qué poner, era un poco tarde, agarró un CD de Bruch y pulsó el play, Laura le miró extrañada.
- ¿Música clásica?
- ¿No te gusta? Si quieres pongo otra cosa.
- No, no, está bien, jajaja, ¿te importa si me quito las botas?
- Para nada.
Laura se sentó en la cama a su lado y se empezó a tirar de las botas resoplando, salieron a presión, como un corcho de una botella de vino, luego se tumbó y estiró los pies, tenía unos pies pequeños. Carlos observaba la operación en silencio, excitándose poco a poco, intentó relajarse, parecer calmado, era imprescindible continuar hablando.
- Bueno, ¿qué tal el curro?
- Como siempre, cansado, pero bien, estoy bien allí, conozco a todo el mundo y siempre estoy hablando y riéndome con la gente, es un garito pequeño, no está a reventar de gente, y siempre son los mismos, estoy ahí con el jefe y atendemos los dos, curras pero no te matas, está bastante bien, deberías venir algún día, si vienes te invito a algo.
- Claro, me pasaré un día de estos.
- Tu que, ¿buscando curro?
- Que va, ¿para qué?
- No se, ¿qué haces durante el día?
- Nada, leer, fumar, hoy he ido a la biblioteca por la mañana.
- Jajajaja, joder, que vida mas emocionante.
- Si, bueno, he conocido a Rui, es majete.
- Si, es majete, últimamente está algo jodido.
- Algo me ha comentado.
- ¿Y no has hecho nada mas?
- No, estar aquí.
- Joder, deberías salir a tomar el aire, te vas a volver loco.
- No, estoy bien, me gusta estar aquí tranquilo.
- Oye, a lo mejor te molesto, si quieres me voy.
- No, no, para nada, quédate, toma, fuma.
Le tendió el porro, ella aspiró y exhaló el humo mientras echaba la cabeza hacia atrás.
- Gracias, mmmm...está rica, ¿de donde la sacas?
- Me la pasa un amigo.
- A lo mejor algún día te digo que me pilles un poco.
- Cuando quieras.
- Aunque eso te obligaría a salir de tu habitación jejejeje.
- Podré soportarlo, además no siempre estoy encerrado joder, solo que, últimamente me apetece, estoy un poco harto.
- ¿Harto de qué?
- De todo, de la vida, de la gente.
- Si, a mi a veces también me pasa, será que necesitas una novia.
- Lo dudo mucho, aunque todo es posible.
- De todas formas si estás depre no deberías tirarte el día encerrado fumando, muévete, búscate hobbys, algo que hacer.
- No estoy depre, estoy cansado, y ya tengo hobbys.
- Bueno, no te enfades.
- No me enfado.
- Es que, no se, sera que yo soy muy distinta, pero, ¿estás bien?
- Que si, tranqui, estoy bien, estoy tranquilo, cuando salgo y me mezclo con la gente es cuando empiezo a cabrearme.
- Jajajaja, eres un viejo gruñón.
- Venga ya.
- Si, jajaja, eres como el enano gruñón, como el de los dibujos, jajaja.
- Ya, jaja, que gracioso.
- No te enfades gruñoncito, toma, fuma.
- ........
- Bueno, te dejo con tu locura, voy a ducharme, si te apetece pásate por mi habitación, vemos una película o algo.
- Vale gracias, quizás lo haga.
- Hasta luego gruñón, jajaja.
Laura se levantó de un salto, estiró los brazos arqueando la espalda y salió de la habitación dedicándole antes la última sonrisa que Carlos devolvió como buenamente pudo. Salió por la puerta, daba la sensación de que no tocaba el suelo, el suelo era el que la transportaba. Sacó sus llaves, abrió la puerta y se metió en la habitación, dejó las botas en un rincón y el bolso encima de la mesa, luego se fue en dirección al baño cantando "soy el enano gruñón, gruñón, gruñón.....", entró al baño y cerró la puerta, al rato comenzó a sonar el agua de la ducha.
Carlos estaba inmóvil, aspirando la fragancia que ella había dejado en la habitación. Cuando escuchó el agua de la ducha caer se bajó los pantalones, agarró esa cosa dura, fea y apestosa y comenzó a sacudirla frenético, pero esta vez ya no pensaba en ella, ahora pensaba en Laura, recordando su cuerpo, su cara, su sonrisa, su olor. No tardó casi nada en eyacular, un orgasmo fuerte y furioso que le hizo soltar un gruñido. Se limpió y, ya mas relajado, se tumbó boca arriba escuchando. Al rato el ruido de la ducha cesó.
Laura se secó y se puso un pantalón de pijama y una camiseta de tirantes, fue a su habitación, dejó la ropa que llevaba en la mano encima de una silla y encendió el ordenador mientras terminaba de secarse el pelo.
Al otro lado de la pared Carlos estaba tumbado, no sabía qué hacer, quería ir a su habitación, estar con ella, era un solitario de palo, un farsante, en realidad no quería estar solo, además, ella le había invitado, ¿lo habría dicho en serio o por compromiso?. Carlos se incorporó, se sujetó la cabeza y miró a su alrededor, unas cuantas latas vacías en la mesita, cansadas, reposando unas sobre otras, el pantalón tirado en el suelo, libros aquí y allá, una camiseta colgando del pomo del armario, la maleta abierta en una esquina, de ella asomando unos calcetines sucios perfumando el conjunto, todos estos objetos le miraban abatidos.
Laura se sentó en la cama y se encendió un cigarrillo, se quitó la toalla del pelo y la arrojó contra la silla, tecleó en el portátil y revisó su correo, nada interesante, dio un par de caladas y escuchó que llamaban a la puerta, lo observó ahí.
- Vaya, el solitario ha venido jajaja.
- Si, bueno, llevo todo el día sin ver a nadie, supongo que no me hará mal.
- Claro que no, soy inofensiva.
- Jejeje.
- Ven, siéntate.
Carlos se acercó y se sentó a su lado, empezó a liarse uno.
- Joder tío, no paras.
- Me gusta fumar.
Laura se levantó y fue hasta la estantería, empezó a rebuscar algo.
- Tengo un montón de pelis, ¿quieres ver alguna?
- Me da igual.
- ¿De qué tipo te gustan?
- Pon cualquiera.
- Puf, a ver, alguna que no sea muy seria, no me apetece rayarme. - Cogió un taco de cedés y empezó a pasarlos mirando los títulos, se detuvo en uno. - ¿Te gustan las pelis de zombies?
- Pon lo que quieras, me da igual.
- Pues esta misma.
Laura encendió la tele que tenía sobre la mesa grande e introdujo el CD en un DVD que estaba al lado, cogió un mando y pulsó un botón, empezó la película, fue hacia la pared y apagó la luz. Carlos la observaba humeante, interior y exteriormente, ella bordeó la cama y se sentó a su lado, le sonrió.
- ¿La has visto ya?
- Creo que no.
- Ya verás, está de puta madre.
Carlos intentaba mirar la tele pero la vista se le iba hacia Laura y, como tampoco quería ser descarado, no veía realmente ninguna de las dos cosas. Le pasó el porro e intentó relajarse, respiró hondo y miró como unos zombies se zampaban a una chica, la chica gritaba, los zombies se relamían, se sintió identificado con ellos, envidiaba su decisión, su falta de pretensiones, no se andaban con tonterías, no tenían que preocuparse de preámbulos ni apariencias, solo alimentarse, carne. Laura le devolvió el porro, el se lo terminó y lo apagó en el cenicero. Se recostó algo mas y continuó mirando la tele. Intentaba estar atento a la película, pero no lo lograba, la tentación era muy fuerte. Empezó a arrepentirse de haber abandonado su cueva, su refugio, ¿qué hacía ahí viendo una película de muertos vivientes?, el era un muerto viviente, putrefacto por dentro, y la tenía ahí, al lado, a escasos centímetros, notaba su respiración, el calor que desprendía su cuerpo, era enfermizo, ¿qué hacer? ¿Qué hacer? En la televisión gritaban, otra victima devorada, tripas humeantes esparcidas por el suelo, seres despojados de su humanidad, animales alimentándose, lucha por sobrevivir.
Carlos se giró para mirar fijamente a Laura, para buscar una señal. La miró. Ella estaba con los ojos cerrados, se había dormido.
La observó fijamente mientras las victimas caían, observó sus labios, su frente, sus cejas, su nariz, el mechón de pelo que caía, todo en su sitio, todo perfecto en la penumbra. La observaba entre los gritos y disparos, la habitación roja por el reflejo de la sangre, los sollozos, los gruñidos. Pensó en mandarlo todo a la mierda, en ponerse encima y penetrarla, quizás a ella no le importase, quizás lo deseaba, en el peor de los casos se llevaría una bofetada y una situación violenta, en el mejor una noche de sexo con una diosa, un tiempo lejos de todo, en otro sitio, en un buen sitio. Su pulso se aceleraba, acercó su rostro al de ella, cada vez mas cerca.
Finalmente solo la besó en la frente, se incorporó y salió de la habitación intentando hacer el menor ruido posible. Cerró la puerta tras el y regresó a su habitación rascándose el culo.
Bebió y fumó en abundancia, mirando por la ventana, la ciudad de noche, con solo unas pocas luces encendidas en los balcones, casi nadie por las calles.
Se levantó tarde y resacoso. Agonizó un buen rato en la cama, no quería levantarse, finalmente tuvo que hacerlo, era ya por la tarde. Se asomó al pasillo. Nada. Perfecto. Fue a la cocina y comió, regresó a su habitación, encendió el móvil, mas llamadas perdidas de Jorge. Dudó un momento con el móvil entre sus manos, finalmente le llamó, al sexto tono Jorge descolgó.
- ¡Aaaaaleluya, aaaaleluya, aleluya, aleluya, aleeeeeluyaaaaaaa!, jajajaja, ¡qué pasa tío! ¡Joder, estás vivo!
- Si, jajaja, ¿qué tal?
- ¿Qué tal? ¿Qué tal? ¡De puta madre!, jejeje, ¿y tu qué? coño, te he llamado mil veces.
- Ya tío, lo siento, estaba instalándome, ya sabes.
- Si ya, tus locuras, bla bla bla, jejeje, ¿dónde vives?
- Me he pillado una habitación a las afueras, un poco lejos de tu casa, para la otra punta.
- Que putada, aquí se te echa de menos.
- Ya, yo también, gracias por dejar que me quedara en tu casa.
- Nada hermano, joder, cuando quieras, jajaja. Bueno, hoy es viernes, laralaralaralá, ¿habrá que pegarsela no? Celebrarlo y eso jeje.
- No se.
- No se, no se, déjate de tonterías. Ayer estuve con estos y no veas que desparrame, me lié con una zorra, puff, vaya tela, yo estaba que ni veía, follando en el baño y tal, un desparrame, menos mal que no me la traje a casa, dicen estos que era una fea, yo no me acuerdo de nada jajajaja.
- No se, no me apetece liarla mucho.
- Bueno, bueno, tu pásate por mi casa y ya veremos.
- Bueno, venga, en un rato estoy ahí.
- Venga torpedo, aquí te espero.
- Hasta ahora.
- Agur.
Se duchó, se vistió y salió de allí rumbo a casa de Jorge. El mundo no había cambiado en el tiempo que había pasado encerrado, la gente seguía a sus cosas, el caos seguía su curso, la gente seguía perdida. Pasó por delante del parque, los padres con sus hijos, los niños en los columpios, correteando tras los balones, bañados por el sol. Mas allá los chicos un poco mas mayores preparando el botellón, tumbados en la hierba, dispuestos a agarrarse sus primeras cogorzas, ansiosos por perder la virginidad. ¡Ah, qué tiempos! Los dejó atrás y siguió su camino. Pasó por delante del centro comercial, la estructura mas imponente de la ciudad, tiendas, restaurantes, cines, y mas tiendas, siempre las mismas en todas partes, las mismas marcas, los mismos productos, de cabeza hacia la homogeneidad, y la gente contenta con ello, sintiéndose seguros entre lo conocido, la sorpresa es el demonio, lo extraño vetado. Todo medido, masticado dentro de la impresionante estructura. Antes se construían catedrales, ahora centros comerciales, el mismo vacío, la misma mierda, distinto olor. La gente salía cargada con sus bolsas y paquetes y, en realidad, estaban igual que antes. La gente compraba cosas, acumulaba cosas, hasta que ya las tenía todas, y cuando ya las tenía todas volvía a comprarlas otra vez, solo que más grandes, más pequeñas, o de un color más vistoso. Cada uno sobrevive como puede, supongo.
Echó un vistazo al escaparate de una librería, se amontonaban las novelas históricas y las de vampiros, la cosa estaba chunga, muy chunga.
Finalmente llegó al barrio de Jorge. Compró un par de litronas en el chino, le atendió una chinita de unos quince años medio dormida, no estaba mal, se preguntó si podría llegar a un acuerdo con el padre, pero no se atrevió a proponerlo.
Llegó al portal y llamó al timbre.
- ¿Si?
- Idiota.
- Jajaja, sube capullo.
Obedeció, al llegar arriba llamó a la puerta y le abrió Jorge, ahí estaba, como siempre, ojeroso, en pantalón corto, con su torso tatuado al aire, despeinado, sonriente, lo encontró mas delgado. Se abrazaron.
- Que tal capullo, pasa, pasa.
Conocía la casa, fue hasta el salón. La tele estaba encendida, en la mesa se arremolinaban las botellas, papeles, bolsas, ceniceros, vasos, cedés, revistas etc....formaban un todo caótico. Era una casa austera, los muebles justos, la decoración la conformaba la mierda en sí, el propio desorden y los objetos abandonados de las historias que habían visto. Era confortable. Se sentó en el sofá, vio que la cortina estaba casi completamente quemada.
- Coño, ¿qué le ha pasado a la cortina?
- Bua, el otro día, casi quemamos la casa, estábamos hasta arriba, ya te contaré, menuda película, jajaja.
- Como siempre.
- Ya, estamos perdidos, no hay nada que hacer.
- He traído cerveza.
- Debuti tío
- Toma.
Jorge dio un buen trago de la litrona, luego cogió una papela de entre el mar de cosas que había sobre la mesa, la abrió y empezó a dibujar dos rayas sobre un cedé.
- Joder, ¿ya empiezas?
- ¿Algo que objetar?
- No, nada.
Terminó de perfilarlas, luego cogió una revista, arrancó parte de una página y la enroscó para hacer un turulo, se lo pasó a Carlos, este agachó el lomo y sorbió, echó la cabeza hacia atrás maldiciendo, le pasó el turulo a Jorge, este no se quejó tanto. Carlos sacó un paquete de tabaco de su bolsillo, pensaba "bueno, allá vamos" se encendió uno y le ofreció otro a Jorge que por su puesto aceptó. El nerviosismo actuó rápido y la conversación se disparó de sus bocas.
- ¿Qué mierda estás viendo?
- Ah, eso, un programa sobre como viven los ricos, alucinas tío, sale cada cosa. Ha salido una casa que rozaba el absurdo, tenía hasta campo de fútbol, pero no te creas que era un campo de fútbol fuera, en el terreno, ¡era un campo de fútbol cubierto! ¡En una de las plantas de la casa! Jajaja, alucinas tío, un garaje con mil coches, circuito de carreras, era como un puto eurodisney, por lo visto era la casa de un famoso abogado.
- Te cagas.
- Ya ves, luego ha salido una cria super rica que estaba celebrando su 16 cumpleaños y ha montado una fiesta del copón, cientos y cientos de invitados en la mansión de los viejos. En vez de poner música había contratado a sus grupos preferidos para una actuación privada jajaja, ¿te imaginas? Megadeth tocando en tu dieciseisavo cumple, jajajaja, ¿Que desparrame eh? No se que grupos eran, mierda rapera, en fin. Pues la niñata en cuestión era una repelente que te cagas, quería lucir varios modelitos exclusivos a lo largo de la fiesta, pero resulta que su estilista no aparecía por ninguna parte jajaja, estaría follándose a alguna niña de 15 años por ahí escondido, ¡y la tía era incapaz de cambiarse de ropa ella sola! Necesitaba a su estilista, y este que no aparece, así que se encierra en su habitación a llorar y no quiere salir, ves a la madre como loca "tienes que salir, es tu fiesta cariño" llamando al estilista por todas partes, gritando, con una vena enorme en mitad de la frente, jajajaja, que gente, habría que colgarlos a todos en mitad de la plaza mayor y lapidarlos.
- Joder, no deberían echar esas cosas en la tele, bastante malo es imaginarlo pero que te lo restrieguen....
- ¿Envidia eh?
- No jodas.
- Huy que no, anda que no te gustaría estar en su lugar.
- ¿Para qué quiero toda esa mierda?
- ¿Insinuas que es mejor esto? No tenemos ni un orinal de mierda en el que caer muertos.
- No se, supongo que lo ideal es que todo el mundo tuviese lo que necesitara, leí que todo el mundo podría ser clase media sin esfuerzo, hay pobres porque hay ricos, molaría estar todos en el medio.
- Si ya, y cantar todo el día con Dorothy y el hombre de hojalata por el alegre país de oz.
- Si, quimeras. Bueno, de todas formas tarde o temprano petará todo.
- Eso espero, yo tengo grandes esperanzas puestas en el 2012.
- A ver que pasa.
- De momento toma anda, ponte unas.
- Joder, no se, no me apetece.
- Bla bla bla, ¡ponte unas ya joder! Me he puesto de los nervios viendo este programa, necesito relajarme.
- ¿Relajarte con cocaína?
- Tu calla y pinta.
Continuaron drogándose y formulando absurdas teorías para arreglar el mundo, cuando se terminó la cerveza fue el turno del ron, la cosa ya estaba disparada y sin frenos. El tiempo pasaba rápido en la nube tóxica, se levantaban, caminaban por la habitación gesticulando, pasándose la botella de uno a otro y bebiendo a morro, al final las paredes comenzaron a acercarse, el sitio encogía, el aire se viciaba.
- Coño, tenemos que salir de aquí. - Dijo Jorge. Se giró para buscar respuesta, Carlos estaba doblado contra el suelo preso de unas violentas arcadas. - ¿Estás bien? Si vas a potar vete al baño cabrón, no me lo eches en el suelo.
- Tranqui, tranqui, estoy bien.
- No lo parece.
- Necesito aire, vámonos.
- Vámonos.
Salieron de casa y llamaron el ascensor, pero era lento así que decidieron arrojarse por las escaleras. Una vez fuera empezaron a caminar en la noche, mirando con desconfianza a los transeúntes. Parecían monos que se hubiesen escapado de pronto del zoo e intentasen pasar desapercibidos entre las personas. Brillaban en la oscuridad, caminaron a lo largo del paseo del río. Jorge no paraba de humedecerse los labios como un reptil.
- Todo esto es una mierda, necesito salir de esta ciudad, ya conozco todo y a todos.
- Si, si. - Carlos aun luchaba contra las arcadas.
- Coño, el McDonald's, necesito una hamburguesa.
- Venga ya, ¿comer ahora?
- Si tío, no he comido desde hace dos días.
- Vale, pero pides tu.
Carlos se dejó caer en una de las mesas de la terraza, convenientemente alejado del resto de la gente mientras Jorge desaparecía en el interior. Carlos se encorvó sobre si mismo intentando relajarse, podía notar cada palpitación de su corazón, frenética, como los latidos de un colibrí gigante a punto de tener un paro cardíaco, se dio cuenta de que se le había ido la mano, otra vez, pensó en el mar, en una enorme autopista sin final en la noche, en un tren de vapor atravesando las montañas.
Jorge regresó al rato, traía una enorme bolsa de papel, empezó a vaciar su contenido mientras explicaba la terrible angustia que había pasado en la cola del mostrador, oyendo toda clase de pitidos, voces, el hilo musical, la luz a tope golpeándole como en un interrogatorio policial, los interminables menús con sus submenus de tamaño, forma y sabores, la indecisión, los niños gritando alrededor. Mientras decía esto sacaba paquetes de la bolsa de papel, hamburguesas, patatas, mas hamburguesas, mas patatas, refrescos, con sus ojos desorbitados.
- ¿Pero qué coño has pedido tío?
- Tranquilo, esto es para mi, esta es la tuya.
Jorge le arrojó un pequeño paquetito de papel. Carlos lo abrió. Se había pedido la hamburguesa mas pequeña y cutre de todo el jodido establecimiento y, aun así, al quitarle su envoltorio de plástico vio una masa de carne marrón que le miraba fijamente, desafiante, y el sabía que iba a perder, le dio un pequeño mordisco y le sobrevino la nausea, masticó y masticó, formando en su boca una bola pastosa que paseaba de carrillo a carrillo inútilmente, como los niños pequeños. Miraba a Jorge que engullía salvajemente, sin masticar, dando grandes bocados, agarrando patatas, sorbiendo el refresco, y se preguntaba ¿cómo es posible? mientras continuaba paseando su bola pastosa por la boca.
- Se me está quitando el hambre.
- ¿En serio? Si no la quieres ya me la como yo.
- No se como puedes comer.
Carlos arrojó rendido la mitad de su cutreburguesa encima de la mesa. Jorge dio buena cuenta de ella en cuanto hubo terminado con las suyas, luego se recostó satisfecho y se encendió un cigarro, le pasó otro a Carlos, este lo cogió y lo encendió, dio una bocanada y noto como se le cruzaban los cables, quería prenderle fuego al mundo, acabar con todo, empezó por la bolsa de papel que tenía enfrente, metió en ella de nuevo todos los desperdicios, los envoltorios, las cajitas de las patatas, luego cogió el mechero y lo acercó a una de las esquinas. Aquello ardió en seguida, como si hubiese estado empapado en gasolina, se elevó una torre de humo negro y apestoso. Comenzaron a girarse las cabezas de la gente que estaba alrededor, una familia se levantó y se marchó, Jorge reía, Carlos miraba fijamente como el fuego lo devoraba todo con ojos dementes. De la nada apareció un chico uniformado, parecía un arbitro de baseball, con su traje a rayas y su gorrita amarilla, llevaba un micrófono que partía de la oreja a la boca, se dirigió a Carlos.
- Disculpe señor.
Carlos no contestó, estaba en trance, el arbitro elevó la voz.
- Señor.
Carlos se giró, el tipo dio un pequeño saltito hacia atrás temiendo por su integridad.
- Disculpe señor, voy a tener que pedirles que abandonen el establecimiento, por favor.
- ¿Como?
- No pueden quemar papeles aquí, márchense por favor.
- Exijo ver a Mc.Flurry.
- ¿Disculpe?
- ¡Exijo ver a Mc.Flurry, que venga ese cabrón hasta aquí!
- Están ustedes borrachos, váyanse, voy a llamar a la policía.
Un chico que estaba con su pareja se levantó de una de las mesas y se aproximó a ellos para apoyar al gerente.
- Oye tío, nos estáis molestando, largaos de aquí.
Su chica le miraba desde la mesa lejana, empapando el suelo con sus flujos, era su caballero andante, el lo sabía y se crecía sabiendo que esta noche follaría como un campeón.
- Largaos de aquí, hay gente que quiere cenar en paz.
- ¡Yo de aquí no me muevo hasta que vea a Mc.Flurry!
Jorge rodaba por el suelo presa de la risa. Carlos continuaba mirando fijamente a lo que ahora solo eran un puñado de cenizas humeantes, el gerente se giró y habló por su micro, luego, todavía a una distancia prudencial, se dirigió a ellos.
- Sera mejor que os marchéis, hemos avisado a la policía.
Jorge se levantó y cogió a Carlos del brazo.
- Venga tío vámonos de aquí, llevamos tema encima.
- ¡Puto Mc.Flurry, el es el culpable de todo!
Salieron derrotados de allí, seguidos por las miradas de la gente que meneaban sus cabezas en signo de desaprobación.
Caminaron hasta la zona de garitos y se metieron en el habitual. Estaba hasta arriba, había varios conocidos, se saludaron y abrazaron amistosamente. Carlos se arrastró hasta la barra y se pidió una pinta, vació la mitad de un trago y se sintió mejor, mas centrado, se apoyó en la barra y comenzó a inspeccionar el terreno, analizando la situación y haciendo balance. Jorge hablaba con todo el mundo, era cierto que conocía a todo el mundo, reía, y hablaba a gritos, acompañando su conversación de exagerados gestos con las manos. Empezó a hablar con una chica, ella reía, ambos reían, Carlos los miraba desde la barra, se terminó la pinta y pidió otra. Jorge y la chica se acercaron a el.
- Eh Carlos, mira, esta es Natalia, Natalia, Carlos.
- Encantada. - Se dieron dos besos.
- Eh Carlos esta chica dice que escribe, le he dicho que tu también.
La chica le sonrió y se acercó a el, no estaba mal.
- Que va, yo ya no escribo, deje de hacerlo hace ya bastante.
- ¿En serio, por qué? - Natalia tenía una voz dulce, Carlos tenía que hacer enormes esfuerzos para no mirar fijamente su pronunciado escote.
- No me llevaba a ninguna parte, tampoco creo que lo hiciese bien, además, casi siempre es una puta tortura.
- ¿Una tortura, qué dices? a mi me encanta escribir, me relaja.
- ¿Te relaja? No es posible - Carlos la miró incrédulo, al escote, "aficionados" pensó.
- Si, me relaja mucho.
- ¿Y qué escribes Natalia?
- Poesía, poesía surrealista.
- Eso lo explica.
- ¿Qué quieres decir?
- No, nada nada, disculpame, voy a saludar.
Carlos se largó y los dejó allí.
Por ahí estaban Marcos y Torre, le saludaron, parecían salidos de un juego de rol, Torre con sus exageradas pintas góticas de vampiro cagado por Anne Rice y Marcos con su pinta de enorme orco sirviente, gruñendo alrededor con su mirada perdida. Invitaron a chupitos. Torre hablaba y hablaba, Marcos no decía nada, solo gruñía, Carlos asentía con la cabeza intentando mostrar interés aunque, en realidad no se estaba enterando de nada de lo que le decían, tenía la vista fija en una chica morena que estaba al final de la barra, juraría que la chica también le miraba a el, aunque puede que fuese solo su imaginación, puede que ni siquiera hubiese una chica ahí. Torre hablaba y hablaba, por suerte también pedía mas chupitos. A Carlos ya le costaba beber, lo notaba cerca, el momento se aproximaba. Dirigió una mirada alrededor y vio en una esquina del garito a Jorge y Natalia besándose apasionadamente, aquello si que era un poema surrealista.
Carlos pidió que le disculpasen un momento, no se encontraba bien. Empujó a la gente, entró al baño y la echó por fin, abundante, caliente y rosada. Estuvo allí inclinado hasta exprimir la última gota, luego se incorporó. Se miró en el espejo y se lavó la cara. Salió tambaleándose, todo daba vueltas, alguien le dijo algo que no entendió. Se dejó caer en un sofá y perdió la consciencia.
Pusieron el tema de cierre y empezaron a encender las luces. Jorge se sorprendió muchísimo, pensaba que era bastante mas pronto, miró el reloj y alucinó. También se dio cuenta de que hacía mucho que no veía a Carlos, empezó a preguntar por el a la gente, nadie le había visto. Torre le dijo que había estado con ellos hacía mas de una hora pero se fue al servicio y desapareció. Jorge fue hasta el extremo del garito donde estaban los servicios y lo vio allí, tumbado en un sofá, se acercó a el, estaba dormido, una linea de baba le caía por la cara.
- ¡Joder que asco! Tio, tío, Carlos, ¡despierta joder!
- Gnogbdg....
- Venga venga, despierta, van a cerrar.
- Estoy jodido.
- Ya veo ya, ¿te queda algo de tema?
- ¿Qué?
- ¿Tienes algo de coca?
- Que dices tío, eras tu el que tenía.
- Ya, pero me la he ventilado ya.
- Yo no tengo nada.
- Maldita sea, necesito un poco mas, quiero follarme a la zorra esta.
- No puedo ayudarte tío
Jorge se alejo maldiciendo y farfullando.
Carlos miró a su alrededor. Aquello era el infierno, no había duda, caras deformes, descompuestas, luz extraña, rumor informe de voces, miradas amenazantes. Consiguió levantarse y huir, intentó evitar a los conocidos para no despedirse de nadie. Una vez arrojado de nuevo a la crueldad de la noche puso el piloto automático y dejó que este le llevara a casa.
Es un fenómeno curiosísimo cómo, en casos de borrachera extrema, el cuerpo tiene un mecanismo capaz de llevarte a casa de forma rápida y segura, por el camino mas corto, sin que tu prácticamente seas participe de ello, es algo que debería estudiarse.
De repente se encontró en el portal, forcejeó brevemente con las llaves y entró dentro. Subió a duras penas las escaleras y llegó al fin a casa, abrió y se deslizó por el oscuro pasillo, se detuvo ente su puerta vacía. Miró a su derecha, a la puerta de Laura, por la parte de abajo veía luz, ella estaba dentro, oía música. Se apoyó contra la pared. Era el momento. Todo estaba perdido, todo daba igual, estaba clarísimo, ella era la salvación, la redención. Así lo veía en ese momento su mente etílica. Debía intentarlo, decirle lo que sentía por ella, era consciente de que su aspecto no era el idóneo, pero la borrachera le daba fuerzas. Era el momento, iba a hacerlo, a suplicarle que le salvara. Agarró el pomo de la puerta de Laura, respiró hondo y abrió.
Duró un instante. Lo primero que distinguieron sus ojos fue un gran culo negro. Dicho culo subía y bajaba siguiendo un ritmo preciso. Pegado al culo había una enorme espalda, también negra, los músculos de la misma se tensaban formando una especie de mapa montañoso. A los lados de dicha masa de carne asomaban dos pequeñas piernas blancas, Carlos distinguió los pequeños piececitos de Laura al final de dichas piernas,estaban apuntando al cielo. El aire estaba cargado, se oía el ritmo frenético de las respiraciones y los gemidos, Laura era la que gemía mas fuerte. Carlos volvió a cerrar la puerta y se encontró de nuevo en el oscuro pasillo. Abrió su puerta y cayó al suelo, se apoyó contra la pared, escuchaba los gemidos en la habitación de al lado, el ruido de los muelles de la cama. Rebuscó en su pantalón, cogió un cigarro arrugado y lo encendió. Todo daba vueltas, notaba un dolor punzante en el estómago, cayó inconsciente en la oscuridad.
Cuando se despertó el sol brillaba. Se incorporó, estaba vestido y despeinado, el dolor de cabeza era terrible. Abrió su maleta, luego el armario. Lo metió todo dentro, las camisetas, pantalones, calzoncillos, calcetines, polos, el discman, los libros, el papel higiénico. Tenía pagado hasta fin de mes, pero le daba igual. Se había acabado, la ciudad no tenía nada que ofrecerle. No tenía claro el destino, pero eso, seguramente, era lo menos importante. Cogió la maleta y cerró la puerta tras el.









Carlos se cambió de ciudad. Al poco le diagnosticaron hemorroides, como a Schopenhauer, como a Bukowski, no volvió a escribir, sigue esperando.

Laura se casó y tuvo dos hijos, mulatos, es una feliz ama de casa la mayor parte del tiempo.

Rui Miguel murió en un desgraciado accidente laboral ocurrido en una fábrica de jabón.

No sabemos nada de Jorge.

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